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viernes, 13 de mayo de 2016

Hace 99 años, la Virgen Santísima descendió del cielo y se apareció en Fátima para entregar un mensaje para la humanidad

Jacinta y Francisco:
una obra prima de
Nuestra Señora de Fátima
Plinio Correa de Oliveira
Extractos de una conferencia del 13 de octubre de 1971
“La verdadera directora espiritual de Jacinta, Francisco y Lucía fue esencialmente la Virgen”, escribe el P. Demarchi. La benévola Señora de la Cova da Iria asume el encargo de realizar esta obra prima y, como no podría dejar de serlo, la llevó a cabo con total éxito. De sus manos surgieron tres ángeles revestidos de carne que, al mismo tiempo, eran tres auténticos héroes.
De la izquierda a la derecha: Lucia, Francisco y Jacinta
La materia prima era de una plasticidad admirable, ¿y qué decir de la artista? En su escuela los tres pequeños pastores dieron en poco tiempo pasos de gigante en el camino de la perfección. En ellos se realizaron textualmente las palabras de un gran devoto de María, San Luis María Grignion de Montfort. Este afirma que en la escuela de la Virgen el alma progresa más en una semana que en el curso de un año fuera de ella.
De hecho, la pedagogía de la Madre de Dios no tiene paralelo. En dos años la Virgen Santísima consiguió elevar a los dos hermanos – Francisco y Jacinta – a las más altas cimas de la santidad cristiana. El retrato de Jacinta diseñado por mano de Lucía es revelador. “Jacinta tenía siempre un porte serio, modesto y amable, que parecía trasmitir la presencia de Dios en todos sus actos, lo que es propio de las personas de edad avanzada y de gran virtud. No volví a ver en ella aquella excesiva ligereza y entusiasmo de los niños por los juegos infantiles”.
“No diré que los niños se acercaran a ella, como lo hacían conmigo, sobre todo porque la seriedad de su actitud era muy superior a su edad. Si un niño o un adulto decía o hacía cualquier cosa menos conveniente en su presencia, ella le reprendía diciendo: “No lo haga porque ofende a Dios Nuestro Señor, quien ya está siendo demasiado ofendido” (Del libro del P. Demarchi, “Era una Señora más brillante que el sol…”).
Comenta el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira:
Este trecho ilustra una gracia extraordinaria, en la que se señalan diversos aspectos mayores y menores de la obra de la Virgen en relación con estos niños.
Sin embargo, debemos considerar el valor simbólico de la obra de la Virgen sobre los niños. Se engañan quienes imaginan que una obra como esta se destina sólo a los tres niños: es una obra que transformó suavemente a esos pequeños, de un momento a otro, con el simple hecho de las apariciones de la Santísima Virgen…
Aquí encontramos algo semejante al Secreto de María [enunciado por San Luis María Grignion de Montfort], es decir, una de esas acciones profundas de la gracia sobre el alma, que se desarrollan sin que la persona se de cuenta, sintiéndose cada vez más libre, más ágil en la práctica del bien, mientras que los defectos que la enredaban y ligaban al mal se disuelven paulatinamente.
Y la persona crece en el amor de Dios, en el deseo de empeñarse, en la oposición al mal. Pero, todo esto ocurre de modo maravilloso en el interior del alma, de manera que ella no emprende las grandes y metódicas batallas de la admirable ascensión al Cielo, a la virtud, a la santidad como los que combaten según el sistema clásico de la vida espiritual, sino que la Virgen los transforma de un momento a otro.
Y si la obra de la Virgen de Fátima, especialmente con esos niños llamados al Cielo, fue una obra de ese género, podemos preguntarnos si no existe en ello un valor simbólico que indica cuál será la acción de María Santísima sobre la humanidad cuando Ella cumpla las promesas hechas en Fátima…
Y, pues, si no debemos ver en esto un comienzo del Reino de María, es decir, del triunfo del Corazón Inmaculado sobre dos almas que anuncian la gran revelación de Nuestra Señora y que ayudarán mucho a las almas a acoger el mensaje de Fátima, con su sacrificio y oraciones en la Tierra y después con sus súplicas en el Cielo. Y que continúan haciéndolo.
Creo que esta observación primera conduce directamente a una deducción: si esto es así, Francisco y Jacinta son los intercesores naturales para pedir y obtener de la Santísima Virgen que inicie cuanto antes el Reino de María en nosotros, mediante esta misteriosa transformación que es el Secreto de María.
[…] Con relación a esto, sería muy importante decir una palabra sobre la relación del Mensaje de Fátima y nuestra situación. Hemos repetido con frecuencia que nuestra vida espiritual crece en la medida en que tomamos en serio que el mundo actual se encuentra en una deplorable decadencia y que se aproxima a su ruina. Además, que esta ruina significa el castigo previsto por Nuestra Señora en Fátima y que, en consecuencia, mientras más nos colocamos en esta perspectiva, tanto más nuestra vida espiritual se enfervoriza. Y que, por el contrario, cuanto más nos alejamos de esta visión, tanto más nuestra vida espiritual decae...
De modo que, por intercesión de Francisco y Jacinta, podamos decir a la Virgen: Venga a nosotros vuestro Reino, Oh Señora, pero que este vuestro Reino venga con urgencia.
Traducido por Acción Familia (Santiago de Chile). Sin revisión del autor.

lunes, 16 de julio de 2012

Nuestra Señora del Monte Carmelo y Fátima


Plinio Corrêa de Oliveira
¿Cuál es la relación entre Nuestra Señora de Fátima y Nuestra Señora del Monte Carmelo, puesto que Ella se apareció con el hábito carmelita en una de las apariciones? Ustedes saben que en las apariciones de Fátima, nuestra Señora normalmente llevaba un vestido blanco con un borde dorado y un cinturón de oro en la cintura. Pero durante la aparición a los niños cuando ocurrió el milagro del sol, Ella se apareció con el hábito carmelita en la representación de los misterios gloriosos del rosario.
En Fátima la Virgen también se apareció como 
Nuestra Señora del Carmen
Nuestra Señora no hace nada sin alguna razón, por lo que la primera pregunta nos lleva a otra: ¿Cuál es la relación entre la Virgen del Carmelo, los Misterios Gloriosos y Nuestra Señora de Fátima?
La invocación de Nuestra Señora del Carmelo tiene su origen en el Monte Carmelo en Tierra Santa, donde solían vivir los ermitaños en la época de la Antigua Alianza orando y esperando a una Virgen-Madre que vendría a traer la salvación a toda la raza humana. Ellos estaban siguiendo el ejemplo de Elías, el profeta, que estuvo en el Monte Carmelo rezando por la salvación de Israel, que estaba pasando por una terrible sequía, cuando él vio una pequeña nube en el horizonte lejano. Él creyó la que esa pequeña nube traería la lluvia tan necesaria a Israel. La pequeña nube creció en tamaño y cubrió todo el cielo, y, finalmente, la tan esperada lluvia vino a salvar al pueblo.
Elías entendió que esta nube era un símbolo de la Virgen que vendría, en relación con las profecías de Isaías que hablaban de la Virgen. Los que siguieron su ejemplo también oraron por la venida de la Virgen que sería la Madre del Mesías. En tiempos de la Antigua Alianza, por lo tanto, los ermitaños del Monte Carmelo tuvieron la misión espiritual de prever la venida de la nuestra Señora y rezaron por ello. Ellos fueron perseguidos por gente malvada, y también por los miembros de la decadente Sinagoga; no obstante, los ermitaños del Monte Carmelo se mantuvieron fieles.
Finalmente, nuestra Señora vino, y Ella recibió la mayor glorificación que cualquier criatura viva haya recibido y recibirá: en ella el Verbo Divino, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, se hizo carne. Ella se convirtió en la esposa del Espíritu Santo. Puesto que no tenía el pecado original, Ella no estaba sujeta a la muerte. Pero ella eligió morir, para imitar a nuestro Señor. Por lo tanto, Ella tuvo una muerte muy serena, que la Iglesia con su sabio lenguaje llamó la dormitio; “La Dormición de Nuestra Señora”. Fue una muerte real que implicó la separación del cuerpo y del alma, pero la más suave posible. Después, ella fue resucitada por nuestro Señor y llevada al cielo por los ángeles. Este conjunto de privilegios constituyen la mayor glorificación que una criatura haya tenido. Es por eso que Nuestra Señora de la Asunción también es llamada Nuestra Señora de la Gloria.
La Dormición de Nuestra Señora
Por lo tanto, la historia de la Orden del Carmelo en el Antiguo Testamento se cierra con una extraordinaria glorificación y el cumplimiento de sus expectativas. A través de siglos de silencio, aislamiento y persecución, los seguidores de Elías avanzaron paso a paso hacia la victoria y la gloria.
La historia de la Orden del Carmelo comienza nuevamente en la Nueva Alianza. San Juan Bautista también fue un seguidor de Elías, al igual que muchos de sus discípulos, San Juan, Santiago y otros. Ellos tuvieron la alegría de conocer a nuestra Señora cuando estuvo viva. Ellos veneraron a la misma Virgen-Madre que había sido anticipada por sus antepasados. Fácilmente se puede imaginar que a veces Ella les hablaría como carmelitas y confirmaría su vocación y serían recompensados por ser sus primeros devotos de la historia.
Podemos también imaginar las piadosas y misteriosas relaciones entre la Virgen y Elías, que todavía está vivo, como ustedes saben. Parece razonable pensar que la devoción de la Santa Esclavitud a la Virgen, desarrollada por San Luis Grignon de Montfort, fue de alguna manera conocida y practicada por los primeros hijos de nuestra Señora, los carmelitas.
La Orden de los Carmelitas siguió existiendo en Tierra Santa, pero la cristiandad de la época no tomó el provecho que debería haber tomado de su presencia. La cristiandad entró en decadencia, y como castigo recibió la invasión de los sarracenos, que la destruyeron. En la época de las Cruzadas, los carmelitas aparecieron en Occidente como una orden religiosa casi desconocida, en extinción y sin seguidores.
La Virgen entrega el escapulario a San Simón Stock
Sobre esta rama en extinción, Nuestra Señora hizo florecer una vibrante flor: San Simón Stock. Después que él fue elegido General de la Orden en 1247, le pidió a Ella la que fuera la protectora de la Orden. Ella se le apareció y le dio el escapulario, es decir, la promesa de la vida eterna a los que entraran en la Orden y murieran en ella. La Orden floreció nuevamente, y vino para ella un nuevo periodo de gloria. Entre las glorias de los carmelitas, la más grande es siempre haber tenido devoción a la Virgen.
También tuvo la gloria de tener una Santa Teresa de Ávila, y más recientemente, la gloria de contar con Santa Teresita del Niño Jesús, que podría haber sido nuestra contemporánea si no hubiera muerto tan joven.
La cristiandad hoy en día está de nuevo en decadencia. Nuestra Señora vino a Fátima para advertir de esta decadencia, del castigo, y la victoria con la famosa frase: “Al final mi Corazón Inmaculado triunfará”. En ese mismo conjunto de apariciones en las que Ella anunció su victoria, Ella deseó aparecerse con el hábito de la Orden Carmelita, como una forma de confirmar su antigua predilección por ella e indicar que esta Orden será parte de su glorioso reinado. Con el hábito, Ella realizó simbólicamente una síntesis del pasado y el futuro, en el mismo momento en que Ella anunció el fin de una era y el comienzo de otra.
El día de la fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo es una fiesta muy querida para nosotros, seguidores de Elías el profeta, el primer devoto de nuestra Señora en la historia.
Glorifiquémosla y pidámosle que nos prepare, a quienes somos carmelitas en espíritu, para pasar por el castigo y ser piedras vivas en el Reino de María.
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