Se puede escuchar esta bella marcha de trompetas y fanfarrea haciendo clic en play
Sin comunicar en sus obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas y reprobadlas (Efesios 5, 11)
sábado, 19 de mayo de 2012
Marcha por el Arca
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La corona de Carlomagno y lo absoluto
La Corona de Carlomagno trae mensajes que nos hablan de algo muy
alto. Es como si ella encendiese dentro de nosotros algo todavía mayor que el
ambiente histórico en que alguna vez estuvo. Trae un mensaje y coloca alguna
cosa en la persona que la observa con atención. Y si esa persona se abre a ese
mensaje, entonces ella encaja tanto con la corona como con su significado. Si
varias personas son sensibles a ese mensaje, nace en ellas una relación entre
sus almas.
La Corona de Carlomagno simboliza
valores absolutos que nunca
cambian y se mantienen por encima de los hombres. Los símbolos tienen la función de
darnos a conocer esos valores absolutos de manera sensible. Los hombres no
tenemos una visión directa de los valores absolutos, pero cuando vemos un
símbolo, como la Corona de Carlomagno, percibimos entonces lo que son esos
valores absolutos.
Cuando una persona se abre a la influencia impalpable e indecible
de lo absoluto representado por esa corona, entra en un relacionamiento profundo
de alma no solo con la corona sino también con todo aquello que ella y ese
valor absoluto representa. Y entonces, en ese relacionamiento, un valor que está en Dios, es
decir, el Absoluto,
entra a habitar dentro de la persona.
¿Qué es ahí lo absoluto?: Es el propio Dios
visto en los reflejos que de Él hay en la creación; y el alma humana fue
hecha por Dios para conocer y amar lo absoluto, es decir, esos valores que
existen en Dios y resplandecen en los símbolos.
Mientras el alma humana no conozca esos símbolos del absoluto,
ella en verdad no ha vivido todavía. Mientras no conozca y ame esos absolutos,
sentirá el peso de la vida como la de un animal.
Plinio Corrêa de Oliveira, 26.10.1980
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Plinio Correa de Oliveira
jueves, 17 de mayo de 2012
Nuestra Señora del Santísimo Sacramento y la comunión plenamente confiada, tranquila y jubilosa
Plinio Corrêa de
Oliveira
Santo del día[1]
del 17 de mayo de 1969
[Nota: Las siguientes reflexiones se pueden aplicar
perfectamente para una comunión espiritual en el caso en que no sea posible la comunión
sacramental]
Hoy [17 de mayo] es la fiesta de nuestra Señora del
Santísimo Sacramento y también es la fiesta de nuestra Señora Reina de los
Apóstoles.
![]() |
| Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, iglesia de S. Claudio, Roma |
Estamos en la novena del Espíritu Santo y en la novena
de nuestra Señora Auxiliadora.
Considero conveniente detener particularmente nuestra
atención en esa invocación de nuestra Señora del Santísimo Sacramento, es
decir, nuestra Señora considerada especialmente en sus relaciones con el
Santísimo Sacramento.
Como no puedo hacer un Santo del Día (*) largo, procuraré esquematizar, para
que quepa lo más posible de materia dentro del poco tiempo disponible.
Pongo para que consideremos, los siguientes puntos:
1 – Una de las mayores gracias que el género humano
recibió fue la institución de la Sagrada Eucaristía, o sea, la presencia real
de nuestro Señor Jesucristo en todos los sagrarios de la tierra, hasta el fin
del mundo.
Para que midamos la importancia de esa gracia, basta
que consideremos cómo consideraríamos magnífico el favor de, súbitamente, tener
a nuestro Señor visible ante nosotros… Consideraríamos, con toda razón, que una
eternidad no bastaría para agradecer una tal merced.
Sin embargo, nuestro Señor no está visible, pero está
tan real en el santísimo sacramento cuanto estuviese visible. Por ahí podemos
medir un poco la importancia de esa gracia.
2 – La importancia de la gracia de la comunión no es
apenas las presencia del Él en el Santísimo Sacramento, también es la presencia
de Él en nosotros.
3 – En el orden de los valores, el supremo, el mayor de
todos es la santa misa que es la renovación incruenta del sacrificio del
Calvario, y que está vinculada a la Eucaristía. No habría Misa sin Eucaristía.
Todas esas gracias, si las recibimos, vienen por los
ruegos de María, porque todas las gracias vienen por medio de Ella. De manera
que esos favores insondables los debemos a nuestra Señora. Ella es quien obtuvo
el Santísimo Sacramento para el género humano.
4 – Todas las gracias que nuestro Señor distribuye en
el Santísimo Sacramento, Él las distribuye por el pedido de Ella. Si ella no
pidiese, no se obtendría.
5 – La única criatura humana que presta al Santísimo
Sacramento un culto enteramente digno es nuestra Señora. Las otras criaturas
humanas algún defecto siempre tienen, que macula el alcance de ese culto. Por
el contrario, nuestra Señora presta un culto perfecto.
6 – Nuestra Señora conoce todos los lugares de la
tierra donde está el Santísimo Sacramento, y Ella, desde lo alto del cielo,
está adorando continuamente las Sagradas Especias en todas partes. Donde las
Sagradas Especies son debidamente adoradas, ahí Ella ofrece un culto jubiloso.
Cuando son tratadas con indiferencia o hasta con blasfemia o sacrilegio, Ella
ahí ofrece un culto reparador.
La devoción del Santísimo Sacramento en cada alma es
una gracia, luego es un fruto de Ella. Por Ella es que somos devotos del
Santísimo Sacramento.
El modo de comulgar de un verdadero esclavo de María
¿Qué uso debemos hacer de los puntos antes numerados?
Cada uno de ellos es un tema para la meditación, que
nos debe ayudar a comulgar como San Luis María Grignion de Montfort quiere.
Todas nuestras comuniones son actos de culto a nuestro
Señor Jesucristo, pero con María, por María, en María.
Entonces, dadas todas esas relaciones que nuestra
Señora tiene con el Santísimo Sacramento, deben prepararnos para la comunión
con el auxilio de Ella. ¿Qué quiere decir eso? Pedir a Ella que venga a nuestra
alma, que disponga nuestra alma y que diga por nosotros a nuestro Señor todo
cuanto Ella diría si estuviese comulgando.
Debemos recibir la Eucaristía junto con Ella. ¿Qué
significa eso concretamente? Pedir con que Ella esté como que a la entrada de
nuestra alma para recibir a nuestro Señor, y que, en nuestra alma, preste los
actos de culto a Él. Los actos de culto, como sabemos, son cuatro: adoración,
acción de gracias, reparación y petición de las gracias que necesitemos.
Entonces, pedir que Ella haga todo eso en unión con nosotros.
Decir a nuestro Señor en la comunión, por ejemplo, lo
siguiente: “Mi Dios, vos encontrasteis vuestro paraíso estando en María durante
la concepción de Ella. ¡Cómo es inferior la acogida que yo os doy! Ten, por
tanto, en consideración que, en espíritu, vuestra Madre está presente en mí,
dispensándoos una acogida incomparable. Recibid, así, con benignidad, mis
pobres actos de culto, enriquecidos por pasar a través de Ella, a fin de llegar
a vos”.
De este modo, nuestra piedad eucarística se vuelve
enteramente marial, enteramente embebida del espíritu, del modo de la devoción
de San Luis María Grignion de Montfort. Este es el modo de comulgar de un
esclavo de María. Y evita que, a respecto de la
comunión, se caiga en dos errores: la idea de la inaccesibilidad de Dios y la
falta de respeto para con Él.
La comunión hecha en unión con nuestra Señora es plenamente
confiada y jubilosa
Porque nuestro Señor Jesucristo es Dios, quiere decir,
Él es tan infinitamente santo, que no hay ninguna proporción posible entre
nosotros y Él bajo de ningún punto de vista.
Entonces, si se tiene apenas este aspecto en
consideración, se va a comulgar y se corre el riesgo de hacerlo de modo
avergonzado, casi deprimido.
Si se tiene en vista que nuestra Señora está en
nosotros espiritualmente ―no realmente como está Él― se comulga alegre, porque,
a pesar de ser lo que somos, Ella está ahí.
Les doy un ejemplo: imaginen un mendigo que va a
recibir la visita del mayor rey de la tierra. Él no tiene nada que ofrecerle,
pero consigue que la reina madre esté ahí para recibirlo. El mendigo queda
tranquilo. La recepción de él fue excelente, no le falta nada si la reina madre
está en la entrada de la cabaña y dice al rey: “Hijo mío, yo quise honrar esta
casa con mi presencia. Esta casa es mía. Entrad…”.
El dueño de caso no tiene otra cosa sino sonreír,
regocijarse, transbordar de alegría porque la recepción está a la altura del
rey. Es hecha por la madre de Él, no hay nada más que decir.
Entonces, la comunión es plenamente confiada,
plenamente tranquila, alegre y jubilosa.
La gente debe comulgar con el alma así. Sin timidez,
sin desconcierto. Y así es, porque si cada uno de nosotros pensara en ese
momento apenas lo que lleva consigo… ¡Dios mío! ¡Qué desastre!... Pero ahí está
nuestra Señora, ¡se acabó! ¡Qué tranquilidad, alegría, paz de alma, esperanza
para todo!
La devoción a nuestra Señora pone en equilibrio todos los
problemas que pueden perjudicar nuestra comunión
Así se evita también la falta de respeto que tendría,
por ejemplo, un mendigo a quien el rey fuese a visitar todos los días. Nunca el
mendigo tiene nada para ofrecer al rey. En el “tantésimo” día, él le dice al
rey: “¿Queréis saber una cosa? Siéntese aquí y conversemos, porque yo no tengo
siquiera nada que ofreceros, no puedo nada. Si vos quisisteis venir aquí, la
realidad es esa. Aquí está mi te viejo para ofrecerle, y mi tasa rota. No tengo
otra cosa. Consecuencia: falta de respeto…
Entonces, la devoción a nuestra Señora no solo quita la
vergüenza, la desconfianza, sino también la rutina, la falta de respeto. Por lo
tanto, equilibra la situación. Se comprende quién es a quien estamos
recibiendo.
Hay, por lo tanto, una especie de equilibrio de la
piedad eucarística simplemente magnifica, por la conjunción de la mayor de las
veneraciones, una veneración que se llama adoración, de un lado. Pero también la
mayor de las ternuras. Puedo tomarme con relación a Él las libertades más
afectuosas, porque ha sido recibido por la Madre de Él.
Todos deberíamos, habitualmente, comulgar con ese estado
de espíritu, tomando, cada día, por ejemplo, uno de esos puntos para meditar
durante la comunión.
Decir: “Mi Madre, yo os debo la institución de la
Sagrada Eucaristía. Todo el género humano os debe esta institución. Ayudadme a
agradecerle a vuestro divino Hijo, venid a mi alma”. Al recibirlo, darle a Él las
gracias por ello.
Creo que es un método enteramente válido para la comunión,
y así se pueden evitar esas comuniones en que las personas tienen la impresión de
que no saben qué decir a Dios, como dos viejos amigos que se encuentran todos
los días y que ya no tienen mucho que decirse uno al otro…
Siempre tenemos cosas nuevas para decirle a nuestro
Señor. Es cuestión de profundizar esos horizontes.
Que nuestra Señora del Santísimo Sacramento, que es
nuestra Señora en cuanto relacionada con todos esos títulos al Santísimo
Sacramento, nos conceda a todos esa gracia tan preciosa de una piedad eucarística
en unión con Ella.
[1] Los
Santos del Día eran unas breves reuniones en las que el Prof. Plinio ofrecía
una reflexión o comentario relacionado con el santo o fiesta religiosa que se
celebraba aquel día.
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Plinio Correa de Oliveira
lunes, 14 de mayo de 2012
¿El ángel de la guarda es menos inteligente que el demonio?
La Iglesia enseña que Dios creó a los ángeles muy superiores a nosotros. Al ser espíritus puros, de inteligencia lucidísima y con gran poder, ellos superan, por su misma naturaleza, a los hombres mejor dotados.
Con su rebelión, los ángeles malos perdieron la virtud, pero no su inteligencia ni su poder. Dios, según los designios de su Providencia, acostumbra a frenar la acción de ellos de alguna manera. Pero per se, y por su naturaleza, ellos siguen siendo muy superiores al hombre.
De ahí viene el hecho de que la Iglesia siempre aprobó que los artistas representaran al demonio bajo la forma de un ente inteligente, sagaz, astuto, poderoso, si bien que lleno de malicia en todos sus designios. La Iglesia incluso aprobó que el demonio fuera representado como un ente de encantos fascinantes, para manifestar de esa manera las apariencias de cualidad con que el espíritu de las tinieblas puede revestirse para seducir a los hombres.
* * *
Este tipo de representación se ha hecho tan frecuente que casi nadie se hace la idea de cómo es el demonio sino es bajo este aspecto.
Todo esto es, como dijimos, perfectamente ortodoxo.
* * *
¿En qué sentido son las representaciones de los ángeles buenos que hace cierta iconografía muy común? Nos los muestran como seres eminentemente bien intencionados, felices, cándidos, y todo esto es conforme a la santidad, a la bienaventuranza, a la pureza que poseen en grado eminente. Pero esas representaciones se exceden en este aspecto, y, queriendo acentuar la bondad y la pureza de los ángeles fieles --sin saber, de otro lado, cómo expresar al mismo tiempo su inteligencia, su fortaleza, su admirable majestad--, los representan como seres insípidos y sin valor. Nuestra segunda foto muestra a una niña cruzando un riachuelo sobre una tabla. Un ángel de la guarda la protege. La pintura, siendo popular y sin pretenciones, no deja de despertar simpatías legítimas, puesto que evoca agradablemente un paisaje campestre, teniendo al fondo el campañario de la aldea, e impregnado de la inocencia de vida que tan fácilmente se puede conservar en el campo. Por otra parte es conmovedora la idea de una niña que sigue despreocupada su camino, protegida por un príncipe celestial, que la ampara cariñosamente. Pero si nos fijamos en este príncipe, ¿no parece él carente de aquella fuerza, de aquella inteligencia, de aquella penetración, de aquella sutileza propia a la naturaleza angélica y con que siempre se representa a Satanás? Fijémonos ahora en el cuerpo que se le atribuye al ángel bueno: actitud débil, flácida, carente de inteligencia. Si lo comparamos con la esbeltez, la agilidad, la alta expresión del porte de Mefistófeles: ¿Puede haber mayor diferencia?
En todo esto hay un grave inconveniente. Al representar insistentemente al demonio como inteligente, vivo, capaz, y, al representar siempre a los ángeles buenos --como lo hace la iconografía azucarada-- como seres débiles, inexpresivos, casi tontos, ¿qué impresión se va formando en el alma popular? Se forma la idea de que la virtud produce seres carentes de fortaleza y bobos, mientras que el vicio forma hombres inteligentes y varoniles.
Hay en esto más de un aspecto de aquella acción endulzada que el romanticismo ejerció tan profundamente y que sigue ejerciendo hoy en día en los medios religiosos.
Plinio Corrêa de Oliveira
Catolicismo Nº 41 - mayo de 1954
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Plinio Correa de Oliveira
Verdades de las que hay que estar conscientes
Para algunos este video les podrá parecer inverosímil, simplista,
desvinculado con la realidad. Sin embargo, su contenido es cierto y ya existe
bastante información para demostrarlo. Aquí no se demuestra lo que se dice,
pero es cosa de investigar un poco para concluir que es una verdad de las que
hay que estar conscientes si no queremos convertirnos en un simple rebaño.
Fuente: Periodismo Alternativo
Fuente: Periodismo Alternativo
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domingo, 13 de mayo de 2012
Devoción al santo rosario: el "arma" del contra-revolucionario
Para hoy 13 de mayo en que se conmemora la primera aparición de la Virgen en Fátima, y puesto que Ella se identificó como Nuestra Señora del Rosario y que pidió en todas sus apariciones el rezo diario del rosario, creemos oportuno incluir aquí estos breves pero sabios comentarios sobre la devoción del rosario.
Como sabemos, un gran mérito de la devoción al santo rosario
es que ella fue revelada por nuestra Señora a Santo Domingo como un medio para
reavivar la fe en las regiones muy devastadas por la herejía de los albigenses.
Plinio Corrêa de Oliveira
![]() |
| Nuestra Señora del Rosario |
Realmente, la generalización de la práctica del rosario
obtuvo un reavivamiento de la fe. Con esto el rosario pasó a ser, en las épocas
en que hubo verdaderamente fe en el mundo, una de las devociones clásicas católicas.
A tal punto que no solo las imágenes de nuestra Señora del Rosario se
generalizaron por toda la tierra, sino también la práctica de esta devoción era
un elemento oficial del hábito de muchas órdenes religiosas.
De entre las mil cosas que se podrían decir a respecto, gustaría
de acentuar exactamente esta ligación del origen del rosario y la virtud de la
fe, entre el rosario y la derrota de los herejes. El rosario siempre fue
considerado un arma potentísima de la fe. Sabemos que la virtud de la fe es la raíz
de todas las virtudes, y las otras tienen que brotar de una fe viva, o entonces
ellas no son auténticas virtudes. Por lo tanto, no adelanta pretender cultivar
las otras virtudes y ser negligentes con la virtud de la fe.
Para nosotros, que llevamos una vida de lucha legal y
doctrinaria en favor de la ortodoxia, y que consideramos la victoria de la
ortodoxia y de la Contra-Revolución en el mundo un ideal de nuestra vida, esta devoción
dice mucho. Precisamente porque ella establece el nexo entre nuestra vida y la devoción
a nuestra Señora, que aparece claramente aquí como siendo aquella que sola
aplastó todas las herejías, como dice la liturgia. Las aplastó, en gran parte,
por el rosario.
El rosario es el “arma”
de la ortodoxia, el “arma” del
ultramontanismo, y la devoción por la cual aplastamos las raíces del mal espíritu
que pueda haber en nosotros, y derrotamos la herejía y el mal espíritu y la
lucha que estos mueven contra nosotros. De manera que el rosario es una
práctica típica para nosotros, y es por esta razón que insistimos tanto sobre
ella. De tal manera que se debe considerar que la vida de un contra-revolucionario sólo es normal y sólo está en
regla, cuando, entre otras cosas, reza diariamente los tres misterios del
rosario.
No tiene propósito que alguien diga lo siguiente: “Prefiero
rezar una decena bien rezada en vez de un rosario entero como un papagayo”. Hubo
un santo a quien una persona le dijo esto y él le respondió: “Está bien rece
con todo recogimiento un avemaría”. La persona intentó rezarlo, y no consiguió.
Alguien me dijo que Santa Teresita jamás consiguió, en toda su vida, rezar un
Avemaría sin distracción.
La verdad es que rezar sin distracción un avemaría es una
obra prima. Y puesto que difícilmente se consigue rezar un Avemaría sin una
cierta distracción, vale la pena
compensar la falta de calidad por la cantidad. Si apenas soy capaz de rezar
avemarías con distracción, es mejor rezar 50 avemarías con distracción de que
un avemaría con distracción. Es evidente.
De manera que el rezo
del rosario tiene mucho valor. Es una oración humilde, no presumida, no
tiene la manía protestante de exceso de prestar atención en las cosas. Por el
contrario, comprende la fragilidad humana e impulsa las cosas para que
progresen. Por eso la repetición que hay en el rosario está lejos, y hasta muy
lejos, de ser estéril. Ella tiene el gran mérito de la insistencia. El propio nuestro Señor recomendó, como una
de las cualidades de la oración, que ella fuese insistente. La oración insistente
consigue las cosas. Si insistimos, aunque apenas verbalmente, obtendremos la
gracia.
Por lo tanto, recomiendo
la oración del rosario como siendo el “arma” del contra-revolucionario para
perseverar, para santificarse y para derrotar las herejías.
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Plinio Correa de Oliveira
domingo, 6 de mayo de 2012
El castillo de Neuschwanstein, un castillo de fábula
![]() |
| El rey Luis II de Baviera |
Neuschwanstein ('nueva piedra del cisne' en español), situado
en Baviera cerca de Füssen, Alemania es uno de los castillos neogóticos más
conocidos. Mandado construir por el rey católico Luis II de Baviera, en 1866, originalmente era
conocido como el nuevo Hohenschwangau, en honor del lugar donde el rey pasó
gran parte de su infancia. Es el edificio más fotografiado en Alemania y uno de
los destinos turísticos más populares en ese país.
El castillo de Neuschwanstein se construyó en una época en
que los castillos y las fortalezas ya no eran necesarios desde el punto de
vista estratégico. Nació por la fantasía creadora de Luis II, una composición
de torres y muros que pretendía armonizarse con las montañas y los lagos. El castillo
combina eclécticamente varios estilos arquitectónicos y su interior alberga
múltiples piezas de artesanía no menos fantásticas. Su diseño no es funcional,
sino estético, siendo en buena medida el producto de la mente de un escenógrafo
teatral.
Por dentro, además de continuas referencias a leyendas y
personajes medievales como Tristán e Isolda o San Fernando de Castilla, contiene
una completa red de luz eléctrica, el primer teléfono móvil de la historia (con
una cobertura de seis metros), una cocina que aprovechaba el calor siguiendo
reglas elaboradas por Leonardo da Vinci y vistas a los paisajes a los Alpes,
incluyendo una cascada que el monarca podía contemplar desde su habitación.
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Al-Qaeda no existe
viernes, 4 de mayo de 2012
jueves, 3 de mayo de 2012
San Pío V atribuía toda la tristeza de la Iglesia en su tiempo a los pecados cometidos dentro de Ella misma. Diferencias entre el luchador y el camorrero
Plinio Corrêa de Oliveira
Hoy es la fiesta de San Pío V (1551-1572), Papa y
Confesor. De él afirma el Martirologio que se aplicó con celo y entusiasmo a
restaurar la disciplina eclesiástica, extirpara las herejías y aplastar a los
enemigos del nombre Cristiano. Él fue inquisidor supremo, promotor de la
batalla de Lepanto.
Datos narrados por Dom Guéranger, en su L’Année
Liturgique y de Rohrbacher, en su Histoire Universelle de l’Eglise
Catholique:
“Miguel Ghislieri, el futuro San Pío V, fue
nombrado superior de numerosos conventos, y [deploró] luego el relajamiento,
corrigiendo los abusos, manteniendo la disciplina. Con él parecieron resucitados los Pacomios[1]…
Donde se encontraba hacía revivir el espíritu de Santo Domingo en toda su
pureza y fervor. Era notable su asiduidad en los ejercicios del claustro. En el
ejercicio divino, se destacaba por su humildad sincera, por su amor a la
soledad, al silencio, a la pobreza, a la mortificación y su celo contra las
herejías de su tiempo. Por eso fue hecho inquisidor de la fe en Como[2].
Cumplió su oficio con prudencia, pero fue objeto de persecución, corriendo
riesgo de vida. En 1557, Paulo IV lo hizo cardenal. Todo el sacro colegio
agradeció al pontífice haberles dado un tan digno colega. A pesar de sus
numerosas ocupaciones, el ahora cardenal Ghislieri era inmensamente afable, sea
con quienes iban a tratar de asuntos serios, sea con los iban a importunarlo…”.
“Jamás rechazó a nadie, nunca fue rechazada una
audiencia y toda su conducta, como sus actitudes menores, hacían comprender que
Dios lo elevaba día a día, a fin de que
desde esa altura él pudiese servir, instruir, edificar al mayor número de
personas.
“Electo Papa, Pío V reunió a todos los dignatarios
eclesiásticos y domésticos de su casa, les prescribió reglas de conducta,
declaró lo que esperaba de ellos, según su estado, y advirtió que no aceptaba
ninguna infracción a los principios de una piedad ejemplar. Y él daba el
ejemplo. Austerísimo consigo mismo, no abandonaba sus vestiduras de monje bajo
los trajes pontificios, ni siquiera sobre el duro jergón que le servía de
lecho. Todas las noches hacia una larga visita a los siete altares de la
Iglesia de San Pedro”.
¡Qué escena bonita! La Iglesia de San Pedro ya
cerrada, y el papa santo, yendo de altar en altar para rezar en la soledad de la
iglesia, seguido probablemente por una o
dos personas que llevaban velas, o alguna cosa así, y rezando largamente. ¡Qué
escena maravillosa!
“En coyunturas importantes, pasaba noches enteras
de rodillas, consultando a Dios sobre sus decisiones. Su sello, en lugar del
escudo, traía ese versículo de un salmo: ‘Puedan mis caminos estar dirigidos a
guardar vuestra justicia’. Y para no apartarse nunca del sufrimiento de Cristo,
tenía siempre delante de sí, sobre una mesa, una imagen de nuestro Salvador en
la cruz, alrededor de la cual estaban escritas esas palabras de San Pablo:
‘Lejos de mí gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo’.
Dirigiéndose a los cardenales, les hizo notar que el medio más seguro de
apaciguar la cólera de Dios, de detener a los herejes que atacaban la Iglesia,
a los musulmanes que extendían su imperio de barbarie, era en primer lugar
poner en regla sus vidas y sus casas. ‘Es a vosotros, decía, que Cristo dirige
las palabras: Vos sois la luz del mundo y la sal de la tierra’.
“Roma estaba devorada públicamente por las
cortesanas… Pío V promulgó un edicto muy riguroso en contra…, expulsándolas de
Roma y de los Estados pontificios, llamándolas ‘peste de la república’…
“Después de un pontificado lleno de luchas, entre
las cuales se destaca el esfuerzo del papa contra los turcos y la obtención de
la victoria de Lepanto (1571) por su oración a nuestro Señora del Rosario, Pío
V pasó a ser objeto del odio de parte de los enemigos de la Iglesia. Intentaron
asesinarlo, empleando para ello los medios más pérfidos. Cierta vez, por una
estratagema tan cobarde cuanto sacrílega, secundados por una odiosa traición,
pusieron veneno en los pies del crucifijo que el santo tenía en su oratorio…”.
¡Eso es una infamia! Asesinar a un papa, un papa
santo, matarlo en el momento en que él va a besar el crucifijo, y poner el
veneno en el propio crucifijo, son requintes de infamia…!
“… y que besaba con frecuencia. Cuando se estaba
preparando para su homenaje diario a la sagrada imagen, los pies del Crucificado
se separaron de la cruz y como que se apartaron del respetuoso anciano. Pío V
comprendió, entonces, que la malicia de sus enemigos se trasformaría para él en
instrumento de muerte. En el lecho de muerte, echando una última mirada a la
Iglesia de la tierra que iba a dejar por la del cielo, y queriendo implorar una
última vez la divina bondad en favor del rebaño que dejaba expuesto a tantos
peligros, recitó con una voz casi apagada aquella estrofa de los himnos de
tiempo pascual: ‘Creador del hombre, dignaos preservar a vuestro pueblo de los
asaltos de la muerte’. Al terminar esas palabras, se durmió suavemente en el
Señor”.
Son tan bonitos esos datos que uno tiene dificultad
en comentarlos. Sin embargo, podemos en alguna cosa tomar nota de la fisonomía
moral de él.
En primer lugar, ese aspecto que hemos comentado
aquí: la distinción entre el camorrero y el luchador.
El individuo luchador
es aquel que lucha por principios, nunca
hace una pelea por razones de carácter individual. En el campo de los
intereses individuales, él tolera, él soporta, él perdona, él es magnánimo, no
se incomoda con nada, pero en el campo
de la doctrina y de los intereses de la Iglesia católica es un león y ahí es
verdaderamente indomable, pudiendo ser considerado una fiera, porque el
propio nuestro Señor Jesucristo fue llamado por la Escritura: “León de Judá”.
Siempre el que es
muy camorrero, es poco luchador. El que lucha lo hace por la Iglesia; el camorrero,
en cambio, es movido meramente por sus intereses personales.
Ustedes ven aquí a San Pío V afabilísimo,
modelo de afabilidad. Aquel tiempo era una época del Renacimiento, con una vida
de corte muy desarrollada; todos los prelados eran importunados por un mundo de
personas: les hacían pedidos, visitas superfluas, complicaban de muchas maneras
la vida del prelado… Él tenía una paciencia completa, recibiendo a todo el
mundo de modo edificante, maravilloso. Pero eso es porque le complicaba la vida
y complicando la vida de él estaba él en juego. Y estando en juego su persona,
estaban en juego los intereses de él y los intereses de él no eran nada, porque
no hay nadie de nosotros que no sea nada delante de Dios. Y por causa de eso nuestra preocupación debe ser sacrificar
nuestros intereses individuas, nuestras connivencias, nuestra voluntad, por la
causa católica.
Observen cómo cuando se trata de la moral, de la doctrina,
el trazo distintivo de ese hombre consistía en la severidad más extrema, la más
infatigable, la más continua. De comienzo a fin, en una época de relajamiento
moral del Renacimiento, ¡cómo él representaba la moralidad firme! Vemos que comienza
por ahí: él entra en el convento. ¿Cuál era su nota característica? Se destacaba
por la humildad sincera, por el amor a la soledad, al silencio, a la pobreza y
a la mortificación. El luchador gusta de
la soledad, gusta del silencio, gusta de la pobreza y de la mortificación.
Al contrario,
el camorrero no. Fíjense en lo siguiente: las
personas camorreras no soportan la soledad. Ellos gustan de estar siempre cerca
de los demás molestándolos. La Escritura dice que mejor es vivir en una casa
con goteras que con una mujer rencillosa, porque la gotera se detiene y la
mujer rencillosa siempre anda por la casa detrás del hombre. La persona
camorrera tiene mucho de eso.
El luchador se aísla, el luchador se concentra, el luchador tiene principios, piensa. Y
cuando llega el momento de hablar, habla como se debe.
Él era conocido por su celo contra las herejías,
sobre todo las herejías de su tiempo. Yo conocí profesores de seminario que
eran muy eximios para refutar la herejía de los montanistas, de los donatistas.
Se decía: “Ese de ahí es un monstruo. Hace clases con una energía en contra de Arrio,
¡qué cosa extraordinaria!...”. Pero era incapaz de protestar contra el consejal
del municipio que propusiera una ley inmoral cualquiera… O sea, eran corajosos
retrospectivos…
Hecho cardenal, ¿cuál es su preocupación? Es la
lucha ―al mismo tiempo fue nombrado inquisidor―, es la lucha a favor de la inquisición
contra los herejes.
Hecho papa, vuelve a la lucha contra la falta de
austeridad. Primero llama a todos los dignatarios domésticos de su casa,
prescribe reglas de conducta. En aquella época de Renacimiento él quería acabar
con aquellas frivolidades, porque se debe ser serio, se debe ser austero, no se
puede andar con la cara de payaso sonriente todo el tiempo… En aquella época se
usaba sotana de seda negra con encajes, casi como una falda, como si fuese una
señora… maneras afeminadas, cabellos arreglados, dos o tres anillos en los
dedos, etc. ¡Basta de eso! ¡Pórtese como un ministro de nuestro Señor Jesucristo
que lleva consigo el porte de Cristo crucificado!
Él mismo usaba su sotana de dominicano, bajo los
trajes pontificales, y dormía vestido de dominicano. La costumbre observada en
las diversas órdenes religiosas era dormir con el hábito religioso.
Dom Duarte Leopoldo e Silva, que fue un antiguo
arzobispo de São Paulo, sufrió un ataque cardíaco durante la noche. Él dormía
con pijamas. Tocó la campana para llamar al secretario. Antes que éste llegara,
él ya se había vestido y estaba tendido en la cama con la sotana puesta. Es decir,
¡eso es sentido eclesiástico! Nunca presentarse, ni siquiera en la intimidad de
su propio secretario, sin el traje talar. Cómo eso es diferente del espíritu de
hoy…
Él atribuía toda la tristeza de la Iglesia en su
tiempo ―la devastación que seguía haciendo el protestantismo, el espíritu
renacentista, el neo-paganismo, la inmoralidad, el avance de los turcos que
amenazaban la Iglesia― a los pecados que eran cometidos dentro de la propia
Iglesia. Él atribuía eso particularmente a los cardenales. De ahí que él dijo a
los cardenales que la reforma de vida debía comenzar por la reforma de ellos.
Algunos dirán: “Pero Dr. Plinio, ¿no eran los
cardenales de aquel tiempo eran bien parecidos con los cardenales de todos
tiempos?”. Yo respondo: es verdad, con una pequeña diferencia, pero esa
diferencia es “pequeña” como el tamaño que va de la tierra al cielo: los
cardenales de aquel tiempo tenían una serie de defectos, pero cuando un
cardenal Ghislieri era electo para el sacro colegio, ellos iban a agradecer al
papa, y después elegían como papa a ese mismo cardenal. No es pequeña la
diferencia…
Vean las medidas que él tomó contra las mujeres de
mala vida.
Finalmente, es conocido el famoso episodio cuando
él vio a nuestra Señora Auxiliadora desbaratar en Lepanto a las naves de los
turcos. Y aquí hay una relación entre la “bagarre”[3]
y ese episodio de la vida de San Pío V. En un “sueño” (visión) que tuvo San
Juan Bosco, nuestra Señora Auxiliadora estaba presidiendo de lo alto una
batalla en la que, como en Lepanto, eran dispersados completamente los navíos
de los adversarios.
San Pío V vio una victoria prefigurativa de la
victoria que la Cristiandad tendrá y dará en la implantación del Reino de María
¿Qué podemos pedir
hoy a San Pío V? Que interceda para que vengan cuanto antes esos
acontecimientos, a fin de que venga luego el Reino de María y podamos ver una
Lepanto inmensamente mayor de la de Lepanto de su tiempo, para gloria de nuestra
Señora, que con tanto amor él sirvió.
[1] Pacomio
fue un soldado romano del siglo IV que luchó en el bando de Majencio en la
Segunda Tetrarquía. Se convirtió al cristianismo en el transcurso de un viaje a
Alejandría, altamente impresionado por las buenas cualidades que pudo ver entre
los cristianos de aquellas tierras, en especial la caridad. Fue entonces cuando
decidió retirarse como ermitaño para llevar una vida de oración y austeridad,
junto a uno de los templos de Serapis que por aquel entonces se hallaba en
ruinas.
Tras un tiempo de vida como
ermitaño decidió crear una regla para monjes en comunidad que debían tener el
trabajo como medio de subsistencia importante. Con esta regla monástica sentó
las bases para lo que fuera más tarde el Ora et labora que proclamó San
Benito. Los monasterios creados por Pacomio llegaron a ser centros fabriles de
producción, con un recinto rodeado por un muro, en el que había cabida hasta
para mil monjes repartidos en las distintas casas. Dentro del cercado había
distintas edificaciones y en cada una trabajaban y oraban cuarenta monjes. A su
vez cuatro de estos edificios formaban una tribu con 160 monjes. Al frente del
conjunto del monasterio había un abad. Cada cierto tiempo se reunían todos los
frailes para tratar asuntos comunes y de religión. Estas reuniones se hicieron
célebres con el nombre de pacomias.
La vida monástica de los pacomios
tuvo gran aceptación entre las comunidades cristianas. A la muerte de Pacomio
existían ya nueve monasterios de monjes y dos de monjas, siendo el primero de
todos el que fundó en Tabennisi cerca de Denderath (Egipto). Murió hacia el año
346 (http://es.wikipedia.org/wiki/Pacomio).
[2]
Como es una ciudad en la Lombardía, Italia. Es la capital de la
provincia de Como. Se encuentra a 45 km al norte de Milán. La ciudad bordea el
Lago de Como (http://es.wikipedia.org/wiki/Como).
[3]
La palabra francesa “bagarre”, que significa lucha, enfrentamiento, choque… es
usada en el sentido de significar la gran batalla final que se librará entre el
catolicismo y la Revolución anticristiana en la que estamos inmersos, en la que
finalmente, la Iglesia triunfará por la mano o intervención directa de Dios.
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