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Sin comunicar en sus obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas y reprobadlas (Efesios 5, 11)
viernes, 13 de marzo de 2015
Retorno al Orden, un libro de gran interés (y video en inglés)
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martes, 18 de septiembre de 2012
La ceremonia de clausura de los para-olímpicos: una dedicatoria al dios sol (ritual illuminati), 3ra. Guerra Mundial (inglés)
Fuente: scrawny2brawny
viernes, 15 de junio de 2012
Mitos al descubierto. Requetés: soldados de otro siglo
viernes, 24 de febrero de 2012
DISCERNIENDO LOS ROLES HISTÓRICOS DE LAS NACIONES

Basados en los presupuestos establecidos en nuestro artículo anterior acerca del dinamismo de las personas y de los pueblos, pasamos a examinar cómo se forma y desarrolla una nación, condicionado por una regla y una situación que son de una belleza extraordinaria.
La historia se puede comparar con un gran teatro representado de muchos episodios y actores. Un actor puede permanecer por algún tiempo detrás de las cortinas, preparándose para el momento en que él entrará en escena y representará su papel. Su entrada marca el curso de la obra. Luego él se retira y no vuelve a aparecer. Pero el recuerdo de su actuación permanece, y a veces alguien hace referencia a él a pesar que la obra continúa con otros actores y eventos.

Lo mismo ocurre con las naciones. Yo diría que la acción preexiste a su papel histórico. Ella permanece en una formación embrionaria, en una especie de desempeño nebuloso que en ocasiones revela su rol futuro, pero que sólo saldrá a luz cuando llegue su hora. Cuando ese momento llega a una nación, ella asume todo su carácter y entra en la historia. Después de ejecutar el rol designada para ella, se retira detrás de las cortinas y a menudo se convierte, dependiendo del caso, en una nación normal que conserva los recuerdos de aquella gran hora cuando desempeñó su importante rol. O simplemente puede desintegrarse en el polvo de la historia. Ello dependerá de las circunstancias y de los designios de Dios.
En este sentido, la divina providencia actúa de dos maneras diferentes que se entrelazan armónicamente para lograr el mismo designio. En un caso, la providencia sigue el orden natural de las cosas sin intervenir para premiar o castigar a la nación. En el otro, Dios interviene y actúa sobre el orden natural para recompensar o castigar. Los premios y castigos también se entrelazan y forman la post-historia de una nación.
Por ejemplo, considérese Egipto. Sin lugar a dudas Egipto re-emergió en la historia con una especie de post-historia así como viajar por el mundo se volvió popular y se desarrolló la arqueología en el siglo XIX y a comienzos del XX. Este fue el periodo de Jean-François Champollion y su descubrimiento de cómo descifrar los jeroglíficos egipcios. Ese también fue el periodo cuando Inglaterra acumuló una enorme colección de obras de arte egipcias descubiertas en las excavaciones arqueológicas. En consecuencia, el Museo Británico jugó un papel importante en el desarrollo de la egiptología moderna. Estos factores ayudaron a volver a poner la atención en aquella antigua historia que parecía enterrada para siempre en las arenas del desierto africano.
Por lo tanto, esos descubrimientos marcaron los tiempos modernos de una manera que los egipcios nunca habrían imaginado en el mismo momento en que la Revolución conspiraba para destruir toda la grandeza que existe sobre la tierra; la imagen del antiguo Egipto resurgió con sus grandezas y misterios.
Cuando la Revolución Francesa se extendía por todo Occidente predicando sus utopías de fraternidad universal y tratando de aniquilar todo lo que simbolizara grandeza, el Egipto volvió al escenario como para decir: “No importa cuánto trates de hacer para alcanzar tus mezquinas utopías, porque cuando veáis mis pirámides y esfinges entenderéis la futilidad de tus esfuerzos”. El mesianismo revolucionario basado en las revoluciones industrial, eléctrica y electrónica nunca igualarán esas monumentales obras del pasado.

En muchos aspectos el prestigio de la Esfinge redujo el destaque y prestigio de la Estatua de la Libertad. Las almas de muchos habrían tenido un mayor entusiasmo por la Revolución si no hubiese entrado la Esfinge en la escena. Ella es un símbolo eminentemente selectivo que invita al hombre a descifrarla, y el mundo pertenece a los hombres que pueden descifrar las situaciones. Sólo esos hombres son capaces de conducir y gobernar a los otros.
No estoy diciendo que con esos descubrimientos se detuvo la marcha de la Revolución, sino que su avance habría sido más rápido si el misterio y la grandeza del antiguo Egipto no hubiesen resucitado.
Con esto tenemos un ejemplo de la post-vida de un pueblo. En su propio tiempo, Egipto salió de detrás de las cortinas de la historia para entrar en la escena; entonces, desempeñó su parte, marcó la época de la Antigüedad y regresó a dormir en las sombras de la historia. Entonces, 2000 años después, Egipto vio un nuevo nacimiento y de nuevo tuvo una fuerte influencia en la historia. Su rol ―en su vida y en su post-vida― constituye un conjunto fabuloso que continúa modelando la vida y la historia.
Otro ejemplo de grandeza, que carece del carácter monumental de Egipto, es el palacio de Versalles. Por su simple existencia, Versalles desempeña un rol destacado en la polémica contra la Revolución Francesa. Esta polémica está, por así decirlo, dirigida personalmente por Luis XIV. El palacio se encuentra ahí en Versalles como si Luis XIV les estuviera diciendo a los revolucionarios: “¡Esta es la grandeza de Francia!, si tenéis el valor, venid y vedla, y entonces sabrás que lo que hiciste no tiene grandeza”.
Los revolucionarios franceses que invadieron Versalles pensaron que definitivamente habían arrasado el palacio. Ellos no entendieron que, al igual que un fantasma gigantesco, Luis XIV con su grandeza y personalidad, los derrotaría cerniéndose para siempre sobre ese lugar.
Estas acciones no dirigen la historia, pero disminuyen el dinamismo de la Revolución en la historia; y al hacerlo, desempeñan un rol en la orientación de la misma.


Cuando las piezas grandiosas del pasado como las de estos ejemplos emergen desde la tumba de la historia y se vuelven a representar en el escenario, la única cosa que los revolucionarios pueden hacer es callar y dejar que la historia proyecte su imagen del pasado. Más tarde, ellos harán todo lo posible para borrar la historia y reiniciar su desempeño revolucionario. Estas naciones muertas del pasado surgen desde sus sepulturas trayendo mensajes que no se pueden discutir, al igual que los justos después de la muerte de nuestro Señor Jesucristo se levantaron de sus sepulturas para reprochar a los judíos por el deicidio que cometieron. Cuando ocurre una de esas resurrecciones, ella es incontestable.
Estas son algunas de las reglas de cómo actúa el pasado sobre el presente e influye en él. Las crónicas históricas sólo desempeñan un rol modesto; las piezas desempeñadas por el simbolismo y la memoria son más representativos e influyentes.
Continuará…
Véase la primera parte de esta serie haciendo click aquí.
Publicado originalmente en TIA
viernes, 21 de agosto de 2009
La Contra-Revolución desde la perspectiva de Fátima – 2ª Parte
Es su tragedia porque Ella es una verdadera Madre que se apareció a sus hijos para advertirles de un castigo y de la marea de pecados que habían llegado a lo inadmisible. Ella enseguida les predijo la llegada del comunismo y la difusión de los errores de Rusia en todo el mundo. Una de las cosas que la Virgen señaló específicamente fueron las modas inmorales. Si comparamos las modas de 1917 con las que vemos hoy en día, podemos entender cuán lejos se ha descendido en la infamia.
Muchas partes de las profecías de Fátima se han cumplido. Hoy en día, ninguna parte del mundo está inmune de la influencia del comunismo que procede de Moscú. Todos ya conocen la historia de Fátima. ¿Quién no ha oído hablar del milagro del sol, que fue una manifestación simbólica de la magnitud de los castigos que vendrán si el mundo se niega a escuchar sus advertencias?
En 1917 la Virgen advirtió contra una inundación de modas inmorales. En la foto: jóvenes de hoy en una vigilia papal en BaltimoreCompasión por Nuestra Señora
¿Cuál es la actitud correcta que debemos tomar frente a este panorama?
Una cosa es invariable. Todos los padres se preocupan de sus hijos y de su familia; se preocupan y se inquietan sobre su futura perseverancia y fidelidad. Podemos decirles que esto es natural y razonable. Creemos que la Virgen tendrá misericordia de ellos y de sus hijos. Pero vayamos un paso más allá.
Con respecto a ellos y a nosotros, ¿no deberíamos nosotros actuar también con misericordia para con Nuestra Señora? Sobre todo nosotros, que somos contra-revolucionarios, consagrados a Nuestra Señora y dedicados a su causa, ¿no deberíamos también tener para ella compasión de sus dolores y sufrimientos? ¿No deberíamos tener simpatía por ella al ver la crisis de la Iglesia y del mundo moderno? ¿No es el dolor que ella sufre mayor que el de todos nosotros juntos? San Luis de Montfort dice que Nuestra Señora nos ama a cada uno de nosotros – incluso el menos importante de todos – con un amor mayor que el de todas las madres del mundo por todos sus hijos. ¿No deberíamos abrir nuestros ojos y atender sus necesidades y suplicas a cambio? ¿No deberíamos tratar de abrir nuestros ojos a la depravación del mundo moderno?
San Luis de Montfort (1673-1716) describe su tiempo como una época de iniquidad. Desde entonces, hemos experimentado una verdadera avalancha de males: la Revolución Francesa, la Revolución Comunista, y el nuevo monstruo de la 4ª Revolución, trayendo consigo la virtual disolución de la sociedad. ¿No es hora que debamos dejar de engañarnos sobre la supuesta normalidad y bondad de quienes nos rodean y participan en esta infamia? ¿No deberíamos sentir más horror por la magnitud de la ofensa que está siendo cometida contra la Iglesia, contra la Civilización Cristiana? Frente a todo esto, ¿no deberíamos tener compasión por la Virgen, ella que estuvo al pie de la Cruz sola, llorando, la Madre de la Angustia y la Tristeza?
Debemos tener compasión por la Virgen que sufre al ver la crisis del mundo y de la IglesiaSalvar nuestra alma no es suficiente
No es suficiente para nosotros tener como ideal de nuestras vidas sólo salvar nuestras almas y la de nuestros hijos. Esto es legítimo, santo e indispensable. Como dice San Pablo, ¿de qué le vale al hombre ganar el mundo si pierde su alma? No podemos elogiar suficiente los esfuerzos de un hombre para salvar su propia alma y la de los miembros de su familia.
Pero también tenemos que ver el deber que tenemos en frente de la totalidad de la gloria de Dios, en frente a los sufrimientos de Nuestra Señora, frente a la invitación que Ella nos hace de sufrir con Ella y de luchar por Ella. Aquellos que luchan por Ella, tomando una posición contra-revolucionaria, deberían esperar ser calumniados y maltratados por amarla a Ella.
Todos queremos abundantes gracias para nuestras almas y las almas de nuestros hijos y familiares. Entonces, una buena manera de obtenerlas es preocuparse por los demás, comprometerse en la más grande lucha por la Iglesia Católica, de manera que las almas de muchos otros se salven también. Cuando contribuimos a la salvación y progreso de toda la causa católica, nuestras almas progresan. Esto significa que debemos luchar para vencer este asalto satánico llamado Revolución y para apoyar y estimular las gracias que la Virgen quiere dar para establecer su Reino.
No debemos olvidar esas gracias que obran conversiones. El hombre no puede hacer ningún acto bueno sin la asistencia de la gracia de Dios. Cuando una acción es hecha por amor de Dios, cuando el motivo es sobrenatural, la persona que realiza esa acción, debe haber recibido una gracia.
Ahora, cuando hacemos las buenas acciones de hacer sacrificios para luchar por la Contra-Revolución, es porque hemos recibido una gracia. Por lo tanto, es Dios quien nos llama para esta causa. Es una elección gratuita y una gracia. Si somos llamados a esta lucha, entonces somos llamados a participar de las tropas de elite intelectuales y espirituales de Dios. Para esta misión sólo es necesario ser elegidos por Él y no tener títulos ilustres o cualidades brillantes.
Esta lucha es específicamente una obra sobre la opinión pública. Somos, entonces, socios en una lucha, y no deberíamos preocuparnos de las rizas y ridículos del mundo. Tenemos que ser los que van con entusiasmo a la lucha enfrentando cualquier obstáculo hacia el objetivo final.
La opinión pública y la defensa del Reino de María
El Reino de María vendrá. Vamos a ver el comienzo de otra fase de la Historia. Esto exigirá un tipo de lucha diferente para defender el orden tan costosamente ganado. En aquellos días que vendrán, tendremos que estimular a aquellos que sean débiles en resistir las nuevas tentaciones que surgirán.
La Revolución y la Contra-Revolución, dos mentalidades en oposición irreconciliablePor lo tanto, tenemos dos fuerzas antagónicas en juego, la Revolución y la Contra-Revolución. Tenemos dos conjuntos de valores y principios en oposición irreconciliable. Hoy, en este choque, todo el que se atreva a actuar de manera diferente o se desvíe de las ideas revolucionarias que prevalecen es y será objeto de una persecución implacable.
Sin embargo, la presencia de una sola persona que, con toda convicción, se opone al ambiente, estilo o ideas revolucionarias, hace que todos los demás se sientan incómodos. El rompe el consenso. El efecto de un rostro adusto en una fiesta, a menudo mata la fiesta. De la misma manera, el efecto de quien se niega a acompañar la euforia de un ambiente revolucionario pone un freno en la atmósfera general. Este es un punto muy importante que recordar: la Revolución no soporta la oposición; esta vive teniendo la unanimidad de su lado.
Además, la presencia de la Contra-Revolución en cualquier panorama revolucionario, abre un nuevo polo de atracción. Abre nuevos horizontes en las mentalidades de aquellos que no están totalmente convencidos acerca de las maneras de ser revolucionarias. Produce una fisura en el aparente apoyo monolítico a la mentalidad revolucionaria. Este es el primer paso para acercar a nosotros todo un sector del público que estarán interesados en los ideales contra-revolucionarios. Este sector puede llegar al punto de adoptar nuestras maneras de ser y de actuar, que son los de la cultura romana católica.
La primera condición para mover exitosamente a la opinión pública, es que nosotros no nos avergoncemos o preocupemos de que se rían, nos persigan o ridiculicen. Debemos ponernos de pie e interrogar a la Revolución y presentar nuestros argumentos frente a sus sonrisas y ridículos. Tomando esta postura valiente, también abrimos las puertas para encontrar a aquellos que están dispuestos a ser contra-revolucionarios y participar en esta lucha por Nuestra Señora hasta el final del camino.
Lo que es necesario para este momento de la historia son almas que respondan al llamado de la Virgen, almas que se lancen en cuerpo y alma en la lucha, la Contra-Revolución y el trabajo sobre la opinión pública.
domingo, 16 de agosto de 2009
La Contra-Revolución desde la perspectiva de Fátima – 1ª Parte
Se puede decir que la calidad del trabajo desarrollado por el hombre refleja su estado de salud o de enfermedad e indica el tipo de dolencia que está padeciendo. Cuando la sociedad, que está compuesta por hombres, llega a un determinado punto de enfermedad social en que las familias en gran medida se ven socavadas, entonces se puede hacer cualquier cosa para curar los males de esa sociedad – reforma, medidas legales, campañas contra la droga y el aborto, etc. – sin embargo no podrá ser curada mientras no sean curadas las personas de su lepra moral. Lo que se necesita es una renovación moral de cada órgano del cuerpo social. Sin esto no hay solución para el problema en su conjunto.
La sociedad post-moderna, infiltrada por el neo-paganismo, avanza implacablemente hacia su destrucción final. Precursores de esa destrucción son sus modas, arquitectura, su música, su arte y forma de expresarse. Estas son expresiones de la 4ª Revolución,[1] la revolución hippie anárquica, que tiende a dominar todos los campos de la sociedad. Esta mentalidad y estilo de vida ha penetrado todas las fibras del Estado y es la autogestión en cada aspecto de la sociedad.
[1] En su libro Revolución y Contra-Revolución, el Prof. Plinio describe las cuatro Revoluciones: la Revolución Protestante, la Revolución Francesa, la Revolución Comunista y finalmente la 4ª, que es la Revolución de los ’60 caracterizada por la cultura hippie, la autogestión y el estilo de vida tribal.
La 4ª Revolución: costumbres tribales que conducen al satanismoLa forma de ser contra-revolucionaria
Esto es lo que la Revolución tiene para el mundo moderno. Lo que debemos simbolizar es algo totalmente diferente. La Contra-Revolución es la afirmación de un ideal, la victoria de la civilización cristiana. Esta afirmación debe ser hecha con entusiasmo, confianza y con la certeza de la victoria que la Santísima Virgen prometió en Fátima en 1917.
Es un ideal expresado por una manera de ser, pensar y actuar y un espíritu que trasmite la voluntad de afirmar este ideal abierta y completamente. Es la voluntad de enfrentar todo lo que se opone a los valores perennes que encarnan este ideal.
Esto no significa necesariamente un enfrentamiento físico. La Historia nos muestra que el enfrentamiento físico no necesariamente es la más heroica y efectiva forma de confrontación o el mejor medio para alcanzar un objetivo.
La noble lucha de hoy es mantener en alto los ideales contra-revolucionariosSi el partido de la buena causa no es capaz de convencer al otro, entonces trata de poner a su lado el más grande sector de la opinión pública que pueda. Este es el enfrentamiento más noble del espíritu y de la inteligencia: el lado que defiende la verdad hace una afirmación que prevalece sobre el lado opuesto superando así al error. En pocas palabras, Nuestro Señor Jesucristo aplasta a su enemigo.
Este es el más noble de todos los enfrentamientos: es la lucha de la Contra-Revolución. Es nuestra misión de aceptar esta lucha y participar de ella. Es la cumbre de la lucha católica, esta es la obra a la que estamos llamados.
Una lucha por la Virgen
Sobre todo, esta manera de actuar es una lucha por la Virgen, que es la Reina de toda la creación, la más perfecta de todas las criaturas de Dios. Ella es la Madre de Dios, la Madre de la Santa Iglesia, y es bajo su bandera que nos enlistamos en nuestra lucha por Nuestro Señor Jesucristo. Esta lucha ideológica es su lucha – aplastar al error, la aniquilación completa de la serpiente y sus mentiras. Es Ella que aplasta a la serpiente bajo su talón. Ella es el símbolo de la victoria final.
Es cierto que la Virgen venceráEn esta lucha, podemos tener la certeza de una cosa: que las promesas de Fátima se realizarán. Son promesas de victoria y alegría para aquellos que tienen fe y confianza, para aquellos que han esperado y sufrido, son las promesas del triunfo final de la causa de la Virgen, de la Contra-Revolución.
Para aquellos que se cierran a su voz, esas mismas promesas son promesas de castigo y derrota. Pero lo cierto es que Ella triunfará. Las gracias que recibimos son precursoras de su Reino. Ellas nos deberían dar el valor y la determinación para avanzar en el combate, para incrementar nuestro entusiasmo por ello y para aumentar nuestra confianza en la victoria final de la Contra-Revolución, sin importar los obstáculos que aparezcan.
miércoles, 24 de diciembre de 2008
Plinio Corrêa de Oliveira
El Contrarrevolucionario del Siglo XX - El Precursor de los Siglos Futuros
Homenaje de Tradición y Acción en su Centenario
13/12/1908 - 13/12/2008
Si Brasil, su patria, no es hoy una inmensa Cuba; si varias naciones de Iberoamérica evitaron ese triste camino, o se salvaron in extremis de una catástrofe sin retorno, ello se debe en apreciable medida a la acertada acción doctrinaria y a la oportuna denuncia que Plinio Corrêa de Oliveira -en nombre de la Fé - hizo del "izquierdismo en la Iglesia" y del "comuno-catolicismo".
Con ello erosionó la indispensable base de sustentación -las mayorías católicas- que el comunismo necesitaba para imponerse en América Latina. Y que obispos rojos, como Mons. Helder Cámara y el Cardenal Silva Henríquez, o sacerdotes guerrilleros, como Camilo Torres y los curas tercermundistas, intentaban con tanto ahínco regimentar.
Si América Latina entera hubiera caído en el Comunismo -y cerca lo estuvo- muy distinta sería la situación del mundo. Una América Latina comunista hubiera dado un nuevo ímpetu, real y psicológico, al imperio soviético. Y una URSS refortalecida no hubiera entrado en el proceso de autodemolición en que se vio envuelta. Por el contrario. Recordemos que en el auge de esa embestida, los Estados Unidos eran gobernados por el entreguista Carter, que en Europa los alemanes adoptaban la Ostpolitik, estrategia de colaboración y abertura con el comunismo que también asumía, desde la esfera religiosa, el Vaticano; las grandes potencias practicaba la política suicida del “Ceder para no Perder” frente al comunismo. Años después vendría la reacción que encabezarían desde la esfera gubernamental Reagan y Thatcher.
En este centenario del nacimiento de Plinio Corrêa de Oliveira, ocurrido el 13 de diciembre de 1908, Tradición y Acción por un Uruguay Auténtico, Cristiano y Fuerte, que encarna en Uruguay los ideales de Tradición Familia y Propiedad y continúa la límpida tradición que la TFP uruguaya siguió hasta 1995, quiere homenajear a este insigne pensador católico y atinado hombre de acción, recordando algunas acciones de la importante y decisiva contribución que realizó a favor de nuestro País, del Mundo y de la Iglesia.
Es mérito suyo, porque en él se inspiraba, la acción que con igual objetivo y usando semejantes métodos desarrollaron las Sociedades de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP) y entidades afines, que contribuyeron de modo decisivo para que el comunismo no consiguiera tampoco imponerse, a pesar de haber estado a un tris de ello, en otros países de América del Sur, tales como Argentina, Uruguay o Colombia; y que, del comunismo se librasen, una vez caídos bajo sus garras, el Chile de Allende, y en alguna medida el Perú de Alvarado y la Bolivia de Torres.
Esa influencia de Plinio Corrêa de Oliveira en América Latina es hoy un hecho histórico registrado en incontables obras académicas, no sólo en el ámbito sudamericano, sino también en trabajos de conceptuadas universidades norteamericanas y europeas.
En agosto de 1961, la revolución cubana se afirmaba internamente y comenzaba a expandirse por América Latina, estimulando la guerrilla y el terrorismo, y estrechando los más variados vínculos políticos y diplomáticos con los países de América. Su primer y más importante objetivo expansionista era Brasil, donde acababa de asumir la presidencia el filocastrista João Goulart. Este, con el apoyo del arzobispo "rojo", monseñor Helder Cámara, de una corriente del episcopado y del clero brasileño, de la agitación agraria y social de aquellos años, de un lado; y la parálisis, el desánimo y el silencio inducidos de los líderes naturales, de otro, se lanzó en un acelerado proceso de comunización de ese país continente, al mismo tiempo que estrechaba relaciones con Cuba castrista y Rusia soviética.
Pronunciamientos públicos de Plinio Corrêa de Oliveira - oportunos, precisos y que apuntaban para el blanco psico político esencial - tuvieron un papel determinante en la reacción católica anticomunista de vastos sectores de la opinión pública brasileña. Entre ellos se destaca el Libro "Reforma Agraria, Cuestión de Conciencia" que, como su nombre lo indica, colocó el grave problema moral que suscitaba el carácter socialista y confiscatorio de la reforma agraria promovida por el entonces presidente brasileño que violentaba dos mandamientos de la Ley de Dios: No Robar y No codiciar los bienes ajenos. Esta acción contribuyó y dio solidez doctrinal a la reacción que se levantaba, reacción que está en la raíz del movimiento cívico-militar que en 1964 terminaría impidiendo que el gigantesco Brasil cayese en el comunismo y arrastrase detrás de sí al resto del continente sudamericano.(2 )
En esa época, en que varios países se debatían infructuosamente delante de la agresión mancomunada entre el terrorismo y la guerrilla, de un lado, y la agresión psicológico-política de la izquierda religiosa de otro, y cuyo ímpetu paralizaba a los naturales defensores del orden, una caída del Brasil en el comunismo, a no dudarlo, hubiera arrastrado detrás de sí a gran parte, si no toda, América Latina. Hubiera sido el peso que inclinase la balanza en favor del comunismo. Con ello la URSS se hubiera visto fortalecida y lejos de entrar en la crisis que la llevaría después a autodemolerse habría tenido las condiciones necesarias que le faltaron para intentar imponer al mundo su terrorífica "Pax Soviética".
El comunismo internacional jugó -a través de América Latina- su gran carta en los años '60 y comienzos del '70, en un supremo intento de dominar el mundo. Estableció estratégicas alianzas con sectores "progresistas" de eclesiásticos y de laicos católicos “comprometidos”, obsesionó al mundo católico con el problema social, logró desconcertar, confundir, entrampar a los sectores conservadores, hizo chantaje con la guerrilla y el terrorismo estremeciendo el continente, y estuvo bien próximo de sus objetivos. Plinio Corrêa de Oliveira no desfalleció, denunció casi solo, cuando muchos callaban o capitulaban, la trama que se tejía. Recordó la auténtica doctrina católica, organizó grandes campañas de recolección de firmas para pedir a S.S. Paulo VI medidas eficaces contra la escalada de la infiltración izquierdista en los medios católicos. 1.600.368 brasileños, incluyendo personalidades civiles y eclesiásticas, se sumaron a esta iniciativa. Con las adhesiones obtenidas en Argentina, Chile y Uruguay se alcanzó el impresionante total de 2.025.201 firmas; de las cuales 37.111 fueron recolectadas por la incipiente TFP uruguaya.
Fueron numerosas las acciones -artículos de prensa, manifiestos, campañas y libros- que él inspiró, sugirió, escribió y coordinó que tuvieron marcada influencia en los acontecimientos de la época en Brasil y América del Sur. Basta recordar en nuestro país el libro-denuncia "Izquierdismo en la Iglesia compañero de ruta del comunismo, en la larga aventura de los fracasos y de las metamorfosis"(3) "La Iglesia del Silencio en Chile"(4), o "La Iglesia ante la escalada de la amenaza comunista: Llamado a los Obispos silenciosos"(5), en Brasil.
Pero, mayor trascendencia tiene en este campo, la histórica Declaración de Resistencia que Plinio Corrêa de Oliveira dio a luz, en la hora quizá más aguda de esta lucha para la conciencia del católico, cuando altas e importantes autoridades eclesiásticas elogiaban Cuba, y el propio Vaticano desarrollaba una política de distensión con los regímenes comunistas. En ese trascendente documento, Plinio Corrêa de Oliveira abre un camino de fidelidad al católico, atribulado ante la presión moral en favor del comunismo hecha por ciertas autoridades eclesiásticas, un camino contemplado por la doctrina católica e inspirado en un famoso episodio protagonizado por San Pablo.
Con el título "La Política de Distensión del Vaticano con los Gobiernos Comunistas- Para la TFP: ¿Cesar la Lucha o Resistir?" mostró a los católicos que debían seguir luchando contra el enemigo de la Iglesia y de la civilización.
En ese documento podemos leer estas nobles y lancinantes palabras dirigidas a Pablo VI:
"Cesar la lucha no podemos. Y es por imperativo de nuestras conciencias de católicos que no podemos. Pues si es deber de cualquier católico promover el bien y combatir el mal, nuestra conciencia nos impone que difundamos la doctrina tradicional de la Iglesia, y combatamos la doctrina comunista (...) la Iglesia no es, la Iglesia nunca fue, la Iglesia jamás será una cárcel para las conciencias. El vínculo de obediencia al sucesor de Pedro, que jamás romperemos, que amamos con lo más profundo de nuestra alma, al cual tributamos lo mejor de nuestro amor, ese vínculo nosotros lo besamos en el mismo momento en que, triturados por el dolor, afirmamos nuestra posición. Y de rodillas, mirando con veneración la figura de Su Santidad el Papa Pablo VI, le manifestamos toda nuestra fidelidad. En este acto filial, decimos al Pastor de los Pastores: Nuestra alma es Vuestra, nuestra vida es Vuestra. Mandadnos lo que quisieres. Sólo no nos mandéis que crucemos los brazos delante del lobo rojo que embiste. A eso nuestra conciencia se opone"
Plinio Corrêa de Oliveira discernió las estrategias comunistas desde sus comienzos y las fue desenmascarando con precisión y coraje una a una, neutralizándolas y haciendo que malograsen durante décadas. Si su pensamiento y su acción nos libró de desastres como los que acabamos de señalar y en cierta forma forzó al comuno-socialismo a modificar su táctica7 nuestro mejor homenaje en el centenario de su nacimiento, y nuestra mejor tabla de salvación frente a los nuevos peligros que amenazan a nuestro país, América Latina y el Mundo, debe ser inspirarnos en él, su vida, su ejemplo, su legado doctrinario, y con esperanza pedir su ayuda y socorro para discernir y enfrentar las nuevas maniobras con que la Revolución nos amenaza hoy.
Con todo, por más importante que sea su trascendencia pública en el Siglo XX, la Cruzada Contra Revolucionaria emprendida por Plinio Corrêa de Oliveira no se agota en lo que él hizo, publicó y conquistó.
El fue mucho más que un anticomunista, fue el Contra-Revolucionario por antonomasia, que supo ver en el comunismo el resultado de un complejo y secular movimiento histórico; una etapa importante, sin duda, pero mera etapa, de una gran Revolución que no se limitaba a la ruso-soviética y sus derivados, sino que era la Revolución por excelencia, cuyo fin es la implantación del Reino de Satanás en la Tierra. El denunció y combatió esa Revolución, fue lo contrario per diametrum de ella hasta en los más mínimos detalles. Pero, sobre todo, fue un Católico Contra-Revolucionario íntegro que con todo su ser deseaba, anunciaba y construía en su alma ese Reino profetizado en las escrituras y por santos, en particular San Luis María Grignion de Montfort, el Reino de María, o sea, la plenitud de la Civilización Cristiana, la restauración completa del Orden que la Revolución vino destruyendo. Él, deseando y procurando siempre nuevos auges y mayores excelencias para gloria de Dios y grandeza de la Humanidad explicitó y enseñó preciosas doctrinas, gran parte de las cuales aún inéditas
¡Que la Santísima Virgen, de la cual fue insigne devoto, nos ayude a seguir su ejemplo y a encontrar en él el camino en esta hora en que el caos y la descomposición social se abaten sobre el mundo y apresure el día bendito del advenimiento de Su Reino anunciado en Fátima!
2- Cfr., entre otros, Thomas Niehaus & Brady Tyson, "The Catholic Right in contemporary Brazil: the case of the Society for the Defense of Tradition, Family and Property", in "Religion in Latin America", Markharm Press Fund, Texas, 1989, p. 399 .
3- Cfr. “Izquierdismo en La Iglesia, compañero de ruta del comunismo” Montevideo, 1976 Riproan S.A.
4- Cfr “La Iglesia del Silencio em Chile. La TFP proclama la verdad entera” Santiago, 1983. Impresos Esparza y Cia. Ltda. 4ª Edición
5- Cfr. “A Igreja ante a escalada da ameaça comunista, apelo aos bispos silenciosos”.Sao Paulo. 1976 Editora Vera Cruz
6- Cfr. “Meio século de epopéia anticomunista” Ed. Vera Cruz, Sao Paulo 1980.
7- Por ejemplo la campaña mundial de desenmascaramiento del socialismo neocomunista que mascarándose bajo el nombre de Autogestión quiso lanzar Mitterrand desde Francia para el mundo. Cfr Plinio Correa de Oliveira. “El socialismo autogestionario frente al comunismo ¿barrera o cabeza de puente?” Estudio publicado en 52 países, 33.500.000 ejemplares, y repercusión en 116 naciones.
jueves, 30 de octubre de 2008
De vez en cuando es útil releer a Friedrich Nietzsche (1844-1900). Su postura intelectual es representativa de aquella corriente subterránea de la filosofía moderna que ha cantando mórbidas loas a la esencia de la Revolución y a sus metas últimas.Entendemos por "Revolución", en el sentido que le da Plinio Corrêa de Oliveira, como un inmenso proceso de tendencias, doctrinas, de transformaciones políticas, sociales y económicas, derivado en último análisis de una deterioración moral nacida de dos vicios fundamentales: el orgullo y la impureza, que suscitan en el hombre una incompatibilidad profunda con la doctrina católica.
A partir del orgullo y de la impureza se van formando los elementos constitutivos de una concepción diametralmente opuesta a la obra de Dios. Esa concepción, en su aspecto final, ya no difiere de la católica solamente en uno u otro punto. A lo largo de las generaciones, esos vicios se van profundizando y volviendo más acentuados y se va estructurando toda una concepción gnóstica y revolucionaria del Universo. Históricamente la puesta en marcha de esta concepción fue iniciada en el siglo XVI con el Renacimiento y el Protestantismo y está siendo consumada en nuestros días, con la apostasía de las naciones ex-cristianas.
Volvamos a Nietzsche. No es que para nosotros sea un gran pensador metafísico, en el sentido clásico del término. Su interés reside en que muestra uno de los aspectos de la meta de la Revolución, a la que él sin duda sirve, como gran parte de la filosofía germana moderna.
martes, 22 de julio de 2008
El naturalismo es más que una herejía: es el más puro anticristiano. La herejía es la negación de algún dogma: pero el naturalismo es la negación de todos los dogmas.
La herejía es una alteración de una verdad Revelada por Dios: el naturalismo niega la existencia de la Revelación. De aquí procede la inevitable ley y la obstinada pasión de destronar a Nuestro Señor Jesucristo y acabar con Su influencia en la sociedad.
Esta es la suprema ambición de Satanás y del Anti-Cristo…
El mayor obstáculo para la salvación del hombre contemporáneo, como bien lo declara el Concilio Vaticano I (1879) en su Primera Constitución Doctrinaria, lo que envía a un mayor número de personas al infierno en nuestros días, más que en cualquier época, es el Racionalismo o Naturalismo…
El Naturalismo se empeña con todas sus fuerzas en excluir a Nuestro Señor Jesucristo, nuestro único Maestro y Salvador, de la mente de los hombres, como también de la vida cotidiana y de la costumbre de los pueblos, con el fin de instaurar el reinado de la razón o de la pura naturaleza.
Ahora, donde sea que los aires del Naturalismo han entrado, la propia fuente de la vida cristiana se marchita. El Naturalismo significa la completa esterilidad en cuanto a la salvación y a la vida eterna.
¡Perseverancia!
Coraje en nuestras convicciones
Cuando les pregunto a las personas sabias de nuestros días cuál es la mayor plaga de la sociedad presente, la respuesta siempre es el deterioro del carácter, el debilitamiento de las almas… Pero esta respuesta levanta otra cuestión. ¿De dónde provienen estos síntomas de debilitamiento de los caracteres? ¿Podría ser verdadero decir que es la natural e inevitable consecuencia del debilitamiento de las doctrinas, de las creencias, y, para usar la palabra correcta, del debilitamiento de la Fe? La voluntad es una facultad ciega cuando no es iluminada por la inteligencia. Nadie camina firme cuando pisa en la obscuridad o en las penumbras. Entonces, si el hombre de hoy camina a tientas ¿no será acaso, oh Señor, porque tu palabra ya no es la luz que guía nuestros pasos, la luz que alumbra nuestros caminos?
Nuestros ancestros, en todas las cosas, buscaban la orientación en las enseñanzas del Evangelio y de la Iglesia; ellos caminaban a plena luz del día. Sabían lo que querían, lo que rechazaban, lo que amaban, lo que odiaban, y por eso ellos fueron fuertes en la acción. En cuanto a nosotros, caminamos en la obscuridad. Ya no tenemos nada definido, nada firme en la mente y ya no somos conscientes de la meta que queremos alcanzar. Y como consecuencia de ello, somos débiles y vacilantes.
martes, 24 de junio de 2008
La Vendée: El genocidio en nombre de la Libertad
Un Chouan: campesino Vendeano
El sufrimiento y muerte de los católicos en la Vendée no fue en vano. Ellos lograron una gloriosa victoria, ya que finalmente, a causa del heroísmo que mostraron, la persecución anti-católica de 1790 fracasó. La Iglesia en Francia fue supuestamente erradicada. Sin embargo, ella tomó nueva vida. Como decía Tertuliano, “la sangre de mártires es la semilla de la Iglesia”. En 1801, cuando Napoleón concedió la libertad de culto a todos los católicos de Francia, aquello fue visto como la victoria de la Vendée.
Estos dos libros de Michael Davies y Reynald Secher se complementan mutuamente. “Por el Altar y el Trono” de Davies es una introducción a esta épica historia, una visión general. Es un vistazo, un relato emocionante de la heroica resistencia católica de 1793 y del posterior genocidio. Davies tomando una amplia perspectiva, muestra las evidencias basado en sólidas y bien documentadas historias publicadas en Francés e Inglés. “El Genocidio Francés” de Secher es una detallada, y cercana descripción de los eventos, basado en los testimonios “ricamente e insospechados” de falsedad de los archivos nacionales, departamentales y comunales de Francia. Secher los obtiene de los testimonios de los campesinos católicos y de los informes de los oficiales encargados del genocidio; él muestra con mapas y gráficos de cómo muchos murieron y cuántas propiedades fueron destruidas en cada localidad.
El impacto de estas dos obras es abrumador. Los historiadores han dejado al margen o minimizado este genocidio, a veces (como sucede con Michelet) hasta han culpado a las víctimas. ¿Por qué? Porque esto no encaja con el mito ateo – de que los católicos son los perseguidores, mientras que los ateos y liberales son los tolerantes. La historia del genocidio Vandeano es incluso muy necesaria para corregir el interminable vitoreo ofrecido desde 1989 por causa del bicentenario de la Revolución Francesa. Hubo una horrible cara oculta de la Revolución, un corazón tenebroso.

Cuando la Asamblea Nacional reemplazó a los sacerdotes heroicos que se habían rehusado a jurar la “constitución civil del clero”, los campesinos Vendeanos se negaban rotundamente a ir a la iglesia. Los padres de niños recién nacidos tuvieron que marchar a punta de pistola para ir a bautizarlos a las pilas bautismales. Secher relata una conmovedora anécdota que revela la profundidad de la adhesión que los campesinos tenían a los verdaderos pastores. Un domingo, en Saint-Hilaire-de-Mortagne, un sargento encontró a unos feligreses arrodillados en silencio en el cementerio porque su iglesia había sido cerrada. El sargento le preguntó a un viejo campesino qué era lo que estaban haciendo ahí, y el campesino explicó: “Cuando nuestro cura nos dejó, nos prometió que todos los domingos a esta misma hora diría la Misa por nosotros donde sea que se encontrase”. El sargento reaccionó con desprecio: “¡Imbéciles supersticiosos!” creen que escucharán la Misa desde el lugar en que él esté”. El anciano respondió dócilmente: “La oración viaja más de cien leguas, desde ya que asciende desde la tierra al cielo”.
Muchos de los sacerdotes Vendeanos que se habían rehusado jurar retornaron a sus ciudades natales y vivieron en la clandestinidad entre sus parientes y amigos. Ellos decían Misa en graneros, en áticos o en bodegas. Ellos tenían un precio sobre sus cabezas, pero confiaban en la protección de los campesinos. En virtud a una ley aprobada en agosto de 1792, fueron ofrecidas 50 libras como recompensa por la captura de algún sacerdote no juramentado. Los municipios podían incrementar la recompensa a 100 libras.Lo que finalmente desencadenó una resistencia generalizada entre los campesinos católicos de la Vendée fue que la Asamblea nacional ordenó a comienzos de 1793 que 300.000 hombres fueran reclutados para el ejército nacional. Esto fue el colmo – los obligaron a unirse a las tropas para que fueran a la caza de sus sacerdotes.
Una ilustración de Thomas Brennan puesta en el libro de Davies muestra la bravura y garbo de los líderes católicos. Ellos eran unos caballeros. El Marqués de Bonchamps, por ejemplo, pidió como último deseo antes de morir a los 33 años, que fuesen liberados los soldados gubernamentales que habían sido capturados. Cerca de 5.000 prisioneros fueron liberados, mientras que por el lado del gobierno, 29 carros de prisioneros católicos fueron ahogados en el depósito de Vihiers. Era difícil para el ejército católico acatar un código de honra frente a las incesantes atrocidades de sus enemigos. Los prisioneros liberados por Bonchamps devastaron La Chapelle, donde habitaban en aquél entonces ancianos, mujeres y niños.
El genocidio de los católicos Vendeanos no puede ser registrado como hecho por un ejército que se volvió loco. Fue un programa de aniquilación ordenado por los líderes del ateísmo dogmático. La Convención Nacional tomó la fría decisión de que los católicos Vendeanos “deben ser exterminados de la faz de la tierra”. Ordenaron a las tropas nacionales a dividirse en columnas y marchar a través de la región oeste de Francia destruyendo a todos y a todo – ancianos, mujeres y niños, incluso a los “patriotas” (así denominaron los revolucionarios gubernamentales a aquellos que en la Vendée se les opusieron) quienes incluso imaginaban que estarían a salvo mostrando sus certificados de lealtad otorgados por el gobierno. La región se transformó en un cementerio nacional que sirve como lección para todos los católicos en Francia. Ninguna persona, ninguna propiedad fue perdonada. Incluso los bosques intentaron incendiarlos. Esto no ocurrió debido a la incesante lluvia.
Nadie que haya leído las horribles descripciones detalladas por Secher sobre el genocidio de la Vendée puede atreverse a negar la existencia del Pecado Original. Aquí nos enfrentamos al corazón de lo más obscuro que hay en el hombre. Un oficial de policía llamado Gannet escribió cómo vio como eran arrojados mujeres y niños dentro de hornos y cómo sus llantos eran “causa de entretención" para los soldados de Turreau que quería “continuar con sus placeres” incluso corriendo detrás de las victimas católicas para atraparlas. Entonces ellos procedieron a arrojar a 23 esposas de “patriotas verdaderos” dentro del fuego. Otro entretenimiento monstruoso consistía en lanzar a las mujeres por las ventanas para que cayeran sobre las bayonetas. En Angers las pieles de 32 víctimas fueron utilizadas para fabricar monturas para los oficiales, y en Meudon, se hizo la comparación entre la elasticidad de la piel de los hombres y de las mujeres.
El ejército del Sagrado Corazón de Jesús
Hace unos años se realizó una conferencia sobre la Sociedad del Siglo XVIII, escuché a una mujer decir al público citando una máxima de los filósofos franceses de ese siglo: “Los hombres finalmente serán libres cuando el último sacerdote sea estrangulado con las tripas del último de los príncipes”. En dicha ocasión, le pregunté a ella por qué citaba eso como dándole su aprobación, cuando era obviamente una muestra del anti-catolicismo intolerante. Ella negó rotundamente que aquello era fanatismo intolerante. Incluso argumentó que aquello era una respuesta legítima frente a la tiranía católica. Más aun, ella hizo oídos sordos antes otros argumentos. Esto es un ejemplo, si necesario fuese, del dogmatismo anti-católico que prevalece en las universidades de hoy. Desde que no hay príncipes que proporcionen entrañas para el entrenamiento de los ateos dogmáticos, les queda sólo estrangular al sacerdocio católico de otra manera.

Francia Real
sábado, 3 de mayo de 2008
A propósito de Revolución y Contra-revolución
"Finis Terrae" (revista de la Universidad Católica de Santiago de Chile), 2° trimestre de 1960, Año VII, N° 26LOS LIBROS
PLINIO CORREA DE OLIVEIRA.— Revolución y Contrarrevolución. Ediciones Cristiandad, Barcelona, 1959.
por Osvaldo Lira P. SS. CC. (*)
(*) Padre Osvaldo Lira Pérez (1904-1996) de la Congregación de los Sagrados Corazones (SSCC), fue profesor de la Universidad Católica de Chile (Santiago) y de la Universidad Católica de Valparaíso. Uno de los más brillantes intelectuales chilenos de su tiempo, según diversas notas biográficas a su respecto.
El doctor Plinio Correa de Oliveira es una de las figuras fundamentales del movimiento brasileño denominado Catolicismo y que edita la revista del mismo nombre. Tal como en las páginas de esta revista mencionada, en la obra cuyo comentario breve, más breve de lo que quisiéramos, emprendemos ahora, se manifiesta una actitud robustamente, decididamente, absolutamente católica. Se trata de una pequeña gran obra. Reducida en sus dimensiones —apenas unas ciento treinta páginas—, constituye una visión profunda y totalizadora de los males que aquejan a nuestro tiempo y que han venido aquejando a la civilización cristiana casi desde los momentos mismos de iniciarse sobre la faz de la tierra. Es, además, si no nos equivocamos, la única visión de este tipo que se ha expresado sobre ese conjunto de fenómenos. Estamos acostumbrados, demasiado acostumbrados, a conectarnos con obras más o menos profundas —más o menos superficiales— en las cuales se nos ofrece el análisis un tanto detallado a la vez que intrascendente de tal o cual revolución; pero no la visión profunda por totalizadora y unificadora de lo que es, así con mayúscula, LA REVOLUCION.
Sin embargo, este modo de ver extraordinario por insólito, es el único que nos puede procurar una noticia exacta, específica, y, por consiguiente, provechosa para la línea de conducta sin desfallecimientos que debemos adoptar como cristianos, de las revoluciones consideradas en conjunto. En otras palabras, de LA REVOLUCION.
Ya desde las primeras páginas de su obra, Correa de Oliveira sitúa el problema sobre bases sólidas, inconmovibles. "Ese enemigo terrible —nos dice— tiene su nombre: se llama Revolución. Su causa profunda es una explosión de orgullo y sensualidad que inspiró, si no un sistema, cuando menos toda una cadena de sistemas ideológicos. De la gran aceptación dada a éstos en el mundo entero, derivaron las tres grandes revoluciones de la Historia de Occidente: la Pseudo-Reforma, la Revolución francesa y el comunismo" (pág. 9). Y al término de la obra en la página 135 nos concreta esa causa en las siguientes reveladoras palabras: "La primera, la grande, la eterna revolucionaria, inspiradora y fautora suprema de esta Revolución, así como de las que la precedieron y la sucedieron, es la Serpiente, cuya cabeza fue aplastada por la Virgen Inmaculada. María es, pues, la Patrona de cuántos luchan contra la Revolución".
No tendría mayor originalidad esta afirmación si no hubiera sido precedida por el análisis minucioso y excepcionalmente agudo de las manifestaciones de esta única y gran Revolución. Sus caracteres, según Correa de Oliveira, son dos: el igualitarismo y el liberalismo. Al igualitarismo se ve arrastrada la Revolución por un orgullo que lleva al odio hacia toda superioridad, y por lo tanto a la afirmación de que la desigualdad es, en sí misma, en todos los planos, inclusive y principalmente en el metafísico y religioso, un mal. Al liberalismo, empero, se ve abocada por una sensualidad que, de por sí, tiende a derribar todas las barreras, a no aceptar frenos y a rebelarse contra toda ley o autoridad, sea divina o humana, eclesiástica o civil. Ahora, en cuanto a las modalidades concretas bajo las cuales se manifiesta, se nos aparece como universal, única, total, dominante y sometida a un proceso más o menos prolongado de desarrollo, exacerbamiento y virulencia progresiva capaz, por la variedad fisonómica en que se corporiza de ordinario, de desconcertar los espíritus más sagaces.
Realmente causa placer contemplar cómo el doctor Correa de Oliveira va aplicando con lógica de hierro este único proceso revolucionario a todos los órdenes de la vida humana, tanto de la vida cívica como eclesiástica. El espíritu igualitario tiene por resultado, en primer lugar, suprimir toda desigualdad de trato entre los hombres y Dios, de donde provienen el panteísmo, el inmamentismo y todas las formas esotéricas de religión cuyo objetivo último es "saturar a los hombres de propiedad divina" (pág. 55). Luego, en la esfera eclesiástica, suprimir el sacerdote dotado de los poderes de orden, magisterio y gobierno o, por lo menos, el sacerdocio con grados jerárquicos. Además propende a la igualdad entre las diversas religiones con igual tratamiento para todas, en la esfera política, por la supresión o atenuación de la desigualdad entre gobernantes y gobernados, desde el momento en que el poder no viene de Dios sino de la masa; en la esfera social, por la supresión de las clases, en especial de las que se perpetúan por vía hereditaria; en la esfera económica, por la supresión de la propiedad privada, del derecho de cada cual al fruto íntegro de su propio trabajo y a la elección de su profesión; en los aspectos exteriores de la existencia, por la supresión de toda variedad relativa a trajes, residencias, muebles, costumbres, etc.; en las almas, por la extirpación, obra y gracia de una propaganda habilísimamente dirigida, de todas las peculiaridades psicológicas, incluso las que separan y diferencian a los dos sexos entre sí, o a los jóvenes de los viejos o a los patrones y empleados, profesores y alumnos, esposo y esposa, padres e hijos, etc.; en el orden internacional, por la supresión de todos los Estados y la estructuración de un único y monstruoso Estado internacional, por la supresión de toda manifestación regionalista dentro del propio país. Por último, el igualitarismo revolucionario manifiesta y debía necesariamente manifestar un odio supremo a Dios, irreductiblemente designal a los hombres.
Por otro lado, Correa de Oliveira nos hace ver cómo se encuentran conjugados el igualitarismo y el liberalismo, tan contradictorios en apariencia, por obra y gracia de la sensualidad. Al suprimir toda jerarquía en el alma, el liberalismo coincide con el igualitarismo, ya que su prurito de proclamar a tontas y a locas una libertad desorbitada proviene de que sólo quiere la libertad para el mal con el consiguiente estado de esclavitud para el bien. Por eso la Revolución niega el pecado y la Redención, concibiendo un individuo y unas masas irreprochables e inmaculados, y, al mismo tiempo, dirige su odio contra las fuerzas armadas consideradas en sí mismas (en espera de establecer otras a su amaño y semejanza) como expresión que son de toda serie de virtudes absolutamente contrarias al espíritu revolucionario.
Por la índole de la Revolución puede concebirse claramente la de la Contrarrevolución.
Desde luego hay que dejar establecido que la Contra-Revolución no es la simple vuelta al pasado por aquello de que el tiempo no es ni puede ser reversible. La Contrarrevolución, como su nombre lo indica, es la lucha contra la Revolución. Pues bien, es evidente que no podemos luchar en las nubes ni contra fantasmas, y que, en virtud de este carácter realista de nuestra contienda, debemos desarrollarla contra la Revolución in concreto, tal como existe en nuestros propios días. Por consiguiente, con armas y procedimientos estratégicos propios y peculiares de nuestros días también. Hay que restaurar la paz de Cristo en el Reino de Cristo: he aquí el aspecto reaccionario de 1a Contrarrevolución, despojando al vocablo reaccionario de toda la ganga de significaciones ilegítimas y torcidas de que lo ha ido cubriendo un uso tan torpe como indiscriminada. Pero hay que adaptar dicho Orden —la paz de Cristo en el Reino de Cristo— a las condiciones actuales, por lo cual habrá de diferir —sólo en sus características accidentales, naturalmente— del Orden reinante antes de la Revolución.
Correa de Oliveira reduce esas diferencias accidentales a tres tipos principales, en las páginas 84 y 85 de su obra:
1°— Un profundo respeto a los derechos de la Iglesia y del Papado, y una santificación, en toda la extensión posible, de los valores de la vida temporal, como oposición al laicismo, al interconfesionalismo, al ateísmo y al panteísmo, así como a sus respectivas escuelas.
2°— Un espíritu de jerarquía marcando todos los aspectos de la sociedad y del Estado, de la cultura y de la vida, por oposición a la metafísica igualitaria de la Revolución.
3°— Una diligencia en detectar y combatir el mal en sus formas embrionarias o veladas, en fulminarlo con execración y nota de infamia, y en castigarlo con inquebrantable firmeza en todas sus manifestaciones, y particularmente en las que atentaren contra la ortodoxia y la pureza de las costumbres, todo ello por oposición a la metafísica liberal de la Revolución y a la tendencia de ésta a dar libre curso y protección al mal.
Por eso la Contrarrevolución es tradicionalista y conservadora; no conservadora del pseudo-orden actual del Estado ateo y de la disolución familiar, sino del conjunto de las tradiciones verdaderamente cristianas. Por ello es también progresista en el auténtico sentido de la palabra, ya que pretende el aprovechamiento de los valores naturales según la Ley de Dios. Quien dice progreso, dice, ante todo y sobre todo, progreso en el orden de los valores espirituales. Desde el momento en que la Contrarrevolución los proclama como necesarios y procura restablecerlos en toda su pureza, tiene que ofrecérsenos como la expresión auténtica del progreso verdadero.
En cuanto a la táctica que debe desarrollar, no podemos menos que citar textualmente las siguientes palabras: "Esta acción (la contrarrevolucionaria) debe ser hecha ante todo en la escala individual. Nada más eficiente que la toma de posición contrarrevolucionaria franca y ufana de un joven universitario, de un oficial, de un profesor, de un sacerdote sobre todo, de un aristócrata o de un operario influyente en su medio. La primera reacción que se obtendrá será a veces de indignación. Pero si se persevera durante un tiempo, que será más o menos largo según las circunstancias, se verá que poco a poco aparecen compañeros" (pág. 94). Como se ve, no va el pensamiento del doctor Correa de Oliveira por los caminos fáciles del disimulo o de esa famosa y exasperante tolerancia de que siguen dando tantas y tan funestas pruebas los católicos contemporáneos que se hallan inficionados de liberalismo o relativismo filosófico, mucho más perverso que el económico aunque siempre necesariamente conectado con él como la causa a su efecto propio, o, más bien, a uno de sus efectos propios.
Naturalmente que, como no podía menos de suceder, la fuerza propulsora de la obra contrarrevolucionaria la sitúa el autor en la vida sobrenatural. El espíritu anticristiano, es con el espíritu cristiano como debe vencerse. Y el espíritu cristiano no consiste en la simple conceptualización de los dogmas revelados sino en su vivencia adecuada. Es decir, en su vivencia sobrenatural. Prius vita quam doctrina. A este precio, el dinamismo de la Contra-Revolución es incomparablemente superior al de la Revolución, conforme a las palabras de San Pablo citadas por el autor en la página 115 de su trabajo: "Omnia possum in eo qui me confortat" (Philip. IV, 13). Sobre este supuesto totalizador, muy afin a la convicción de que la raíz revolucionaria no es la miseria económica, por más que se diga y proclame con insistencia tan machacona como incomprensiva de las dimensiones de la Revolución, podrán desarrollarse todas las tácticas adecuadas. Siempre fundados en la convicción de que no se debe ser nunca anti por finalidad u objetivo sino por consecuencia.
La lectura de esta preciosa obrita del doctor Correa de Oliveira determinará y caldeará a los tibios y comunicará energías y santas a los que se hallan decididos a combatir por la verdad con todas las fuerzas de su alma. ¡Quiera Dios que el bien que pueda producir se conforme en todo a los deseos nobilísimos de su autor!









