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jueves, 16 de julio de 2015

La verdadera "fe" del antipapa ultrahereje Francisco (video en inglés)

Hno. Miguel Dimond OSB

Esta es la 4ta edición de este impresionante video que contiene nuevas herejías (por ejemplo, Francisco dice que es una "virtud" no convertir a los acatólicos, y mucho más). Si a pesar de ver este video, una persona que se profesa católica sigue considerando que Francisco es católico y papa, significa que esa persona no entiende nada de lo que es la verdadera fe católica y es un hijo de las tinieblas - no hay excusa que valga.

miércoles, 15 de abril de 2015

Video: El Anticristo Revelado: La Bestia que era, y ya no es, ha regresado | Apocalipsis

Por el Hno. Pedro Dimond OSB


Si usted cree que en el futuro habrá siete reyes romanos, como parte del nuevo reino en Roma, con un nuevo imperio sobre el mar Mediterráneo, constituyendo una nueva versión de la bestia que era, surgiendo cuando cinco de esos reyes han caído, con uno de esos reyes romanos que es herido, engañando al mundo y conduciendo a las masas a la idolatría por medio de la veneración de su imagen, entonces está equivocado. Eso no ocurrirá en el futuro. Ya ha ocurrido, y estamos viviendo la etapa final.

jueves, 15 de enero de 2015

Antipapa Francisco visita templo budista en Sri Lanka

El Antipapa Francisco visitó por sorpresa un templo budista en Sri Lanka, así como Juan Pablo II lo hizo en Tailandia en 1984.

Obviamente esto es más apostasía de Francisco. Así se informó el acto de apostasía:

De visita en Sri Lanka, el papa Francisco se convirtió hoy en el segundo que en toda la historia visita un templo budista al asistir, fuera de programa, a un ritual en el de Agrashravaka, en esta capital.

El Sumo Pontífice fue testigo de la apertura de una urna con restos y reliquias de dos importantes discípulos de Buda, los cuales se exhiben solo una vez al año, con lo que, de hecho, ese fue un raro privilegio que se le concedió.

Francisco escuchó respetuosamente a los monjes budistas cantar y orar al abrir la stupa (ataúd), refirió a periodistas el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.

martes, 9 de diciembre de 2014

Libro: LA VERDAD DE LO QUE LE OCURRIÓ A LA IGLESIA CATÓLICA DESPUÉS DEL SEGUNDO CONCILIO VATICANO

Basado en la enseñanza infalible de los papas católicos (el magisterio), en la Sagrada Escritura y en la Tradición católica, este libro es una defensa de la fe católica y de la Iglesia Católica. Con irrefutable evidencia e innegable documentación (incluyendo más de 17000 referencias), este libro demuestra lo que realmente le ocurrió a la Iglesia Católica después del Concilio Vaticano II. Este libro contiene la exposición más completa que se haya publicado hasta ahora de la apostasía post-Concilio Vaticano II.

► Usted aprenderá que en la historia de la Iglesia Católica han habido 260 papas y más de 40 antipapas (esto es, falsos papas que reclamaban ser verdaderos papas pero que no lo eran, y algunos de ellos reinaron por un tiempo incluso desde Roma).
► Usted aprenderá que está profetizado que habrá una apostasía en Roma en los últimos tiempos.
► Usted aprenderá lo que enseña la Iglesia Católica sobre los herejes: los herejes pierden cualquier jurisdicción u oficio que ellos tengan o reclamen tener en la Iglesia Católica (incluyendo el oficio del papa), sin necesidad de ninguna declaración, en el momento mismo en que ellos desertan de la fe católica.
► Usted aprenderá lo que enseña la Iglesia Católica acerca de las otras religiones, y lo que se ha enseñado sobre las otras religiones desde el Concilio Vaticano II.
► Usted aprenderá que el aparecimiento de una falsa Iglesia en los últimos días —una secta que quiere engañar y conducir a los católicos a la perdición en los tiempos de la Gran Apostasía— fue predicho por Jesucristo, por la Madre de Dios en su aparición de 1846  en La Salette (Francia), y en otras profecías católicas, incluyendo la del papa León XIII.
► Usted aprenderá, sin que quede duda alguna, que la “Iglesia” nacida del Concilio Vaticano II es una falsa Iglesia —con nuevas enseñanzas, nuevas prácticas, antipapas manifiestamente herejes y una nueva misa que se oponen a la enseñanza de la Iglesia Católica.
► Las enseñanzas heréticas y falsas de esta falsa Iglesia y sus antipapas son expuestas y refutadas en este libro en tremendos detalles objetivos. Este libro contiene:

·      La más devastadora denuncia hasta ahora producida de las herejías contenidas en los documentos del Segundo Concilio Vaticano (1962-1965)…
·      La más devastadora denuncia que se haya hecho de las herejías de Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, incluyendo las chocantes acciones del “ecumenismo” interreligioso…
·      Un examen detallado de la revolución litúrgica (los cambios a la misa y a los sacramentos después del Vaticano II) y el por qué muchos de los nuevos sacramentos (incluyendo la Nueva misa) son inválidos según la enseñanza sacramental de la Iglesia Católica…
·      Una respuesta a las principales objeciones colocadas por quienes dicen que las conclusiones presentadas en este libro no están conformes a la enseñanza católica sobre el papado o la indefectibilidad de la Iglesia Católica…
·      Una vigorosa exposición de los frutos podridos que se han derivado del Concilio Vaticano II, que son tan reveladores acerca de la verdad de lo que ha ocurrido desde el Concilio Vaticano II, incluyendo el abominable escándalo sexual sacerdotal (y por qué ocurrió), el escándalo de la comunión dada a los políticos proabortistas, el estado abominable de los seminarios post-Vaticano II y las órdenes religiosas, el fiasco de la anulación matrimonial, la unión de la Iglesia post-Vaticano II con la cultura pagana, la apostasía de la jerarquía post-Vaticano II, y mucho más…
·      Este libro cubre en detalle muchas de las cuestiones planteadas por los diferentes grupos católicos tradicionales que han concluido correctamente que el Concilio Vaticano II inició una apostasía, pero difieren en lo que concluyen al respecto

Este libro se basa en años de la más intensa investigación, incluyendo: un estudio de todas las encíclicas papales desde 1740 (año en que se introdujo la forma moderna de la encíclica), un estudio de los decretos de los concilios ecuménicos de la historia de la Iglesia y otras bulas papales, la investigación de cada número publicado del periódico del Vaticano por semana desde el 4 de abril 1968 hasta el presente, un estudio intenso de la historia católica, y mucho más. Ningún católico puede darse el lujo de no leer esta obra monumental.


Descargue gratis el libro en el sitio LaGranApostasia.com o escribiendo a info@lagranapostasia.com

miércoles, 22 de octubre de 2014

La herejía del Vaticano II sobre los judíos

vaticanocatolico.com Hno. Pedro Dimond
La herejía del Vaticano II sobre los judíos

Los Antipapas del Vaticano II participando en el culto judío: Juan Pablo II en la sinagoga de Roma en 1986, Benedicto XVI en la sinagoga de Colonia, Alemania en el 2005, y Francisco en una sinagoga de Buenos Aires, Argentina en 2012

Ver en YouTube: La herejía del Vaticano II sobre los judíos (14 minutos)

En Nostra Aetate #4, el Vaticano II habla sobre los judíos. Téngase cuenta que en este pasaje el Vaticano II se refiere específicamente a los judíos que no son parte de la Iglesia y no aceptan el Evangelio. Respecto a ellos, el Vaticano II declara:
“Y, si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras”[1].
El Vaticano II declara que los judíos que no aceptan a Jesucristo y no pertenecen a la Iglesia, no deben ser considerados como reprobados por Dios, como si esto se dedujera de las Escrituras. Eso es totalmente herético. La enseñanza de la Sagrada Escritura, la Tradición católica y el dogma católico es exactamente lo contrario. En el Evangelio Jesús declara que quienes no lo aceptan a Él son, de hecho, reprobados por Dios y no se salvarán.
Mateo 10, 33: “Más a quien me negare delante de los hombres, yo también le negaré [o reprobaré] delante de mi Padre que está en los cielos”.
Juan 3, 36: “El que cree en el Hijo tiene la vida eterna; el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que está sobre él la ira de Dios”.
También véase Juan 8, 24, Juan 14, 6, Marcos 16, 16, 1 Juan 5, 11-12, Hechos 3, 23, Hechos 13, 46 y muchos otros pasajes. Es un dogma católico que debemos creer en Jesucristo y tener la fe católica para la salvación o ser aceptados por Dios. La declaración del Vaticano II constituye un nuevo falso evangelio.
De hecho, cuando el Vaticano II declara que no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios, en el latín original utiliza la palabra ‘reprobati’. ‘Reprobati’ (que literalmente significa, haber sido rechazado por haberse probado ser indigno) es un participio presente pasivo perfecto del verbo latino reprobo, yo repruebo.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Cantate Domino, 1441: “A cuantos, consiguientemente, sienten de modo diverso y contrario, [la Iglesia] los condena, reprueba y anatematiza, y proclama que son ajenos al cuerpo de Cristo, que es la Iglesia”[2].
El Concilio dogmático de Florencia, en la solemne bula Cantate Domino de 1441, utilizó el mismo verbo en latín, reprobo, para enseñar exactamente lo opuesto de lo que el Vaticano II enseña. En Florencia se utilizó ‘reprobat’ (que significa ‘reprueba’) para enseñar solemnemente que la Iglesia Católica de hecho reprueba a todas las personas, incluyendo los judíos, que piensen o sienten de modo diverso y contrario a su enseñanza. La declaración del Concilio de Florencia, de que la Iglesia reprueba a todos quienes sienten de modo diverso y contrario a su enseñanza, viene inmediatamente después de numerosas declaraciones dogmáticas acerca de Jesucristo y la Santísima Trinidad. Por lo tanto, en su contexto, el Concilio de Florencia se estaba refiriendo a los que niegan la verdad católica sobre Jesús y la Santísima Trinidad. El Concilio de Florencia declaró dogmáticamente que la Iglesia los reprueba. Es por lo tanto un dogma que los judíos que no aceptan a Cristo son reprobados por Dios y por la Iglesia. Los judíos necesitan convertirse para ser aceptados por Dios y salvarse.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Cantate Domino, 1441, ex cathedra: “La Santa Iglesia Romana firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles, a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica”[3].
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Cantate Domino, 1441, ex cathedra: “La Santa Iglesia Romana Firmemente cree, profesa y enseña que las legalidades del Antiguo Testamento, o sea, de la Ley de Moisés, que se dividen en. ceremonias, objetos sagrados, sacrificios y sacramentos, como quiera que fueron instituidas en gracia de significar algo por venir, aunque en aquella edad eran convenientes para el culto divino, cesaron una vez venido nuestro Señor Jesucristo, quien por ellas fue significado, y empezaron los sacramentos del Nuevo Testamento. Y que mortalmente peca quienquiera ponga en las observancias legales su esperanza después de la pasión, y se someta a ellas, como necesarias a la salvación, como si la fe de Cristo no pudiera salvarnos sin ellas. No niega, sin embargo, que desde la pasión de Cristo hasta la promulgación del Evangelio, no pudiesen guardarse, a condición, sin embargo, de que no se creyesen en modo alguno necesarias para la salvación; pero después de promulgado el Evangelio, afirma que, sin pérdida de la salvación eterna, no pueden guardarse. Denuncia consiguientemente como ajeos a la fe de Cristo a todos los que, después de aquel tiempo, observan la circuncisión y el sábado y guardan las demás prescripciones legales y que en modo alguno pueden ser partícipes de la salvación eterna, a no ser que un día se arrepientan de esos errores”[4].
En la misma bula solemne Cantate Domino, el Concilio de Florencia declaró que todos los que mueren como judíos irán al infierno, y que pecan mortalmente los que practican el judaísmo u observan la Ley de Moisés después de la promulgación del Evangelio. No cabe duda que, según la enseñanza católica, en cuanto los judíos permanezcan sin convertirse a Cristo y a su Iglesia, ellos son reprobados por Dios. Aun así, el Vaticano II enseña exactamente lo contrario, y utiliza el mismo verbo latino que el Concilio de Florencia utilizó para enseñar exactamente lo opuesto. El fuerte contraste entre la enseñanza católica y la enseñanza del Vaticano II es sorprendentemente capturado en esta cita de San Ambrosio. Nótese su uso de la palabra reprobar.
San Ambrosio, Sermón 37, Las dos barcas: “La infidelidad de la Sinagoga es un insulto al Salvador. Por eso Él [Cristo] eligió la barca de Pedro, y abandonó la de Moisés, es decir, Él reprobó a la sinagoga infiel, y adoptó la Iglesia creyente”.
No es un secreto el hecho de que la enseñanza del Vaticano II sobre los judíos sea nueva y revolucionaria. Nostra Aetate #4 ha sido citada innumerables veces por los líderes judíos y por las más altas autoridades en la secta del Vaticano II, como un documento histórico que supuestamente cambió las relaciones de la ‘Iglesia Católica’ hacia los judíos. Siguiendo la promulgación de Nostra Aetate, los antipapas del Vaticano II aprobaron la falsa religión del judaísmo en muchas declaraciones y acciones. De hecho, estas declaraciones y acciones son verdaderamente tan numerosas (hay literalmente cientos) que sólo podemos resumirlas. Nuestro libro y sitio web vaticanocatolico.com contienen abundante documentación sobre este tema, con citas completas y referencias específicas.
Basándose en la nueva enseñanza del Vaticano II sobre los judíos, los antipapas del Vaticano II han enseñado repetidamente la herejía de que el Antiguo Testamento no ha sido revocado por Dios, y que los judíos, a pesar de rechazar a Cristo, tienen una alianza irrevocable con Dios. Véase por ejemplo, el discurso de Juan Pablo II ante los judíos en Mainz, Alemania Occidental[5], el 17 de noviembre de 1980; su mensaje al Rabino Jefe de Roma[6], del 23 de mayo de 2004; y su encuentro de 1997 sobre las “Raíces del Antijudaísmo”, en cual declaró: “Este pueblo persevera a pesar de todo, porque es el pueblo de la alianza...”[7]. Eso es una completa herejía.
Papa Pío XII, Mystici corporis, # 12, 29 de junio de 1943: “… a la Ley Antigua abolida sucedió el Nuevo Testamento… Jesús abolió la Ley con sus decretos (Ef. 2, 15)… Pues, como dice San León Magno, hablando de la Cruz del Señor, ‘de tal manera en aquel momento se realizó un paso tan evidente de la Ley al Evangelio, de la Sinagoga a la Iglesia, de los muchos sacrificios a una sola hostia, que, al exhalar su espíritu el Señor, se rasgó inmediatamente de arriba abajo aquel velo místico que cubría a las miradas el secreto sagrado del templo’. En la Cruz, pues, murió la Ley Vieja, que en breve había de ser enterrada y resultaría mortífera …”.
Para subrayar aún más la enseñanza del Vaticano II que no se ha de señalar a los judíos como reprobados, los antipapas del Vaticano II han expresado su estima por la religión judía en sí misma, aunque ella niega a Cristo y la Trinidad. Eso es apostasía. Ellos han alentado a los rabinos en “su misión”[8]. Les han dedicado un Día al judaísmo con el fin de estimar el judaísmo. Ellos han enseñado repetidamente que los judíos pueden salvarse sin creer en Cristo. Juan Pablo II incluso conmemoró el centenario de la sinagoga judía en Roma. Los antipapas del Vaticano II han nombrado obispos que abiertamente enseñan que la Iglesia Católica no busca convertir a los judíos, y que la Iglesia Católica cambió su enseñanza acerca de los judíos en el Vaticano II.
‘Arzobispo’ Joseph Doré, discurso a la B’nai B’rith, 2003: “En el Vaticano II, la Iglesia Católica finalmente revisó esta enseñanza...”.
Los antipapas han citado repetidamente Nostra Aetate como base para su nueva actitud hacia el judaísmo después del Vaticano II.
Ellos han permitido el culto judío (que la enseñanza católica prohíbe bajo pena de pecado mortal) en el Vaticano y en otras así llamadas ‘iglesias católicas’. En repetidas ocasiones han visitado sinagogas y toman parte activa en el culto judío – que son actos de apostasía. De hecho, en el 2005, cuando Benedicto XVI participó en un servicio judío en una sinagoga de Colonia, Alemania él habló sobre Nostra Aetate y su enseñanza acerca de los judíos[9]. Cuando Juan Pablo II fue a una sinagoga en 1986, él inclinó su cabeza con los judíos mientras ellos rezaban por la venida del ‘Mesías.’ En los años posteriores al Segundo Concilio Vaticano, los antipapas del Vaticano II también aprobaron e incluso publicaron libros que de hecho enseñan que los judíos no tienen que considerar a Jesús como el Mesías profetizado, y que es válida una lectura de las Escrituras que rechace a Jesús como el Mesías e Hijo de Dios[10]. Los ‘obispos’ estadounidenses, siguiendo la iniciativa de los antipapas, emitieron una declaración repudiando la conversión necesaria de los judíos . Los antipapas del Vaticano II también han aprobado las declaraciones de líderes judíos, tal como las de los rabinos David Rosen y Alan Solow, quienes ambos se dirigieron a Benedicto XVI. Ellos declararon, basados en Nostra Aetate, que la Iglesia Católica ya no busca más convertir a los judíos y que la alianza judía con Dios es eterna.
El 30 de octubre de 2008, el rabino David Rosen del Comité Internacional Judío se dirigió a Benedicto XVI. El citó Nostra Aetate y agradeció a Benedicto XVI, a través del ‘cardenal’ Kasper, por las garantías de que la Iglesia ya no intenta convertir a los judíos. La declaración de Rosen a Benedicto XVI fue publicada en el periódico del Vaticano.
El 12 de febrero de 2009, Alan Solow Presidente de la Conferencia de las Mayores Organizaciones Judías de Estados Unidos, afirmó directamente a Benedicto XVI: “... como es confirmado en Nostra Aetate – la alianza entre Dios y el pueblo judío es eterna”[12]. Benedicto XVI le agradeció por sus comentarios de los cuales fueron publicados en el periódico del Vaticano.
En la implementación de la nueva enseñanza del Vaticano II, Juan Pablo II y Benedicto XVI también asignaron al ‘cardenal’ Walter Kasper como presidente de la Comisión para las relaciones religiosas con los judíos. Kasper enseñó abiertamente que los judíos son salvados sin la fe en Cristo y que la declaración del Vaticano II en Nostra Aetate abandonó la enseñanza católica tradicional de que la Nueva Alianza tomó el lugar de la Antigua Alianza.
‘Cardenal’ Walter Kasper, discurso a la Comité Internacional de Enlace Católico-Judío, Nueva York, 1 de mayo de 2001: “... la vieja teoría de la sustitución [esto es, la teoría de la Nueva Alianza sustituyendo la Antigua] ha desaparecido desde el Segundo Concilio Vaticano...”.
El Antipapa Francisco ha cometido un sinnúmero de actos apóstatas con los judíos. Él ha participado en el culto judío muchas veces e incluso ha ayudado a organizarlo. Él ha enseñado que los judíos tienen una alianza válida con Dios y que ellos han sido liberados de “todo mal”[13]. Francisco abierta y repetidamente rechaza convertir a los judíos y a otros no católicos. También le aseguró específicamente a su buen amigo, el rabino Abraham Skorka, que la Iglesia Católica no puede participar en el proselitismo con los judíos[14]. Es por eso que nombró al ‘cardenal’ Kurt Koch como el Presidente de la Comisión para las relaciones religiosas con los judíos. En 2013 Koch repudió abiertamente la idea de que la Iglesia Católica tiene una misión de convertir a los judíos[15].
No hay duda al respecto: la enseñanza de la secta del Vaticano II sobre los judíos, que viene y está contenida en Nostra Aetate #4, es anticristiana. Es indudablemente herética. Es una negación de la enseñanza de Jesucristo y el dogma católico.
De hecho, es interesante considerar que el verbo en latín reprobo, que fue utilizado por el Concilio de Florencia y el Vaticano II para dos diferentes enseñanzas acerca de los judíos, es la fuente de la palabra en español: réprobo. En la estricta enseñanza dogmática un réprobo es alguien ajeno al estado de gracia. Un réprobo es alguien que Dios expulsa. Un réprobo no tiene derecho a la presencia de Dios, a su favor o a la salvación como resultado de creencias o acciones malvadas. Dios ‘reprobat’ (reprueba) a esa persona. Las personas que mueren en un estado de reprobación por supuesto se irán al Infierno, mientras que los réprobos que aún siguen con vida pueden dejar de ser réprobos por una verdadera conversión; sin embargo, ellos están actualmente en un estado de condenación. Así, cuando el Vaticano II declara que los judíos, a pesar de no aceptar a Cristo y su Iglesia, no deben ser señalados como reprobati, eso significa que ellos no son réprobos. Es una declaración formal de que ellos se pueden salvar: que ellos no deben ser considerados en un estado de condenación o reprobación, aunque ellos rechazan el Evangelio. Por supuesto, eso es herejía flagrante. Todos estos hechos demuestran que la enseñanza del Vaticano II sobre los judíos en Nostra Aetate #4 es contraria a la enseñanza de Jesucristo, la Tradición católica, el dogma católico y todos los Papas verdaderos.

Descargar PDF: La herejía del Vaticano II sobre los judíos

Notas:
[1] http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_sp.html [2] Denzinger 704. [3] Denzinger 714. [4] Denzinger 712. [5] http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/1980/november/documents/hf_jp_ii_spe_19801117_ebrei-magonza_sp.html [6] http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/2004/may/documents/hf_jp-ii_spe_20040523_rabbino-segni_sp.html [7] http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/1997/october/documents/hf_jp-ii_spe_19971031_com-teologica_sp.html [8] http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/january/documents/hf_ben-xvi_spe_20060116_rabbino-roma_sp.html [9] http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2005/august/documents/hf_ben-xvi_spe_20050819_cologne-synagogue_sp.html [10] http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/pcb_documents/rc_con_cfaith_doc_20020212_popolo-ebraico_sp.html [11] http://web.archive.org/web/20021015093402/http://www.nccbuscc.org/comm/archives/2002/02-154.htm [12] http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/chrstuni/information_service/pdf/information_service_131_en.pdf [13] http://www.news.va/pt/news/francisco-felicita-pesach-al-rabino-jefe-de-la-c-2 [14] http://www.vaticanocatolico.com/iglesiacatolica/vatican-insider-francisco-y-el-rabino-skorka-hacen-historia-en-el-vaticano/ [15] “... los judíos estarían exentos de la misión evangelizadora de la Iglesia”. – http://www.alfayomega.es/noticias_digital/2013/05/20130513_cardenalKoch.php

jueves, 22 de mayo de 2014

Anuncio a los lectores

Tenemos la alegría de poder anunciar a nuestros lectores que dentro de pocos días estará disponible para descargar GRATIS el libro (completamente en español) más completo que se ha escrito sobre la apostasía post-concilio Vaticano II: LA VERDAD DE LO QUE LE OCURRIÓ A LA IGLESIA CATÓLICA DESPUÉS DEL SEGUNDO CONCILIO VATICANO, de los Hnos. Miguel Dimond O.S.B. y Pedro Dimond O.S.B del Monasterio de la Sagrada Familia, estado de Nueva York, EE.UU.



Dentro de poco informaremos el sitio web de descarga gratis del libro y también de cómo adquirirlo impreso a precio de costo.

domingo, 27 de abril de 2014

Falsos milagros de Juan XXIII y Juan Pablo II

"Porque ese misterioso y maligno poder está ya en acción; sólo falta que se retire el que hasta el presente lo retiene. Entonces se manifestará el maligno, al que Jesús, el Señor, hará desaparecer con el aliento de su boca y destruirá con el resplandor de su venida. La aparición del maligno, gracias al poder de Satanás, vendrá acompañada de toda clase de milagros, señales y prodigios engañosos.  Y con toda su carga de maldad engañará a los que están en vías de perdición, por no tener el Amor de la verdad que los habría salvado.  Por eso Dios les envía un poder que los engañe, de modo que crean en la mentira y se condenen todos los que, en lugar de creer en la verdad, se complacen en la maldad” (2 Tesalonicenses 2:7-11)

sábado, 26 de abril de 2014

La Gran Apostasía y una falsa Iglesia predichas en el Nuevo Testamento y en la profecía católica

Juan Pablo II durante una oración sincretista reunido con varios falsos líderes religiosos en Asís en 1989. Esta actividad “ecuménica” siempre fue condenada por la Iglesia Católica, y recalcada específicamente por el Papa Pío XI en 1928 como un rechazo completo de la fe católica. Esta es una revolución contra la fe – un nuevo evangelio.
Lucas 18, 8: “Pero cuando viniere el Hijo del hombre, ¿os parece que hallará fe sobre la tierra?”

En el Evangelio, nuestro Señor Jesucristo nos profetizó que en los últimos días la verdadera fe se habrá casi extinguido en el mundo. Él nos dice que en el mismo “lugar santo”, justamente ahí, se instalará la “abominación de las desolación” (Mt. 24, 15), y habrá un engaño tan encubierto, que si fuera posible, hasta los escogidos serían engañados (Mt. 24, 24).

Mateo 24, 15: Cuando viereis, pues, la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel, en el lugar santo, el que leyere entienda”.

Mateo 24, 24-25: “Porque se levantarán falsos mesías y falsos profetas, y obrarán grandes señales y prodigios para inducir a error, si fuera posible, aun a los mismos elegidos. Mirad que os lo digo de antemano”.

2 Tes. 2, 3-5: “Que nadie en modo alguno os engañe, porque antes ha de venir la apostasía y ha de manifestarse el hombre del pecado, el hijo de la perdición, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse Dios a sí mismo. ¿No recordáis que estando entre vosotros ya os decía esto?”.

En 1903, el Papa San Pío X pensó que tal vez él ya estaba presenciando los principios del mal que habrá de ocurrir en los últimos días.

Papa San Pío X, E Supremi, #5, 4 de octubre 1903: Hay buenas razones para temer que esta gran perversidad puede ser como si fuera un anticipo, y tal vez el comienzo de los males que están reservados para los últimos días; y que ya habita en este mundo el ‘hijo de perdición’ (2 Tes. 2, 3) de quien habla el Apóstol[1].

El Nuevo Testamento nos dice que este engaño ocurrirá en el corazón de las estructuras físicas de la Iglesia, en “el templo de Dios” (2 Tes. 2, 4) y “en el lugar santo” (Mt. 24, 15). Así será porque las personas no recibirán el amor a la verdad que los salvaría (2 Tesalonicenses 2, 10)

En 2 Tesalonicenses 2, San Pablo nos dice que los últimos días se caracterizarán por una gran apostasía, que será la peor de la historia; peor incluso que la ocurrida durante la crisis arriana del siglo IV, en la que apenas se podía encontrar un sacerdote auténticamente católico.

P. William Jurgens: En un momento de la historia de la Iglesia, sólo unos años antes de la predicación de San Gregorio [Nacianceno] (380 d.C.), quizás el número de obispos católicos en posesión de sus sedes, a diferencia de los obispos arrianos, no era mayor entre el 1% y el 3% del total. Si la doctrina hubiera sido determinada por la mayoría, hoy todos seríamos negadores de Cristo y contrarios al Espíritu[2].

P. William Jurgens: “En tiempos del emperador Valente (siglo IV), San Basilio fue prácticamente el único obispo ortodoxo en todo Oriente que tuvo éxito en conservar el cargo de su diócesis. … Si ello no tuviere otra importancia para el hombre moderno, un conocimiento de la historia del arrianismo debería mostrarle, por lo menos, que la Iglesia católica no toma en cuenta la popularidad y el número para determinar y conservar la doctrina: de otro modo, ya hubiéramos abandonado a Basilio, Hilario, Atanasio, Liberio y Osio y nos llamaríamos arrianos[3].

San Gregorio de Niza (†380), Contra los Arrianos: “¿Dónde están los que nos insultan por nuestra pobreza y se enorgullecen de sus riquezas? ¿Esos que definen a la Iglesia por los números y desprecian al rebaño pequeño?”[4].

Si la crisis arriana ―sólo un preludio de la Gran Apostasía― fue tan extensa, ¿cuánto más extensa será la Gran Apostasía predicha por nuestro Señor y San Pablo?

Profecía de San Nicolás de Flüe (1417-1487): “La Iglesia será castigada porque la mayoría de sus miembros, superiores e inferiores, se pervertirán sobremanera. La Iglesia se hundirá más y más, hasta que ella, finalmente, parecerá haberse extinguido, y la sucesión de Pedro y de los otros Apóstoles expirado. Pero después de esto, ella será exaltada victoriosamente a la vista de todos los incrédulos[5].

San Pablo nos dice además que en esta apostasía  un hombre se sentará en el templo de Dios y se “proclamará Dios a sí mismo”. Más adelante en este libro, demostramos que esto es exactamente lo que ha sucedido, un hombre ha tomado posesión de la Basílica de San Pedro proclamando que él y todos los demás son Dios.

El P. Herman Kramer fue un sacerdote católico que pasó treinta años estudiando y escribiendo un libro sobre el Apocalipsis. En su libro, él escribió lo siguiente acerca de la profecía de San Pablo con respecto al Anticristo sentado en el templo de Dios:

“San Pablo dice que el Anticristo ‘se sentará en el templo de Dios’… Este no es el antiguo templo de Jerusalén, ni un templo construido por el Anticristo, como algunos han creído, puesto que sería su templo… este templo tiene que ser de la Iglesia Católica, posiblemente una de las iglesias en Jerusalén o la de San Pedro en Roma, que es la iglesia más grande de todo el mundo y es, en su sentido pleno, ‘el templo de Dios’”[6].

Nótese que el P. Kramer dice  que “el templo de Dios” se refiere probablemente a la Basílica de San Pedro en Roma.

Papa Pío XI, Quinguagesimo ante, # 30, 23 de diciembre de 1929: “… tal fue la cantidad de personas que vinieron a la Basílica de San Pedro para la indulgencia del jubileo que, probable, Nos nunca habíamos visto el gran templo tan lleno de gente”[7].

La Enciclopedia Católica, en su artículo acerca del “Anticristo” nos dice que San Bernardo creía que el Anticristo sería un antipapa:

“… San Bernardo habla en el pasaje del antipapa [como la Bestia del Apocalipsis]”[8].

Bto. Joaquín († 1202): “Hacia el fin del mundo, el Anticristo derrocará al Papa y usurpará su sede”[9].

Pero créase o no que el Anticristo será un antipapa, lo que definitivamente ha sido profetizado es que las fuerzas del Anticristo gobernarán Roma en los últimos días. El 19 de septiembre de 1846, Nuestra Señora de La Salette profetizó que, como resultado de la apostasía de la única verdadera fe católica en los últimos días, Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo.



Nuestra Señora de la Salette, 19 de septiembre de 1846:
Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo… la Iglesia será eclipsada”.


Nuestra Señora lloró en la Salette

Esta alarmante profecía coincide con las profecías de la Sagrada Escritura (Apocalipsis 17 y 18), que nos dice que la ciudad de las siete colinas (Roma) se convertirá en una ramera (una falsa Esposa de Cristo), que va a cometer fornicaciones espirituales (idolatría) y se embriagará con la sangre de los santos (falso ecumenismo). La gran ramera profetizada en la Biblia no es la Iglesia Católica; es una falsa Iglesia Católica, una falsa esposa apóstata que llegará en los últimos días para engañar a los católicos y eclipsar a la verdadera Iglesia, la cual quedará reducida a un remanente. En este libro presentamos abrumadora, innegable e irrefutable evidencia, con bases doctrinales y hechos irreprochables, que la “Iglesia” nacida del Segundo Concilio Vaticano (1962-1965) en realidad no es la Iglesia Católica, sino más bien una falsa Iglesia masivamente fraudulenta que niega las enseñanzas fundamentales de la Iglesia Católica.

También demostramos que los hombres que impusieron esta nueva religión del Vaticano II y la Nueva Misa en realidad no son católicos, sino herejes manifiestos que predican una nueva religión.

De hecho, cualquier duda sobre la autenticidad del mensaje de nuestra Señora de La Salette es eliminada en este libro por un análisis cuidadoso de la evidencia. Entre otras cosas, este libro documenta que el Vaticano ahora enseña que los judíos son perfectamente libres de no creer en Jesucristo.

Esto puede ser alarmante para algunos, no obstante, es un hecho. Incluso sin que se consideren todas las otras apostasías que son cubiertas en este libro, este hecho prueba que las palabras de nuestra Señora se han hecho realidad: Roma (no la Iglesia Católica) ha perdido la fe (dando paso a una falsa secta no católica) y se ha convertido en la sede del Anticristo.

A fines de 2001, la Pontificia Comisión Bíblica publicó un libro titulado El Pueblo Judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia Cristiana. Este libro sostiene que la continua espera de los judíos por el Mesías sigue siendo válida y justificada por el Antiguo Testamento. “La espera mesiánica fue justificada en el Antiguo Testamento”, explicó el portavoz papal Joaquín Navarro-Valls, “y si el Antiguo Testamento mantiene su valor, entonces también mantiene eso como un valor. Se dice que usted no puede decir que todos los judíos están equivocados y nosotros tenemos la razón”. Cuando los periodistas le preguntaron si sus declaraciones podrían dar a entender que el Mesías, de hecho, no pudo haber venido, Navarro-Valls respondió, “Ello significa que sería un error para el católico esperar por el Mesías, pero no para un judío”. Por ende, esto significa que el Vaticano ahora sostiene que los judíos son perfectamente libres de rechazar a Cristo; esta es la enseñanza de los “Papas” del Vaticano II.

Roma ha perdido la fe y se ha convertido en la sede del Anticristo.

1 Juan 2, 22: “¿Quién es el mentiroso sino aquel que niega que Jesús es Cristo? Ese es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo”.

Pero, ¿cómo pudo esto ocurrir, y qué deben hacer los católicos al respecto? Este libro procura responder detalladamente ambas preguntas.




[1] The Papal Encyclicals, por Claudia Carlen, Raleigh: The Pierian Press, 1990, vol. 3 (1903-1939), p. 6.
[2] William Jurgens, The Faith of the Early Fathers, Collegeville, MN: The Liturgical Press, vol. 2, p. 39.
[3] William Jurgens, The Faith of the Early Fathers, vol. 2, p. 3.
[4] William Jurgens, The Faith of the Early Fathers, vol. 2, p. 33.
[5] Yves Dupont, Catholic Prophecy by Yves Dupont, Rockford, IL: Tan Books, 1973, p. 30.
[6] Fr. Herman Kramer, The Book of Destiny, Tan Books, 1975, p. 321.
[7] The Papal Encyclicals, vol. 3 (1903-1939), p. 351
[8] The Catholic Encyclopedia, vol., Antichrist”, Robert Appleton Co. 1907, p. 561.
[9] Rev. Culleton, The Reign of Antichrist, Tan Books, 1974, p. 130.

miércoles, 26 de marzo de 2014

¿Fue infalible el Concilio Vaticano II?

Este video debieran verlo todos los que dicen ser católicos tradicionalistas o conservadores. Si uno tuviera que enumerar las principales razones de por qué algunos "tradicionalistas" todavía aceptan a los "papas" del Vaticano II como verdaderos Papas a pesar de tener problemas con la Iglesia del Vaticano II y la enseñanza del Concilio Vaticano II, la idea de que el Concilio Vaticano II "no fue un concilio infalible o vinculante" estaría en el primer lugar. Este es un asunto muy importante. Este video examina cuidadosamente el asunto y rechaza por completo la falsa posición tradicionalista que sostiene que el Vaticano II no fue infalible y por lo tanto no es vinculante. Además de discutir en detalle los principales aspectos de la cuestión, el vídeo contiene numerosos puntos nuevos muy importantes. Los nuevos puntos incluyen citas del discurso de apertura de Juan XXIII en el Concilio Vaticano II que sin duda sorprenderá a los falsos tradicionalistas que durante años se han mal informado sobre este asunto.

Aquí el video en inglés



Y a continuación el texto en español de algunos de los puntos principales analizados en el video

¿Fue infalible el Concilio Vaticano II?
Si Ud. cree que Paulo VI fue un verdadero Papa, la respuesta es

Por los Hnos. Miguel y Pedro Dimond OSB,
del Monasterio de la Sagrada Familia, NY, USA

“Todo el conjunto y cada uno de los puntos que han sido enunciados en esta constitución dogmática parecieron bien a los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, por el poder apostólico que nos ha sido confiado por Cristo, junto con los venerables Padres, en el Espíritu Santo, los aprobamos, decretamos y promulgamos. Y ordenamos que lo que ha sido decidido en el Concilio sea promulgado para la mayor gloria de Dios… Yo Paulo, Obispo de la Iglesia Católica”[1] (Paulo VI, clausura solemne del Vaticano II).

Hemos expuesto en detalle las herejías del Vaticano II. También hemos demostrado que los hombres que llevaron a cabo este concilio no católico no fueron verdaderos Papas de la Iglesia Católica, sino antipapas. A pesar de todas las pruebas, algunas personas siguen sin estar convencidas. Ellos sostienen que, de hecho, hay problemas doctrinales con el Concilio Vaticano II, pero, según ellos, esto no es un problema para Pablo VI, porque él no promulgó infaliblemente ninguna de las herejías del Vaticano II. “Las herejías del Vaticano II no importan”, dicen, “porque el Vaticano II no fue infalible”. Ahora demostraremos que, si Pablo VI fue un verdadero Papa, los documentos del Concilio Vaticano II fueron promulgados infaliblemente. Esto probará, una vez más, que Pablo VI (el hereje que promulgó los documentos apóstatas del Vaticano II, que cambió los ritos de los siete sacramentos, que cambió la Misa en un servicio protestante, que promovió el desmantelamiento sistemático y mundial del catolicismo, que arruinó todo el sistema escolar católico, e inició la mayor apostasía del catolicismo en la historia) no fue y no pudo haber sido un verdadero Papa. Él fue un antipapa.

Son tres condiciones que deben cumplirse para que un Papa enseñe infaliblemente: [1] el Papa debe cumplir su deber de pastor y maestro de todos los cristianos; [2] debe enseñar de acuerdo con su suprema autoridad apostólica; y [3], debe explicar una doctrina de fe o moral para ser creída por la Iglesia universal. Si un Papa cumple con estas tres condiciones, él, por medio de  la asistencia divina que le fue prometida como sucesor de Pedro, obra infaliblemente, como lo define y enseña el Concilio Vaticano I:

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, sesión 4, cap. 4:
“… el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra ―esto es, [1] CUANDO CUMPLIENDO SU CARGO DE PASTOR Y DOCTOR DE TODOS LOS CRISTIANOS, [2] DEFINE POR SU SUPREMA AUTORIDAD APOSTÓLICA QUE [3] UNA DOCTRINA SOBRE LA FE Y COSTUMBRES DEBE SER SOSTENIDA POR TODA LA IGLESIA UNIVERSAL―, por la asistencia divina que fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia. Pero si alguien se atreve a contradecir esta nuestra definición, que Dios no lo quiera: sea anatema”[2].

Ahora vamos a probar, punto por punto, que la promulgación por Paulo VI de los documentos del Concilio Vaticano II cumple con estos tres requisitos, lo que hace que los documentos del Vaticano II sean infalibles si él hubiera sido un verdadero Papa.
1) Un Papa debe actuar como pastor y maestro de todos los cristianos

El primer requisito para que un Papa enseñe infaliblemente, es que debe actuar como pastor y maestro de todos los cristianos. Si él fue el verdadero Papa, Pablo VI cumplió con este requisito.

CADA UNO DE LOS 16 DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO II COMIENZAN CON ESTAS PALABRAS:

“PAULO, OBISPO, SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS, JUNTAMENTE CON LOS PADRES DEL SAGRADO CONCILIO PARA ETERNA MEMORIA”[3].

El Papa Eugenio IV comienza la 9ª sesión del concilio dogmático de Florencia, con estas palabras: “Eugenio, obispo, siervo de los siervos de Dios, para perpetuo recuerdo”[4]. El Papa Julio II comienza la 3ª sesión del V concilio dogmático de Letrán con estas palabras: “Julio, obispo, siervo de los siervos de Dios, con la aprobación del sacro concilio, para perpetua memoria”[5]. Y el Papa Pío IX comienza la 1ª sesión del dogmático Primer Concilio Vaticano con las siguientes palabras: “Pío, obispo, siervo de los siervos de Dios, con la aprobación del sagrado concilio, para eterna memoria”[6]. Esta es la forma habitual con la que los Papas comienzan solemnemente los decretos de los concilios generales/dogmáticos/ecuménicos. ¡Pablo VI comienza todos los documentos del Concilio Vaticano II de la misma manera, con las mismas palabras!

Al comenzar cada documento del Vaticano II de esta manera, Paulo VI (si él hubiera sido un verdadero Papa) cumplió el primer requisito para enseñar infaliblemente.

2) Un Papa debe enseñar con su suprema autoridad apostólica

El segundo requisito para que un Papa enseñe infaliblemente, es que él debe enseñar con su suprema autoridad apostólica. Si él era Papa, Paulo VI cumplió con este requisito.

CADA UNO DE LOS 16 DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO II TERMINA CON ESTAS PALABRAS (O PALABRAS BÁSICAMENTE SIMILARES A ÉSTAS):

“TODO EL CONJUNTO Y CADA UNO DE LAS COSAS ESTABLECDAS EN ESTA CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA HAN OBTENIDO EL BENEPLÁCITO A LOS PADRES DEL SACROSANTO CONCILIO. Y NOS, POR LA POTESTAD APOSTÓLICA QUE NOS HA SIDO CONFERIDA POR CRISTO, JUNTAMENTE CON LOS VENERABLES PADRES, LAS APROBAMOS, DECRETAMOS Y ESTATUIMOS EN EL ESPÍRITU SANTO, Y ORDENAMOS QUE LO ASÍ DECRETADO CONCILIARMENTE SEA PROMULGADO PARA LA MAYOR GLORIA DE DIOS… YO PABLO, OBISPO DE LA IGLESIA CATÓLICA”[7].

¡Vaya! Este hecho poco conocido es completamente devastador para cualquier afirmación que diga que Pablo VI no podía haber sido un verdadero Papa. ¡Pablo VI puso fin a todos los documentos del Vaticano II, invocando su “autoridad apostólica”, seguido de su firma! Él claramente cumplió el segundo requisito de la infalibilidad. De hecho, este párrafo en sí mismo no sólo cumple el segundo requisito de la infalibilidad papal, sino los tres, porque, ¡en él vemos que Pablo VI está “aprobando, decretando y estatuyendo” en “el Espíritu Santo” y “por su potestad apostólica” todas las cosas contenidas en cada documento! Este es un lenguaje infalible. Cualquiera que niegue esto simplemente no sabe de qué está hablando.

La aprobación dada al Concilio Vaticano II por Pablo VI (citado arriba) es aún más solemne que la aprobación dada al infalible Concilio de Nicea (325) por el Papa San Silvestre. Es más solemne que la aprobación dada al infalible Concilio de Éfeso (431) por el Papa San Celestino. En otras palabras, en la aprobación de los verdaderos concilios de la Iglesia Católica, estos verdaderos Papas aprobaron los documentos de estos concilios en formas que eran aún menos extraordinarias que la manera en que Pablo VI aprobó el Vaticano II, y sin embargo, la aprobación de esos verdaderos concilios por Papas verdaderos es suficiente para calificarlos como infalibles y obligatorios – un hecho católico incuestionable.

Es, por tanto, un hecho que cada documento del Vaticano II es un acto solemne de Pablo VI. Cada documento es firmado por él, cada uno de ellos los inicia en su calidad de “pastor y maestro de todos los cristianos”, y cada uno termina con su “aprobación, decreto y promulgación” de todo el contenido del documento en virtud de su “autoridad apostólica”.

¡Esto demuestra que, si Pablo VI era el Papa, los documentos del Concilio Vaticano II son infalibles! Pero los documentos del Vaticano II no son infalibles, son malos y heréticos. En consecuencia, esto DESTRUYE CUALQUIER POSIBILIDAD de que Pablo VI haya sido alguna vez un verdadero Papa; porque un verdadero Papa no puede promulgar los malvados documentos del Concilio Vaticano II de esta manera autoritaria.

3) Un Papa debe exponer una doctrina sobre fe o moral que debe ser sostenida por la Iglesia universal

Ya hemos demostrado que Pablo VI cumplió los tres requisitos para enseñar infaliblemente en el Concilio Vaticano II si él fue el Papa. En aras de la exhaustividad, sin embargo, vamos a concluir la prueba, señalando, punto por punto, que los documentos del Vaticano II están llenos de enseñanzas sobre fe y moral (parte del tercer requisito). Y ellas deben ser sostenidas por la Iglesia universal si Pablo VI era el Papa, porque Pablo VI solemnemente las aprobó, decretó y promulgó, en virtud de su “autoridad apostólica”, ordenando que se publicaran.

Por lo tanto, el tercer requisito de la infalibilidad también fue cumplido por Pablo VI en la promulgación del Concilio Vaticano II. ¡Pero todavía hay más!

Paulo VI dice que el Vaticano II debe ser religiosamente observado

Paulo VI, Breve “Papal” declarando clausurado el Concilio, 8 de diciembre de 1965:
“Así, pues, habiendo concluido hoy, con la ayuda de Dios, todo cuanto se refiere al sacrosanto Concilio ecuménico, HABIENDO SIDO APROBADOS POR DELIBERACIÓN SINODAL Y PROMULGADOS POR NOS TODAS LAS CONSTITUCIONES, DECRETOS, DECLARACIONES Y ACUERDOS, CON NUESTRA APOSTÓLICA AUTORIDAD decidimos y ordenamos concluir, a todos los efectos, el propio Concilio ecuménico, convocado por nuestro predecesor Juan XXIII el 25 de diciembre de 1961, iniciando el 11 de octubre de 1962 y continuado por Nos después de su muerte. MANDAMOS TAMBIÉN Y ORDENAMOS QUE TODO CUANTO HA SIDO ESTABLECIDO CONCILIARMENTE SEA RELIGIOSAMENTE OBSERVADO POR TODOS LOS FIELES para la gloria de Dios, decoro de la Iglesia… HEMOS SANCIONADO Y ESTABLECIDO ESTAS COSAS, DECRETANDO QUE LAS PRESENTES LETRAS SEAN PERMANENTES Y CONTINÚEN FIRMES, VÁLIDAS Y EFICACES; que se cumplan y obtengan plenos e íntegros efectos y que sean plenamente convalidadas por aquellos a quienes compete o podrá competer ahora o en el futuro. Así se debe juzgar y definir. Y DEBE CONSIDERARSE NULO Y SIN VALOR DESDE ESTE MOMENTO TODO CUANTO SE HAGA CONTRA ESTOS ACUERDOS POR CUALQUIER INDIVIDUO O CUALQUIER AUTORIDAD, CONSCIENTEMENTE O POR IGNORANCIA. Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el día 8 de diciembre… el año 1965, tercero de nuestro pontificado”[8].

Ahí lo tienen. El apóstata Concilio Vaticano II ha de ser religiosamente observado”, si Ud. acepta a Pablo VI. No puede haber ninguna duda de que si Pablo VI fue un verdadero Papa, entonces las puertas del infierno prevalecieron contra la Iglesia Católica el 8 de diciembre de 1965. Si Pablo VI era el Papa, las promesas de Jesucristo a su Iglesia fracasaron. Si Pablo VI era el Papa, toda la enseñanza del Vaticano II sobre fe o moral fue promulgada infaliblemente (ex cathedra). Pero esto es imposible: y cualquiera que diga que es posible no cree en la doctrina católica sobre la indefectibilidad de la Iglesia Católica. Por tanto sabemos que Giovanni Montini (Pablo VI) no fue un verdadero sucesor de Pedro, sino un antipapa no válido. Ya probamos con mucha claridad que él era un hereje manifiesto en la exposición de sus increíbles herejías, demostrando a su vez que su “elección” fue inválida.

Y si usted no está convencido de ello, hágase esta pregunta: ¿Es posible que un verdadero Papa católico “apruebe, decrete y promulgue” todas las herejías del Vaticano II “en el Espíritu Santo” y por su “autoridad apostólica”? Su sentido católico le da la respuesta. No puede ser. Por lo tanto, aquellos que reconocen las herejías del Vaticano II y los hechos que presentamos aquí, y aun así sostienen que es posible que el antipapa Pablo VI haya sido un verdadero Papa, están lamentablemente en la herejía al negar la infalibilidad papal y al sostener una posición que significa que las puertas del infierno prevalecieron contra la Iglesia Católica.

Algunas personas erróneamente argumentan que para que un Papa hable ex cathedra él debe condenar la opinión opuesta o establecer sanciones por incumplimiento. Esto no es cierto. En ninguna parte de la definición del Papa Pío IX sobre la infalibilidad papal dice que el Papa debe condenar para que actúe infaliblemente. Hay una serie de definiciones infalibles donde los Papas no condenan ni establecen ninguna sanción.

Objeciones – Ahora vamos a refutar las objeciones comunes hechas por quienes sostienen que el Concilio Vaticano II no fue promulgado infaliblemente por Pablo VI incluso si él fue el Papa.

Objeción # 1: En su discurso de apertura del Concilio Vaticano II, Juan XXIII dijo que el Vaticano II iba a ser un “concilio pastoral”. ¡Esto demuestra que el Vaticano II no fue infalible!

Respuesta: Esto no es cierto. Juan XXIII no dijo en su discurso de apertura en el concilio que el Vaticano II iba a ser un concilio pastoral. Esto es lo que Juan XXIII dijo:

Juan XXIII, Discurso de apertura del Vaticano II, 11 de octubre de 1962: “Una es la substancia de la antigua doctrina, del depositum fidei [depósito de la fe], y otra es la formulación que la reviste; y es esto lo que se debe —con paciencia, si fuese necesario— tomar muy en cuenta, midiendo todo en las formas y proporciones DE UN MAGISTERIO PREDOMINANTEMENTE PASTORAL”[9].

Aquí vemos que Juan XXIII no dijo que el Concilio Vaticano II sería un concilio pastoral. Él dijo que iba a reflejar el magisterio de la Iglesia, el cual es predominantemente de carácter pastoral. Por tanto, a pesar del muy generalizado mito, lo cierto es que Juan XXIII ni siquiera llamó al Vaticano II un concilio pastoral en su discurso de apertura. Además, incluso si Juan XXIII hubiese llamado al Vaticano II un concilio pastoral en su discurso de apertura, esto no significa que no sea infalible. Describir que algo es pastoral no significa ipso facto (por ese mismo hecho) que no es infalible. Esto se demuestra por el mismo Juan XXIII en el discurso anterior al describir el magisterio como “pastoral”, y sin embargo es de fide (de fe) que el magisterio es infalible. Por lo tanto, incluso si Juan XXIII describió el Vaticano II como un concilio pastoral (cosa que no hizo), esto no probaría que no es infalible.

Más importante, sin embargo, es que en realidad no importa el que Juan XXIII llamase al Vaticano II un concilio pastoral en su discurso de apertura del Concilio Vaticano II. Esto se debe a que, como ya vimos, fue Pablo VI quien confirmó solemnemente las herejías del Vaticano II; y es la confirmación de Pablo VI (no la de Juan XXIII), la que prueba que el Vaticano II es obligatorio para todos los que lo aceptan como Papa.

Objeción #2: Paulo VI dijo en su Audiencia General del 12 de enero de 1966, que el Vaticano II “evitó el pronunciamiento, de manera extraordinaria, de dogmas dotados con la nota de infalibilidad”.

Respuesta: Es cierto que Pablo VI dijo en 1966 (después que el Vaticano II ya había sido promulgado solemnemente) que el Concilio Vaticano II “evitó el pronunciamiento, de manera extraordinaria, de dogmas dotados con la nota de infalibilidad”. Sin embargo, la declaración del antipapa Pablo VI en 1966 es irrelevante. Ello no cambia y no puede cambiar el hecho que él solemnemente promulgó (de una manera que sería infalible si él fuera el Papa) todos los documentos del Concilio Vaticano II el 8 de diciembre de 1965. Pablo VI ya había firmado y sellado el Vaticano II mucho antes del 12 de enero 1966. El Vaticano II se clausuró solemnemente el 8 de diciembre de 1965. Esto significaría que si Pablo VI era el Papa (que no era), las puertas del infierno prevalecieron contra la Iglesia el 8 de diciembre 1965 a causa de su solemne y definitiva promulgación de los completamente heréticos documentos del Vaticano II en ese día.

El magisterio es una autoridad docente cuyas enseñanzas son “irreformables” (de fide definita, Concilio Vaticano I, Denz., 1839). Puesto que son irreformables, ellas son inalterables desde la fecha en que son declaradas/promulgada. Si el antipapa Pablo VI hubiese sido un verdadero Papa, el Vaticano II fue irreformable e infalible el 8 de diciembre de 1965. Nada de lo dicho o hecho después del 8 de diciembre 1965 podría deshacer (si Pablo VI fuese un verdadero Papa) lo que ya se había hecho, porque entonces la enseñanza del magisterio se volvería reformable. Por lo tanto, el discurso del antipapa Pablo VI en 1966 (después de que el concilio estaba cerrado) es irrelevante respecto a si el Vaticano II fue o no fue infalible.

¿Pero por qué, entonces, el antipapa Pablo VI haría tal afirmación? La respuesta es simple. La diabólica (satánica) inteligencia que guiaba al antipapa Pablo VI sabía que, eventualmente, los católicos más conservadores o con mentalidad católica tradicionalista no aceptarían esos decretos del Concilio Vaticano II como infalibles, ya que están llenos de errores y herejías. Por lo tanto, si no se hubiera hecho esta declaración en 1966 de que el Concilio Vaticano II había evitado definiciones extraordinarias con la infalibilidad, un gran número de personas habría llegado a la inmediata conclusión de que él (Giovanni Montini - antipapa Pablo VI) no era un verdadero Papa. Por tanto para el diablo le era beneficiosa esta declaración.

El diablo tuvo que propagar entre los “tradicionalistas” la idea de que Pablo VI no promulgó “infaliblemente” el Vaticano II. Esto era esencial para toda la apostasía post-Vaticano II del diablo; él temía que millones se hubiesen convertido en sedevacantistas denunciando al antipapa Pablo VI, su falsa Iglesia y su falsa misa (el Novus Ordo). Por lo tanto, el diablo inspiró al antipapa Pablo VI que dijera (bien después de haber sido solemnemente promulgado por él el Concilio Vaticano II) que el Vaticano II no emitió declaraciones dogmáticas. El diablo esperaba que esto le daría a Paulo VI la apariencia de legitimidad entre los que mantenían algún apego a la fe tradicional. Pero esta estratagema diabólica colapsa cuando se considera el hecho de que el Concilio Vaticano II ya había sido cerrado en 1965.

Además, y quizás lo más importante, hay que señalar que en la misma audiencia general del 12 de enero de 1966, Paulo VI dijo:

Paulo VI, audiencia general, 12 de enero de 1966: “El Concilio es un gran acto del magisterio de la Iglesia, y toda persona que adhiere al Concilio está, por eso mismo, reconociendo y honrando el magisterio de la Iglesia…”.

Si la gente citara la audiencia general de Paulo VI del 12 de enero 1966 para tratar de demostrar que el Vaticano II no había sido infalible incluso si Paulo VI fuese el Papa, entonces lógicamente debería aceptar otras declaraciones sobre el Concilio Vaticano II que Pablo VI hizo en esa audiencia general, tal como la citada anteriormente y la citada a continuación. En la cita anterior, vemos claramente que Pablo VI dice (en la misma audiencia general) que el Vaticano II es un acto del magisterio y toda persona que se adhiere al Vaticano II ¡está “honrando el magisterio de la Iglesia”! [El Magisterio es la autoridad de enseñanza infalible de la Iglesia].

Papa Pío XI, Rappresentanti in Terra, # 16,  31 de diciembre de 1929: “A este oficio magisterial, Cristo le confirió la infalibilidad, junto con el mandamiento de enseñar su doctrina a todos”[10].

Por lo tanto, el discurso de Pablo VI significa que, según él, el Vaticano II es infalible: ya que él dice que es la enseñanza del magisterio, que es infalible. Su discurso dice, además, que cualquier persona que acepta la enseñanza del Vaticano II (es decir, sus herejías)tales como que los no católicos pueden recibir la sagrada comunión o las herejías sobre la libertad religiosa o que los musulmanes y los católicos adoran al mismo Dios, etc.está honrando el magisterio de la Iglesia. Cualquier persona que conozca este discurso, por lo tanto, debe admitir que los que aceptan estas herejías ¡están honrando la enseñanza católica! Esto es claramente absurdo y falso; ello prueba que, no importa la forma en que se quiera examinar esta cuestión en conjunción con esta audiencia general de Pablo VI; el Concilio Vaticano II es vinculante para todos los que sostienen que Pablo VI era un Papa válido; lo que demuestra que Pablo VI definitivamente no fue un verdadero Papa. No se puede citar esta audiencia general para decir que no se está obligado a aceptar el Concilio Vaticano II, cuando la misma audiencia general dice que ¡toda persona que se adhiere a él está honrando el magisterio! Pablo VI continúa diciendo en el mismo discurso:

“[el Concilio] dio a sus enseñanzas la autoridad de supremo magisterio ordinario, el cual siendo magisterio ordinario y, por consiguiente, manifiestamente auténtico, debe ser dócil y sinceramente aceptado por todos los fieles, de acuerdo con las intenciones del Concilio con respecto a la naturaleza y fines de cada uno de los documentos”.

Esta parte del discurso casi nunca es citado por los defensores de Pablo VI, probablemente porque saben que la enseñanza del supremo magisterio ordinario es infalible, lo que significa que incluso esta audiencia general del antipapa Pablo VI afirma la infalibilidad del Concilio Vaticano II. En la misma audiencia general, Pablo VI también dijo lo siguiente:

“Es el deber y dicha de los hombres, en el período post-conciliar, conocer estos documentos, estudiarlos y aplicarlos”.

Además, Pablo VI dijo en su encíclica Ecclesiam suam (dirigida a toda la Iglesia) que el Concilio Vaticano II tuvo la tarea de definir la doctrina.

Paulo VI, Ecclesiam Suam, # 30, 6 de agosto de 1964:
como ya dijimos, el Concilio Ecuménico Vaticano II no es sino una continuación y un complemento del primero, precisamente por la tarea que tiene de volver a examinar y definir la doctrina de la Iglesia”[11].

Esto significa que el Concilio Vaticano II tuvo la tarea de enseñar infaliblemente. Y en el siguiente capítulo citaremos el discurso de Pablo VI de 1976, en el que aborda el tema de si el Vaticano II y la Nueva Misa son vinculantes y rechaza específicamente las reclamaciones de los falsos tradicionalistas que quieren aferrarse a la legitimidad de Pablo VI, a la vez que rechazan su Misa y su concilio.

Objeción # 3: El Vaticano II no fue infalible porque hay una nota adjunta al documento Lumen gentium que dice que no era infalible.

Respuesta: [Nota: la respuesta a esta objeción es profunda y complicada, y para algunos puede que no les resulte interesante. Si usted no necesita la respuesta a esta objeción, puede saltársela]

Algunos defensores de Pablo VI hacen referencia a una nota teológica que se adjunta al documento Lumen gentium. Ellos piensan que esta aclaración prueba que Pablo VI no promulgó el Vaticano II infaliblemente o autoritariamente. Pero este argumento no se sostiene si se lo analiza. Esta es la parte fundamental de la nota teológica que se adjunta al documento Lumen gentium:

“Teniendo en cuenta la práctica conciliar y el fin pastoral del presente Concilio, este santo Sínodo precisa que en la Iglesia solamente han de mantenerse como materias de fe o costumbres aquellas cosas que él declare manifiestamente como tales. TODO LO DEMÁS QUE EL SANTO SÍNODO PROPONE, POR SER DOCTRINA DEL MAGISTERIO SUPREMO DE LA IGLESIA, DEBE SER RECIBIDO Y ACEPTADO POR TODOS Y CADA UNO DE LOS FIELES DE ACUERDO CON LA MENTE DEL SANTO SÍNODO, LA CUAL SE CONOCE, BIEN POR EL TEMA TRATADO, BIEN POR EL TENOR DE LA EXPRESIÓN VERBAL, DE ACUERDO CON LAS REGLAS DE LA INTERPRETACIÓN TEOLÓGICA”[12].

Primero, esta nota no es ni siquiera parte del texto del documento Lumen gentium, es un apéndice al texto de la Lumen gentium[13].

Segundo, esta nota se adjunta sólo a la Lumen gentium, no al resto de los documentos. En otras palabras, incluso si esta nota teológica “salvara” la promulgación de Paulo VI de las herejías en la Lumen gentium (que no hace), todavía no “salva” la promulgación del resto de las herejías del Vaticano II.

Tercero, si uno lee con atención la nota anterior, puede ver que ella declara que el tema tratado o el tenor de la expresión verbal del Vaticano II, identifica que el Concilio Vaticano II está promulgando el magisterio supremo de la Iglesia, de acuerdo con las reglas de la interpretación teológica – esto equivale a decir a como la Iglesia en el pasado ha promulgado el magisterio supremo. La declaración de Paulo VI al principio y al final de cada documento del Vaticano II (ya citada) definitivamente indica, por “el tenor de la expresión verbal”, “de acuerdo con las reglas de la interpretación teológica” (es decir, paralelamente a los decretos dogmáticos del pasado), que él está promulgando el magisterio supremo (si hubiera sido un Papa). Por lo tanto, esta aclaración teológica adjunta al documento Lumen gentium no disminuye o anula el lenguaje solemne de Pablo VI que se encuentra al final de todos los documentos del Vaticano II. Más bien, su lenguaje al final cada documento del Vaticano II cumple con los requisitos de la nota teológica.

Cuarto, aquellos que intentan utilizar esta nota a fin de “exonerar” a todos los documentos del Concilio Vaticano II de comprometer la infalibilidad papal no le prestan mucha atención a lo que realmente dice. La nota claramente afirma que “todo lo demás que el santo sínodo (el Vaticano II) propone, por ser doctrina del magisterio supremo de la Iglesia, debe ser recibido y aceptado por todos y cada uno de los fieles de acuerdo con la mente del santo sínodo, la cual se conoce, bien por el tema tratado, bien por el tenor de la expresión verbal, de acuerdo con las reglas de la interpretación teológica”.

¡Este es un punto muy importante! Hay numerosos casos en el Vaticano II, donde el Vaticano II está exponiendo lo que cree que es la enseñanza del magisterio supremo, que “debe ser recibido y aceptado por todos y cada uno de los fieles de acuerdo con la mente del santo sínodo, la cual se conoce, bien por el tema tratado, bien por el tenor de la expresión verbal…” Por ejemplo, en su herética Declaración sobre la libertad religiosa (Dignitatis humanae), el Concilio Vaticano II dice lo siguiente:

Concilio Vaticano II, Dignitatis humanae, # 9: “Cuando este Concilio Vaticano declara acerca del derecho del hombre a la libertad religiosa, tiene su fundamento en la dignidad de la persona, cuyas exigencias se han ido haciendo más patentes cada vez a la razón humana a través de la experiencia de los siglos. Es más; esta doctrina de la libertad tiene sus raíces en la divina revelación, por lo cual ha de ser tanto más religiosamente observada por los cristianos[14].

Aquí el Vaticano II indica explícitamente que su enseñanza herética sobre la libertad religiosa tiene sus raíces en la divina revelación, y debe ser religiosamente observada por los cristianos. Esto cumple claramente los requisitos de la nota teológica para una enseñanza que “debe ser recibida y aceptada por todos y cada uno de los fieles de acuerdo con la mente del santo sínodo (Vaticano II), la cual se conoce, bien por el tema tratado, bien por el tenor de la expresión verbal…”. Y hay más:

Concilio Vaticano II, Dignitatis humanae, # 12: La Iglesia, por consiguiente, fiel a la verdad evangélica, sigue el camino de Cristo y de los Apóstoles cuando reconoce y promueve la libertad religiosa como conforme a la dignidad humana y a la revelación de Dios. Conservó y enseñó en el decurso de los tiempos la doctrina recibida del Maestro y de los Apóstoles”[15].

Aquí Vaticano II indica explícitamente que su enseñanza herética sobre la libertad religiosa es la siguiente: 1) fiel a la verdad evangélica; 2) sigue el camino de Cristo y de los Apóstoles, y 3) ¡está conforma a revelación de Dios! Recordamos al lector, una vez más, la redacción de la nota teológica, que establecía que “todo lo demás que el santo sínodo (Vaticano II) propone, por ser doctrina del magisterio supremo de la Iglesia, debe ser recibido y aceptado por todos y cada uno de los fieles de acuerdo con la mente del santo sínodo, la cual se conoce, bien por el tema tratado, bien por el tenor de la expresión verbal, de acuerdo con las reglas de la interpretación teológica”.

Por lo tanto, según la propia nota teológica, los que aceptan a Pablo VI como Papa ¡están obligados a aceptar la enseñanza herética del Vaticano II sobre la libertad religiosa como enseñanza del supremo magisterio de la Iglesia! La nota teológica los obliga a aceptar la enseñanza herética del Vaticano II sobre la libertad religiosa, como: 1) fiel a la verdad evangélica, 2) siguiendo el camino de Cristo y de los apóstoles, y 3) conforme con la revelación de Dios, porque esta es la mente del santo sínodo (Vaticano II), la cual se conoce, bien por el tema tratado, bien por el tenor de la expresión verbal…”. Es muy simple: los que creen que el antipapa Pablo VI era el Papa están obligados al documento herético sobre la libertad religiosa.

Para resumir todos los puntos logrados hasta ahora: 1) la nota teológica adjunta a Lumen gentium no se aplica a todos los documentos; 2) la nota teológica adjunta a la Lumen gentium no disminuye o anula el lenguaje de Pablo VI al final de cada documento del Vaticano II, sino más bien demuestra que su lenguaje, al final de cada documento, cumple con los requisitos para la enseñanza infalible del magisterio, y 3) incluso si la nota teológica se aplica a cada documento —y de alguna manera como hizo el lenguaje solemne de Pablo VI al final de cada documento no vinculante (que ciertamente no es)— la propia nota teológica todavía demuestra que varios documentos del Vaticano II son infalibles y vinculantes por la forma en que el Vaticano II presenta su enseñanza en esas materias. No importa de qué manera la persona trate de escapar de la realidad de que el antipapa Pablo VI no podría haber sido un verdadero Papa y que al mismo tiempo promulga el Vaticano II, él yerra.

San Pedro vs anti-Pedro

En su encíclica dogmática Quanta cura, el Papa Pío IX condenó infaliblemente la doctrina herética de la libertad religiosa (que también había sido condenada por numerosos otros Papas). El Papa Pío IX anatematizó explícitamente la idea herética de que la libertad religiosa debe ser un derecho civil en toda sociedad bien constituida. La Iglesia Católica enseña que un gobierno que reconoce el derecho a la libertad religiosa —como los EE.UU.— es, por supuesto, preferible a uno que suprime el catolicismo. Sin embargo, esta situación es sólo el menor de dos males. Lo ideal es un gobierno que reconozca a la religión católica como la única religión del Estado y no dé a cada persona la “libertad” de practicar y propagar su falsa religión en el ámbito público. Por lo tanto, la idea de que la libertad religiosa debe ser un derecho civil universal es herética, como el Papa Pío IX infaliblemente definió en Quanta cura.

Papa Pío IX, Quanta cura, #s 3-6, 8 de diciembre de 1864, ex cathedra:
Con esta idea de la gobernación social, absolutamente falsa, no dudan en consagrar aquella opinión errónea, en extremo perniciosa a la Iglesia católica y a la salud de las almas, llamada por Gregorio XVI, Nuestro Predecesor, de f. m., locura, ESTO ES, QUE LA LIBERTAD DE CONCIENCIAS Y DE CULTOS ES UN DERECHO PROPIO DE CADA HOMBRE, QUE TODO ESTADO BIEN CONSTITUIDO DEBE PROCLAMAR Y GARANTIZARAl sostener afirmación tan temeraria no piensan ni consideran que con ello predican la libertad de perdición… Por lo tanto, TODAS Y CADA UNA DE LAS PERVERSAS OPINIONES Y DOCTRINAS DETERMINADAMENTE ESPECIFICADAS EN ESTA CARTA, CON NUESTRA AUTORIDAD APOSTÓLICA LAS REPROBAMOS, PROSCRIBIMOS Y CONDENAMOS; Y QUEREMOS Y MANDAMOS QUE TODAS ELLAS SEAN TENIDAS POR LOS HIJOS DE LA IGLESIA COMO REPROBADAS, PROSCRITAS Y CONDENADAS”[16].

El Papa Pío IX condenó, reprobó y proscribió por su autoridad apostólica la idea herética de que cada Estado debe conceder el derecho civil a la libertad de cultos (o libertad religiosa). Pero véase lo siguiente. Mientras el Papa Pío IX condena, reprueba y proscribe esta doctrina con su autoridad apostólica, el antipapa Pablo VI aprueba, decreta y establece esta misma doctrina condenada por su “autoridad apostólica”. En otras palabras, lo que el Papa Pío IX condena solemnemente por su autoridad apostólica ¡es exactamente lo que el antipapa Pablo VI enseña solemnemente por su “autoridad apostólica”!

Antipapa Paulo VI, Concilio Vaticano II, Declaración sobre la libertad religiosa: “PABLO, OBISPO, SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS, JUNTAMENTE CON LOS PADRES DEL CONCILIO PARA PERPETUO RECUERDO… Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa… ESTE DERECHO DE LA PERSONA HUMANA A LA LIBERTAD RELIGIOSA DEBE SER RECONOCIDO EN EL ORDENAMIENTO JURÍDICO DE LA SOCIEDAD, DE FORMA QUE SE CONVIERTA EN UN DERECHO CIVIL… Todas y cada una de las cosas incluidas en esta declaración han obtenido el beneplácito de los Padres del sacrosanto Concilio. Y NOS, EN VIRTUD DE LA POTESTAD APOSTÓLICA A NOS CONFIADA POR CRISTO, TODO ELLO, JUNTAMENTE CON LOS VENERABLES PADRES, LO APROBAMOS EN EL ESPÍRITU SANTO, DECRETAMOS Y ESTABLECEMOS, y mandamos que se promulgue, para gloria de Dios… Yo Pablo, Obispo de la Iglesia Católica”[17].

La autoridad de San Pedro
vs
La autoridad del anti-Pedro
Papa Pío IX, Quanta cura, #s 3-6, 8 de diciembre de 1864, ex cathedra:
Con esta idea de la gobernación social, absolutamente falsa, no dudan en consagrar aquella opinión errónea, en extremo perniciosa a la Iglesia católica y a la salud de las almas, llamada por Gregorio XVI, Nuestro Predecesor, de f. m., locura, ESTO ES, QUE LA LIBERTAD DE CONCIENCIAS Y DE CULTOS ES UN DERECHO PROPIO DE CADA HOMBRE, QUE TODO ESTADO BIEN CONSTITUIDO DEBE PROCLAMAR Y GARANTIZARAl sostener afirmación tan temeraria no piensan ni consideran que con ello predican la libertad de perdición… Por lo tanto, TODAS Y CADA UNA DE LAS PERVERSAS OPINIONES Y DOCTRINAS DETERMINADAMENTE ESPECIFICADAS EN ESTA CARTA, CON NUESTRA AUTORIDAD APOSTÓLICA LAS REPROBAMOS, PROSCRIBIMOS Y CONDENAMOS; Y QUEREMOS Y MANDAMOS QUE TODAS ELLAS SEAN TENIDAS POR LOS HIJOS DE LA IGLESIA COMO REPROBADAS, PROSCRITAS Y CONDENADAS”[18].
Antipapa Paulo VI, Concilio Vaticano II, Declaración sobre la libertad religiosa:
“PABLO, OBISPO, SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS, JUNTAMENTE CON LOS PADRES DEL CONCILIO PARA PERPETUO RECUERDO… Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa… ESTE DERECHO DE LA PERSONA HUMANA A LA LIBERTAD RELIGIOSA DEBE SER RECONOCIDO EN EL ORDENAMIENTO JURÍDICO DE LA SOCIEDAD, DE FORMA QUE SE CONVIERTA EN UN DERECHO CIVIL… Todas y cada una de las cosas incluidas en esta declaración han obtenido el beneplácito de los Padres del sacrosanto Concilio. Y NOS, EN VIRTUD DE LA POTESTAD APOSTÓLICA A NOS CONFIADA POR CRISTO, TODO ELLO, JUNTAMENTE CON LOS VENERABLES PADRES, LO APROBAMOS EN EL ESPÍRITU SANTO, DECRETAMOS Y ESTABLECEMOS, y mandamos que se promulgue, para gloria de Dios… Yo Pablo, Obispo de la Iglesia Católica”[19].

¿Es posible que Pablo VI posea la misma “autoridad apostólica” que la del Papa Pío IX? ¿La autoridad apostólica de San Pedro se contradice a sí misma? ¡No puede ser! ¡Eso sería una herejía! (Lucas 22, 32;… Vaticano I, sesión 4, capítulo 4).

Papa León XIII, Satis cognitum # 9, 29 de junio de 1896:
“… Jesucristo instituyó en la Iglesia un magisterio vivo, auténtico y además perpetuo, investido de su propia autoridad, revestido del espíritu de verdad, confirmado por milagros… Cuantas veces, por lo tanto, declarare ese magisterio que tal o cual verdad forma parte del conjunto de la doctrina divinamente revelada, todos deben tener por cierto que es verdad; pues si en cierto modo pudiera ser falso, se seguiría, lo cual es evidentemente absurdo, que Dios mismo sería el autor del error de los hombres…”[20].

Papa Pío IX, Primer Concilio Vaticano, sesión 4, cap. 4, ex cathedra:
Así, pues, este carisma de la verdad y de la fe nunca deficiente, fue divinamente conferido a Pedro y a sus sucesores en esta cátedra… para que, quitada la ocasión del cisma, la Iglesia entera se conserve una y, apoyada en su fundamento, se mantenga firme contra las puertas del infierno”[21].

Considerando estos hechos, uno puede ver por qué los que sostienen obstinadamente que Pablo VI fue un verdadero Papa niegan la infalibilidad papal. Ellos niegan la indefectibilidad de la Iglesia; ellos afirman que la autoridad apostólica conferida por Cristo sobre el sucesor de Pedro se contradice; y ellos afirman que las puertas del infierno prevalecieron contra la Iglesia Católica.

La verdad es que el antipapa Pablo VI nunca fue válidamente electo Papa de la Iglesia Católica; y por lo tanto, su solemne promulgación de las herejías del Vaticano II no afecta la infalibilidad papal. Como ya hemos visto, la Iglesia Católica enseña que es imposible que un hereje sea elegido Papa, ya que un hereje no es miembro de la Iglesia Católica. Esto fue definido en la constitución apostólica del Papa Paulo IV Cum ex apostolatus officio.




[1] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, The America Press, 1966, p. 366, etc.
[2] Denzinger, The Sources of Catholic Dogma, B. Herder Book. Co., Thirtieth Edition, 1957, no. 1839.
[3] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, pp. 137, 199, etc.
[4] Decrees of the Ecumenical Councils, Sheed & Ward and Georgetown University Press, 1990, vol. 1, p. 559.
[5] Decrees of the Ecumenical Councils, Vol. 1, p. 597.
[6] Decrees of the Ecumenical Councils, Vol. 2, p. 802.
[7] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, p. 366, etc.
[8] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, pp. 738-739.
[9] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, p. 715.
[10] The Papal Encyclicals, by Claudia Carlen, Raleigh: The Pierian Press, 1990, vol. 3 (1903-1939), p. 355.
[11] The Papal Encyclicals, vol. 5, p. 140.
[12] Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 2, p. 898.
[13] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, p. 97.
[14] Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 2, p. 1006.
[15] Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 2, pp. 1008-1009.
[16] Denzinger 1690, 1699.
[17] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, pp. 675, 679, 696.
[18] Denzinger 1690, 1699.
[19] Walter M. Abbott, The Documents of Vatican II, pp. 675, 679, 696.
[20] The Papal Encyclicals, Vol. 2 (1878-1903), p. 394.
[21] Denzinger 1837.


Pablo VI pone fin a un muy popular y significativo falso mito tradicionalista al declarar que el Concilio Vaticano II y la Nueva Misa son vinculantes

“Incluso se ha afirmado que el Concilio Vaticano II no es vinculante... La adopción del nuevo Ordo Missae ciertamente no queda a la libre elección de los sacerdotes o fieles”[1].

[Siguiendo con los puntos ya abordados, en esta sección refuta además uno de los mayores falsos mitos tradicionalistas: que el antipapa Pablo VI nunca hizo el Vaticano II y la Nueva Misa obligatorios. Dado que el Concilio Vaticano II es herético, y la Nueva Misa es una “Misa” falsa, ello es una poderosa prueba de que Pablo VI no fue Papa]

Como lo hemos estado discutiendo, entre los que reconocen los problemas con la apostasía post-Vaticano II, hay muchos “tradicionalistas” que rechazan la Nueva Misa y del Vaticano II, pero sostienen que Pablo VI, el hombre que los promulgó, nunca hizo obligatorios para nadie la Nueva Misa o el Vaticano II.

Es Chris Ferrara de nuevo. Uno podría pensar que después de haber sido refutado tantas veces él podría permanecer en silencio. No, él sólo sigue lanzando sus falsedades; y por lo tanto vamos a seguir refutándolas. Chris Ferrara repite un mito muy cercano y querido para los corazones de los falsos tradicionalistas: la idea de que Pablo VI nunca prohibió el uso de la antigua Misa, y nunca hizo obligatoria la Nueva Misa.

Chris Ferrara, The Remnant, “Un desafío a la iniciativa Sedevacantista”, 15 de noviembre de 2005, p. 11: “Como ya se ha mencionado, incluso los funcionarios del Vaticano, incluyendo la comisión cardenalicia de 1984, han reconocido que la Misa tradicional nunca fue abolida de jure por la promulgación de la Nueva Misa, y que los sacerdotes siempre han tenido la libertad de seguir utilizando el misal preconciliar… En esencia, Pablo VI simplemente creó un nuevo rito junto al antiguo rito, dejando el antiguo intacto y en realidad nunca prohibiendo su uso continuado[2].

Bien, citemos al mismo Pablo VI para refutar y destruir esta falsedad. Es probable que Ud. nunca lo vea citado en las falsas publicaciones tradicionalistas que quieren quedarse con el mito de que Pablo VI pudo haber sido un Papa verdadero, puesto que ello arruina su FALSA INICIATIVA TRADICIONALISTA. Aquí es (prepárense falsos tradicionalistas):

Pablo VI, discurso, 24 de mayo de 1976: “Y el hecho es tanto más grave en esa oposición de la que estamos hablando no sólo es alentada por algunos sacerdotes, sino que es dirigida por un prelado, el arzobispo Marcel Lefebvre, quien no obstante todavía tiene nuestro respeto.
“Es tan doloroso advertirlo: pero, ¿cómo no ver en esa actitud —cualesquiera que sean las intenciones de estas personas— el colocarse fuera de la obediencia y comunión con el Sucesor de Pedro y, por lo tanto, fuera de la Iglesia? Porque ello, desafortunadamente, es la consecuencia lógica, cuando se mantiene como preferible desobedecer bajo el pretexto de preservar la fe intacta, y de trabajar por la preservación de la Iglesia Católica, mientras que, al mismo tiempo, se niega prestarle su obediencia efectiva. Y esto es dicho abiertamente. Incluso se afirma que el Concilio Vaticano II no es vinculante: que la fe también estaría en peligro debido a las reformas y directrices post-conciliares, que uno tiene el deber de desobedecer, para preservar ciertas tradiciones. ¿Qué tradiciones? ¡Es porque es este grupo, no el Papa, ni el Colegio de los Obispos, ni el Concilio Ecuménico, el que decide cuál de las innumerables tradiciones deben considerarse como norma de la fe! Como se ve, venerables hermanos, esa actitud se erige a sí misma en juez de aquella voluntad divina que colocó a Pedro y sus legítimos sucesores a la cabeza de la Iglesia para confirmar a los hermanos en la fe, y para alimentar el rebaño universal y que lo estableció como el garante y custodio del depósito de la fe
La adopción del nuevo Ordo Missae ciertamente no está abandonado al libre arbitrio de los sacerdotes y de los fieles: y la Instrucción del 14 de junio del 1971 ha previsto la celebración de la Misa en la antigua forma, con la autorización del Ordinario, sólo para los sacerdotes ancianos o enfermos, que ofrecen el Divino Sacrificio sin pueblo. El nuevo Ordo ha sido promulgado para que se sustituya el antiguo, luego de madura deliberación, después de las instancias del Concilio Vaticano II. No de manera diferente nuestro santo Predecesor Pío V había hecho obligatorio el Misal reformado bajo su autoridad, después del Concilio Tridentino
“Hemos llamado la atención del arzobispo Lefebvre de la gravedad de su conducta, la irregularidad de sus principales actuales iniciativas, la incoherencia y, a menudo falsedad de las posiciones doctrinales en las que basa este comportamiento y estas iniciativas, y del daño que se acumula sobre la Iglesia entera a causa de ellas”[3].

Ahí lo tienen. El mismo Pablo VI refuta directamente a Chris Ferrara y a los falsos tradicionalistas en sus dos argumentos principales. Pablo VI declara que ciertamente no está abandonado “al libre arbitrio” de los sacerdotes o de los fieles el no adoptar el Nuevo Ordo Missae. También denuncia la afirmación de que el Concilio Vaticano II no es vinculante, y señala que la consecuencia lógica de la posición de Lefebvre, que rechazaba la Nueva Misa y del Vaticano II, y operaba independientemente de la jerarquía que reconoce, es colocarse fuera la Iglesia.

Es hora de que todo el mundo despierte y se dé cuenta que la secta del Vaticano II es una secta falsa de la cabeza a los pies, y no hay manera de salvarla o a sus antipapas. Es por eso que todos los “obispos” con “jurisdicción ordinaria” de la secta del Vaticano II sostienen que el Vaticano II es la enseñanza oficial de la Iglesia. Es por eso que todos los grupos “tradicionales” que reciben “autorización oficial” de la secta del Vaticano II deben aceptar el Concilio Vaticano II. Por eso Benedicto XVI le dijo recientemente al líder de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X que no podían ser aceptados plenamente en la secta del Vaticano II a menos que aceptaran el Concilio Vaticano II.

Además, esto refuta otra afirmación completamente ridícula y deshonesta que Michael Matt acaba de hacer en un reciente artículo en The Remnant. En un artículo titulado “La Fraternidad San Pío X no está en Cisma – Roma ha hablado”, Michael Matt cita al “cardenal” Castrillón Hoyos, Presidente de la Comisión Ecclesia Dei. Matt cita a Castrillón Hoyos quien afirmó recientemente que la posición de la Fraternidad San Pío X no es un “cisma formal”, y que la “Misa de San Pío V” nunca ha sido abolida”. Basado en esta “prueba”, Matt llega concluye:

“… [la Fraternidad San Pío X no está en cisma ... y] ... ¡el Papa Pablo VI en realidad nunca abrogó la misa tridentina! Todavía está ahí como siempre ha sido, y la “opción” llamada el Novus Ordo Missae es sólo eso, una opción, que los católicos son libres de rechazar. ¡Fin de la historia! ¡Los tradicionalistas ganan! No pretendemos saber por qué el cardenal Castrillón eligió hacer estas declaraciones que ahora forman parte del registro permanente, pero, sin duda, el debate ha terminado”[4].

¿Hay alguien que no vea que esta afirmación es completamente absurda, deshonesta e ilógica?

¿Alguien realmente cree que si Castrillón Hoyos hubiese dicho que la Fraternidad San Pío X está en cisma The Remnant habría publicado un artículo afirmando “La Fraternidad San Pío X está en cisma – ¡Roma ha hablado!”? Por supuesto que no. “Roma ha hablado” para Matt cuando le gusta lo que ha dicho un “prelado” de Roma en particular. A él le gusta la declaración de Castrillón Hoyos porque cree que permite a sus compañeros cismáticos, los obispos de la Fraternidad San Pío X, se salgan con la suya.

Para ilustrar la hipocresía de Matt, recuérdese que Benedicto XVI (Ratzinger) declaró que los protestantes y cismáticos orientales no son herejes. Dijo esto mientras mantiene una posición muy superior que la de Castrillón. Por lo tanto, será que Michael Matt admitirá que ¡“Roma ha hablado”: los protestantes no son herejes; fin de debate! Por supuesto que no, y esto sólo demuestra su inconsistencia y falta de honradez.

Paulo VI: La adopción del nuevo Ordo Missae ciertamente no está abandonado al libre arbitrio de los sacerdotes y de los fieles: y la Instrucción del 14 de junio del 1971 ha previsto la celebración de la Misa en la antigua forma, con la autorización del Ordinario, sólo para los sacerdotes ancianos o enfermos, que ofrecen el Divino Sacrificio sine popolo [sin pueblo]. El nuevo Ordo ha sido promulgado para que se sustituya el antiguo, luego de madura deliberación, después de las instancias del Concilio Vaticano II”.

Y Roma ciertamente no habla cuando Benedicto XVI dice que los protestantes no son herejes, no… en absoluto, según se extiende a los herejes y cismáticos. Una declaración de un prelado del Vaticano sólo constituye Roma hablando cuando le hace cosquillas a los oídos de Matt, y justifica la posición cismática de sus amigos (los líderes de la Fraternidad San Pío X), que hacen un apostolado mundial fuera de la comunión con la jerarquía que reconocen, al tiempo que rechazan su enseñanza oficial y las “canonizaciones” solemnes, por decir poco.

Así que, en conclusión: el debate ha terminado, y los falsos tradicionalistas pierden. La declaración de Pablo VI refuta por completo de un solo golpe las recientes declaraciones de ambos Ferrara y Matt (sobre Lefebvre, el Concilio Vaticano II y la Nueva Misa). La Nueva Misa es la liturgia obligatoria de la secta del Vaticano II. El Vaticano II es la enseñanza obligatoria de la secta del Vaticano II. Si ellas son falsas, ya que sin duda lo son, entonces los reclamantes al papado por parte de los hombres que las impusieron (los antipapas del Vaticano II) son también falsos. No hay manera de evitar este hecho. Todo esto nos muestra, una vez más, la falta de coherencia de la falsa posición tradicionalista, que trata de permanecer unida a la falsa Iglesia y sus manifiestamente heréticos antipapas no católicos.




[1] Pablo VI, discurso, 24 de mayo de 1976, L’Osservatore Romano, 3 de junio de 1976, p. 2.
[2] Chris Ferrara, The Remnant, “Un desafío a la iniciativa Sedevacantista”, 15 de noviembre 2005, p. 11.
[3] L’Osservatore Romano, 3 de junio de 1976, p. 2.
[4] The Remnant, 30 de noviembre 2005.
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