miércoles, 26 de marzo de 2014

¿Fue infalible el Concilio Vaticano II?

Este video debieran verlo todos los que dicen ser católicos tradicionalistas o conservadores. Si uno tuviera que enumerar las principales razones de por qué algunos "tradicionalistas" todavía aceptan a los "papas" del Vaticano II como verdaderos Papas a pesar de tener problemas con la Iglesia del Vaticano II y la enseñanza del Concilio Vaticano II, la idea de que el Concilio Vaticano II "no fue un concilio infalible o vinculante" estaría en el primer lugar. Este es un asunto muy importante. Este video examina cuidadosamente el asunto y rechaza por completo la falsa posición tradicionalista que sostiene que el Vaticano II no fue infalible y por lo tanto no es vinculante. Además de discutir en detalle los principales aspectos de la cuestión, el vídeo contiene numerosos puntos nuevos muy importantes. Los nuevos puntos incluyen citas del discurso de apertura de Juan XXIII en el Concilio Vaticano II que sin duda sorprenderá a los falsos tradicionalistas que durante años se han mal informado sobre este asunto.

Aquí el video en inglés



Y a continuación el texto en español de algunos de los puntos principales analizados en el video

¿Fue infalible el Concilio Vaticano II?
Si Ud. cree que Paulo VI fue un verdadero Papa, la respuesta es

Por los Hnos. Miguel y Pedro Dimond OSB,
del Monasterio de la Sagrada Familia, NY, USA

“Todo el conjunto y cada uno de los puntos que han sido enunciados en esta constitución dogmática parecieron bien a los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, por el poder apostólico que nos ha sido confiado por Cristo, junto con los venerables Padres, en el Espíritu Santo, los aprobamos, decretamos y promulgamos. Y ordenamos que lo que ha sido decidido en el Concilio sea promulgado para la mayor gloria de Dios… Yo Paulo, Obispo de la Iglesia Católica”[1] (Paulo VI, clausura solemne del Vaticano II).

Hemos expuesto en detalle las herejías del Vaticano II. También hemos demostrado que los hombres que llevaron a cabo este concilio no católico no fueron verdaderos Papas de la Iglesia Católica, sino antipapas. A pesar de todas las pruebas, algunas personas siguen sin estar convencidas. Ellos sostienen que, de hecho, hay problemas doctrinales con el Concilio Vaticano II, pero, según ellos, esto no es un problema para Pablo VI, porque él no promulgó infaliblemente ninguna de las herejías del Vaticano II. “Las herejías del Vaticano II no importan”, dicen, “porque el Vaticano II no fue infalible”. Ahora demostraremos que, si Pablo VI fue un verdadero Papa, los documentos del Concilio Vaticano II fueron promulgados infaliblemente. Esto probará, una vez más, que Pablo VI (el hereje que promulgó los documentos apóstatas del Vaticano II, que cambió los ritos de los siete sacramentos, que cambió la Misa en un servicio protestante, que promovió el desmantelamiento sistemático y mundial del catolicismo, que arruinó todo el sistema escolar católico, e inició la mayor apostasía del catolicismo en la historia) no fue y no pudo haber sido un verdadero Papa. Él fue un antipapa.

Son tres condiciones que deben cumplirse para que un Papa enseñe infaliblemente: [1] el Papa debe cumplir su deber de pastor y maestro de todos los cristianos; [2] debe enseñar de acuerdo con su suprema autoridad apostólica; y [3], debe explicar una doctrina de fe o moral para ser creída por la Iglesia universal. Si un Papa cumple con estas tres condiciones, él, por medio de  la asistencia divina que le fue prometida como sucesor de Pedro, obra infaliblemente, como lo define y enseña el Concilio Vaticano I:

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, sesión 4, cap. 4:
“… el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra ―esto es, [1] CUANDO CUMPLIENDO SU CARGO DE PASTOR Y DOCTOR DE TODOS LOS CRISTIANOS, [2] DEFINE POR SU SUPREMA AUTORIDAD APOSTÓLICA QUE [3] UNA DOCTRINA SOBRE LA FE Y COSTUMBRES DEBE SER SOSTENIDA POR TODA LA IGLESIA UNIVERSAL―, por la asistencia divina que fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia. Pero si alguien se atreve a contradecir esta nuestra definición, que Dios no lo quiera: sea anatema”[2].

Ahora vamos a probar, punto por punto, que la promulgación por Paulo VI de los documentos del Concilio Vaticano II cumple con estos tres requisitos, lo que hace que los documentos del Vaticano II sean infalibles si él hubiera sido un verdadero Papa.
1) Un Papa debe actuar como pastor y maestro de todos los cristianos

El primer requisito para que un Papa enseñe infaliblemente, es que debe actuar como pastor y maestro de todos los cristianos. Si él fue el verdadero Papa, Pablo VI cumplió con este requisito.

CADA UNO DE LOS 16 DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO II COMIENZAN CON ESTAS PALABRAS:

“PAULO, OBISPO, SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS, JUNTAMENTE CON LOS PADRES DEL SAGRADO CONCILIO PARA ETERNA MEMORIA”[3].

El Papa Eugenio IV comienza la 9ª sesión del concilio dogmático de Florencia, con estas palabras: “Eugenio, obispo, siervo de los siervos de Dios, para perpetuo recuerdo”[4]. El Papa Julio II comienza la 3ª sesión del V concilio dogmático de Letrán con estas palabras: “Julio, obispo, siervo de los siervos de Dios, con la aprobación del sacro concilio, para perpetua memoria”[5]. Y el Papa Pío IX comienza la 1ª sesión del dogmático Primer Concilio Vaticano con las siguientes palabras: “Pío, obispo, siervo de los siervos de Dios, con la aprobación del sagrado concilio, para eterna memoria”[6]. Esta es la forma habitual con la que los Papas comienzan solemnemente los decretos de los concilios generales/dogmáticos/ecuménicos. ¡Pablo VI comienza todos los documentos del Concilio Vaticano II de la misma manera, con las mismas palabras!

Al comenzar cada documento del Vaticano II de esta manera, Paulo VI (si él hubiera sido un verdadero Papa) cumplió el primer requisito para enseñar infaliblemente.

2) Un Papa debe enseñar con su suprema autoridad apostólica

El segundo requisito para que un Papa enseñe infaliblemente, es que él debe enseñar con su suprema autoridad apostólica. Si él era Papa, Paulo VI cumplió con este requisito.

CADA UNO DE LOS 16 DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO II TERMINA CON ESTAS PALABRAS (O PALABRAS BÁSICAMENTE SIMILARES A ÉSTAS):

“TODO EL CONJUNTO Y CADA UNO DE LAS COSAS ESTABLECDAS EN ESTA CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA HAN OBTENIDO EL BENEPLÁCITO A LOS PADRES DEL SACROSANTO CONCILIO. Y NOS, POR LA POTESTAD APOSTÓLICA QUE NOS HA SIDO CONFERIDA POR CRISTO, JUNTAMENTE CON LOS VENERABLES PADRES, LAS APROBAMOS, DECRETAMOS Y ESTATUIMOS EN EL ESPÍRITU SANTO, Y ORDENAMOS QUE LO ASÍ DECRETADO CONCILIARMENTE SEA PROMULGADO PARA LA MAYOR GLORIA DE DIOS… YO PABLO, OBISPO DE LA IGLESIA CATÓLICA”[7].

¡Vaya! Este hecho poco conocido es completamente devastador para cualquier afirmación que diga que Pablo VI no podía haber sido un verdadero Papa. ¡Pablo VI puso fin a todos los documentos del Vaticano II, invocando su “autoridad apostólica”, seguido de su firma! Él claramente cumplió el segundo requisito de la infalibilidad. De hecho, este párrafo en sí mismo no sólo cumple el segundo requisito de la infalibilidad papal, sino los tres, porque, ¡en él vemos que Pablo VI está “aprobando, decretando y estatuyendo” en “el Espíritu Santo” y “por su potestad apostólica” todas las cosas contenidas en cada documento! Este es un lenguaje infalible. Cualquiera que niegue esto simplemente no sabe de qué está hablando.

La aprobación dada al Concilio Vaticano II por Pablo VI (citado arriba) es aún más solemne que la aprobación dada al infalible Concilio de Nicea (325) por el Papa San Silvestre. Es más solemne que la aprobación dada al infalible Concilio de Éfeso (431) por el Papa San Celestino. En otras palabras, en la aprobación de los verdaderos concilios de la Iglesia Católica, estos verdaderos Papas aprobaron los documentos de estos concilios en formas que eran aún menos extraordinarias que la manera en que Pablo VI aprobó el Vaticano II, y sin embargo, la aprobación de esos verdaderos concilios por Papas verdaderos es suficiente para calificarlos como infalibles y obligatorios – un hecho católico incuestionable.

Es, por tanto, un hecho que cada documento del Vaticano II es un acto solemne de Pablo VI. Cada documento es firmado por él, cada uno de ellos los inicia en su calidad de “pastor y maestro de todos los cristianos”, y cada uno termina con su “aprobación, decreto y promulgación” de todo el contenido del documento en virtud de su “autoridad apostólica”.

¡Esto demuestra que, si Pablo VI era el Papa, los documentos del Concilio Vaticano II son infalibles! Pero los documentos del Vaticano II no son infalibles, son malos y heréticos. En consecuencia, esto DESTRUYE CUALQUIER POSIBILIDAD de que Pablo VI haya sido alguna vez un verdadero Papa; porque un verdadero Papa no puede promulgar los malvados documentos del Concilio Vaticano II de esta manera autoritaria.

3) Un Papa debe exponer una doctrina sobre fe o moral que debe ser sostenida por la Iglesia universal

Ya hemos demostrado que Pablo VI cumplió los tres requisitos para enseñar infaliblemente en el Concilio Vaticano II si él fue el Papa. En aras de la exhaustividad, sin embargo, vamos a concluir la prueba, señalando, punto por punto, que los documentos del Vaticano II están llenos de enseñanzas sobre fe y moral (parte del tercer requisito). Y ellas deben ser sostenidas por la Iglesia universal si Pablo VI era el Papa, porque Pablo VI solemnemente las aprobó, decretó y promulgó, en virtud de su “autoridad apostólica”, ordenando que se publicaran.

Por lo tanto, el tercer requisito de la infalibilidad también fue cumplido por Pablo VI en la promulgación del Concilio Vaticano II. ¡Pero todavía hay más!

Paulo VI dice que el Vaticano II debe ser religiosamente observado

Paulo VI, Breve “Papal” declarando clausurado el Concilio, 8 de diciembre de 1965:
“Así, pues, habiendo concluido hoy, con la ayuda de Dios, todo cuanto se refiere al sacrosanto Concilio ecuménico, HABIENDO SIDO APROBADOS POR DELIBERACIÓN SINODAL Y PROMULGADOS POR NOS TODAS LAS CONSTITUCIONES, DECRETOS, DECLARACIONES Y ACUERDOS, CON NUESTRA APOSTÓLICA AUTORIDAD decidimos y ordenamos concluir, a todos los efectos, el propio Concilio ecuménico, convocado por nuestro predecesor Juan XXIII el 25 de diciembre de 1961, iniciando el 11 de octubre de 1962 y continuado por Nos después de su muerte. MANDAMOS TAMBIÉN Y ORDENAMOS QUE TODO CUANTO HA SIDO ESTABLECIDO CONCILIARMENTE SEA RELIGIOSAMENTE OBSERVADO POR TODOS LOS FIELES para la gloria de Dios, decoro de la Iglesia… HEMOS SANCIONADO Y ESTABLECIDO ESTAS COSAS, DECRETANDO QUE LAS PRESENTES LETRAS SEAN PERMANENTES Y CONTINÚEN FIRMES, VÁLIDAS Y EFICACES; que se cumplan y obtengan plenos e íntegros efectos y que sean plenamente convalidadas por aquellos a quienes compete o podrá competer ahora o en el futuro. Así se debe juzgar y definir. Y DEBE CONSIDERARSE NULO Y SIN VALOR DESDE ESTE MOMENTO TODO CUANTO SE HAGA CONTRA ESTOS ACUERDOS POR CUALQUIER INDIVIDUO O CUALQUIER AUTORIDAD, CONSCIENTEMENTE O POR IGNORANCIA. Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el día 8 de diciembre… el año 1965, tercero de nuestro pontificado”[8].

Ahí lo tienen. El apóstata Concilio Vaticano II ha de ser religiosamente observado”, si Ud. acepta a Pablo VI. No puede haber ninguna duda de que si Pablo VI fue un verdadero Papa, entonces las puertas del infierno prevalecieron contra la Iglesia Católica el 8 de diciembre de 1965. Si Pablo VI era el Papa, las promesas de Jesucristo a su Iglesia fracasaron. Si Pablo VI era el Papa, toda la enseñanza del Vaticano II sobre fe o moral fue promulgada infaliblemente (ex cathedra). Pero esto es imposible: y cualquiera que diga que es posible no cree en la doctrina católica sobre la indefectibilidad de la Iglesia Católica. Por tanto sabemos que Giovanni Montini (Pablo VI) no fue un verdadero sucesor de Pedro, sino un antipapa no válido. Ya probamos con mucha claridad que él era un hereje manifiesto en la exposición de sus increíbles herejías, demostrando a su vez que su “elección” fue inválida.

Y si usted no está convencido de ello, hágase esta pregunta: ¿Es posible que un verdadero Papa católico “apruebe, decrete y promulgue” todas las herejías del Vaticano II “en el Espíritu Santo” y por su “autoridad apostólica”? Su sentido católico le da la respuesta. No puede ser. Por lo tanto, aquellos que reconocen las herejías del Vaticano II y los hechos que presentamos aquí, y aun así sostienen que es posible que el antipapa Pablo VI haya sido un verdadero Papa, están lamentablemente en la herejía al negar la infalibilidad papal y al sostener una posición que significa que las puertas del infierno prevalecieron contra la Iglesia Católica.

Algunas personas erróneamente argumentan que para que un Papa hable ex cathedra él debe condenar la opinión opuesta o establecer sanciones por incumplimiento. Esto no es cierto. En ninguna parte de la definición del Papa Pío IX sobre la infalibilidad papal dice que el Papa debe condenar para que actúe infaliblemente. Hay una serie de definiciones infalibles donde los Papas no condenan ni establecen ninguna sanción.

Objeciones – Ahora vamos a refutar las objeciones comunes hechas por quienes sostienen que el Concilio Vaticano II no fue promulgado infaliblemente por Pablo VI incluso si él fue el Papa.

Objeción # 1: En su discurso de apertura del Concilio Vaticano II, Juan XXIII dijo que el Vaticano II iba a ser un “concilio pastoral”. ¡Esto demuestra que el Vaticano II no fue infalible!

Respuesta: Esto no es cierto. Juan XXIII no dijo en su discurso de apertura en el concilio que el Vaticano II iba a ser un concilio pastoral. Esto es lo que Juan XXIII dijo:

Juan XXIII, Discurso de apertura del Vaticano II, 11 de octubre de 1962: “Una es la substancia de la antigua doctrina, del depositum fidei [depósito de la fe], y otra es la formulación que la reviste; y es esto lo que se debe —con paciencia, si fuese necesario— tomar muy en cuenta, midiendo todo en las formas y proporciones DE UN MAGISTERIO PREDOMINANTEMENTE PASTORAL”[9].

Aquí vemos que Juan XXIII no dijo que el Concilio Vaticano II sería un concilio pastoral. Él dijo que iba a reflejar el magisterio de la Iglesia, el cual es predominantemente de carácter pastoral. Por tanto, a pesar del muy generalizado mito, lo cierto es que Juan XXIII ni siquiera llamó al Vaticano II un concilio pastoral en su discurso de apertura. Además, incluso si Juan XXIII hubiese llamado al Vaticano II un concilio pastoral en su discurso de apertura, esto no significa que no sea infalible. Describir que algo es pastoral no significa ipso facto (por ese mismo hecho) que no es infalible. Esto se demuestra por el mismo Juan XXIII en el discurso anterior al describir el magisterio como “pastoral”, y sin embargo es de fide (de fe) que el magisterio es infalible. Por lo tanto, incluso si Juan XXIII describió el Vaticano II como un concilio pastoral (cosa que no hizo), esto no probaría que no es infalible.

Más importante, sin embargo, es que en realidad no importa el que Juan XXIII llamase al Vaticano II un concilio pastoral en su discurso de apertura del Concilio Vaticano II. Esto se debe a que, como ya vimos, fue Pablo VI quien confirmó solemnemente las herejías del Vaticano II; y es la confirmación de Pablo VI (no la de Juan XXIII), la que prueba que el Vaticano II es obligatorio para todos los que lo aceptan como Papa.

Objeción #2: Paulo VI dijo en su Audiencia General del 12 de enero de 1966, que el Vaticano II “evitó el pronunciamiento, de manera extraordinaria, de dogmas dotados con la nota de infalibilidad”.

Respuesta: Es cierto que Pablo VI dijo en 1966 (después que el Vaticano II ya había sido promulgado solemnemente) que el Concilio Vaticano II “evitó el pronunciamiento, de manera extraordinaria, de dogmas dotados con la nota de infalibilidad”. Sin embargo, la declaración del antipapa Pablo VI en 1966 es irrelevante. Ello no cambia y no puede cambiar el hecho que él solemnemente promulgó (de una manera que sería infalible si él fuera el Papa) todos los documentos del Concilio Vaticano II el 8 de diciembre de 1965. Pablo VI ya había firmado y sellado el Vaticano II mucho antes del 12 de enero 1966. El Vaticano II se clausuró solemnemente el 8 de diciembre de 1965. Esto significaría que si Pablo VI era el Papa (que no era), las puertas del infierno prevalecieron contra la Iglesia el 8 de diciembre 1965 a causa de su solemne y definitiva promulgación de los completamente heréticos documentos del Vaticano II en ese día.

El magisterio es una autoridad docente cuyas enseñanzas son “irreformables” (de fide definita, Concilio Vaticano I, Denz., 1839). Puesto que son irreformables, ellas son inalterables desde la fecha en que son declaradas/promulgada. Si el antipapa Pablo VI hubiese sido un verdadero Papa, el Vaticano II fue irreformable e infalible el 8 de diciembre de 1965. Nada de lo dicho o hecho después del 8 de diciembre 1965 podría deshacer (si Pablo VI fuese un verdadero Papa) lo que ya se había hecho, porque entonces la enseñanza del magisterio se volvería reformable. Por lo tanto, el discurso del antipapa Pablo VI en 1966 (después de que el concilio estaba cerrado) es irrelevante respecto a si el Vaticano II fue o no fue infalible.

¿Pero por qué, entonces, el antipapa Pablo VI haría tal afirmación? La respuesta es simple. La diabólica (satánica) inteligencia que guiaba al antipapa Pablo VI sabía que, eventualmente, los católicos más conservadores o con mentalidad católica tradicionalista no aceptarían esos decretos del Concilio Vaticano II como infalibles, ya que están llenos de errores y herejías. Por lo tanto, si no se hubiera hecho esta declaración en 1966 de que el Concilio Vaticano II había evitado definiciones extraordinarias con la infalibilidad, un gran número de personas habría llegado a la inmediata conclusión de que él (Giovanni Montini - antipapa Pablo VI) no era un verdadero Papa. Por tanto para el diablo le era beneficiosa esta declaración.

El diablo tuvo que propagar entre los “tradicionalistas” la idea de que Pablo VI no promulgó “infaliblemente” el Vaticano II. Esto era esencial para toda la apostasía post-Vaticano II del diablo; él temía que millones se hubiesen convertido en sedevacantistas denunciando al antipapa Pablo VI, su falsa Iglesia y su falsa misa (el Novus Ordo). Por lo tanto, el diablo inspiró al antipapa Pablo VI que dijera (bien después de haber sido solemnemente promulgado por él el Concilio Vaticano II) que el Vaticano II no emitió declaraciones dogmáticas. El diablo esperaba que esto le daría a Paulo VI la apariencia de legitimidad entre los que mantenían algún apego a la fe tradicional. Pero esta estratagema diabólica colapsa cuando se considera el hecho de que el Concilio Vaticano II ya había sido cerrado en 1965.

Además, y quizás lo más importante, hay que señalar que en la misma audiencia general del 12 de enero de 1966, Paulo VI dijo:

Paulo VI, audiencia general, 12 de enero de 1966: “El Concilio es un gran acto del magisterio de la Iglesia, y toda persona que adhiere al Concilio está, por eso mismo, reconociendo y honrando el magisterio de la Iglesia…”.

Si la gente citara la audiencia general de Paulo VI del 12 de enero 1966 para tratar de demostrar que el Vaticano II no había sido infalible incluso si Paulo VI fuese el Papa, entonces lógicamente debería aceptar otras declaraciones sobre el Concilio Vaticano II que Pablo VI hizo en esa audiencia general, tal como la citada anteriormente y la citada a continuación. En la cita anterior, vemos claramente que Pablo VI dice (en la misma audiencia general) que el Vaticano II es un acto del magisterio y toda persona que se adhiere al Vaticano II ¡está “honrando el magisterio de la Iglesia”! [El Magisterio es la autoridad de enseñanza infalible de la Iglesia].

Papa Pío XI, Rappresentanti in Terra, # 16,  31 de diciembre de 1929: “A este oficio magisterial, Cristo le confirió la infalibilidad, junto con el mandamiento de enseñar su doctrina a todos”[10].

Por lo tanto, el discurso de Pablo VI significa que, según él, el Vaticano II es infalible: ya que él dice que es la enseñanza del magisterio, que es infalible. Su discurso dice, además, que cualquier persona que acepta la enseñanza del Vaticano II (es decir, sus herejías)tales como que los no católicos pueden recibir la sagrada comunión o las herejías sobre la libertad religiosa o que los musulmanes y los católicos adoran al mismo Dios, etc.está honrando el magisterio de la Iglesia. Cualquier persona que conozca este discurso, por lo tanto, debe admitir que los que aceptan estas herejías ¡están honrando la enseñanza católica! Esto es claramente absurdo y falso; ello prueba que, no importa la forma en que se quiera examinar esta cuestión en conjunción con esta audiencia general de Pablo VI; el Concilio Vaticano II es vinculante para todos los que sostienen que Pablo VI era un Papa válido; lo que demuestra que Pablo VI definitivamente no fue un verdadero Papa. No se puede citar esta audiencia general para decir que no se está obligado a aceptar el Concilio Vaticano II, cuando la misma audiencia general dice que ¡toda persona que se adhiere a él está honrando el magisterio! Pablo VI continúa diciendo en el mismo discurso:

“[el Concilio] dio a sus enseñanzas la autoridad de supremo magisterio ordinario, el cual siendo magisterio ordinario y, por consiguiente, manifiestamente auténtico, debe ser dócil y sinceramente aceptado por todos los fieles, de acuerdo con las intenciones del Concilio con respecto a la naturaleza y fines de cada uno de los documentos”.

Esta parte del discurso casi nunca es citado por los defensores de Pablo VI, probablemente porque saben que la enseñanza del supremo magisterio ordinario es infalible, lo que significa que incluso esta audiencia general del antipapa Pablo VI afirma la infalibilidad del Concilio Vaticano II. En la misma audiencia general, Pablo VI también dijo lo siguiente:

“Es el deber y dicha de los hombres, en el período post-conciliar, conocer estos documentos, estudiarlos y aplicarlos”.

Además, Pablo VI dijo en su encíclica Ecclesiam suam (dirigida a toda la Iglesia) que el Concilio Vaticano II tuvo la tarea de definir la doctrina.

Paulo VI, Ecclesiam Suam, # 30, 6 de agosto de 1964:
como ya dijimos, el Concilio Ecuménico Vaticano II no es sino una continuación y un complemento del primero, precisamente por la tarea que tiene de volver a examinar y definir la doctrina de la Iglesia”[11].

Esto significa que el Concilio Vaticano II tuvo la tarea de enseñar infaliblemente. Y en el siguiente capítulo citaremos el discurso de Pablo VI de 1976, en el que aborda el tema de si el Vaticano II y la Nueva Misa son vinculantes y rechaza específicamente las reclamaciones de los falsos tradicionalistas que quieren aferrarse a la legitimidad de Pablo VI, a la vez que rechazan su Misa y su concilio.

Objeción # 3: El Vaticano II no fue infalible porque hay una nota adjunta al documento Lumen gentium que dice que no era infalible.

Respuesta: [Nota: la respuesta a esta objeción es profunda y complicada, y para algunos puede que no les resulte interesante. Si usted no necesita la respuesta a esta objeción, puede saltársela]

Algunos defensores de Pablo VI hacen referencia a una nota teológica que se adjunta al documento Lumen gentium. Ellos piensan que esta aclaración prueba que Pablo VI no promulgó el Vaticano II infaliblemente o autoritariamente. Pero este argumento no se sostiene si se lo analiza. Esta es la parte fundamental de la nota teológica que se adjunta al documento Lumen gentium:

“Teniendo en cuenta la práctica conciliar y el fin pastoral del presente Concilio, este santo Sínodo precisa que en la Iglesia solamente han de mantenerse como materias de fe o costumbres aquellas cosas que él declare manifiestamente como tales. TODO LO DEMÁS QUE EL SANTO SÍNODO PROPONE, POR SER DOCTRINA DEL MAGISTERIO SUPREMO DE LA IGLESIA, DEBE SER RECIBIDO Y ACEPTADO POR TODOS Y CADA UNO DE LOS FIELES DE ACUERDO CON LA MENTE DEL SANTO SÍNODO, LA CUAL SE CONOCE, BIEN POR EL TEMA TRATADO, BIEN POR EL TENOR DE LA EXPRESIÓN VERBAL, DE ACUERDO CON LAS REGLAS DE LA INTERPRETACIÓN TEOLÓGICA”[12].

Primero, esta nota no es ni siquiera parte del texto del documento Lumen gentium, es un apéndice al texto de la Lumen gentium[13].

Segundo, esta nota se adjunta sólo a la Lumen gentium, no al resto de los documentos. En otras palabras, incluso si esta nota teológica “salvara” la promulgación de Paulo VI de las herejías en la Lumen gentium (que no hace), todavía no “salva” la promulgación del resto de las herejías del Vaticano II.

Tercero, si uno lee con atención la nota anterior, puede ver que ella declara que el tema tratado o el tenor de la expresión verbal del Vaticano II, identifica que el Concilio Vaticano II está promulgando el magisterio supremo de la Iglesia, de acuerdo con las reglas de la interpretación teológica – esto equivale a decir a como la Iglesia en el pasado ha promulgado el magisterio supremo. La declaración de Paulo VI al principio y al final de cada documento del Vaticano II (ya citada) definitivamente indica, por “el tenor de la expresión verbal”, “de acuerdo con las reglas de la interpretación teológica” (es decir, paralelamente a los decretos dogmáticos del pasado), que él está promulgando el magisterio supremo (si hubiera sido un Papa). Por lo tanto, esta aclaración teológica adjunta al documento Lumen gentium no disminuye o anula el lenguaje solemne de Pablo VI que se encuentra al final de todos los documentos del Vaticano II. Más bien, su lenguaje al final cada documento del Vaticano II cumple con los requisitos de la nota teológica.

Cuarto, aquellos que intentan utilizar esta nota a fin de “exonerar” a todos los documentos del Concilio Vaticano II de comprometer la infalibilidad papal no le prestan mucha atención a lo que realmente dice. La nota claramente afirma que “todo lo demás que el santo sínodo (el Vaticano II) propone, por ser doctrina del magisterio supremo de la Iglesia, debe ser recibido y aceptado por todos y cada uno de los fieles de acuerdo con la mente del santo sínodo, la cual se conoce, bien por el tema tratado, bien por el tenor de la expresión verbal, de acuerdo con las reglas de la interpretación teológica”.

¡Este es un punto muy importante! Hay numerosos casos en el Vaticano II, donde el Vaticano II está exponiendo lo que cree que es la enseñanza del magisterio supremo, que “debe ser recibido y aceptado por todos y cada uno de los fieles de acuerdo con la mente del santo sínodo, la cual se conoce, bien por el tema tratado, bien por el tenor de la expresión verbal…” Por ejemplo, en su herética Declaración sobre la libertad religiosa (Dignitatis humanae), el Concilio Vaticano II dice lo siguiente:

Concilio Vaticano II, Dignitatis humanae, # 9: “Cuando este Concilio Vaticano declara acerca del derecho del hombre a la libertad religiosa, tiene su fundamento en la dignidad de la persona, cuyas exigencias se han ido haciendo más patentes cada vez a la razón humana a través de la experiencia de los siglos. Es más; esta doctrina de la libertad tiene sus raíces en la divina revelación, por lo cual ha de ser tanto más religiosamente observada por los cristianos[14].

Aquí el Vaticano II indica explícitamente que su enseñanza herética sobre la libertad religiosa tiene sus raíces en la divina revelación, y debe ser religiosamente observada por los cristianos. Esto cumple claramente los requisitos de la nota teológica para una enseñanza que “debe ser recibida y aceptada por todos y cada uno de los fieles de acuerdo con la mente del santo sínodo (Vaticano II), la cual se conoce, bien por el tema tratado, bien por el tenor de la expresión verbal…”. Y hay más:

Concilio Vaticano II, Dignitatis humanae, # 12: La Iglesia, por consiguiente, fiel a la verdad evangélica, sigue el camino de Cristo y de los Apóstoles cuando reconoce y promueve la libertad religiosa como conforme a la dignidad humana y a la revelación de Dios. Conservó y enseñó en el decurso de los tiempos la doctrina recibida del Maestro y de los Apóstoles”[15].

Aquí Vaticano II indica explícitamente que su enseñanza herética sobre la libertad religiosa es la siguiente: 1) fiel a la verdad evangélica; 2) sigue el camino de Cristo y de los Apóstoles, y 3) ¡está conforma a revelación de Dios! Recordamos al lector, una vez más, la redacción de la nota teológica, que establecía que “todo lo demás que el santo sínodo (Vaticano II) propone, por ser doctrina del magisterio supremo de la Iglesia, debe ser recibido y aceptado por todos y cada uno de los fieles de acuerdo con la mente del santo sínodo, la cual se conoce, bien por el tema tratado, bien por el tenor de la expresión verbal, de acuerdo con las reglas de la interpretación teológica”.

Por lo tanto, según la propia nota teológica, los que aceptan a Pablo VI como Papa ¡están obligados a aceptar la enseñanza herética del Vaticano II sobre la libertad religiosa como enseñanza del supremo magisterio de la Iglesia! La nota teológica los obliga a aceptar la enseñanza herética del Vaticano II sobre la libertad religiosa, como: 1) fiel a la verdad evangélica, 2) siguiendo el camino de Cristo y de los apóstoles, y 3) conforme con la revelación de Dios, porque esta es la mente del santo sínodo (Vaticano II), la cual se conoce, bien por el tema tratado, bien por el tenor de la expresión verbal…”. Es muy simple: los que creen que el antipapa Pablo VI era el Papa están obligados al documento herético sobre la libertad religiosa.

Para resumir todos los puntos logrados hasta ahora: 1) la nota teológica adjunta a Lumen gentium no se aplica a todos los documentos; 2) la nota teológica adjunta a la Lumen gentium no disminuye o anula el lenguaje de Pablo VI al final de cada documento del Vaticano II, sino más bien demuestra que su lenguaje, al final de cada documento, cumple con los requisitos para la enseñanza infalible del magisterio, y 3) incluso si la nota teológica se aplica a cada documento —y de alguna manera como hizo el lenguaje solemne de Pablo VI al final de cada documento no vinculante (que ciertamente no es)— la propia nota teológica todavía demuestra que varios documentos del Vaticano II son infalibles y vinculantes por la forma en que el Vaticano II presenta su enseñanza en esas materias. No importa de qué manera la persona trate de escapar de la realidad de que el antipapa Pablo VI no podría haber sido un verdadero Papa y que al mismo tiempo promulga el Vaticano II, él yerra.

San Pedro vs anti-Pedro

En su encíclica dogmática Quanta cura, el Papa Pío IX condenó infaliblemente la doctrina herética de la libertad religiosa (que también había sido condenada por numerosos otros Papas). El Papa Pío IX anatematizó explícitamente la idea herética de que la libertad religiosa debe ser un derecho civil en toda sociedad bien constituida. La Iglesia Católica enseña que un gobierno que reconoce el derecho a la libertad religiosa —como los EE.UU.— es, por supuesto, preferible a uno que suprime el catolicismo. Sin embargo, esta situación es sólo el menor de dos males. Lo ideal es un gobierno que reconozca a la religión católica como la única religión del Estado y no dé a cada persona la “libertad” de practicar y propagar su falsa religión en el ámbito público. Por lo tanto, la idea de que la libertad religiosa debe ser un derecho civil universal es herética, como el Papa Pío IX infaliblemente definió en Quanta cura.

Papa Pío IX, Quanta cura, #s 3-6, 8 de diciembre de 1864, ex cathedra:
Con esta idea de la gobernación social, absolutamente falsa, no dudan en consagrar aquella opinión errónea, en extremo perniciosa a la Iglesia católica y a la salud de las almas, llamada por Gregorio XVI, Nuestro Predecesor, de f. m., locura, ESTO ES, QUE LA LIBERTAD DE CONCIENCIAS Y DE CULTOS ES UN DERECHO PROPIO DE CADA HOMBRE, QUE TODO ESTADO BIEN CONSTITUIDO DEBE PROCLAMAR Y GARANTIZARAl sostener afirmación tan temeraria no piensan ni consideran que con ello predican la libertad de perdición… Por lo tanto, TODAS Y CADA UNA DE LAS PERVERSAS OPINIONES Y DOCTRINAS DETERMINADAMENTE ESPECIFICADAS EN ESTA CARTA, CON NUESTRA AUTORIDAD APOSTÓLICA LAS REPROBAMOS, PROSCRIBIMOS Y CONDENAMOS; Y QUEREMOS Y MANDAMOS QUE TODAS ELLAS SEAN TENIDAS POR LOS HIJOS DE LA IGLESIA COMO REPROBADAS, PROSCRITAS Y CONDENADAS”[16].

El Papa Pío IX condenó, reprobó y proscribió por su autoridad apostólica la idea herética de que cada Estado debe conceder el derecho civil a la libertad de cultos (o libertad religiosa). Pero véase lo siguiente. Mientras el Papa Pío IX condena, reprueba y proscribe esta doctrina con su autoridad apostólica, el antipapa Pablo VI aprueba, decreta y establece esta misma doctrina condenada por su “autoridad apostólica”. En otras palabras, lo que el Papa Pío IX condena solemnemente por su autoridad apostólica ¡es exactamente lo que el antipapa Pablo VI enseña solemnemente por su “autoridad apostólica”!

Antipapa Paulo VI, Concilio Vaticano II, Declaración sobre la libertad religiosa: “PABLO, OBISPO, SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS, JUNTAMENTE CON LOS PADRES DEL CONCILIO PARA PERPETUO RECUERDO… Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa… ESTE DERECHO DE LA PERSONA HUMANA A LA LIBERTAD RELIGIOSA DEBE SER RECONOCIDO EN EL ORDENAMIENTO JURÍDICO DE LA SOCIEDAD, DE FORMA QUE SE CONVIERTA EN UN DERECHO CIVIL… Todas y cada una de las cosas incluidas en esta declaración han obtenido el beneplácito de los Padres del sacrosanto Concilio. Y NOS, EN VIRTUD DE LA POTESTAD APOSTÓLICA A NOS CONFIADA POR CRISTO, TODO ELLO, JUNTAMENTE CON LOS VENERABLES PADRES, LO APROBAMOS EN EL ESPÍRITU SANTO, DECRETAMOS Y ESTABLECEMOS, y mandamos que se promulgue, para gloria de Dios… Yo Pablo, Obispo de la Iglesia Católica”[17].

La autoridad de San Pedro
vs
La autoridad del anti-Pedro
Papa Pío IX, Quanta cura, #s 3-6, 8 de diciembre de 1864, ex cathedra:
Con esta idea de la gobernación social, absolutamente falsa, no dudan en consagrar aquella opinión errónea, en extremo perniciosa a la Iglesia católica y a la salud de las almas, llamada por Gregorio XVI, Nuestro Predecesor, de f. m., locura, ESTO ES, QUE LA LIBERTAD DE CONCIENCIAS Y DE CULTOS ES UN DERECHO PROPIO DE CADA HOMBRE, QUE TODO ESTADO BIEN CONSTITUIDO DEBE PROCLAMAR Y GARANTIZARAl sostener afirmación tan temeraria no piensan ni consideran que con ello predican la libertad de perdición… Por lo tanto, TODAS Y CADA UNA DE LAS PERVERSAS OPINIONES Y DOCTRINAS DETERMINADAMENTE ESPECIFICADAS EN ESTA CARTA, CON NUESTRA AUTORIDAD APOSTÓLICA LAS REPROBAMOS, PROSCRIBIMOS Y CONDENAMOS; Y QUEREMOS Y MANDAMOS QUE TODAS ELLAS SEAN TENIDAS POR LOS HIJOS DE LA IGLESIA COMO REPROBADAS, PROSCRITAS Y CONDENADAS”[18].
Antipapa Paulo VI, Concilio Vaticano II, Declaración sobre la libertad religiosa:
“PABLO, OBISPO, SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS, JUNTAMENTE CON LOS PADRES DEL CONCILIO PARA PERPETUO RECUERDO… Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa… ESTE DERECHO DE LA PERSONA HUMANA A LA LIBERTAD RELIGIOSA DEBE SER RECONOCIDO EN EL ORDENAMIENTO JURÍDICO DE LA SOCIEDAD, DE FORMA QUE SE CONVIERTA EN UN DERECHO CIVIL… Todas y cada una de las cosas incluidas en esta declaración han obtenido el beneplácito de los Padres del sacrosanto Concilio. Y NOS, EN VIRTUD DE LA POTESTAD APOSTÓLICA A NOS CONFIADA POR CRISTO, TODO ELLO, JUNTAMENTE CON LOS VENERABLES PADRES, LO APROBAMOS EN EL ESPÍRITU SANTO, DECRETAMOS Y ESTABLECEMOS, y mandamos que se promulgue, para gloria de Dios… Yo Pablo, Obispo de la Iglesia Católica”[19].

¿Es posible que Pablo VI posea la misma “autoridad apostólica” que la del Papa Pío IX? ¿La autoridad apostólica de San Pedro se contradice a sí misma? ¡No puede ser! ¡Eso sería una herejía! (Lucas 22, 32;… Vaticano I, sesión 4, capítulo 4).

Papa León XIII, Satis cognitum # 9, 29 de junio de 1896:
“… Jesucristo instituyó en la Iglesia un magisterio vivo, auténtico y además perpetuo, investido de su propia autoridad, revestido del espíritu de verdad, confirmado por milagros… Cuantas veces, por lo tanto, declarare ese magisterio que tal o cual verdad forma parte del conjunto de la doctrina divinamente revelada, todos deben tener por cierto que es verdad; pues si en cierto modo pudiera ser falso, se seguiría, lo cual es evidentemente absurdo, que Dios mismo sería el autor del error de los hombres…”[20].

Papa Pío IX, Primer Concilio Vaticano, sesión 4, cap. 4, ex cathedra:
Así, pues, este carisma de la verdad y de la fe nunca deficiente, fue divinamente conferido a Pedro y a sus sucesores en esta cátedra… para que, quitada la ocasión del cisma, la Iglesia entera se conserve una y, apoyada en su fundamento, se mantenga firme contra las puertas del infierno”[21].

Considerando estos hechos, uno puede ver por qué los que sostienen obstinadamente que Pablo VI fue un verdadero Papa niegan la infalibilidad papal. Ellos niegan la indefectibilidad de la Iglesia; ellos afirman que la autoridad apostólica conferida por Cristo sobre el sucesor de Pedro se contradice; y ellos afirman que las puertas del infierno prevalecieron contra la Iglesia Católica.

La verdad es que el antipapa Pablo VI nunca fue válidamente electo Papa de la Iglesia Católica; y por lo tanto, su solemne promulgación de las herejías del Vaticano II no afecta la infalibilidad papal. Como ya hemos visto, la Iglesia Católica enseña que es imposible que un hereje sea elegido Papa, ya que un hereje no es miembro de la Iglesia Católica. Esto fue definido en la constitución apostólica del Papa Paulo IV Cum ex apostolatus officio.




[1] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, The America Press, 1966, p. 366, etc.
[2] Denzinger, The Sources of Catholic Dogma, B. Herder Book. Co., Thirtieth Edition, 1957, no. 1839.
[3] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, pp. 137, 199, etc.
[4] Decrees of the Ecumenical Councils, Sheed & Ward and Georgetown University Press, 1990, vol. 1, p. 559.
[5] Decrees of the Ecumenical Councils, Vol. 1, p. 597.
[6] Decrees of the Ecumenical Councils, Vol. 2, p. 802.
[7] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, p. 366, etc.
[8] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, pp. 738-739.
[9] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, p. 715.
[10] The Papal Encyclicals, by Claudia Carlen, Raleigh: The Pierian Press, 1990, vol. 3 (1903-1939), p. 355.
[11] The Papal Encyclicals, vol. 5, p. 140.
[12] Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 2, p. 898.
[13] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, p. 97.
[14] Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 2, p. 1006.
[15] Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 2, pp. 1008-1009.
[16] Denzinger 1690, 1699.
[17] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, pp. 675, 679, 696.
[18] Denzinger 1690, 1699.
[19] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, pp. 675, 679, 696.
[20] The Papal Encyclicals, Vol. 2 (1878-1903), p. 394.
[21] Denzinger 1837.


Pablo VI pone fin a un muy popular y significativo falso mito tradicionalista al declarar que el Concilio Vaticano II y la Nueva Misa son vinculantes

“Incluso se ha afirmado que el Concilio Vaticano II no es vinculante... La adopción del nuevo Ordo Missae ciertamente no queda a la libre elección de los sacerdotes o fieles”[1].

[Siguiendo con los puntos ya abordados, en esta sección refuta además uno de los mayores falsos mitos tradicionalistas: que el antipapa Pablo VI nunca hizo el Vaticano II y la Nueva Misa obligatorios. Dado que el Concilio Vaticano II es herético, y la Nueva Misa es una “Misa” falsa, ello es una poderosa prueba de que Pablo VI no fue Papa]

Como lo hemos estado discutiendo, entre los que reconocen los problemas con la apostasía post-Vaticano II, hay muchos “tradicionalistas” que rechazan la Nueva Misa y del Vaticano II, pero sostienen que Pablo VI, el hombre que los promulgó, nunca hizo obligatorios para nadie la Nueva Misa o el Vaticano II.

Es Chris Ferrara de nuevo. Uno podría pensar que después de haber sido refutado tantas veces él podría permanecer en silencio. No, él sólo sigue lanzando sus falsedades; y por lo tanto vamos a seguir refutándolas. Chris Ferrara repite un mito muy cercano y querido para los corazones de los falsos tradicionalistas: la idea de que Pablo VI nunca prohibió el uso de la antigua Misa, y nunca hizo obligatoria la Nueva Misa.

Chris Ferrara, The Remnant, “Un desafío a la iniciativa Sedevacantista”, 15 de noviembre de 2005, p. 11: “Como ya se ha mencionado, incluso los funcionarios del Vaticano, incluyendo la comisión cardenalicia de 1984, han reconocido que la Misa tradicional nunca fue abolida de jure por la promulgación de la Nueva Misa, y que los sacerdotes siempre han tenido la libertad de seguir utilizando el misal preconciliar… En esencia, Pablo VI simplemente creó un nuevo rito junto al antiguo rito, dejando el antiguo intacto y en realidad nunca prohibiendo su uso continuado[2].

Bien, citemos al mismo Pablo VI para refutar y destruir esta falsedad. Es probable que Ud. nunca lo vea citado en las falsas publicaciones tradicionalistas que quieren quedarse con el mito de que Pablo VI pudo haber sido un Papa verdadero, puesto que ello arruina su FALSA INICIATIVA TRADICIONALISTA. Aquí es (prepárense falsos tradicionalistas):

Pablo VI, discurso, 24 de mayo de 1976: “Y el hecho es tanto más grave en esa oposición de la que estamos hablando no sólo es alentada por algunos sacerdotes, sino que es dirigida por un prelado, el arzobispo Marcel Lefebvre, quien no obstante todavía tiene nuestro respeto.
“Es tan doloroso advertirlo: pero, ¿cómo no ver en esa actitud —cualesquiera que sean las intenciones de estas personas— el colocarse fuera de la obediencia y comunión con el Sucesor de Pedro y, por lo tanto, fuera de la Iglesia? Porque ello, desafortunadamente, es la consecuencia lógica, cuando se mantiene como preferible desobedecer bajo el pretexto de preservar la fe intacta, y de trabajar por la preservación de la Iglesia Católica, mientras que, al mismo tiempo, se niega prestarle su obediencia efectiva. Y esto es dicho abiertamente. Incluso se afirma que el Concilio Vaticano II no es vinculante: que la fe también estaría en peligro debido a las reformas y directrices post-conciliares, que uno tiene el deber de desobedecer, para preservar ciertas tradiciones. ¿Qué tradiciones? ¡Es porque es este grupo, no el Papa, ni el Colegio de los Obispos, ni el Concilio Ecuménico, el que decide cuál de las innumerables tradiciones deben considerarse como norma de la fe! Como se ve, venerables hermanos, esa actitud se erige a sí misma en juez de aquella voluntad divina que colocó a Pedro y sus legítimos sucesores a la cabeza de la Iglesia para confirmar a los hermanos en la fe, y para alimentar el rebaño universal y que lo estableció como el garante y custodio del depósito de la fe
La adopción del nuevo Ordo Missae ciertamente no está abandonado al libre arbitrio de los sacerdotes y de los fieles: y la Instrucción del 14 de junio del 1971 ha previsto la celebración de la Misa en la antigua forma, con la autorización del Ordinario, sólo para los sacerdotes ancianos o enfermos, que ofrecen el Divino Sacrificio sin pueblo. El nuevo Ordo ha sido promulgado para que se sustituya el antiguo, luego de madura deliberación, después de las instancias del Concilio Vaticano II. No de manera diferente nuestro santo Predecesor Pío V había hecho obligatorio el Misal reformado bajo su autoridad, después del Concilio Tridentino
“Hemos llamado la atención del arzobispo Lefebvre de la gravedad de su conducta, la irregularidad de sus principales actuales iniciativas, la incoherencia y, a menudo falsedad de las posiciones doctrinales en las que basa este comportamiento y estas iniciativas, y del daño que se acumula sobre la Iglesia entera a causa de ellas”[3].

Ahí lo tienen. El mismo Pablo VI refuta directamente a Chris Ferrara y a los falsos tradicionalistas en sus dos argumentos principales. Pablo VI declara que ciertamente no está abandonado “al libre arbitrio” de los sacerdotes o de los fieles el no adoptar el Nuevo Ordo Missae. También denuncia la afirmación de que el Concilio Vaticano II no es vinculante, y señala que la consecuencia lógica de la posición de Lefebvre, que rechazaba la Nueva Misa y del Vaticano II, y operaba independientemente de la jerarquía que reconoce, es colocarse fuera la Iglesia.

Es hora de que todo el mundo despierte y se dé cuenta que la secta del Vaticano II es una secta falsa de la cabeza a los pies, y no hay manera de salvarla o a sus antipapas. Es por eso que todos los “obispos” con “jurisdicción ordinaria” de la secta del Vaticano II sostienen que el Vaticano II es la enseñanza oficial de la Iglesia. Es por eso que todos los grupos “tradicionales” que reciben “autorización oficial” de la secta del Vaticano II deben aceptar el Concilio Vaticano II. Por eso Benedicto XVI le dijo recientemente al líder de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X que no podían ser aceptados plenamente en la secta del Vaticano II a menos que aceptaran el Concilio Vaticano II.

Además, esto refuta otra afirmación completamente ridícula y deshonesta que Michael Matt acaba de hacer en un reciente artículo en The Remnant. En un artículo titulado “La Fraternidad San Pío X no está en Cisma – Roma ha hablado”, Michael Matt cita al “cardenal” Castrillón Hoyos, Presidente de la Comisión Ecclesia Dei. Matt cita a Castrillón Hoyos quien afirmó recientemente que la posición de la Fraternidad San Pío X no es un “cisma formal”, y que la “Misa de San Pío V” nunca ha sido abolida”. Basado en esta “prueba”, Matt llega concluye:

“… [la Fraternidad San Pío X no está en cisma ... y] ... ¡el Papa Pablo VI en realidad nunca abrogó la misa tridentina! Todavía está ahí como siempre ha sido, y la “opción” llamada el Novus Ordo Missae es sólo eso, una opción, que los católicos son libres de rechazar. ¡Fin de la historia! ¡Los tradicionalistas ganan! No pretendemos saber por qué el cardenal Castrillón eligió hacer estas declaraciones que ahora forman parte del registro permanente, pero, sin duda, el debate ha terminado”[4].

¿Hay alguien que no vea que esta afirmación es completamente absurda, deshonesta e ilógica?

¿Alguien realmente cree que si Castrillón Hoyos hubiese dicho que la Fraternidad San Pío X está en cisma The Remnant habría publicado un artículo afirmando “La Fraternidad San Pío X está en cisma – ¡Roma ha hablado!”? Por supuesto que no. “Roma ha hablado” para Matt cuando le gusta lo que ha dicho un “prelado” de Roma en particular. A él le gusta la declaración de Castrillón Hoyos porque cree que permite a sus compañeros cismáticos, los obispos de la Fraternidad San Pío X, se salgan con la suya.

Para ilustrar la hipocresía de Matt, recuérdese que Benedicto XVI (Ratzinger) declaró que los protestantes y cismáticos orientales no son herejes. Dijo esto mientras mantiene una posición muy superior que la de Castrillón. Por lo tanto, será que Michael Matt admitirá que ¡“Roma ha hablado”: los protestantes no son herejes; fin de debate! Por supuesto que no, y esto sólo demuestra su inconsistencia y falta de honradez.

Paulo VI: La adopción del nuevo Ordo Missae ciertamente no está abandonado al libre arbitrio de los sacerdotes y de los fieles: y la Instrucción del 14 de junio del 1971 ha previsto la celebración de la Misa en la antigua forma, con la autorización del Ordinario, sólo para los sacerdotes ancianos o enfermos, que ofrecen el Divino Sacrificio sine popolo [sin pueblo]. El nuevo Ordo ha sido promulgado para que se sustituya el antiguo, luego de madura deliberación, después de las instancias del Concilio Vaticano II”.

Y Roma ciertamente no habla cuando Benedicto XVI dice que los protestantes no son herejes, no… en absoluto, según se extiende a los herejes y cismáticos. Una declaración de un prelado del Vaticano sólo constituye Roma hablando cuando le hace cosquillas a los oídos de Matt, y justifica la posición cismática de sus amigos (los líderes de la Fraternidad San Pío X), que hacen un apostolado mundial fuera de la comunión con la jerarquía que reconocen, al tiempo que rechazan su enseñanza oficial y las “canonizaciones” solemnes, por decir poco.

Así que, en conclusión: el debate ha terminado, y los falsos tradicionalistas pierden. La declaración de Pablo VI refuta por completo de un solo golpe las recientes declaraciones de ambos Ferrara y Matt (sobre Lefebvre, el Concilio Vaticano II y la Nueva Misa). La Nueva Misa es la liturgia obligatoria de la secta del Vaticano II. El Vaticano II es la enseñanza obligatoria de la secta del Vaticano II. Si ellas son falsas, ya que sin duda lo son, entonces los reclamantes al papado por parte de los hombres que las impusieron (los antipapas del Vaticano II) son también falsos. No hay manera de evitar este hecho. Todo esto nos muestra, una vez más, la falta de coherencia de la falsa posición tradicionalista, que trata de permanecer unida a la falsa Iglesia y sus manifiestamente heréticos antipapas no católicos.




[1] Pablo VI, discurso, 24 de mayo de 1976, L’Osservatore Romano, 3 de junio de 1976, p. 2.
[2] Chris Ferrara, The Remnant, “Un desafío a la iniciativa Sedevacantista”, 15 de noviembre 2005, p. 11.
[3] L’Osservatore Romano, 3 de junio de 1976, p. 2.
[4] The Remnant, 30 de noviembre 2005.

martes, 25 de marzo de 2014

25 de marzo, fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora

Él es Rey por derecho, y también por conquista
Plinio Corrêa de Oliveira

Vamos a comentar sobre este pasaje tomado de San Lucas:

En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y presentándose a ella, le dijo: “Salve, llena de gracia, el Señor es contigo”. Ella se turbó al oír estas palabras y discurría qué podría significar aquella salutación. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios, y concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin”.

El ángel de la Anunciación, Fray Angelico
Dijo María al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón? El ángel le contestó y dijo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por eso el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios. E Isabel, tu parienta, también ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de la que era estéril, porque nada hay imposible para Dios”. Dijo María: “He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Y se fue de ella el ángel.

*             *             *

Por lo que yo recuerdo, la única cosa que sabemos de San Gabriel, el arcángel se encuentra en este episodio. Él fue enviado por Dios para entregar este magnífico mensaje a Nuestra Señora. Podemos tener una idea de lo que es este arcángel si consideramos la naturaleza de la tarea que se le dio. Existe una correlación entre el ángel y su virtud, por una parte, y la misión que recibe de Dios, por la otra. A través de una, podemos hacer conjeturas sobre la otra.
La Virgen y San Gabriel en el pórtico de la catedral de Reims

Por lo tanto, ¿cuál fue el mensaje que San Gabriel, que significa “fuerza de Dios”, llevó a la Virgen? Es un mensaje que afirma la encarnación del Verbo y, por lo tanto, es el mayor acto de poder y de dominación que Dios pudiera ejercer sobre el mundo. Con la Encarnación del Verbo, Dios estaba preparando el rescate del mundo. Al hacer esto, Él, que es el rey del mundo por derecho, también se convirtió en rey por conquista. Por lo tanto, Él la segunda Persona de la Santísima Trinidad entró en la tierra para conquistarla en la cruz; de esta manera especial, Él estableció su reinado sobre el mundo.

San Gabriel debe considerarse, por lo tanto, como el anuncio de la entrada victoriosa de Nuestro Señor Jesucristo en la humanidad. Él fue como un heraldo que va delante de un rey victorioso superando todos los obstáculos en su camino y anunciando: “¡He aquí el rey ha llegado! Él va a reinar!” Esta es una primera consideración que tenemos de este arcángel.
El arcángel San Gabriel, detalle Fra Angelico

Otra consideración que debemos tener es la del devoto de María por excelencia. Él fue quien pronunció el primer Avemaría, él fue el que dio a la Virgen un mensaje que le reveló quién era ella. Hasta ese momento, de acuerdo con todas las interpretaciones que he leído, ella no sabía que iba a ser la Madre de Dios. Ella oró para que el Mesías viniera pronto a la tierra y también que ella pudiera convertirse en la sierva de su Madre para prestarle algunos pequeños servicios. Esa era su gran ambición.

Cuando vino el arcángel Gabriel y le anunció que ella misma iba a ser la madre del Mesías, él le hizo, por decirlo así, entender quién era ella. Su mensaje le explicó por qué ella había recibido de forma continua un inmenso río de gracias en toda su vida. Ella entendió la profundidad de la santidad para la que fue llamada. El anuncio del ángel le hizo comprender su propia misión.

Por lo tanto, cuando hizo esta revelación a María, él le hacía este servicio excepcional, que era un acto de suprema nobleza ordenado por Dios. Como resultado de ello, este hecho estableció un vínculo muy especial entre San Gabriel y la Virgen. En este sentido, él fue una especie de profeta que manifiesta a la Virgen lo que ella sería toda su vida y lo que sería su misión. Por lo tanto, otro aspecto de la personalidad de este arcángel es una gran unión con la Virgen y una gran devoción a ella.
La Anunciación, por Fray Angelico en el convento de San Marcos, Florencia

Finalmente, podemos considerar otro lado, que es la manera en que él dio su mensaje. Estaba impregnado con una gran pureza. Ningún mensaje es más casto que este, que anunció la maternidad virginal. Este mensaje muestra cuánto amor tiene Dios por la pureza, por lo que, con el fin de salvaguardar la castidad virginal de Nuestra Señora, Él decidió una manera de concebir a Nuestro Señor Jesucristo que no implicaba ninguna obra humana: ella sería la Esposa del Espíritu Santo.

En la Anunciación, el arcángel es especialmente protector de su pureza y castidad. Si pudiéramos verlo, él nos inspiraría un millar de deseos y actos de admiración y anhelo de poseer la pureza en un grado eminente.

De aquí, podemos sacar algunas aplicaciones para las oraciones que podemos dirigirle hoy. San Gabriel anunció la venida y el triunfo del Mesías a la Virgen y por lo tanto a todos los hombres. Podríamos pedirle que ahora anuncie la recuperación de la realeza efectiva de Dios sobre la tierra a través de la venida del cumplimiento del mensaje de Fátima.

Hoy nos encontramos en una situación que es aún peor que la del mundo antiguo antes de Nuestro Señor Jesucristo. Por lo tanto, podemos pedir que Nuestro Señor Jesucristo reine una vez más, que Él establezca su reino en la tierra en María y por María, y que este período de oscuridad en la que nos encontramos llegue a su fin. Él ha hecho una cosa, que haga la otra. Él tuvo la llave para cerrar la era de la antigüedad, y por lo tanto abrió una nueva época. Que Él cierre esta época y abra la del Reino de María.

Segundo: debemos pedir a San Gabriel una enorme, sobreabundante devoción a la Virgen y que esta devoción crezca cada instante hasta el final de nuestras vidas.

Tercero: debemos pedirle un amor más ardiente, intransigente, vigilante y, por tanto, más militante por la pureza, y tener toda forma de repulsión y desprecio por la impureza de todas las formas y grados. Esto es lo que deberíamos pedirle. Que él nos proteja y nos haga más cercanos a la Virgen.


Tomado de nobility.org

martes, 19 de noviembre de 2013

Por sus frutos los conoceréis

Mea Maxima Culpa - El silencio en la casa de Dios

La película documental completa acerca de los abusos sexuales por sacerdotes de la falsa Iglesia nacida del Concilio Vaticano II. Muchos abusos se cometieron antes del Concilio Vaticano II, pero ello ya era un indicio de la apostasía que se estaba gestando dentro de las estructuras de la Iglesia. Después del Concilio Vaticano II, los casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes se multiplicaron exponencialmente.


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Una prueba de la existencia de Dios

Este es un video interesante que presenta, bajo una perspectiva diferente y científica una prueba de la existencia de un ser creador de todo cuanto existe y lo más perfecto que se pueda concebir, que es justamente lo que entendemos por Dios. Obviamente esta es una demostración desvinculada del dogma católico, pero queda en evidencia, una vez más, que entre la ciencia y la religión (la verdadera religión que es la católica) no hay ni puede haber conflicto o contradicción, lo cual es exactamente lo que afirma el dogma católico.

lunes, 21 de octubre de 2013

La bondad y el celo de un alma apostólica

San Pío X cuando era obispo de Mantua
“Un sacerdote, a quien conocí mucho, llegaba a su primera parroquia. Creyó suyo visitar a cada familia. Judíos, protestantes y aun los mismos francmasones no fueron excluidos, y anunció desde el púlpito que cada año renovaría la visita. Esto produjo gran emoción entre sus colegas, que se quejaron al obispo. Este llama inmediatamente al acusado y le amonesta seriamente. “Monseñor, respondió con humildad el cura: Jesús en su Evangelio ordena al pastor conducir al rebaño todas las ovejas, oportet illas adducere. ¿Cómo conseguir esto si no se va en busca suya? Por otra parte, yo no transijo jamás sobre los principios doctrinales y me limito a manifestar mi solicitud y mi caridad a todas las almas, aun a las descarriadas, que el Señor me ha confiado. He anunciado públicamente esas visitas desde el púlpito; si vuestro deseo formal es de que no las haga, dignaos darme la prohibición por escrito, a fin de que se sepa que no hago con ello más que someterme a vuestras órdenes”. Conmovido por la precisión y entereza de este lenguaje, el obispo no insistió más. El tiempo, por lo demás, dio la razón a este sacerdote, quien tuvo el consuelo de convertir a algunos de aquellos descarriados e indujo a los demás a que profesaran gran respeto a nuestra religión. El humilde párroco ha llegado a ser, por voluntad del Señor, el Papa que os da, amado hijo, esta lección de caridad. Manteneos, pues, firmes sobre los principios, pero que vuestra caridad se extienda a todos los hombres, aunque entre ellas halla enemigos encarnizados de la Iglesia”*

Al centro, San Pío X cuando era cardenal patriarca de Venecia

Estas palabras son del mismo Papa San Pío X contando un hecho de su propia vida, citadas por Dom Chautard en su magnífica obra El Alma de Todo Apostolado, parte IV, cap. IV.

martes, 8 de octubre de 2013

El antipapa Francisco practica el judaísmo



Los argumentos que prueban que un hereje no puede ser Papa véalos haciendo clic aquí

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jueves, 3 de octubre de 2013

Plínio Corrêa de Oliveira, un hombre de Fe, de pensamiento y de acción

Hace dieciocho años, un día 3 de octubre, falleció en São Paulo, Brasil, el inspirador de la vasta familia de almas de las TFP y organizaciones afines. Recordamos con emoción la lucha de más de 60 años llevada a cabo por este insigne pensador.


Según las palabras de un comentador de prensa en los días que siguieron a su deceso, “pasó toda su vida entre la ofensiva y la defensa”. Cuando todo el mundo estaba subyugado por el nazismo, el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira sensibilizaba a los lectores del periódico oficioso de la arquidiócesis de São Paulo sobre la oposición frontal de este movimiento en plena ascensión y la doctrina de la Iglesia católica. Cuando casi nadie en Occidente osaba levantarse contra el comunismo, él lo denunciaba regularmente en sus manifiestos y campañas de opinión pública.

Le agradecemos sobre todo, y una vez más, en de que todos los miembros de esas entidades son hoy hijos de la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, su título de gloria y su única ambición.

Plinio Corrêa de Oliveira nació en São Paulo en 1908. Desciende de estirpes tradicionales de los Estados de Pernambuco, de donde procedía su padre, el abogado João Paulo Correa de Oliveira – y de São Paulo – el más importante Estado brasileño – de donde era su madre, Doña Lucilia Ribeiro dos Santos Correa de Oliveira.

Hizo sus estudios secundarios en el colegio San Luis, de los PP. jesuitas de São Paulo, y se diplomó en 1930 en Ciencias Jurídicas y Sociales en la famosa Facultad de Derecho de la misma ciudad. Desde muy joven despertó su interés el análisis filosófico y religioso de la crisis contemporánea, de su génesis y de sus consecuencias. En 1928 ingresó en el ya pujante movimiento de jóvenes de las Congregaciones Marianas de São Paulo. En poco tiempo se convirtió en su principal líder a nivel nacional, destacándose por sus dotes como orador, conferenciante y hombre de acción.

En 1933 participó activamente en la organización de la Liga Electoral Católica (LEC), por la cual fue elegido para la Asamblea Federal Constituyente, resultando ser el diputado más joven y más votado de todo el país. Actuó en aquella Cámara como uno de los principales líderes del grupo parlamentario católico.

Al cesar su mandato se dedicó al magisterio universitario. Asumió la Cátedra de Historia de la Civilización en el Colegio Universitario de la Facultad de Derecho de la Universidad de São Paulo, y más tarde pasó a ser Catedrático de Historia Moderna y Contemporánea en las Facultades de Filosofía, Ciencias y Letras São Bento y Sedes Sapientiæ de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo. Fue el primer presidente de la Junta Arquidiocesana de la Acción Católica de São Paulo, así como Director del semanario católico “O Legionario” (1935- 1947), el cual ocupó un lugar de inigualable relieve en la prensa católica brasileña. En 1951 pasó a colaborar en la prestigiosa revista mensual de cultura “Catolicismo”, que se ha convertido en uno de los polos de pensamiento de la prensa católica en Brasil. También colaboró asiduamente entre los años 1968 y 1990 en la “Folha de São Paulo”, el diario de mayor circulación en el estado del mismo nombre.

El profesor Plinio Corrêa de Oliveira es, además, autor de catorce libros. Entre ellos se destacan:

En Defensa de Acción Católica (1943), con prefacio del entonces Nuncio Apostólico en Brasil, Mons. Aloisio Massella, más tarde elevado a Cardenal camarlengo de la Santa Iglesia. La obra es un agudo análisis de los primeros pasos de la infiltración progresista e izquierdista en Acción Católica. Recibió una calurosa carta de elogio, escrita en nombre de Pío XII por Mons. I. B. Montini, entonces sustituto de la Secretaría de Estado de la Santa Sede y más tarde Pablo VI.

Revolución y Contra-Revolución (1959). Exposición de carácter histórico, filosófico y sociológico de la crisis de Occidente, desde el Humanismo, el Renacimiento y el protestantismo hasta nuestros días. Esta obra establece la relación causa-efecto entre los mencionados movimientos y la Revolución Francesa de 1789, la Revolución Rusa de 1917 y las transformaciones por las que han venido pasando hasta hoy el mundo soviético y occidental. De Revolución y Contra-Revolución se han publicado cuatro ediciones en portugués, siete en español, tres en italiano, dos en inglés y dos en francés. Es el libro de cabecera de todos los socios y cooperadores de las TFPs y bureaux TFP. (Bajar)

Acuerdo con el régimen comunista: para la Iglesia, ¿esperanza o autodemolición? (1963). Demuestra la ilicitud de que la Iglesia coexista con un Gobierno que, aun reconociéndole libertad de culto, le prohíba enseñar que no es lícito abolir la propiedad privada. La obra fue objeto de una carta de elogio de la Sagrada Congregación de los Seminarios y Universidades, firmada por el Cardenal Giuseppe Pizzardo, Prefecto de dicho Dicasterio Romano. Este alto órgano de la Santa Sede declara en su misiva que la doctrina expuesta por el autor es “eco fidelísimo” de las enseñanzas pontificias. Han sido publicadas treinta y seis ediciones de este libro, traducido al alemán, español, francés, húngaro, inglés, italiano y polaco, y transcrito íntegramente por treinta y ocho periódicos o revistas de trece países.

Tribalismo indígena, ideal comuno-misional para el Brasil del siglo XXI (1977). Denuncia una nueva embestida progresista en Brasil: la neo-misionología comuno-estructuralista, y prevé con quince años de antelación las principales doctrinas y tendencias comuno-ecologistas manifestadas en la ECO’92 de Río de Ianeiro.

El socialismo autogestionario frente al comunismo: ¿es una barrera o una cabeza de puente? (1981). Amplia exposición y análisis crítico del programa autogestionario de Mitterrand, entonces recién elegido Presidente de la República Francesa. Este trabajo – asumido y divulgado en nombre propio por las trece TFPs que entonces existían – fue impreso íntegro en cuarenta y cinco diarios de gran circulación de diecinueve países de América, Europa y Oceanía. Un denso resumen del mismo fue publicado en cuarenta y nueve países de los cinco continentes, en trece idiomas. De este modo, la difusión del manifiesto alcanzó una tirada total de treinta y tres millones y medio de ejemplares.

De entre las demás obras del profesor Plinio Corrêa de Oliveira es indispensable mencionar el conocido manifiesto Comunismo y anticomunismo en el umbral de la última década de este milenio (1990), publicado en cincuenta y ocho periódicos de diecinueve naciones. El documento constituye una impresionante interpelación histórica a todos aquellos que, en Oriente y Occidente, contribuyeron para colocar y mantener aun gran conjunto de naciones en una situación de profundo oprobio, así como a aquellos que pretendieron empeñadamente conducir a sus respectivas patrias a un terrible cautiverio como el implantado en Rusia, China y sus satélites.

Nobleza y élites tradicionales análogas

Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la nobleza romana (1993) es la última obra escrita por el Profesor Corrêa de Oliveira. Comentaron las enseñanzas del recordado pontífice sobre el rol indispensable de la nobleza y de las élites en la sociedad. Subraya la influencia irremplazable, en el mundo convulsionado de hoy, de las diferentes elites tradicionales así como los valores religiosos y culturales que ellas tienen al servicio del bien común. Este libro, inicialmente editado en Francia, España, Estados Unidos, Italia y Portugal, ha recibido varias cartas de elogio, entre las cuales clase cuatro cardenales, de dos eminentes teólogos y de un peronista universalmente conocido.

* * *

Como intelectual, además de maestro de doctrina contrarrevolucionaria de todas las TFPs y entidades análogas, ocupa el profesor Plinio Corrêa de Oliveira un lugar de innegable destaque en el panorama internacional como líder y orientador, en nuestra época de realizaciones y de crisis, de aprensiones y de catástrofes.

En el plano de la acción, su obra es la fundación ‒ocurrida en São Paulo en 1960‒ y la dirección de la Sociedad Brasileña de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP). En 1980, el Consejo Nacional de la TFP lo declaró presidente vitalicio de la misma. Su ensayo Revolución y Contra-Revolución inspiró la fundación de TFPs y bureaux TFP en veinticuatro países. Son éstas entidades hermanas y autónomas entre sí.

Fuente: AcciónFamilia

lunes, 16 de septiembre de 2013

Elegancia y destreza venciendo a la fuerza y a la materia (video)

Plinio Corrêa de Oliveira,
“Catolicismo”, Nº 117, Septiembre de 1960

Un noble polaco, el Conde S. K. Potocki (1752-1821) participaba en una cacería en tierras del rey de Nápoles, cuando le mostraron un caballo considerado indomable. El Conde, de inmediato, se quitó la casaca y montó el bravo animal, el cual se dejó subyugar por él. David, el conocido pintor francés, representó la escena en el momento en que Potocki daba por consumada su victoria.


El caballo, dotado de una musculatura admirable y lleno de una estupenda vitalidad, parece espumar aún bajo el yugo del caballero. Este, aunque casi dando la impresión de fragilidad en relación a la cabalgadura, se mantiene sereno, elegante, enteramente señor de sí y del animal, y saluda a los que aplauden su triunfo.

Símbolo admirable de la victoria del espíritu sobre la materia, del hombre sobre lo bruto.

* * *

¡Qué bello tema de meditación para los hombres de una época como la nuestra, que tan frecuentemente se deja dominar, ya no por lo animal, sino por algo que en el orden de los seres es muy inferior, esto es, por la máquina!

lunes, 9 de septiembre de 2013

La pobreza cristiana en las enseñanzas de un Santo

En 1858, con sólo 23 años de edad, el seminarista Giuseppe Melchiore Sarto, futuro San Pío X, fue ordenado sacerdote y designando para la parroquia de Tombolo, de 1500 almas, en el distrito Trentino, en Italia.

Mientras ejercía su munus sacerdotal en esa parroquia, falleció una señora rica, gran bienhechora de la iglesia Isabel Viani, cuyo elogio fúnebre fue hecho por el Padre Sarto.

La fisonomía inocente y pura que se conserva a lo largo de los años,
crece en fuerza y determinación. Es la verdadera suma de las edades.
El concepto de pobreza evangélica enunciado por el futuro Santo en ese sermón es particularmente digno de nota como reflejo auténtico de la doctrina de la Iglesia. No pudiendo transcribir aquí en su íntegra su bello panegírico, me limito a la parte en que trata del concepto de la probreza cristiana. Nótese que la señora fallecida era muy rica. Los subrayados son míos.

* * *

“Y no extrañéis, Señores, si os afirmo que ella fue pobre (…). En medio de tantas especies de pobreza que vemos sobre la Tierra, no hay sino una digna de los carismas celestes, capaz de conquistar la estima y el amor de las almas virtuosas y perfectas.

“No pretendo aquí comentar aquella necesaria e inevitable falta de bienes a que son condenados todos los que nacen en familias necesitadas, en las cuales faltan todos los medios para mejorar su estado. Esas, para ser dignas de alabanza, deben con paciencia transformar en virtud la inevitable necesidad.

“No hablo tampoco de aquellos que vemos errar por las calles y que, debajo de sus harapos de pobres, esconden riquezas de deseos.

“Hablo sí de aquellos que siguen la ley del espíritu y de la verdad, que no exige el sacrificio material y efectivo de sus bienes. Hablo sí de aquellos que, en la abundancia de todas las cosas, renuncian moralmente con el afecto y con la voluntad a cuantos bienes puede ofrecer la Tierra.

“Esta es la pobreza que tiene origen en los ejemplos y en la doctrina de Jesucristo. Pobreza que, en el Sermón de la Montaña, obtuvo, entre las bienaventuranzas, el primer lugar y las primeras honras (*).

“Pobreza que, con su gracioso aspecto, supo cautivar la gran alma de Isabel Viani, que durante toda su vida no tuvo un solo acto de complacencia, y diré mejor, una sola mirada para su grandeza terrena” (D. Fray Vitorino Facchinetti, O.F.M, Pío X, Editora Vozes, Petrópolis, 1945, p. 73).

(*) El Padre Sarto se refiere aquí a la bienaventuranza expresada en el Evangelio de San Mateo (5,3): “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.


sábado, 10 de agosto de 2013

Las clases sociales – 3ª Parte



 Plinio Corrêa de Oliveira

El coraje equilibrado del caballero medieval

Otra clase en la sociedad medieval, además del clero, era la clase militar. Tenía la obligación de derramar su sangre por la defensa de la sociedad. En esa época, la gente no entendía la clase militar como una carrera, como cualquier otra, como a menudo lo hacemos hoy. En la Edad Media hubo una diferencia muy marcada entre los que tomaban las armas como una vocación de proteger a la sociedad y los mercenarios que vendían su sangre al Estado por dinero.

La fidelidad de las tropas mercenarias

  Las tropas mercenarias siempre existieron en la Edad Media. Eran hombres que amaban la guerra, que se sentían incómodos fuera del peligro de la guerra. Por esta razón, cuando su país estaba en paz ellos podrían anunciar: “Somos 400 suizos, o 500 alemanes, o 300 italianos, que estamos dispuestos a vender nuestro servicio de guerrear a un señor para entrar en cualquier guerra que él escoja”.

Caballeros en un vitral en la Sainte Chapelle
Entonces, un príncipe que necesitaba soldados podía contratar esas tropas para que fueran a pelear para él. La palabra mercenario no tenía un sentido peyorativo. Ellos eran hombres a los que les gustaba pelear; eran contratados por quienes no les gustaba pelear y estaban dispuestos a pagarles para que lucharan por ellos.

Cuando los pueblos pacíficos se daban cuenta de que tendrían que entrar en una guerra, ellos contrataban mercenarios para proteger sus ciudades o sus fronteras contra los enemigos que los amenazan. En la Edad Media, las tropas mercenarias eran muy fieles a sus amos. No fue sino hasta el Renacimiento que se hizo más frecuente que los mercenarios se cambiaran de bando; pero en la Edad Media, ellos combatían con fidelidad.

Encontramos un ejemplo posterior de la fidelidad medieval de uno de esos cuerpos cuando cayó la monarquía francesa. En aquella ocasión, los soldados mercenarios suizos lucharon hasta el final para el rey Luis XVI en 1792 cuando los revolucionarios tomaron por asalto el Palacio de las Tullerías en París. Ellos fueron los últimos en permanecer fieles al rey, luchando contra la Revolución hasta el punto de que todos ellos murieron por el rey.

Este monumento rinde homenaje a la lealtad
y valentía de los guardias suizos
que murieron defendiendo al rey Luis XVI
Hoy en día hay un Monumento del León en Lucerna, Suiza, en conmemoración de ese acontecimiento heroico. En una concavidad tallada en un acantilado de una de las montañas suizas hay un león herido de muerte con un pie sosteniendo un escudo con la flor de lis. Detrás de él, hay otro escudo con el escudo de armas de Suiza. La inscripción de arriba dice: “A la lealtad y valentía de los suizos” [Helvetiorum fidei ac Virtuti]; debajo del león están los nombres de los oficiales suizos que dieron sus vidas y el número de los soldados suizos que murieron, que suman 760.

Es un homenaje del pueblo suizo a esas tropas mercenarias que lucharon con gran fidelidad por el rey francés.

El último vestigio de una tropa mercenaria de hoy es la Guardia Suiza del Papa. Todo el mundo sabe que los miembros de la Guardia Suiza pontificia son soldados de Suiza. Ellos van a Roma para ser guardias del Vaticano, reciben un salario determinado, y sirven muy bien.

Con esos ejemplos, podemos ver que la ocupación del soldado mercenario era honesta y respetable en la Edad Media.

El coraje del guerrero medieval

Muy diferente era la clase militar real del país. Un militar medieval era un hombre que renunciaba en favor del bien común a todo lo bueno que la vida puede ofrecer. Considero que la Edad Media fue la época más combativa de la historia, el período que produjo el mayor número de grandes guerreros, hombres de gran valor, la época en que más se glorificó el coraje. Es curioso ver que esa época estaba muy consciente de lo que es más pungente y dramático en el medio militar para quienes se entregaban en cuerpo y alma al combate.

Detrás de esta actitud se expone toda la teoría católica de la valentía.

Una vez un sacerdote alemán me describió cómo Hitler seleccionaba a los hombres para que sirvieran en sus tropas de asalto de elite superior. Él colocaba todo tipo de obstáculos en una enorme pista de carreras y había un número de jóvenes que pasaban por ella. Había todo tipo de obstáculos: fuego, charcos, torres, agujeros y muchas otras cosas difíciles de superar. Cuando un joven recorría sin titubear todos los obstáculos y los conquistaba, esta era una prueba de que él era lo suficientemente bueno para pertenecer a ese cuerpo de asalto. Pero si el joven se detenía a pensar antes de seguir pasar por un obstáculo, aunque después él conseguía realmente pasar por ellos, él no lo consideraba lo suficientemente valiente para ese cuerpo.

Las estatuas de caballeros medievales expresan
su estabilidad y coraje viril
La concepción del coraje detrás de esas pruebas es errónea, totalmente basada en los impulsos. El sacerdote alemán que me contó esto, por cierto, observó claramente este defecto. El coraje no consiste en saltar hacia el peligro sin pensar en él. El coraje consiste en la evaluación completa del peligro y, a continuación, decidir enfrentarlo con un acto deliberado de la voluntad.

El ejemplo perfecto de esto es Nuestro Señor Jesucristo en el Huerto de los Olivos. Cristo es el modelo, el prototipo del heroísmo. En el Huerto de los Olivos, Él no asumió la actitud de un hombre impulsivo; ello no estaría acorde con su infinita santidad.

Él midió todas las penas y dolores que sufriría; Él tuvo tanto miedo de los sufrimientos que llegó a sudar sangre. Pero, a pesar de esa repulsión, porque era su deber hacer frente a esos sufrimientos para cumplir la misión que el Padre Eterno le había encomendado, Él lo enfrentó todo, Él llevó su cruz hasta la cima del Calvario, permitió ser crucificado y murió. Ello fue un acto deliberado de la voluntad de gobernar sus acciones.

El caballero católico medieval era un hombre que tenía esta concepción del valor. Estaba plenamente consciente del peligro que enfrentaba. La literatura medieval nos describe muchas manifestaciones de la tristeza del caballero que iba a la guerra. Él lloraba cuando se despedía de su familia. A menudo, su familia lo seguía por un tramo determinado de la carretera. Luego, en el último adiós, ellos se prometían rezar por los demás en un momento determinado del día.

En estas descripciones se comprende el profundo sentido de los peligros que ellos tenían que enfrentar —el riesgo de muerte, de ser herido, de caer prisionero en manos del enemigo, etc.— así como el dolor de la separación. El caballero medieval sufría esto. Hoy en día, de acuerdo con un modelo pagano en moda, un hombre debe ser insensible frente a cualquier sentimiento: si llegara a perder a su padre, madre o hijo, él debe permanecer insensible, sin emoción. En la Edad Media, esta actitud sería considerada estúpida.

El caballero medieval tenía sentimientos y sufría cuando ellos eran heridos. El hombre naturalmente tiene emociones y es normal expresarlas. Por lo tanto, a veces esos caballeros eran lo suficientemente valientes como para partir a un turco en dos o abrirse camino en una ciudad por sí solo para llegar a la mezquita sólo para tener el placer de ser el primero en destruir el culto a Mahoma. En otras ocasiones, uno de esos mismos hombres podía ser tocado por la situación de una viuda y llorar abundantemente. ¿Cómo se pueden explicar estos sentimientos aparentemente opuestos?

El equilibrio interno de un hombre que enfrenta el dolor y el peligro era diferente de lo que es hoy: era un equilibrio muy católico. El caballero medieval estaba familiarizado con la idea del deber. A pesar que tenía una idea clara de los riesgos de la guerra, él tenía motivaciones sobrenaturales —deducidas de la fe y la revelación católica— que lo llevaban a correr esos riesgos. Por estas razones él se expondría al combate y a la lucha.

Continuará. La siguiente publicación de esta serie se titula: La condición militar, alma de la nobleza medieval

Vea las publicaciones anteriores de esta serie haciendo clic aquí y aquí

Tomado de TIA
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