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Sin comunicar en sus obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas y reprobadlas (Efesios 5, 11)
viernes, 13 de marzo de 2015
Retorno al Orden, un libro de gran interés (y video en inglés)
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martes, 9 de diciembre de 2014
Libro: LA VERDAD DE LO QUE LE OCURRIÓ A LA IGLESIA CATÓLICA DESPUÉS DEL SEGUNDO CONCILIO VATICANO
martes, 18 de agosto de 2009
La cara oculta de la Revolución Francesa

Septiembre de 1792 :.. 1400 personas -detenidos políticos- son masacrados en París por los agentes de la Revolución. Mientras tanto, elaboraban las Declaraciones de derechos humanos ....Principalmente desde hace veinte años, una revisión radical de parte de los historiadores ha empañado gravemente la reputación de esta vieja gloria. Desde los años sesenta, Francois Furet, un hombre de izquierdas que adhirió al liberalismo, había hecho una brecha en el catecismo revolucionario de Soboul y los historiadores marxistas. Después de una larga reflexión, concluyó, justo antes de las celebraciones, en su Diccionario crítico de la Revolución Francesa, publicado en 1988, que el proceso revolucionario, en el nombre de la "soberanía indivisible", llevaba en sí los gérmenes del terror. Si la Revolución no era el "bloque" que había querido imponer Clemenceau a los Republicanos de la III República, el episodio sangriento no era solamente un resbalón a la deriva..
Entre la pléyade de autores que han contribuido al Libro Negro de la Revolución Francesa se encuentran numerosos historiadores de renombre que han participado en los últimos decenios en la "deconstrucción" de la mitología revolucionaria -Pierre Chaunu, Jean-Christian Petitfils, Jean de Viguerie, Jean Tulard o Emmanuel Le Roy Ladurie- , para no citar más que algunos; pero también excelentes plumas como Reynald Secher, Jean Sévillia, Jean des Cars o Frédéric Rouvillois. Cada uno de los artículos tienen un valor innegable y el trabajo en su conjunto se caracteriza por su riqueza y su altura de miras.
La primera parte, centrada en los hechos, trata de materias tan diversas como la soberanía, la iconografía, la herencia del terror, el 14 de julio, la divisa "libertad, igualdad, fraternidad", el vandalismo, la persecusión anti-religiosa o Saint-Just, objeto de fascinación por parte de ciertos fascistas.
Desde sus inicios la Revolución ha suscitado una intensa reflexión y ha sido objeto de muchas generalizaciones. De ahí el interés de la segunda parte, de gran originalidad, que trata del impacto de esta crisis en los espíritus. Entre los autores estudiados figuran los contra-revolucionarios, aunque no únicamente: Joseph de Maistre, Rivarol, Malesherves, Chateaubriand, Balzac, Baudelaire, Augustin Cochin, Maurras, Bainville, Péguy, Nietzsche, Hanna Arendt.
El genio literario o filosófico ha encontrado en la Revolución Francesa un objeto a su medida. Es de una crítica radical a la modernidad. Es por ello que la tercera parte presenta una antología de textos inéditos o poco accesibles.
Destruid la Vendée!.
"Destruid la Vendée" (Barrère, julio de 1793); "La Vendée debe convertirse en un cementerio nacional" (Turreau); "Serán todos exterminados" (Carrier); "Esa raza es maldita" (Lequinio). De hecho, la población vendeana sufrió un intento de erradicación espantosa. Prisiones, campos de trabajos forzados y barcos prisiones que se echaban a pique. Para acelerar los procesos se recurría a la guillotina o a los fusilamientos masivos y a los ahogamientos. Mujeres y niños no escapaban a la carnicería. Los revolucionarios mismos relataron las peores atrocidades. Sobre una problación estimada de 815.000 personas, la Vendée perdió al menos 117.000 miembros, consecuencia de un "populicidio", cuyos métodos inspiraron en el siglo XX a Lenin y a Pol Pot.
¡Cómo nos han mentido! Cerca del 80% de las víctimas de la guillotina pertenecían al pueblo...Es muy revelador que Le Cerf, una editorial católica de reputación universitaria, sea el origen de este proyecto, y que el editor, Renaud Escande, sea un (joven) religioso dominico. Como si un tabú o una inhibición hubiera saltado de la esfera eclesiástica a propósito de ciertas materias.
La Iglesia católica, es verdad, ha pagado un penoso tributo con la persecusión anti-religiosa, que fue de una extrema crueldad. De ella perecieron ocho mil sacerdotes, religiosas y religiosos, y muchos millares de laicos. Precisamente uno de los intereses de este libro es dar un esclarecimiento espiritual (una obra reciente se titula asimismo los orígenes religiosos de la Revolución Francesa). Otro signo de una evolución de mentalidades: el artículo del filósofo Michäel Bar-Zvi, muy crítico sobre la ambiguedad de la Revolución Francesa respecto de los judíos.
El Libro negro de la Revolución Francesa es como un eco o un prolongamiento de la obra que tanto ruido hizo hace algunos años: El Libro negro del comunismo. Los historiadores que dirigió Stéphane Courtois participaron ahora con un artículo notable sobre la Revolución Francesa como "inspiradora de la Revolución de Octubre". El modelo original explica por qué el descrédito y la caída del comunismo salpicaron bajo la forma de sospecha sobre la Revolución Francesa. De ahí viene la crisis moral e intelectual de la izquierda francesa, pues ella ha quedado sin salida.
En Francia, la Revolución ha quedado vinculada a la memoria nacional, pero de una manera edulcorada (...) Parece que nuestra Revolución, que en su tiempo fue vector de lo universal, ha devenido en una excepción francesa (...) Y es que al contrario de la política revolucionaria de la tabla rasa, nuestra herencia, en su profundidad y complejidad, es lo que es hay que saber reconquistar.

"Qué palabras -escribe Alexandre Gady- podrían expresar la emoción de la fisonomía de una Virgen con un niño del siglo XIII destruida a golpes de martillo? Qué descripción podría hacer sentir la amplitud de una catedral medieval dinamitada y reducida a un montón de piedras?. En el Libro Negro este profesor de la Sorbonne estudia el vandalismo revolucionario. No hay una iglesia, un castillo o una ciudad que no lleve su marca. Junto a los objetos y monumentos religiosos las destrucciones más sistemáticas se concentraron en las efigies reales. A excepción de una estatua de pie de Luis XIV, de Coysevox, salvada por milagro, no quedó ni una sola de las estatuas ecuestres o pedestres que ornamentaban los palacios reales y los edificios públicos. Fueron todas derribadas, destrozadas, dispersadas, fundidas.
(Le Figaro Magazine, edición del 9 de febrero del 2008, pp.70-71. La traducción es nuestra. Original en francés en http://www.scribd.com/doc/2063600/8b10-FigMag-Libreo-Negro-Revolucion-Francesa)
martes, 24 de junio de 2008
La Vendée: El genocidio en nombre de la Libertad
Un Chouan: campesino Vendeano
El sufrimiento y muerte de los católicos en la Vendée no fue en vano. Ellos lograron una gloriosa victoria, ya que finalmente, a causa del heroísmo que mostraron, la persecución anti-católica de 1790 fracasó. La Iglesia en Francia fue supuestamente erradicada. Sin embargo, ella tomó nueva vida. Como decía Tertuliano, “la sangre de mártires es la semilla de la Iglesia”. En 1801, cuando Napoleón concedió la libertad de culto a todos los católicos de Francia, aquello fue visto como la victoria de la Vendée.
Estos dos libros de Michael Davies y Reynald Secher se complementan mutuamente. “Por el Altar y el Trono” de Davies es una introducción a esta épica historia, una visión general. Es un vistazo, un relato emocionante de la heroica resistencia católica de 1793 y del posterior genocidio. Davies tomando una amplia perspectiva, muestra las evidencias basado en sólidas y bien documentadas historias publicadas en Francés e Inglés. “El Genocidio Francés” de Secher es una detallada, y cercana descripción de los eventos, basado en los testimonios “ricamente e insospechados” de falsedad de los archivos nacionales, departamentales y comunales de Francia. Secher los obtiene de los testimonios de los campesinos católicos y de los informes de los oficiales encargados del genocidio; él muestra con mapas y gráficos de cómo muchos murieron y cuántas propiedades fueron destruidas en cada localidad.
El impacto de estas dos obras es abrumador. Los historiadores han dejado al margen o minimizado este genocidio, a veces (como sucede con Michelet) hasta han culpado a las víctimas. ¿Por qué? Porque esto no encaja con el mito ateo – de que los católicos son los perseguidores, mientras que los ateos y liberales son los tolerantes. La historia del genocidio Vandeano es incluso muy necesaria para corregir el interminable vitoreo ofrecido desde 1989 por causa del bicentenario de la Revolución Francesa. Hubo una horrible cara oculta de la Revolución, un corazón tenebroso.

Cuando la Asamblea Nacional reemplazó a los sacerdotes heroicos que se habían rehusado a jurar la “constitución civil del clero”, los campesinos Vendeanos se negaban rotundamente a ir a la iglesia. Los padres de niños recién nacidos tuvieron que marchar a punta de pistola para ir a bautizarlos a las pilas bautismales. Secher relata una conmovedora anécdota que revela la profundidad de la adhesión que los campesinos tenían a los verdaderos pastores. Un domingo, en Saint-Hilaire-de-Mortagne, un sargento encontró a unos feligreses arrodillados en silencio en el cementerio porque su iglesia había sido cerrada. El sargento le preguntó a un viejo campesino qué era lo que estaban haciendo ahí, y el campesino explicó: “Cuando nuestro cura nos dejó, nos prometió que todos los domingos a esta misma hora diría la Misa por nosotros donde sea que se encontrase”. El sargento reaccionó con desprecio: “¡Imbéciles supersticiosos!” creen que escucharán la Misa desde el lugar en que él esté”. El anciano respondió dócilmente: “La oración viaja más de cien leguas, desde ya que asciende desde la tierra al cielo”.
Muchos de los sacerdotes Vendeanos que se habían rehusado jurar retornaron a sus ciudades natales y vivieron en la clandestinidad entre sus parientes y amigos. Ellos decían Misa en graneros, en áticos o en bodegas. Ellos tenían un precio sobre sus cabezas, pero confiaban en la protección de los campesinos. En virtud a una ley aprobada en agosto de 1792, fueron ofrecidas 50 libras como recompensa por la captura de algún sacerdote no juramentado. Los municipios podían incrementar la recompensa a 100 libras.Lo que finalmente desencadenó una resistencia generalizada entre los campesinos católicos de la Vendée fue que la Asamblea nacional ordenó a comienzos de 1793 que 300.000 hombres fueran reclutados para el ejército nacional. Esto fue el colmo – los obligaron a unirse a las tropas para que fueran a la caza de sus sacerdotes.
Una ilustración de Thomas Brennan puesta en el libro de Davies muestra la bravura y garbo de los líderes católicos. Ellos eran unos caballeros. El Marqués de Bonchamps, por ejemplo, pidió como último deseo antes de morir a los 33 años, que fuesen liberados los soldados gubernamentales que habían sido capturados. Cerca de 5.000 prisioneros fueron liberados, mientras que por el lado del gobierno, 29 carros de prisioneros católicos fueron ahogados en el depósito de Vihiers. Era difícil para el ejército católico acatar un código de honra frente a las incesantes atrocidades de sus enemigos. Los prisioneros liberados por Bonchamps devastaron La Chapelle, donde habitaban en aquél entonces ancianos, mujeres y niños.
El genocidio de los católicos Vendeanos no puede ser registrado como hecho por un ejército que se volvió loco. Fue un programa de aniquilación ordenado por los líderes del ateísmo dogmático. La Convención Nacional tomó la fría decisión de que los católicos Vendeanos “deben ser exterminados de la faz de la tierra”. Ordenaron a las tropas nacionales a dividirse en columnas y marchar a través de la región oeste de Francia destruyendo a todos y a todo – ancianos, mujeres y niños, incluso a los “patriotas” (así denominaron los revolucionarios gubernamentales a aquellos que en la Vendée se les opusieron) quienes incluso imaginaban que estarían a salvo mostrando sus certificados de lealtad otorgados por el gobierno. La región se transformó en un cementerio nacional que sirve como lección para todos los católicos en Francia. Ninguna persona, ninguna propiedad fue perdonada. Incluso los bosques intentaron incendiarlos. Esto no ocurrió debido a la incesante lluvia.
Nadie que haya leído las horribles descripciones detalladas por Secher sobre el genocidio de la Vendée puede atreverse a negar la existencia del Pecado Original. Aquí nos enfrentamos al corazón de lo más obscuro que hay en el hombre. Un oficial de policía llamado Gannet escribió cómo vio como eran arrojados mujeres y niños dentro de hornos y cómo sus llantos eran “causa de entretención" para los soldados de Turreau que quería “continuar con sus placeres” incluso corriendo detrás de las victimas católicas para atraparlas. Entonces ellos procedieron a arrojar a 23 esposas de “patriotas verdaderos” dentro del fuego. Otro entretenimiento monstruoso consistía en lanzar a las mujeres por las ventanas para que cayeran sobre las bayonetas. En Angers las pieles de 32 víctimas fueron utilizadas para fabricar monturas para los oficiales, y en Meudon, se hizo la comparación entre la elasticidad de la piel de los hombres y de las mujeres.
El ejército del Sagrado Corazón de Jesús
Hace unos años se realizó una conferencia sobre la Sociedad del Siglo XVIII, escuché a una mujer decir al público citando una máxima de los filósofos franceses de ese siglo: “Los hombres finalmente serán libres cuando el último sacerdote sea estrangulado con las tripas del último de los príncipes”. En dicha ocasión, le pregunté a ella por qué citaba eso como dándole su aprobación, cuando era obviamente una muestra del anti-catolicismo intolerante. Ella negó rotundamente que aquello era fanatismo intolerante. Incluso argumentó que aquello era una respuesta legítima frente a la tiranía católica. Más aun, ella hizo oídos sordos antes otros argumentos. Esto es un ejemplo, si necesario fuese, del dogmatismo anti-católico que prevalece en las universidades de hoy. Desde que no hay príncipes que proporcionen entrañas para el entrenamiento de los ateos dogmáticos, les queda sólo estrangular al sacerdocio católico de otra manera.

Francia Real








