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viernes, 9 de mayo de 2014

Lo más admirable en Carlomagno: su altísima sacralidad

Busto relicario de Carlomagno
Fondo: cúpula de la catedral de Aachen
Lo más admirable de la magnífica obra de Carlomagno fue la creación de un estado de espíritu de altísima sacralidad.

Ese espíritu provenía de una comunicación de la gracia que bendecía todo cuanto él hacía.

Por eso, su inmensa obra tuvo una clave trascendente que está fuera de comparación con otras cosas que él u otros hicieron.

Esta clave sobrenatural le daba una visión de las cosas temporales con una altura que ni siquiera el genio puede dar.

Desde la altura en que él concebía el poder y la unción de Dios, él veía todos los problemas del mundo, incluso los naturales.

Esa participación de Dios formó propiamente el carácter imperial del gobierno de él.

Es una extensión de horizontes fenomenal sobre el universo, sobre la vida humana, sobre la tierra, las posibilidades del hombre, etc., etc., en cuanto son reflejos de un Dios trascendente.

Él fue un hombre que llevó una vida terrible de sacrificada, pero tenía la alegría estable de la finalidad obtenida.

Él dejó la matriz del feudalismo, suscitando una gran admiración por un tipo de alma hacia la que todos los hombres a partir de entonces y hasta la Revolución, no dejaron de tender. Esa admiración fue tan grande que hasta hoy excepto los historiadores prejuiciosos nadie habla mal de él.

La Iglesia, cuerpo místico de Cristo, fue la fuente del espíritu que el gran Carlos difundió.

El mundo sólo no quedó mucho más carolingio porque no fue tan católico cuanto debía ser. Porque la Iglesia es carolingiogénica por definición.

Sólo se comprende toda la dimensión de la belleza de las virtudes personales que tuvo o no tuvo Carlomagno, imaginándolas en Carlomagno.

Carlomagno tuvo un problema de matrimonios. ¿Eso para un católico es un problema perturbador?

Quien imagina a Carlomagno, ve la castidad con una belleza que no es fácil imaginar de otra manera. No me interesa, para efecto de lo que estoy hablando, este efecto circunscrito, limitado de la realidad histórica.

El Carlomagno honesto, cultural, haciendo aquel renacimiento de la cultura, fue completamente diferente de un príncipe Medici del tiempo del Renacimiento. Es decir, él es un telón de fondo sobre el cual todo cuanto es bonito queda lindo.

Ahora, ¿cuál es el unum del telón de fondo de Carlomagno? Es el propio espíritu de la Iglesia, es la Iglesia.

San Gregorio VII fue para el papado lo que Carlomagno fue la para el orden temporal.

Uds. probablemente no oyeron hablar un elogio tan insistente de Carlomagno, pero Uds. todos no toman como novedad lo que estoy diciendo, porque una gracia flota en torno del nombre de él y todos lo intuyen.

Ahora, ¿qué es eso en Carlomagno? Es una quintaesencia del espíritu de la Iglesia dado al laicado. Carlomagno es el ejemplo por excelencia del lego católico.

No adelanta decir que Carlomagno no está canonizado. Yo no discuto nada de eso.

Yo sólo digo que es notorio que existe en torno de él esta gracia y que su figura reluciente es una de las pocas cosas que la Revolución no consiguió destruir. Ella consiguió silenciarla, pero no consiguió destruir.

Este fondo revela un predicado en el alma de él donde todo esto se irradia y el propio foco de este unum es la Iglesia.

Si no fuera por la Iglesia, Carlomagno no sería nada de esto. Es el fuego de la Iglesia que se irradia a partir del clero. Ese punto es necesario no olvidarlo.

Plinio Corrêa de Oliveira
(Extractos de una conferencia dada el 22/02/86, sin revisión del autor)


domingo, 17 de marzo de 2013

El Imperio Romano y la Iglesia – IV


La malvada influencia de Teodora sobre Justiniano

Plinio Corrêa de Oliveira

Después que Belisario tomó Roma en el año 536, como vimos en el artículo anterior, los indignados bárbaros se reagruparon y rodearon Roma. Luego, fue el turno de Belisario de defender la ciudad.

Él pronto se dio cuenta que sus tropas eran insuficientes para continuar con la campaña por recuperar la Península. Sólo podía defender Roma y mantener un camino abierto hacia el mar para permitir que llegaran los refuerzos.

Díptico de marfil de Justiniano dominar a los bárbaros del siglo VI
Entonces envió al emperador Justiniano un mensaje más o menos así: “Me dirijo a vos desde Roma, pero mis tropas expedicionarias son apenas lo suficiente para defender la ciudad. Si queréis que continúe en la conquista de la Península, enviadme más hombres, puesto que el corredor está abierto”.

Justiniano entendió y envió a Belisario más tropas. Con esto, el general reconquistó toda la península italiana hasta Ravena en el norte de Italia, que había sido la capital del Imperio.

En Ravena, Belisario tomó como prisionero a otro rey godo y lo envió a Justiniano, que hizo un nuevo desfile triunfal en Bizancio y sumó a sus títulos el nombre de Justinianus Gothicus.

Las intrigas de Teodora contra Belisario

En este punto de la historia, creo que las intrigas de Teodora comenzaron a tener sus perjudiciales efectos. Estimulado por la emperatriz, Justiniano comenzó a sospechar de Belisario y a preocuparse por el hecho que estaba ganando mucho prestigio y poder entre los soldados.

Teodora utilizó su influencia para introducir la herejía
monofisista en la corte
Puesto que Belisario necesitaba más hombres para mantener las ciudades conquistadas, después de cada nueva conquista tuvo que pedirle al emperador más tropas. En vez de enviárselas, Justiniano comenzó a demorar el envío de refuerzos.

Al ver esta demora, el rey ostrogodo Totila, que era un líder militar brillante, tomó una nueva ofensiva. Después de un éxito en Verona, Totila persiguió y derrotó a las tropas de Belisario en la batalla de Faventia en el año 542, abriendo camino hasta el centro de Italia. Siguió a esta victoria retomando Nápoles y todo el sur de Italia. A continuación, en el 546, rodeó Roma y volvió a capturar la ciudad.

Habiendo perdido el apoyo del emperador y sólo con un resto de sus tropas, Belisario pidió permiso para regresar a Bizancio. Allí, el emperador lo despidió. Por lo tanto, la primera iniciativa de Justiniano de restaurar el dominio católico en Italia falló.

Narsés reconquista Europa

Ocho años más tarde, hubo un nuevo intento por reconquistar Europa. Justiniano tuvo otro gran general, un eunuco llamado Narsés. No era tan brillante como Belisario, pero era un buen estratega.

Justiniano dio a Narsés 30.000 soldados para toda la campaña africana Belisario había recibido sólo 6.000 y lo envió a Italia. Narsés venció a los bárbaros en Umbría y llegó a destruir las hordas góticas en la batalla de Taginae en 552, donde murió el rey Totila. En 553, los últimos bárbaros fueron derrotados por Narsés en Mons Lactarius. Con esto, el dominio romano regresó a toda Italia.

El general Narsés, de un mosaico de Rávena
Una vez más, el emperador de Oriente gobernó los imperios de Oriente y Occidente.

Con este trabajo realizado, Justiniano pronto vio la oportunidad de conquistar España y reunificar otro territorio que había formado parte del antiguo Imperio Romano. El rey visigodo Atanagildo, que luchaba con las guerras internas con otros reyes godos, pidió el apoyo de Justiniano. El emperador envió una flota que tomó todo el sur de España – Cartagena, Málaga, Murcia y Córdoba.

Justiniano firmó un tratado de paz con Atanagildo, reconociendo a este último como gobernador de ese territorio. Atanagildo cultivaba buenas relaciones con los francos y arregló matrimonios para sus dos hijas con dos reyes francos, Chilperico de Neustria y Sigebert de Austrasia.

En este punto de la historia, el Imperio Católico Romano de Oriente tenía el dominio total sobre el Oriente, el norte de África, Italia y parte de España. Galia estaba dominada por los francos católicos, pero el Imperio de Oriente también ejerció una considerable influencia allí desde que Clovis reconoció como emperador a Justiniano. Por lo tanto, el dominio católico sobre una gran parte de Europa fue de nuevo restaurado.

Teodora induce a Justiniano a favorecer las herejías

Pero Teodora no estaba contenta con estos triunfos. Ella insistió en que todas esas conquistas no tenían valor alguno; eran nada más que triunfos sobre bárbaros. Lo importante, sostenía ella, era conquistar Asia. Para hacerlo, se tuvo que adoptar una nueva política.

Ella convenció al emperador que primero debía comenzar a ganar la buena voluntad de los pueblos de Oriente que ya estaban bajo su dominio, pero que abrigaban mala voluntad hacia él. Esos países eran Siria y Egipto. Su antagonismo surgió del hecho de que, en general, ellos adherían fuertemente a la herejía monofisista.

Un busto de la emperatriz Teodora del siglo VIII
Esta herejía admitía sólo la naturaleza divina de nuestro Señor, y no su naturaleza humana. La secta herética había logrado difundirse ampliamente puesto que Justiniano no estaba luchando por la fe católica en esas áreas. Teodora lo había convencido de que no era conveniente para el bienestar del Imperio.

Ella le aconsejó a Justiniano que dejara de lado la causa católica y diera libertad a los monofisistas de Siria y Egipto para fortalecer su alianza con el Imperio. Esto permitiría a Justiniano entrar en Oriente y conquistar Persia y Babilonia, y así construir un imperio mucho mayor.

La ascendencia de Teodora sobre Justiniano fue en aumento, y por lo tanto, él comenzó a favorecer a los monofisistas. La herejía incluso entró en Occidente cuando el hereje Severus, que representaba a una rama del monofisismo llamado miafisitismo, asumió una gran influencia sobre Teodora y maniobró para que su secta fuere reconocida. Esto ocurrió en el año 543 durante la campaña de Justiniano para reconquistar Europa.

Poco después, bajo la influencia de la emperatriz, Justiniano depuso al papa legítimo, el Papa Silverio, a quien considera “demasiado intransigente”, y lo reemplazó con un antipapa. Con esta acción, él rompió con la Iglesia Católica Romana.

Después de esas grandes victorias en Occidente, el Imperio intentó expandirse en Asia, pero se encontró con múltiples dificultades y complicaciones. Justiniano retiró sus tropas de Europa para hacer frente a esos problemas. Pero no tuvo éxito en Asia. Mientras tanto, en los Balcanes, los bárbaros se reagruparon de nuevo y mostraron signos crecientes de descontento.

Cuando Justiniano murió, toda la obra de reconquista de Europa estaba profundamente puesta en peligro, y Asia se mantuvo sin conquistar.

Su sucesor, Justino, era un hombre y soberano débil. Bajo su imperio, los bárbaros comenzaron a recuperar lo que habían perdido. La mayor parte de Italia se perdería con la invasión de los lombardos tres años después de la muerte de Justiniano (568). En 40 años más, las recién fundadas provincias españolas estarían completamente recuperadas por los visigodos españoles. Y dentro de un siglo y medio, el imperio perdería para siempre África por las conquistas musulmanas.

Gracias a Teodora, el Imperio Romano de Oriente volvió al punto donde estaba antes de Justiniano: lleno de herejías y amenazado por los bárbaros.
El imperio Bizantino en tiempos de Justiniano
 Vea los artículos anteriores de esta serie:
     El Imperio Romano y la Iglesia IIII

Tomado de TIA

sábado, 23 de febrero de 2013

El Imperio Romano y la Iglesia – II


Las élites del Imperio estaban corrompidas

Plinio Corrêa de Oliveira

En el artículo anterior hemos conjeturado que había un ángel velando sobre el Imperio Romano para protegerlo y, al mismo tiempo, afirmamos que había caído porque estaba corrompido. ¿Cómo se explica esta aparente contradicción? En otras palabras: ¿Era todo el Imperio lo que estaba corrompido y causó su caída, o fue sólo una parte de él?

Aunque no hay evidencia histórica de cada punto en particular que expondré aquí, los presento como un resumen de mis estudios sobre este tema.

Esto se debió principalmente más a las élites del Imperio Romano que estaban corrompidas que de la población real. La masa del pueblo era mejor que las elites. Encontramos la misma situación en la historia de las herejías que invadieron a la Iglesia en esa época, con las elites religiosas más corruptas que el pueblo.

Una élite religiosa cada vez más corrupta

En el Primer Concilio de Éfeso, en el año 431, que condenó el nestorianismo, el pueblo estaba mucho más entusiasmado con la nueva glorificación de la Virgen como Theotokos Madre de Dios que la mayoría de las élites religiosas. Cuando se enteraron de la noticia, la gente salió a las calles cantando para celebrar este nuevo título de Nuestra Señora.

Las élites religiosas, sin embargo, representadas por el Patriarca de Constantinopla, que no era otro que el mismo Nestorio, no quedaron satisfechas con el concilio. De hecho, Nestorio era el que le había pedido al emperador que convocara el concilio para demostrar su ortodoxia. Sabemos que hubo grandes santos en esa época y que el nestorianismo fue condenado; no obstante, una gran parte de la élite religiosa estaba corrompida. En la época del arrianismo y del semi-arrianismo, esa corrupción se había incrementado hasta el punto de que casi todos los obispos adhirieron a la herejía, y fue principalmente el pueblo el que se aferraba a la buena doctrina.

Las conspiraciones falaces de Bizancio

También observamos el mismo fenómeno de una elite corrupta en los altos dignatarios civiles, especialmente con su reacción ante los dos hombres que la Divina Providencia llamó para salvar al Imperio Romano: Stilicon y Justiniano.

Flavio Stilicon (359-408) fue un general romano durante el reinado de Honorio. Él fue un vándalo nacido en lo que hoy es Alemania, pero que se identificaba tan fuertemente con el Imperio Romano, que él mismo se consideraba un romano. Entró en el ejército y se hizo famoso por su amor por Roma. Stilicon apareció en una difícil situación en la historia de Roma: En resumen, los ostrogodos ya habían invadido el Imperio y se instalaron en la península de los Balcanes con el permiso del emperador romano de Oriente. Entre los años 378 y 395, ellos se rebelaron contra el emperador porque querían tener su propia tierra.

El emperador Zenón conspiró contra el Imperio de Occidente
Ellos bajaron desde los Balcanes hacia Bizancio para hacer sus demandas ante el emperador. En ese momento, Bizancio era una ciudad muy distinguida, tal vez sólo superada por Roma. Era una ciudad de una belleza ideal, muy elegante, el arquetipo de una sociedad refinada, de vida intelectual y modelo de los espectáculos y las artes. La entrada de los ostrogodos en Bizancio fue algo mucho peor que, por ejemplo, los soviéticos entrasen en París.

Por esta razón, el emperador del Imperio de Oriente, que era muy astuto en la política de la intriga y que tenía esa manera falaz de hacer las cosas típicas de los bizantinos, decidió no luchar contra los ostrogodos. Al darse cuenta de que carecía de la fuerza necesaria para enfrentarlos en batalla, decidió desviar a los bárbaros lejos de Bizancio y llevarlos a invadir en su lugar el Imperio Romano de Occidente. Con este fin, él tramó un subterfugio.

Illyria [hoy Croacia, Bosnia y Albania] era un territorio de disputa entre el Imperio Romano de Occidente y el de Oriente. En esa época estaba ocupado por Occidente, pero Oriente lo reivindicaba. Por lo tanto, el emperador romano de Oriente, dijo a los ostrogodos: “Yo les daré las tierras de Illyria. En la actualidad está ocupada por intrusos. Si expulsáis a estos intrusos, la tierra será vuestra”.

El general Flavius ​​Stilicon
Es así que los ostrogodos, para quienes la lucha era un tipo de entretenimiento, entraron en Illyria y derrotaron a las tropas del emperador occidental. Poco después, se dieron cuenta de que, al otro lado del Adriático estaba Italia, llena de todo tipo de riquezas, dotada de clima benigno y tierra fértil, y custodiada por tropas que eran aún menos combativas que las tropas del Imperio Romano de Oriente. Por lo tanto, les vino la idea de entrar por el norte de Italia dando la vuelta al Adriático por tierra para después cruzar los Alpes. Así fue como el emperador de Bizancio arregló el asunto.

En ese momento, el general Stilicon guardaba la línea del Rin-Danubio, que marcaba las fronteras del Imperio Romano, separándolo de las tribus germánicas. El emperador de Occidente, viendo que los bárbaros estaban atacando el norte de Italia, ordenó a Stilicon que trasladara sus tropas a Italia para defenderla. Él obedeció, pero esto dejó la línea del Rin-Danubio sin vigilancia.

Stilicon luchó contra los ostrogodos en dos grandes batallas cerca de las ciudades de Pavía y Verona. Sus victorias fueron espectaculares y acabaron con el peligro ostrogodo. Lo que quedó de sus hordas se retiraron, estableciéndose en el territorio que hoy es Suiza.

Mientras tanto, las diversas ramas de tribus visigodas, viendo que Stilicon había dejado sin vigilancia  las fronteras del Rin-Danubio, se aprovecharon de la situación. Entraron en Francia y bajaron hasta el sur de España e incluso hasta el norte de África. Por lo tanto, sin la presencia de Stilicon, el Imperio no pudo defenderse y comenzó a perder terreno.

En el 406, uno de los jefes visigodos, Radagaise, cruzó los Alpes y tomó rumbo hacia Roma. Stilicon intervino y lo derrotó en Florencia. Una vez más, el Imperio de Occidente fue salvado por Stilicon.

Con la eliminación de esta amenaza, Stilicon tuvo libertad para mover sus tropas al norte para enfrentarse con los bárbaros que habían invadido el Imperio.

En este momento, Stilicon aparece en la historia como un ángel velando sobre el Imperio de Occidente para protegerlo de todas las formas posibles de las hordas bárbaras.

Una corte romana corrupta

Ahora bien, este hombre que parece haber tenido la hermosa misión de conquistar a los bárbaros, este hombre que era él mismo un semi-bárbaro pero totalmente asimilado por la cultura y civilización romana, ¡este hombre murió asesinado por orden del emperador occidental! En el apogeo de su carrera militar, fue asesinado vilmente por orden del emperador Honorio que ni siquiera tuvo el cuidado de ocultar su crimen.

Honorio, arriba, jugando con las palomas y gallinas,
ordenó el asesinato del general Stilicon
Él ordenó ese crimen por miedo de que el mismo Stilicon se convirtiera en emperador. ¡Fue un crimen que resultó de las intrigas miserables de una corte decadente, que no entendía la grandeza de ese hombre, y el valor de su heroísmo por Roma!

Stilicon demuestra que al Imperio Romano de Occidente no le faltaron grandes generales. Tenía excelentes soldados y grandes generales. Los principales elementos que constituyen la grandeza de Roma fueron sus grandes soldados y generales. El Imperio todavía los tenía en el siglo cuarto. Lo que le faltaba al imperio, sin embargo, era un emperador que no fuera pequeño e insignificante; carecía de una corte que no fuese infame e intrigante, carecía de una élite que no faltara al cumplimiento su deber de esa manera tan miserable.

Stilicon fue asesinado de la manera más ostensible, clara y evidente en el año 408. Los visigodos, que respetaban y admiraban a Stilicon como un enemigo leal, se indignaron por su asesinato. Ya sea para ajustar las cuentas por ese vil asesinato o tal vez porque Stilicon ya no estaba allí para defender el Imperio, decidieron invadir Italia.

De hecho, en el año 409, invadieron el imperio con hordas tan diferentes, que la caída del Imperio Romano de Occidente se hizo prácticamente inevitable. Sabemos que en el año 476 el último emperador del Imperio Romano Occidental, Rómulo Augusto, fue depuesto por Odoacro, quien se convirtió en rey de Italia (467-493).

Una corte bizantina corrupta

En este escenario se produjo algo que los historiadores de hoy toman debidamente en cuenta, aunque fue ignorado en el pasado. Los bárbaros veneraban el nombre romano y creían en la idea de que el mundo debía ser gobernado por un emperador. Cuando dominaron el Imperio Romano de Occidente, ellos reunieron los símbolos e insignias del Imperio de Occidente y se los enviaron a Zenón (425-491), el emperador de Oriente.

Su delegación le dijo al emperador que en adelante ellos consideraban el Imperio para que de nuevo fuese uno solo bajo un solo emperador, Zenón. Es así que ellos hicieron una declaración oficial diciendo que habían acabado con la división del Imperio Romano en dos, y que lo consideraban como una sola realidad, como lo había sido antes de Diocleciano.

Los bárbaros pudieronn haberse convertido mucho antes
 si los emperadores romanos orientales hubiesen sido fieles
Los bárbaros adhirieron tan completamente al ideal de un Imperio único, que a partir de entonces sus monedas mostraron las efigies de Zenón y de los emperadores orientales que lo siguieron en lugar de las de sus propios reyes. En ocasiones, enviaban embajadas a Bizancio con homenajes, reconociéndose como vasallos del emperador.

¿Cuál era el valor de ese vasallaje? No era mucho, porque en primer lugar, esos bárbaros carecían de las habilidades políticas para organizar sus regiones en todo el Imperio, por ejemplo, como la British Commonwealth se organiza en torno a la Corona de Inglaterra. En segundo lugar, porque Zenón era un emperador indiferente y perezoso que no se molestó en guiar a esos bárbaros para que mejorasen, ya sea espiritual o materialmente.

En lugar de enviar misioneros católicos para convertir a los bárbaros del arrianismo, en lugar de tratar de civilizarlos, como lo hicieron después los francos, el emperador y la corrupta corte bizantina corrupta no hicieron nada.

Absorbidos por las fiestas de Bizancio, emergidos en los esplendores de la corte de Constantinopla, los emperadores no se preocuparon de lo que ellos consideraban ser un brutal desierto occidental con sus violentas, de rubios, sucios y despeinados cabellos largos.

Continuará…

Véase el artículo anterior de esta serie aquí

Tomado de TIA

miércoles, 17 de octubre de 2012

Poder, mando e influencia


Plinio Corrêa de Oliveira

Podemos distinguir tres elementos en un gobierno: el poder ―que puede provenir del dinero o la fuerza―, el mando y la influencia.

Hablando de la sola fuerza para gobernar, le dijo Talleyrand una vez a Napoleón que las bayonetas pueden ser un medio eficaz para establecer un trono, pero que era muy difícil permanecer sentado sobre ellas durante mucho tiempo.

Talleyrand a Napoleón: Señor, ningún trono estable
puede estar sentado sobre las bayonetas
Entonces, ¿cuál es la importancia de cada uno de estos elementos, el poder, el mando y la influencia?

Analicemos el caso de Napoleón. Él era un emperador falso, ilegítimo, pero mientras ocupó esa posición, se otorgó el derecho de mandar y ser obedecido. El pueblo ―sus súbditos― estaban obligados a obedecerle en ciertas cosas.

Supongamos, por ejemplo, que una epidemia estallase repentinamente en Francia. Desde que Napoleón ocupó el cargo de emperador, él tendría la obligación de mandar y tomar todas las medidas adecuadas para contener esa plaga y mejorar la situación de las personas infectadas por la enfermedad. Él tendría el derecho y el deber mandar. En esta eventualidad, todos los mecanismos del Estado deberían obedecerle indiscutiblemente. Por lo tanto, él tenía el mando.

¿Él tenía el poder? Una vez que él tenía el derecho de mandar, ¿tenía suficiente ascendencia moral para hacerse normalmente obedecer, y no sólo en la situación extraordinaria que nos imaginamos?

La respuesta es afirmativa. Por su puño de hierro, él había habituado a Francia a obedecerle mecánicamente. Por tanto, a través de la fuerza, él adquirió el poder.

¿Él tuvo influencia? Aquí comienza una discusión diferente.

Uno de los elementos fundamentales que una persona necesita para tener influencia es suscitar la admiración de los que le rodean.

Napoleón había ganado muchas batallas. Ganar una batalla genera admiración, porque el genio militar per se suscita admiración. Ello supone una personalidad capaz de mover ejércitos enteros, ordenándolos adecuadamente contra el enemigo, y ganar. Se trata de un juego de ajedrez en el que los peones, caballeros y torres son miles de hombres. Napoleón sabía cómo hacerlo con éxito y ganó muchas batallas. Él tuvo, por lo tanto, una razón para ser admirado.

Además, en más de una ocasión arriesgó su propia vida, y, al hacerlo, mostró heroísmo. El heroísmo es una cualidad que suscita naturalmente admiración.

Él también restauró el orden a Francia después del trastorno de la Revolución Francesa, y por esto él también suscitó la admiración de la gente. Ellos podían dormir en paz sin temor a ser llevados a la guillotina al día siguiente. Por lo tanto, muchas personas podrían volver a respirar en paz, y lo admiraban por la paz material que él había recuperado.

No obstante, esta admiración que él suscitó, que le dio el prestigio que él necesitaba para influir, la perdió.

¿Por qué Napoleón perdió su influencia?

Son muchas las razones por las que Napoleón perdió el prestigio, causadas por el deterioro de la admiración por él.

La pretensión de Napoleón de igualarse a Carlomagno
corroyó su influencia
En primer lugar, él trató de realizar una función que iba mucho más allá de la de un general; él pretendió convertirse en emperador. Ahora, para ser un emperador, un hombre tiene que hacer más que ganar batallas. Las victorias en las batallas, obviamente, pueden ayudar, pero no son suficientes para hacer un emperador.

Carlomagno, por ejemplo, ganó muchas batallas, pero él era mucho más que un general; él era un patriarca. Toda la civilización católica que viene de Carlomagno ya estaba contenida en su alma. Ella se desbordó, por así decirlo, de su persona. Napoleón no tenía esta grandeza. Su desproporcionada pretensión de ser un nuevo Carlomagno es quizás el punto más saliente de su orgullo y el que más contribuyó a corroer la admiración que había suscitado.

En segundo lugar, la gloria militar que él fue ganando con sus muchas victorias se convirtió más en una gloria personal que en algo que representara la gloria de Francia. De hecho, él ni siquiera hablaba bien el francés, sino más bien un italiano de Córcega, que sólo se convirtió en un territorio francés el año en que él nació (1769), después de haber estado en posesión de Génova durante unos 500 años.

Los franceses empezaron a encontrar que el precio de ganar esas batallas era excesivamente duro y pesado: sus hijos se estaban muriendo en esas guerras en gran número, de una manera sin precedentes. Cada victoria de Napoleón era acompañada por una larga lista de jóvenes franceses que habían perdido la vida.

¿Y cuál era el propósito de esas batallas? Era principalmente para adquirir gloria personal y para colocar en los tronos de Europa a miembros de la familia Bonaparte o a los generales de Napoleón. Así fue que hizo rey de España a su hermano José, y a su hermano Lucien rey de Westfalia, y a su general y cuñado Murat, rey de Nápoles, y a su general Junot, gobernador de Portugal, y así sucesivamente.

Por lo tanto, los franceses consideraron que era Napoleón quien subía en el firmamento de la historia, y no Francia. Esas fueron guerras Napoleónicas, no de Francia, pero el resultado de los muertos pertenecían a Francia.

En tercer lugar, una enorme indiferencia se apoderó de los franceses. Debemos recordar que en esa época no había radio, televisión o electricidad. La mejor manera de difundir las noticias entre los habitantes de una gran ciudad como París, era tocando las campanas de las iglesias. Cuando esto sucedía, la gente se reunía en la plaza central para escuchar las noticias. Así, después de cada victoria, Napoleón enviaba un mensajero a caballo a París, el arzobispo de París era notificado de la victoria y, a través de un acuerdo con el gobierno, él autorizaba que tocaran las campanas de las iglesias.

Las victorias francesas costaron un alto número de muertes
Arriba, el asalto de Santa Engracia, Zaragoza, España - 1809
Puesto que las victorias de Napoleón se hicieron muy frecuentes, las campanas de todo París tocaban a menudo. Los historiadores señalan que la gente se hartó de esas victorias,  por lo que se hizo costumbre ignorarlas. Las personas que conversaban no me molestarían en detener su conversación. Un hombre que afilaba sus cuchillos en la calle continuaría sin interrupción; y otro que estaba vendiendo sus mercancías seguiría gritando sus precios. El pueblo francés ya había tenido suficiente de sus victorias.

Por lo tanto, la gloria de Napoleón se convirtió en una especie de espuma que chorreaba artificialmente sobre la nación, y no una planta enraizada firmemente en su tierra.

Estas fueron las razones por las que Napoleón, a pesar de que seguía teniendo el poder y el mando, perdió su influencia.

Cero influencia

Podemos ver cuán drásticamente se había desvanecido la influencia de Napoleón por este incidente. Después de que él fue depuesto y condenado a su primer exilio en la isla de Elba, en el mar Mediterráneo, él tuvo que atravesar Francia en carro para tomar un barco en el sur de Francia para llegar a su destino. Él se había vuelto tan impopular, que decidió cerrar las cortinas de las ventanas cuando el carro pasaba por un pueblo, para no ser reconocido.

A pesar de esta precaución, sin embargo, los habitantes de una ciudad descubrieron quien estaba en el carro y lo apedrearon, tratando de apoderarse de él para lincharlo. La situación llegó a ser tan peligrosa que él tuvo que refugiarse en una posada. Para continuar su viaje, él se disfrazó usando el uniforme de un oficial austríaco. Así, con el uniforme de su peor enemigo, el imperio austriaco, se las arregló para escapar de esa crítica situación para continuar su vergonzoso viaje al exilio.

En otras palabras, su influencia se había reducido a nada.

Publicado originalmente en TIA

sábado, 22 de septiembre de 2012

Película "Cristiada" (completa)

¡Viva Cristo Rey!
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jueves, 13 de septiembre de 2012

El carácter aristocrático de las asociaciones hereditarias en los EE.UU.


Las elites tradicionales formaron en los Estados Unidos asociaciones de acceso restringido en cuyo medio pueden expandir libremente sus cualidades más nobles y sus costumbres tradicionales. El historiador social Cleveland Amory explica que “en nuestros días, los aristócratas pueden encontrarse más fácilmente en buen número, si no en la alta sociedad, al menos en una Sociedad, es decir, en alguna de las asociaciones plenamente aristocráticas ―aunque oficialmente denominadas patrióticas―, como la de los Cincinnati, Colonial Dames, Colonial Wars, D.A.R., etc.; porque… forman parte seguramente, e incluso genealógicamente, de la [alta sociedad] de ayer, y esto las convierte, por supuesto, en la aristocracia de hoy[1].

Benjamin Harrison, presidente n. 23 de los EE.UU.
Los Harrison son de las primeras familias de Virginia.
Los orígenes, objetivos y requisitos de admisión en dichas asociaciones varían. Algunas están destinadas a perpetuar la memoria de antepasados que se distinguieron en la guerra, fueron fundadores de ciudades o colonizadores pioneros, u ocuparon posiciones de relieve en los Gobiernos Coloniales o republicanos. Para ser socio, se requiere, en general, probar que se desciende del correspondiente personaje y el voto favorable de un comité de recepción o, a veces, de todos los miembros de la asociación.

Otras incluyen entre sus objetivos, actividades de carácter patriótico, pero no son asociaciones meramente patrióticas. En ellas hay una exclusividad basada en el linaje, en contradicción con la inclusividad democrática-igualitaria. He aquí esta paradoja descrita por Wallace Davies: “Ni un súbito crecimiento del sentimiento patriótico, ni siquiera una inmersión en el pasado norteamericano consiguen explicar el carácter hereditario de esas asociaciones. De hecho, un renovado interés por las instituciones republicanas y por los ideales de la democracia… parecerían extemporáneamente incompatibles con tal imitación de la aristocracia del Viejo Mundo y con una posición basada en el linaje[2].

El mayor general Anthony Wayne (1745-1796),
general estadounidense
Da la impresión que para evitar la limitación injusta impuesta por la prohibición de títulos, los fundadores de las más antiguas asociaciones hereditarias americanas aspiraron a que ellas fuesen reconocidas oficialmente, y que se convirtiesen en algo análogo a las asociaciones de la nobleza europea. De esta forma, fueron tan lejos como se lo permitían las leyes y la cultura de los Estados Unidos. Su intención última se discierne en la naturaleza verdaderamente aristocrática de las asociaciones que erigieron.

El mero hecho de pertenecer a una asociación hereditaria no convierte ipso facto a alguien en aristócrata, especialmente porque ninguna de ellas es ennoblecedora de por sí. Sin embargo, es notable que los motivos psicológicos ―no siempre explícitos― que las dieron a luz, en general son semejantes a los que dieron origen a la aristocracia blasonada.

Larz Anderson House. Washington, DC residencia del embajador y la Sra. Larz Anderson desde 1905 hasta 1937, la casa ahora sirve como la sede nacional de la Sociedad de Cincinnati, más antigua asociación patriótica y hereditaria de la nación.
También es necesario poner de relieve la proyección de dichas asociaciones en la vida cultural de los Estados Unidos. Sus miembros promueven el bien común por medio de obras como el mantenimiento de museos y bibliotecas, la restauración de monumentos históricos o el patrocinio de estudios históricos. De esta forma, conservan y mejoran la herencia cultural y las tradiciones de los Estados Unidos.



[1] Cleveland Amory, Who Killed Society? (New York: Harper & Bros., 1960), p. 67.
[2] Wallace Evan Davies, Patriotism on Parade (Cambridge: Harvard University Press, 1955), p. 47.

sábado, 14 de julio de 2012

Día de la Bastilla – La farsa


Imagen de la fortaleza-prisión de la Bastilla de San Antonio
(grabado alemán del siglo XIX).
De alguna manera es muy apropiado que una republica tenga una fiesta como el Día de la Bastilla. Las repúblicas, después de todo, tienden a basarse en una minoría que dice mentiras a la mayoría, que finge que lo que ella busca es para el mayor beneficio de esa mayoría; y de una mayoría que finge que le cree, que están de acuerdo con la farsa, a pesar de que sabe perfectamente que le están mintiendo. Un lado finge cuidarlos, el otro finge creerles, y todos van juntos porque quieren creer en la narrativa y no quieren ser aturdidos con los hechos. De la misma manera, el Día de la Bastilla es, como dijo el mismo Napoleón acerca de la historia, “un montón de mentiras aceptadas”. La historia oficial dice que la toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, fue un atentado simbólico contra la tiranía, marcando oficialmente el inicio de la Revolución Francesa como una lucha heroica por la liberación de la esclavitud” impuesta por la autoridad tradicional (la monarquía, la aristocracia y el clero) y los valores morales tradicionales que sustentaban dicha autoridad. Los monárquicos saben, y todo el mundo debería saberlo también, que los hechos están muy lejos de esta narrativa ideal que se celebra hoy como la fiesta nacional francesa.
El rey Luis XVI hizo cuanto pudo por mejorar y aliviar
los problemas que aquejaban a su pueblo
No hay duda que en aquella época el reino de Francia estaba en una profunda crisis. La economía estaba en ruinas, el hambre y la pobreza era generalizada, muchos en la aristocracia estaban viviendo una vida de complacencia, separados del pueblo del cual ellos deberían haber estado cuidando y muchos en el clero estaban más preocupados por su propia comodidad que con la administración de los sacramentos y enseñando a su pueblo. No obstante, los dos jóvenes que estaban en la cúspide del poder en Francia, su cristianísima majestad el rey Luis XVI y la reina María Antonieta, no eran ciegos o indiferentes a estos problemas. Ambos habían estado trabajando por su lado para resolver los inmensos problemas que habían heredado tan recientemente. El rey Luis XVI promulgó muchas políticas de sentido común para aliviar el sufrimiento de su pueblo. Redujo los gastos en Versalles, recortó los gastos generales del gobierno, se negó a seguir endeudándose y a subir los impuestos. Acabó con el monopolio del gobierno sobre el grano, lo que permitió reducir los precios para que más personas pudieran costearlos. Por primera vez gravó a los terratenientes ricos y, aunque él no estaba obligado, pagó su propia cuota como cualquier otro terrateniente debía hacer. Del mismo modo, la reina María Antonieta contribuyó a educar a los niños pobres, dejó su propia cocina abierta a los pobres, puso término a las fiestas lujosas (sí, a pesar de todo lo que usted probablemente ha oído hablar) y simplificó su propio guardarropa, en un esfuerzo de llevar una elegante austeridad.
Desafortunadamente, los problemas acumulados por décadas no se pudieron superar rápidamente y los agitadores radicales estaban haciendo todo lo posible para engañar, desinformar y radicalizar la opinión pública, mientras difundían la más perversas mentiras que se podían pensar respecto de su rey y la reina. Por ejemplo, en un esfuerzo para pagar la guerra contra Gran Bretaña a favor de los Estados Unidos, el rey Luis XVI promulgó una reforma tributaria que elevó la recaudación, pero redujo los impuestos para los pobres. Los propagandistas revolucionarios jugaron su juego de desinformación diciendo simplemente al pueblo  que el rey habría de percibir más dinero (no menos de los pobres) e implicando o declarando abiertamente que todo eso era para su propio enriquecimiento más que para pagar las necesidades del país. El rey Luis había hecho todo lo posible para ser razonable y complaciente. Al principio de su reinado, había estimulado los parlamentos locales y reconvocó los Estados Generales. Sin embargo, los agitadores sólo incrementaron su agitación, incitando a la multitud en un frenesí y culpando al rey de los males que él absolutamente no podía controlar. Finalmente, alguien señaló a la prisión-fortaleza de la Bastilla como el símbolo de la imposición del poder real absoluto que tenía que ser eliminado.
Toma de la Bastilla, pintado en 1928 por Henri Paul Perrault.
El 14 de julio 1789 un populacho de París asaltó la Bastilla, que en realidad no tenía nada que ver con lo que habían dicho o lo que la mayoría de la gente de hoy cree que fue. Naturalmente, por fuera parecía muy cruel y amenazante, pero dentro, las condiciones como prisión no eran terribles; ciertamente no era peor que cualquier otra prisión de la época y probablemente mejor que la mayoría. El hecho era que prácticamente no había nadie en la Bastilla. La representación popular tendría que hacer creer que la Bastilla estaba llena de pobres, víctimas torturadas por un monarca autocrático. De hecho, estaba casi vacía de prisioneros. Las únicas personas había para ser liberadas eran cuatro falsificadores, dos lunáticos y un pervertido que había sido encerrado a petición de su propia familia. Las verdaderas víctimas fueron los desafortunados hombres que sólo hacían su trabajo de proteger la prisión. Todos los 120 soldados fueron brutalmente masacrados por la turba hacha en mano, y al gobernador le cortaron la cabeza y la clavaron en una pica. Este fue el comienzo sangriento y sin gloria del horrible baño de sangre conocido como la Revolución Francesa.
Toma de la Bastilla, pintado en 1793 por
Charles Thévenin, Museo Carnavalet.
El episodio es tan ridículo que casi sería una ocasión para reír si no fuera por la muerte y el horror que significó. La Bastilla no era una espantosa cámara de tortura llena de infelices que debían ser salvados por la multitud rebelde. Se trataba de un bastión decadente de un par de locos y unos pocos delincuentes de poca monta. Las verdaderas víctimas fueron los hombres que vestían el uniforme del rey, que fueron ferozmente atacados por una multitud que no había encontrado lo que esperaba. Después ellos demolieron la Bastilla y por eso que se trata de la farsa ridícula, por la que turistas de todo el mundo vienen a París esperando ver a la famosa Bastilla sólo para que les digan que ese lugar no existe desde un par de siglos. De nuevo, más que algo apropiado para una celebración se trata de una farsa, basada en una mentira acerca de un período de la historia que fue más sangriento que glorioso, que fue más de libertinaje que de libertad, más acerca de la maldad que de la igualdad y más acerca del fratricidio que de la fraternidad. ¿Qué podría ser mejor para un día de fiesta de la República Francesa cuando se piensa en ello?
Por supuesto, el verdadero motivo de celebración será cuando Francia rechace las mentiras y las ilusiones de la Revolución y regrese a la senda de Dios, de la gloria y del Antiguo Régimen.
¡Viva el rey!

Extraído de: The Mad Monarchist, traducido por LDP

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