Sin comunicar en sus obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas y reprobadlas (Efesios 5, 11)
lunes, 15 de julio de 2013
Las creencias heréticas del antipapa Francisco (video en inglés)
En breve se publicará la versión en español de este video
martes, 9 de julio de 2013
Más apostasía de Francisco y de la falsa Iglesia conciliar
Es un dogma
de fe que sólo la religión católica es el único camino para la salvación.
Hechos 4, 12: “… en nombre de Jesucristo Nazareno… En ningún otro hay salvación, pues ningún otro nombre se nos ha dado
bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvos”.
Marcos 16,
15-16: “Y les dijo
(Jesús): Id por todo el mundo y predicad
el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado se
salvará, más el que no creyere se
condenará”.
En cambio,
los antipapas del Vaticano II enseñan que todas las religiones son buenas y por
eso las respetan y no intentan convertir a los acatólicos. Aquí tenemos a
Francisco felicitando a los musulmanes por el inicio del Ramadán “con el deseo
de abundantes frutos espirituales”. ¿Cómo una religión falsa, que no conduce al
cielo, puede producir frutos espirituales? Esta es una manifestación de herejía
y apostasía.
Vea el video haciendo clic aquí
|
Papa Gregorio XVI, Summo iugiter studio, # 6, 27 de mayo de
1832:
“Por lo tanto, ellos deben ser instruidos en la verdadera adoración de Dios, que es
única a la religión católica”[1].
Papa San Gregorio Magno:
“La
Santa Iglesia universal enseña que no es posible adorar verdaderamente a Dios
excepto en ella…”[2].
Papa Clemente IV, Concilio de Vienne,
1311-1312:
“Es
un insulto para el nombre santo y una desgracia para la fe cristiana
que en ciertas partes del mundo se sometan a los príncipes cristianos donde
viven los sarracenos [es decir, los seguidores del Islam, también llamados
musulmanes], a veces separadamente, a veces mezclados con los cristianos, los
sacerdotes sarracenos, comúnmente llamados zabazala, en sus templos o
mezquitas, en las que los sarracenos se reúnen para adorar al infiel Mahoma, invocando cada día a ciertas horas en voz alta y
ensalzando su nombre desde un lugar elevado… Esto acarrea un descrédito para nuestra fe y causa gran escándalo a
los fieles. Estas prácticas no pueden ser toleradas sin disgustar a la majestad
divina. Por lo tanto, con la aprobación del sagrado Concilio, Nos
prohibimos estrictamente a partir de ahora esas prácticas en tierras
cristianas. Ordenamos a los príncipes
católicos, a todos y cada uno… Se
les prohíbe expresamente la invocación pública del nombre sacrílego de Mahoma…
Aquellos que presuman actuar de otra manera serán castigados por los príncipes
por su irreverencia, para que los otros puedan sentirse desalentados para un
tal atrevimiento”[3].
Papa Eugenio IV, Concilio de Basilea,
sesión 19, 7 de septiembre de 1434:
“…
hay esperanza de que muchos de los de la
abominable secta de Mahoma se convertirán a la fe católica”[4].
lunes, 8 de julio de 2013
La Iglesia del hombre – Parte II
ATAQUE CONTRA LA UNIDAD
E INTEGRIDAD DE LA FE
Robert P. Banaugh, Ph.D.
Advertencia
a nuestros lectores: el autor de este artículo no sostiene la postura
sedevacantista que sostenemos nosotros. Al publicar su artículo, no
pretendemos con ello darle la razón o dar a entender que creemos que su
posición no-sedevacantista es una segunda posición que se pueda admitir, tan
válida como la nuestra. Publicamos su artículo simplemente porque es
útil para dar a los lectores más conocimiento y elementos de juicio para que
lleguen a la conclusión de que esa Iglesia del Vaticano II no es y no
puede ser la verdadera Iglesia Católica fundada por Cristo. Para conocer
la respuesta a las objeciones más comunes en contra de la posición
sedevacante, por favor haga clic aquí. Nos hemos
permitido editar algunas pequeñas partes del original de este artículo que son irrelevantes y/o erróneas.
|
En el artículo anterior vimos que el Concilio Vaticano II estableció una inversión
fundamental en los objetivos de la Iglesia. A partir de entonces su objetivo
sería la aspiración humanista de servir al hombre en la tierra, en lugar de la
meta sobrenatural de ayudarle a alcanzar la salvación eterna. Este artículo trata
acerca del ataque realizado contra la integridad y la unidad de la fe.
La Iglesia debe cambiar con los tiempos
Desde el momento de su creación
hace más de 2000 años, una característica definitoria de la Iglesia Católica
había sido la integridad y la unidad de su fe. Esta integridad y la unidad se debían
en gran medida a que la fe estaba estructurada de una manera rigurosa. Ese
método se perfeccionó y generó la filosofía escolástica de Santo Tomás de
Aquino, que a su vez contribuyó a fortalecer la unidad de la fe.
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| La Iglesia se dirigió con seguridad y sólidamente bajo la enseñanza de Santo Tomás |
Sin embargo, a comienzos del siglo
XIX, las filosofías del liberalismo, del modernismo y, en el siglo XX, del
progresismo, alcanzaron influencia cada vez mayor entre los intelectuales. Lo
que estas filosofías tienen en común es la idea de adaptar el catolicismo al mundo
moderno, que a su vez acepta el principio de una evolución universal.
Pronto los modernistas, y luego los
progresistas, defendieron que ninguna de las verdades de la Iglesia son
permanentes y, por lo tanto, éstas debían cambiar con los tiempos. Los teólogos
modernistas procedieron a desafiar tanto la fe católica tradicional como los
ritos litúrgicos.
Las consecuencias de estos nuevos
conceptos estaban tan en desacuerdo con la fe católica tradicional que, antes
de 15 años después de la clausura del Concilio Vaticano II, era obvio para
todos, incluso para los acatólicos, que la unidad e integridad de la fe estaban
severamente fracturadas. Era como si la fe tradicional católica hubiese sido
destrozada y abandonada.
Es más, menos de 20 años después de
la clausura del concilio, los desastrosos efectos de los cambios en el
bienestar eterno de las almas de los fieles se hizo tan evidente que el propio [antipapa]
Juan Pablo II declaró:
“Es necesario admitir de manera realista y con
profunda y sentida sensibilidad que los cristianos hoy, en gran parte,
se sienten perdidos, confundidos, perplejos y hasta desilusionados: fueron
divulgadas pródigamente ideas que contrastan con la Verdad revelada y
desde siempre enseñada; fueron difundidas verdaderas y propias herejías,
en el campo dogmático y moral, creando dudas, confusiones y rebeliones;
se alteró incluso la Liturgia; sumergidos en el ‘relativismo’
intelectual y moral y por consiguiente en el permisivismo; los
cristianos son tentados por el ateísmo, por el agnosticismo, por el
iluminismo vagamente moralista, por un cristianismo sociológico, sin
dogmas definidos y sin moral objetiva (7 de febrero de 1981, en una conferencia acerca de las “Misiones entre
las poblaciones católicas”).
En 2003, casi un cuarto de siglo más tarde, el mismo Juan
Pablo II admitió:
“El tiempo en que
vivimos parece ser una época aberrante donde muchos hombres y mujeres parecen
desorientados” (Juan Pablo II, Ecclesia
in Europa, nº 7, DC nº 2296, 20 de julio de 2003, pp. 670-671).
Y, en el mismo discurso:
“Reina sobre Europa una ‘especie de agnosticismo práctico e
indiferentismo religioso’ a tal grado que la cultura europea da la impresión de
una ‘apostasía silenciosa’” (ibídem,
pp. 671-672).
Advertencias de la Virgen María
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| Nuestra Señora se apareció en Lourdes para ayudar a la salvación de la humanidad |
A lo largo de la historia de la
Iglesia, la Virgen María, en el papel de emisaria de Dios, se ha aparecido en
la tierra para dar mensajes a varias personas. En reconocimiento de que la
Iglesia necesitaría ayuda para enfrentar el más grave de los ataques, sus
mensajes hablaban de estos ataques y crisis.
Por ejemplo, uno de esos graves ataques
fue la acusación de que María, la Madre de Jesús, no fue inmaculadamente concebida
[esto es, que la Virgen no había sido concebida sin pecado original].
Para ayudar al Papa en la defensa de la enseñanza de la Iglesia sobre la
Inmaculada Concepción, en 1858 la Santísima Virgen se apareció a una simple, e
inocente niña sin educación, Bernardita Soubirous en Lourdes,
Francia.
La Santísima Virgen se reveló a Bernardita
diciéndole: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Para darle credibilidad tanto a
su mensaje como a su aparición, la Virgen le pidió a Bernardita que excavara en
el suelo; cosa que ella hizo, ganándose el desprecio de la gente del pueblo que
la observaba. Inmediatamente, sin embargo, comenzó a fluir agua desde ahí, y,
finalmente, afloró un pequeño arroyo que pareció crecer convirtiéndose en un
pequeño río cuya agua —cuando se
bañaba en ella o se bebía—ha logrado miles
de curaciones aparentemente imposibles de curar para los enfermos.
Los graves ataques a la fe católica
tradicional que comenzaron en el siglo XX fueron advertidos por la Santísima
Virgen varios siglos antes que comenzaran.
En Quito, Ecuador, el 2 de febrero
de 1594, casi 400 años antes de la clausura del Concilio Vaticano II, laVirgen se apareció una serie de veces a la madre Mariana de Jesús Torres,
una monja concepcionista del real Convento de la Inmaculada Concepción.
En su primera aparición, la Virgen
le dijo a la monja que a finales del siglo XIX y durante una gran parte del
siglo XX, aparecerían varias herejías, reinaría la impureza, se atacarían y
profanarían los sacramentos, los sacerdotes se apegarían a las riquezas y placeres
y las vocaciones se perderían.
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| En Quito Nuestra Señora advirtió de una gran crisis en la Iglesia a partir del siglo XX |
Una advertencia similar le fue dada
al Papa León XIII el 25 de septiembre de 1888 [véanse más detalles pulsando aquí]. Al final de la celebración de la
Misa, el Papa se asomó repentinamente pálido y tembloroso y dijo que escuchó
una conversación en la que Satanás le pedía a Dios le concediera 75 a 100 años
para destruir la Iglesia.
Otra advertencia fue dada a dos
niños, Melanie Calvet y Maximino Giraud, el 19 de septiembre de 1886, en La Salette, Francia, en la que la Virgen
les reveló que Roma perderá la fe y se convertiría en la sede del Anticristo y que
la Iglesia sería eclipsada [véanse más detalles pulse aquí].
La característica esencial de todos
los mensajes era su completo acuerdo con la finalidad para la que Jesús
estableció la Iglesia y con los medios que Él le dio para lograr ese propósito.
Es fundamental tener en cuenta que
una aparición de la Virgen es una manifestación directa de la voluntad de Dios,
y por lo tanto, sus mensajes son mensajes que Dios quiso dar. Consecuentemente,
estos mensajes constituyen una base válida para evaluar en qué grado los nuevos
cambios que impuso el Concilio Vaticano II están de acuerdo o no con el
propósito de Cristo para su Iglesia mediante la comparación de los numerosos
cambios del Vaticano II en la fe y la liturgia.
Esta comparación mostrará
rápidamente que muchas de las nuevas enseñanzas y acciones de la Iglesia
conciliar están en oposición a las palabras de Jesús y de su Madre, y por lo
tanto, están en contra de la finalidad para la que Jesús estableció su Iglesia.
Es el objetivo de estos artículos proporcionar tales comparaciones y por lo
tanto validar esta afirmación.
Cambios que no glorifican a Dios ni salvan las almas
Casi inmediatamente después de la
clausura del concilio, la controversia surgió a raíz de los numerosos cambios,
tanto en los ritos litúrgicos como en las enseñanzas tradicionales de la
Iglesia. Con el paso de los años la intensidad de la controversia se ha
incrementado y ahora, casi medio siglo después de su término, se habla cada vez
más de la necesidad de una reevaluación completa de las deliberaciones del concilio
[para un conocimiento pormenorizado de las escandalosas herejías enseñadas por
el apóstata Concilio Vaticano II pulse aquí].
Dado que es un dogma de fe un principio fundamental de la fe
católica que el propósito de la Iglesia Católica es dar honor y gloria a Dios y
salvar las almas, la verdadera medida de la aceptación de cualquier cambio en
los ritos litúrgicos o en las enseñanzas tradicionales de la Iglesia debe ser
el grado en que el cambio permite dar un mejor honor y gloria a Dios y favorezca
mejor la salvación de las almas.
martes, 2 de julio de 2013
2 de julio: La Visitación de Nuestra Señora
Plinio Corrêa de Oliveira
La
fiesta de la Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel está
estrechamente relacionada con el cántico del Magníficat que ella cantó en esa ocasión. Voy a comentar el Magníficat como un homenaje en esta
fiesta de Nuestra Señora.
Me
parece que este cántico es una obra de arte de la lógica; que muestra cómo la
lógica estuvo presente en el espíritu de la Virgen, incluso en momentos de gran
alegría y entusiasmo. En sus palabras está presente una estructura racional que
es verdaderamente impresionante.
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| La Visitación de Mariotto Albertinelli |
Es
interesante observar cómo ella decidió alabar primero la grandeza de Dios. Los
otros atributos de Dios que ella menciona —sobre todo la misericordia y la
justicia— están relacionados con su grandeza.
Es
obvio que uno debe cantar alabanzas acerca de la misericordia de Dios, porque
sin su misericordia no seríamos nada. Al mismo tiempo, no debemos apenas
considerar únicamente la misericordia de Dios, al igual que no debemos
centrarnos únicamente en su justicia. Es necesario que el espíritu esté volcado
hacia los dos aspectos. Esto es lo que uno encuentra en el Magníficat.
Yo
veo el Magníficat desde dos aspectos
diferentes: en primer lugar, como un cántico completamente racional y
estructurado; en segundo lugar, como un cántico en que la grandeza de Dios
domina a través de la exaltación de su justicia y misericordia. La consecuencia
es que el Magníficat refuta
claramente una piedad sentimental que prevalece en muchos ambientes católicos.
Analicemos
entonces los versos. Los dos primeros son los siguientes:
Mi alma engrandece al
Señor;
y exulta de júbilo mi
espíritu en Dios mi Salvador.
Aquí
la Nuestra Señora manifiesta su enorme alegría. Y en seguida, ella explica las
razones para ello:
Porque ha mirado la
humildad de su esclava;
por eso todas las
generaciones me llamarán bienaventurada.
Yo
honro a Dios porque de una humilde esclava —ancillae
sue en latín significa su esclava;
ancilla era el femenino para servus que significa esclavo— Él hizo una reina, de quien
todas las generaciones la llamarán bienaventurada. Esto ya es una glorificación
de la grandeza de Dios.
Luego
viene otra razón de su grandeza:
Porque ha hecho en mí maravillas
el Poderoso, cuyo nombre es santo.
Él
hizo grandes cosas con ella, y esas grandes cosas manifiestan su grandeza. Por esto
también ella engrandece al Señor.
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| Las Horas del Duque de Berry |
A
continuación, ella invoca una razón más para su gloria:
Su misericordia se
derramará de generación en generación sobre los que le temen.
Los
Sres. pueden observar que ella invoca la misericordia de Dios para glorificar
su grandeza. Él es muy bueno porque su continua misericordia hacia los hombres.
Ella menciona solamente a los hombres que temen a Dios, es decir, aquellos que
tienen temor reverencial por su grandeza, su santidad y su bondad.
El
siguiente versículo presenta una razón más para ensalzar la grandeza de Dios:
Desplegó el poder de
su brazo;
y dispersó a los que
se engríen con los pensamientos de su corazón.
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| Libro de las Horas de Isabel la católica, |
En
este verso ella canta que Dios también es grande en su justicia. Él no sólo
muestra misericordia a los que le temen, sino que también castiga a los que no
lo hacen. Con respecto a este último, Él manifiesta su grandeza al castigarlos.
Él es grande cuando muestra el poder de su brazo dispersando a los orgullosos.
Así, inmediatamente después de que ella canta su misericordia, la Virgen
manifiesta su entusiasmo por la ira de Dios.
Nótese
cómo este cántico es equilibrado. Cómo alaba a Dios en sus diferentes y
aparentemente contrarias cualidades. Obsérvese cómo estas palabras son
diferentes de la lengua dulzona de piedad sentimental que sólo ve a Dios en uno
de sus aspectos —la misericordia— sin tener en cuenta su justicia y grandeza.
Uno
ve cómo el Magníficat está racionalmente
estructurado. Es como la presentación de una tesis universitaria que presenta
la tesis principal y luego da los argumentos necesarios punto por punto.
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| Las Horas del Duque de Berry |
Nuestra
Señora luego da otra razón para alabar la grandeza de Dios:
Derribó a los potentados
de sus tronos y ensalzó a los humildes.
Obviamente,
esta afirmación no significa que Dios depone a todos los poderosos que se
sientan en tronos. No es la afirmación de que deben ser sustituidos por los
humildes. De lo contrario, después de un tiempo, sería también necesario deponer
al nuevo grupo de poderosos y colocar a otras personas humildes en sus lugares.
Esta es una interpretación absurda.
¿Quién
es el poderoso y quién es el humilde en este versículo del cántico de la
Virgen? El hombre humilde es el que toma una actitud similar a la Virgen en el Magníficat, es decir, el que atribuye
todo a Dios y reconoce que Él es la fuente de toda bondad y poder. Sin su
acuerdo, no podemos hacer nada duradero en el orden natural o
sobrenatural. Él
es el que gobierna todo. En este sentido, los antepasados de nuestro Señor
se referidos en su cántico
eran humildes. Por ejemplo, el rey David, de quien ella descendía, fue un
poderoso hombre que murió en la plenitud de su poder y, al mismo tiempo,
humilde porque reconoció a Dios como la fuente de todo lo que él fue e hizo.
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| Libro de Oración de Francois, Duque de Guise, 1671 |
Por
lo tanto, los poderosos a quienes nuestra Señora está condenando son los que no
reconocen la omnipotencia de Dios y se imaginan que tienen un poder
independiente de Dios. Por lo tanto, Dios depone a esos poderosos y enaltece a
los humildes.
Ello
es otra manifestación más de la grandeza de Dios que se ríe de la soberbia del
hombre poderoso. Él puede quitar el poder del hombre orgulloso que sólo confía
en sí mismo y dar su lugar al hombre humilde. Es decir, frente a la grandeza de
Dios, toda grandeza humana no es nada.
Ella
continúa:
A los hambrientos los
llenó de bienes, y a los ricos los despidió vacíos.
Para
los que son pobres de espíritu, para los que tienen hambre y sed de la
justicia, Él les da generosamente. En cuanto a los que no se preocupan por la
justicia de Dios, los que se apegan a los bienes de la tierra, Él los despide
sin nada. Esto significa que tener riqueza no significa nada a los ojos de
Dios. Él puede reducir muchos bienes a la nada y hacer ricos a los pobres como
Él lo desea.
Luego,
ella alaba la grandeza de Dios por proteger al pueblo elegido:
Acogió a Israel, su
siervo, acordándose de su misericordia.
Según lo que había prometido
a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre.
Obsérvese
que de principio a fin, el Magníficat es una tesis seguida de argumentos
que la demuestran. Se canta con extraordinario equilibrio la justicia y la
misericordia de Dios para mostrar su grandeza: grandeza de su misericordia,
grandeza en su justicia. También es una demostración de que todo poder humano es
nada independiente de Dios y una prueba de su dominio sobre el universo entero.
Es un himno triunfal a la grandeza de Dios.
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| La Visitación de Pinturicchio |
Tan
pronto como santa Isabel glorificó su saludo a María con las palabras que
rezamos en el Avemaría, Nuestra Señora respondió con las palabras del Magníficat para mostrar que ella se
consideraba nada ante la grandeza infinita de Dios. Así, ella alabó a Dios de
una manera excelente, con un entusiasmo extraordinario, pero principalmente con
un tal espléndido equilibrio expresado de una manera tan extremadamente
racional y bien articulada, que se podría comparar a la Summa Theologica de Santo Tomás. Este es el cántico que compuso
bajo la inspiración del Espíritu Santo, cuando fue recibida por santa Isabel.
En
este cántico, los Sres. pueden ver el espíritu de Nuestra Señora. Estas fueron
algunas de las pocas palabras que ella habló que se registraron en los
Evangelios.
El
alma de la Virgen está impregnada de juicio, lleno de sabiduría. En las
palabras que ella habló, ella se presenta ante nosotros como un ejemplo de racionalidad
y equilibrio. El Magníficat no tiene ni
una palabra superflua; no hay ni una palabra fuera de lugar. Es una pieza
perfecta de la joyería en la que cada piedra se corta y se pone para expresar
mejor la belleza del conjunto. Este es el espíritu de la Virgen, lo contrario
del sentimentalismo vacuo y de entusiasmo dulzón de una piedad artificial.
Para
ser esclavos de María según el método de San Luis María Grignon de Montfort,
debemos buscar este espíritu de sabiduría, este equilibrio en la adoración de
las diferentes características de Dios, un equilibrio entre la razón y el
sentimiento inspirado en todas las cosas por la fe. Estos principios nos dan
las pautas de una escuela de vida espiritual cuyo objetivo es imitar a la
Virgen.
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Santo del día
lunes, 1 de julio de 2013
Debate sobre el "bautismo de deseo", ¿Los sacerdotes tradicionalistas creen que las almas se pueden salvar en una religión falsa? (inglés)
Este es un revelador debate con un defensor del “bautismo de
deseo”. Esta persona ha pasado tiempo estudiando el tema del “bautismo de deseo”
y asuntos relacionados, como también los argumentos contrarios al “bautismo de
deseo”. Este debate en particular se limitó a la cuestión precisa de si los
sacerdotes sedevacantistas/tradicionalistas que se consideran católicos, de
hecho creen que las almas se pueden salvar en las religiones falsas.
Las personas familiarizadas con estas cuestiones saben que
los sacerdotes “tradicionalistas” y “sedevacantistas” que aceptan el “bautismo
de deseo” y la “ignorancia invencible” sostienen la herejía de que las almas se
pueden salvar en las falsas religiones sin tener la fe católica. Este defensor
del “bautismo de deseo” miente y se contradice básicamente desde el principio a
fin en este debate, por lo cual, este debate es interesante y revelador. Entre los
minutos 28 y 42 es particularmente importante. Ahí se discute sobre un ateo que
niega la existencia de Dios, la fe católica, etc. Cuando se le pregunta esta
persona se contradice repetidamente acerca de si un ateo puede estar
internamente en estado de gracia delante de Dios, es decir, en un estado de no condenación…
jueves, 27 de junio de 2013
27 de junio, fiesta de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
Plinio Corrêa de Oliveira
La devoción a
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro nació en la isla de Creta. Esto explica la
influencia bizantina que se nota en la imagen. Las personas representadas en
esta imagen pueden impactar la sensibilidad moderna acostumbrada a los santos
representados con caras de muñecas. Esta imagen fue hecha en tiempos diferentes
y es muy expresiva.
La devoción a
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fue difundida en la Iglesia por los padres
redentoristas. Es una muy bella invocación puesto que expresa la invariable misericordia
de la Virgen para con nosotros. Perpetuo Socorro significa una asistencia, un
acto de misericordia, un acto de piedad ininterrumpida hacia nosotros que nunca
cesa. La palabra nunca significa que
esta asistencia no cesará en ningún lugar, en ningún momento o por ninguna
razón. Es decir, incluso si una persona se encuentra en la peor situación
posible, Nuestra Señora siempre ayudará si uno le reza a ella.
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| Nuestra Señora del Perpetuo Socorro |
La imagen, como los
Sres. ven, tiene un fondo de oro. Estos fondos de oro sin adornos se usaban característicamente
en las pinturas del antiguo Imperio Romano de Oriente y durante parte de la
Edad Media. Los ángeles músicos de Fray Angélico, por ejemplo, tienen un fondo
de oro. El fondo de oro se utilizaba cuando se pintaban personajes muy
importantes. El arte occidental normalmente coloca un gran dignatario en una
silla ornamentada, en una elegante sala, o de pie junto a una ventana graciosamente
cubierta con cortinas o en un hermoso escenario al aire libre. La mentalidad
oriental prefiere colocarlos fuera del tiempo, inmersos en esplendor, es decir,
con un fondo de oro.
El oro, por lo
tanto, representa la gloria de la Virgen como Reina de los Cielos. Ella tiene
una aureola alrededor de su cabeza, que también es de oro, al igual que el
Divino Infante. Sobre la aureola hay una corona de oro con incrustaciones de
piedras preciosas. Las coronas de la Virgen y del Niño Jesús tienen una forma
similar. La base de cada una se cierra alrededor de la cabeza, tiene un borde
fino, y está cubierta con fabulosos diseños ornamentales. En el borde hay
rubíes incrustados, en la capa media arcos ornamentados con zafiros, y en el
nivel superior una fila de esmeraldas y diamantes. Yo no consigo distinguir con
precisión en esta reproducción en particular. La corona del Niño sigue
exactamente el mismo patrón.
Nuestra Señora
lleva un manto azul profundo que le cubre los hombros y la cabeza. Por debajo
de la corona y sobre la frente hay una estrella refulgente de piedras
preciosas; a su izquierda hay un diseño de oro que se parece una estrella o una
cruz.
Si los Sres.
observan con cuidado, verán que la Virgen lleva una túnica roja bajo su manto
azul. El rojo aparece en el cuello y en los extremos de las mangas. Esta túnica
roja se cierra en su cuello con una exquisita banda de diamantes.
El Niño Jesús
está sentado en el brazo izquierdo de la Virgen. Él descansa cómodamente en sus
brazos, como un niño que está muy acostumbrado a estar cerca de su madre y que le
gusta estar allí. Él está, sin embargo, distraído con otra cosa a donde dirige
su mirada. En mi opinión el artista cometió un error al representar al Niño. Se
parece más a un niño de siete u ocho años de edad, en lugar de un bebé que debe
ser llevado en los brazos de su madre. Por cierto, esta imagen no es considerada
una obra de arte. Es considerada como una excelente obra de piedad con algunos
muy buenos puntos artísticos y algunos defectos.
El niño tiene
una cinta rosa con una túnica verde. Él también tiene un manto que cae
naturalmente cerca de la mano izquierda de la Virgen haciendo numerosos
pliegues bien doblados. Casi todos los pliegues de la imagen me parecen muy
bien situados y naturales.
Hay dos ángeles presentándole
al Niño los instrumentos de la Pasión; a la izquierda un ángel con una túnica
roja y un manto verde le muestra la lanza y la esponja con hiel, a la derecha,
un ángel vestido con una túnica roja le muestra una cruz de tres brazos y los
clavos.
¿Qué se puede
decir de todo esto?
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| Los rasgos de la Virgen son muy expresivos |
Los rasgos de la
Virgen son muy expresivos. La imagen la muestra en una actitud muy maternal.
Ella es una madre que sostiene a su Hijo con una extraordinaria intimidad y un notable
cariño. Esto demuestra la familiaridad de la Virgen con el Dios-Hombre. Al
mismo tiempo, ella tiene una mirada de profundo recogimiento que transmite el respeto
y la veneración que ella siente por él. Ella le está orando mientras lo
sostiene. Ella está segura de que está sosteniendo al mismo Dios encarnado en
sus brazos.
Partes de la
cara de nuestra Señora no están bien pintadas. El cuello parece algo demasiado
rígido. La boca es delicada, pero la nariz es tal vez un poco demasiado larga.
Estos son varios puntos que no permiten que la imagen sea considerada como una
obra de arte perfecta. Pero son defectos secundarios, porque un arte auténtico
está presente en la recogida expresión de su fisonomía, en su noble postura, y
en el afecto que la pose revela.
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| La posición de las manos simbolizan su dependencia a Ella |
La imagen es
rica en simbolismo. El manto azul oscuro representa la maternidad, mientras que
la túnica roja simboliza la virginidad. Por lo tanto, representarla usando el
rojo y el azul muestra que ella es a la vez Madre y Virgen. Es una manera
delicada de insinuar el milagro de su virginidad de antes, durante y después
del parto.
Para mí, el
simbolismo más conmovedor es el gesto del niño que sostiene la mano de la
Virgen. Su mano derecha está detrás de su pulgar y su mano izquierda dentro de
la mano de una manera que permite controlar la mano de la Virgen sobre las
manos del Divino Infante. Simbólicamente, quien sostiene las manos de otro lo
sostiene enteramente. Por lo tanto, esta forma de presentación de las manos del
Infante expresa que ella puede hacer todo lo que quiera con él; todo lo que
ella le pide, Él lo acepta; ello expresa el poder de su oración. Con gran
facilidad el artista representa la dependencia del Niño-Dios sobre nuestra
Señora.
Una
característica de este icono bizantino es que mientras que el simbolismo es muy
rico, éste no dice lo mismo a todos. Los símbolos están ahí para ser
descubiertos por quienes pasan un tiempo analizándolos y contemplándolos.
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| Un ícono plateado de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro |
Los dos ángeles
representan la Pasión que el Niño habrá de sufrir. Ellos le están profetizando su
Pasión. Es decir, se nos invita a ver en Él al Redentor de la humanidad, el que
era esperado por los Profetas para salvar a la humanidad.
También hay un
detalle muy pintoresco: es la sandalia colgando del pie izquierdo del Niño por
una sola cuerda. Ello simboliza al pecador que todavía está vinculado a Nuestro
Señor por una última cuerda: la devoción a la Virgen.
Las iniciales
griegas en la parte superior de cada lado de la corona la Virgen significan “Madre
de Dios”. Las iniciales sobre el ángel en la parte superior izquierda dicen “San
Miguel Arcángel”, el de la derecha, “San Gabriel Arcángel”. Debajo del ángel de
la derecha están las iniciales griegas para “Jesucristo”.
La estrella en
el velo de la Virgen indica que ella es la estrella del mar, la guía en esta
vida para llevar a todos los que quieren llegar al puerto de los cielos.
Pidámosle siempre
a nuestra Señora que nos proteja con su perpetuo socorro y misericordia.
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Plinio Correa de Oliveira,
Santo del día
martes, 25 de junio de 2013
Las clases sociales – 1ª Parte
Plinio Corrêa de Oliveira
Diferenciaciones y participación en la sociedad
Toda
sociedad tiene ciertas categorías y profesiones. Incluso en la sociedad más
igualitaria notamos que existen especializaciones, como fue la Unión Soviética,
que, teóricamente hablando debió haber sido la más igualitaria puesto que era
comunista. Allí encontramos comerciantes, gerentes industriales, intelectuales
y trabajadores manuales. También encontramos los falsos sacerdotes de la Iglesia
cismática rusa, que estaba completamente controlada por el gobierno comunista
ruso.
Para
que existan especializaciones, es necesario que haya hombres que ocupen
diferentes posiciones, tanto superiores como inferiores. Por lo tanto, en cada
nivel de la sociedad encontramos hombres que realizan diferentes funciones.
Pretender que todas las profesiones son iguales en realidad establece una
ventaja que favorece a las profesiones inferiores. De hecho, esto es lo que sucedió
en la dictadura del proletariado ruso, donde sólo los proletarios o los trabajadores
manuales tenían el derecho a gobernar, en lugar de aquellos que ejercían
funciones superiores a la de los proletarios.
Ahora
bien, si esto es cierto en las sociedades igualitarias, se aplica más aún en sociedades
como las nuestras, que no son totalmente igualitaria y todavía tienen alguna
jerarquía. Todavía tenemos diferentes clases sociales: la burguesía o la clase
por encima de los trabajadores manuales, y también la clase militar, la clase
jurídica, la clase intelectual y el clero.
Entonces
surgen las siguientes preguntas:
1) ¿Cuál de estos diferentes grupos,
teóricamente hablando, tiene el mayor derecho a ser preponderante en la
organización de la sociedad?
2) En la Edad Media, ¿cómo fue la
distribución de las funciones realizadas en la sociedad?
Cómo Paganismo resolvía la diferenciación de funciones
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| Un grupo de intocables condenaba a una vida de exclusión en el sistema de castas de la India |
En
la India prevalecía el sistema de castas. Según este sistema, la persona
pertenecía a una casta determinada sólo por el hecho de haber nacido en ella.
No había ninguna posibilidad de pasar de una casta a otra.
Los
hindúes entendían las castas de una manera religiosa. Ellos creían que después
de la muerte el alma se encarnaría en otros cuerpos. Si una persona había
practicado la virtud, su alma se encarnaría en una casta superior; si hubiera
sido mala, se encarnaría en una clase inferior. Por lo tanto, la clase social
de una persona ya estaba determinada antes de su nacimiento.
Ahora,
si la clase social está determinada por una vida anterior, entonces no es
posible en esta vida que alguien pueda cambiar su lugar en la sociedad. Por
tanto, en la India la persona estaba completamente encerrada en la clase social
a la que pertenecía, sin la posibilidad de subir o bajar. Las clases sociales
eran hereditarias y establecidas de forma permanente.
Un
sistema similar prevaleció en el antiguo Egipto. Estaba organizado de tal
manera que un tercio de las tierras pertenecían a la clase sacerdotal, un
tercio a la clase militar y el último tercio al Faraón.
Las
clases sacerdotales y militares estaban absolutamente fijas. Un sacerdote nunca
podía ser un militar; él debía siempre ser un sacerdote. Sus hijos también
serían para siempre sacerdotes. Lo mismo ocurría con un militar: Todo hijo de
militar debía seguir la profesión de su padre, y nadie de otra clase podrían
entrar en ella. Estas fueron las dos clases cerrada; debajo de ellas estaba la
masa de la población, que eran los plebeyos de Egipto.
Cómo la Iglesia Católica resolvió la diferenciación
En
la civilización medieval la Iglesia Católica reconocía tres clases básicas: el
clero, la nobleza y el pueblo. Mientras se mantenían las diferencias, la
Iglesia fundamentalmente cambió algunos aspectos de esas tres clases sociales
básicas.
La
primera clase de la sociedad era el clero. Era una clase completamente abierta
a todas las personas que tenían una vocación para entrar en ella. La Iglesia no
exigía que una persona perteneciera a una determinada clase social para
convertirse en un miembro del clero. Por el contrario, la Iglesia permitió que
personas de los más modestos estratos de la sociedad ascendieran a los puestos
más altos de la jerarquía eclesiástica.
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| Las acciones heroicas hacían que el soldado ascendiera a la nobleza |
La
segunda clase era la nobleza. La nobleza era una clase hereditaria, pero aquí
también había notables diferencias en comparación con los sistemas paganos. Una
de las diferencias más importantes: Un noble podía perder su estatus social si
incurría en una acción infame. También era digno de notarse que un plebeyo pudiera
ascender a la nobleza, si él realizaba un acto público importante.
Por
lo tanto, la clase noble no era una situación cerrada en la que era imposible
que alguien pudiera entrar o salir. Tenía una cierta flexibilidad que permitía
una renovación lenta. Poco a poco, los que eran deficientes o depravados serían
eliminados y gente con sangre nueva podía entrar a causa de sus virtudes y
capacidades. Era una clase que tenía una gran estabilidad, pero era una clase
abierta.
La
tercera clase estaba constituida por la burguesía y los plebeyos con una
multitud de diferenciaciones; tanto entre estos dos estratos y dentro de cada
nivel de la jerarquía del pueblo.
La
pregunta que queremos examinar en esta serie es la siguiente: ¿En qué medida
todo este pueblo —el clero, la nobleza, los terratenientes, los académicos, los
trabajadores industriales, los comerciantes, los campesinos y obreros— podía y
de hecho participaba de manera efectiva en la dirección del Estado?
La participación en el poder público basada en el
número
Las
organizaciones políticas modernas han generalmente resuelto el problema de la
participación en el poder público basada en los números. El Estado asume una
posición indiferente respecto a las clases sociales, afirmando que toda persona
es igual y tiene el mismo derecho a un voto. Cuando llega el momento de votar,
el resultado se obtiene numéricamente. La elección se hace por la mayoría de
votos.
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| En la sociedad democrática moderna e igualitaria, todo se resuelve en base al número |
En
apariencia es una muy buena solución, ya que la dirección del Estado debería
estar en las manos de aquellos que están más interesados, y la mayoría
debería
estar más
interesada que cualquier grupo pequeño
en la dirección de
los asuntos públicos.
Sin
embargo, cuando consideramos la cuestión de la competencia y especialización,
aparecen deficiencias. De hecho, a menudo la mayoría de los hombres no son los
más inteligentes, con más criterios para juzgar y con mejores condiciones para
orientar. Estas personas normalmente constituyen una minoría en la sociedad.
Por lo tanto, el error de este sistema es que establece que todo puede resolverse
simplemente por el peso de los números, que excluye a las élites y las destina
a estar siempre derrotadas por la mayoría.
Este
simple mecanismo de la mayoría de voto termina por poner las cosas al revés: es
decir, los líderes auténticos que realmente tienen condiciones para orientar a
la mayoría quedan excluidos. En cambio, surgen aquellos que son capaces de
manipular este sistema detrás de las escenas como una elite artificial que controla
la mayoría de votos.
Por
esta razón, el Papa Pío XII dirigió la atención de los estadistas y hombres de
cultura al siguiente problema: saber cómo debería distribuirse la participación
en la dirección de un Estado dentro de un país de modo que pueda ser sabiamente
orientado y gobernado.
Para
realizar esta tarea, estudiaremos cómo esto sucedió en la Edad Media con el fin
de ver si se puede encontrar una sugerencia para una solución en nuestros
tiempos.
Fuente: TIA
Continuará. La siguiente publicación de esta
serie se titula: Deberes y privilegios del Clero
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Sociedad Orgánica
domingo, 23 de junio de 2013
La Profecía de San Malaquías de los Papas y Antipapas (en español)
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Santo Tomás Moro
Canciller y mártir
Plinio Corrêa de Oliveira
O Jornal, Rio de Janeiro, 22 de junio de 1935
En
el día 6 de junio de 1535, bajo los golpes de la justicia inglesa, moría Tomás
Moro, ex miembro del Parlamento Inglés, ex subcomisario de Londres, ex
consejero del rey, ex canciller de Inglaterra, elevado a la categoría de
hidalgo, y hecho caballero; uno de los más famosos escritores de su época,
autor de una obra inmortal —la “Utopía”—y amigo cercano de Erasmo, el gran
humanista del siglo XVI.
Condenado
a muerte, la sentencia del tribunal determinaba que le abriesen el vientre, y
le arrancasen las entrañas. Pero la “clemencia” de Enrique VIII convirtió la
pena en decapitación. En el día fijado, se procedió con la ejecución. Por un
momento brilló al sol del verano el arma empuñada por las manos trémulas del
verdugo. La cabeza del criminal rodó por tierra. Estaba todo consumado. Él expiaba un crimen atroz —que a otros,
antes como después de él, les había costado un precio aún mayor— el de ser católico.
Su
vida fue siempre un brillante ascenso, en que la gloria y el poder corrían a su
encuentro, al tiempo que los despreciaba, volviendo sus ojos para otra felicidad
que la inconstancia de la política y la tiranía del rey no le podían robar.
Aún
joven, su alma noble se dejó atraer por el encanto místico de un monasterio
benedictino, donde quiso enlistarse como soldado en la milicia sagrada del
sacerdocio.
Pero
la Providencia lo condujo para otros rumbos y, aunque se vio obligado a reducir
el tiempo consagrado al estudio de la teología, su materia predilecta, para dar
lugar a la filosofía, intervino la voluntad paterna, que lo forzó a relegar a
un segundo plano estos estudios tan apreciados, para imponerle que emplease
mejor su tiempo para formarse en Derecho en Oxford.
Dócil,
Tomás Moro obedeció. Adquirió, en la famosa Universidad de Oxford,
conocimientos jurídicos eminentes. Por esta razón, vio abrirse delante de si las
puertas de la política y del Parlamento y por ellas ingresó.
En
el rápido ascenso que lo condujo a los más altos cargos del gobierno, cualquier
observador superficial podría imaginar que el jurista y el político habían matado
definitivamente en Tomás Moro al filósofo y al teólogo, y que nada más, en el
reinado de Enrique VIII, habría de perdurar del estudiante idealista de otros
tiempos.
Pero
fue lo contrario lo que ocurrió. Señor de extensa inteligencia, pudo formar, al
par de una ciencia jurídica notable, una profunda cultura filosófica. Y sus
producciones, de las cuales la más famosa fue la “Utopía”, lo colocaron en el
primer plano de los escritores europeos de su tiempo, valiéndole la admiración de
reyes y príncipes, y la fraternal amistad del inmortal Erasmo.
Hay, entre el político que
asciende a los más altos grados de la admiración equipado de profundos
conocimientos filosóficos, jurídicos y sociales, y el político que sube a las
eminencias del poder como único bagaje, una pequeña cultura y una gran ambición,
la misma diferencia que existe entre el médico y el curandero. El primero se orientará por la ciencia no
menos de que la práctica. El segundo, procederá con un empirismo ciego,
aplicando a los problemas de hoy el mismo repertorio de fórmulas que él vio “dar
en resultado” en el ayer.
Tomás Moro perteneció a la primera categoría, el político
no mató en él al filósofo ni al teólogo; sino que el filósofo y el teólogo gobernaron al político, iluminándole el
camino, dictándole los horizontes y dirigiéndolo a la acción.
Es
justamente en esta ocasión que Enrique VIII lo atrapa en lo más brillante de su
carrera para imponerle el trágico dilema: o crees o mueres; o él adhiere a la
herejía protestante, o incurre en la ira del rey, presagio terrible de futuras
desgracias.
Es
el momento crucial de su existencia. De un lado, la vida le sonríe, del otro la
conciencia le indica el camino del deber. Él no duda. Entrega su determinación y
se recoge a la vida privada.
Fue
ahí que las iras del rey fueron a fulminarlo. Conducido a la prisión, fue
sometido a diversos interrogatorios, en que el soldado de los derechos del Papado mostró una energía, una grandeza
de alma, un desprendimiento digno de los mártires de las primeras eras
cristianas.
Al
duque de Norfolk, que le decía que “la indignación del príncipe significaba la
muerte” le replicó noblemente: “¿Es sólo eso, milord? Realmente entre vuestra
gracia y yo no hay sino una diferencia: es que yo moriré hoy y vuestra gracia
mañana”.
Encarcelado
en la Torre de Londres por un año, enfermo, privado del supremo consuelo de los
sacramentos, todo conspiraba contra su constancia, inclusiva —suprema tentación—
los ruegos afectuosos de su esposa y de su hija, incapaces de acompañarlo en la
dolorosa grandeza del martirio. Finalmente, su familia se vio reducida a tal
miseria, que tuvo que vender los trajes de corte, para pagar el alimento
indispensable para que Moro no muriese de hambre en la prisión.
En
los interminables interrogatorios, le salió al encuentro la perfidia de Tomás
Cromwell, que procuraba, por medio de hábiles preguntas, convencerlo del crimen
de alta traición. Moro, sin embargo, no se dejó enredar y, con la tranquila
firmeza de un alma pura, pronunció esta frase que resume toda su defensa: “Soy
fiel al rey, no hago mal a nadie, ni difamo a ninguno; si esto no es suficiente
para salvar la vida de un hombre, no quiero vivir por más tiempo”.
Finalmente,
le quitaron los libros de piedad. Cerró, entonces, las ventanas de su cárcel y
se mantuvo en la oscuridad, para meditar sobre la muerte, hasta que llegó el
día en que debería beber la última gota del cáliz.
Caminó para el martirio con
la naturalidad de quien cumple un deber. Y ni ahí lo abandonó aquella cordura
de espíritu que tan armoniosamente se aliaba a su invencible energía. Lo mostró en dos lances extremos de
indefectible humor inglés. Como estaba poco firma la escalera del cadalso,
pidió al verdugo que lo ayudase a subir. “Cuando caiga, agregó jocosamente, yo
me las arreglaré solo”. Después de haber abrazado al verdugo se arrodilló y le
pidió tiempo para componer su barba. En tono de broma, le dijo después al
verdugo: “No la cortes, ella no tiene culpa”. Oró, y entregó su gran alma a
Dios.
* * *
En
una época en que el desprestigio se va proyectando como una sombra siniestra
sobre tres categorías de hombres que sirven de sostén a la sociedad —los políticos,
los científicos y los militares— la Iglesia acaba de elevar a la honra de los
altares a tres modelos admirables de honor y virtud, exactamente en estas tres
clases. Canonizó a Juana de Arco, canonizó a San Alberto Magno y acaba de
canonizar ahora a Santo Tomás Moro.
En
su gesto, hay simplemente un acto de justicia para con los santos. Pero la
Providencia permitió que sus procesos de canonización sólo ahora llegaran a término,
para que sirviesen como una protesta a todo pulmón contra la desmoralización que
hiere de lleno el prestigio de la ciencia, de la autoridad y de la espada, sin
las cuales la sociedad no puede vivir.
Y
fue más lejos en su reacción. No predicó apenas con ejemplos sacados del
pasado. Inspirados en la doctrina de la Iglesia, se formaron en nuestra época tres
grandes figuras modelares para dignificar la ciencia, restaurar el prestigio de
la autoridad y reconstruir la dignidad de la espada: Contardo Ferrini, uno de
los mayores cultores del derecho romano en su siglo; Foch el vencedor de la
gran guerra; y finalmente Dolfuss, el canciller mártir.
Ejemplos
como estos, más del que mil argumentos, pueden arrastrar a las personas a la
defensa de la Iglesia y de la civilización amenazadas por los que vienen de
Moscú [los comunistas], o por los neopaganos que se acuartelan en la Teutonia…
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