lunes, 1 de octubre de 2012

La falsa teoría del bautismo de deseo/sangre II

II[1] – El caso del P. Feeney

El Protocolo 122/49 (Suprema haec sacra)

El 8 de agosto de 1949, cuatro meses después del silenciamiento del P. Feeney (en abril por Richard Cushing, el arzobispo apóstata de Boston), el Santo Oficio publicó un documento. En realidad, el documento fue una carta dirigida al obispo Cushing, y firmado por el cardenal Marchetti-Selvaggiani, conocido como el Protocolo No. 122/49. También se le llama Suprema haec sacra y la carta Marchetti-Selvaggiani. Este es uno de los documentos más importantes en lo que respecta a la apostasía moderna de la fe. El Protocolo 122/49 no fue publicado en las Actas de la Sede Apostólica (Acta Apostolicae Sedis) sino en el The Pilot, el órgano de prensa de la archidiócesis de Boston. Téngase presente que esta carta se publicó en Boston, porque la importancia de esto se pondrá más clara en la sección: “El veredicto está en: Boston lidera el camino en un escándalo masivo de sacerdotes que sacude a la nación”.

La ausencia del Protocolo 122/49 de las Actas de la Sede Apostólica demuestra que no tiene carácter vinculante; es decir, el Protocolo 122/49 no es una enseñanza infalible o vinculante de la Iglesia Católica. El Protocolo 122/49 tampoco fue firmado por el Papa Pío XII, y tiene la autoridad de una correspondencia de dos cardenales (Marchetti-Selvagianni quien escribió la carta, y el cardenal Ottaviani que también la firmó) a un arzobispo ―lo que es nada―. La carta, de hecho, y por decirlo simplemente, está cargada de herejía, engaño, ambigüedad y traición. Inmediatamente después de la publicación del Protocolo 122/49, el Worcester Telegram  imprimió un titular:

EL VATICANO SE PRONUNCIA EN CONTRA DE LOS DISIDENTES – [El Vaticano] Sostiene que la doctrina de que no hay salvación fuera de la Iglesia es falsa[2]

Esta fue la impresión dada a casi todo el mundo católico por el Protocolo 122/49 la carta Marchetti-Selvaggiani.  El Protocolo 122/49, como dice sin rodeos el titular anterior, sostenía como falsa “la doctrina de que no hay salvación fuera de la Iglesia”. Mediante esta fatídica carta, los enemigos del dogma y de la Iglesia parecían haber sido vindicados y los defensores del dogma parecían haber sido vencidos. Sin embargo, el problema para los aparentes vencedores es que este documento no era más que una carta de dos cardenales heréticos del Santo Oficio ―quienes ya habían abrazado la herejía que más tarde fue adoptada por el Vaticano II― a un arzobispo apóstata de Boston. Algunos pueden estar sorprendidos que describa como herético al cardenal Ottaviani, ya que por muchos es considerado como ortodoxo. Si su firma en el Protocolo no es prueba suficiente de su herejía, considérese que firmó todos los documentos del Vaticano II y se alineo con la revolución post-Vaticano II.

Es interesante que incluso Mons. Joseph Clifford Fenton, conocido editor de The American Ecclesiastical Review [Revista Eclesiástica Americana] antes del Vaticano II, quien fue desafortunadamente un defensor del Protocolo 122/49, se vio obligado a admitir que no es infalible:

Mons. Joseph Clifford Fenton, La Iglesia Católica y la Salvación, 1958, p. 103: “Esta carta, conocida como Suprema haec sacra [Protocolo 122/49]… es un documento con autoridad [sic], aunque obviamente no infalible. Es decir, la enseñanza contenida en la Suprema haec sacra no debe aceptarse como verdad infalible en la autoridad de este documento en particular[3].

En otras palabras, según Fenton, la enseñanza de la Suprema haec sacra no es infalible y debe encontrarse en documentos previos; pero ello no es así, como veremos. Fenton simplemente está equivocado cuando dice que la Suprema haec sacra es, sin embargo, autoritaria. El hecho es que la Suprema haec sacra no es ni autoritaria ni infalible, sino herética y falsa.

Debido a que todo el público tuvo (y continua teniendo) la impresión de que el Protocolo 122/49 representó la enseñanza oficial de la Iglesia Católica, ello constituye una traición a Jesucristo, a su doctrina y a su Iglesia ante todo el mundo, una traición que tenía que ocurrir antes de la apostasía masiva del Vaticano II. Con el Protocolo 122/49 y la persecución al P. Feeney, el público tuvo la impresión que la Iglesia Católica ahora había revocado el antiguo dogma de fe de veinte siglos: que la fe católica es absolutamente necesaria para la salvación. E incluso hoy en día, si se le pregunta a casi todo sacerdote supuestamente católico en el mundo sobre el dogma fuera de la iglesia no hay salvación, él responderá haciendo referencia a la controversia del Padre Feeney y el Protocolo 122/49, aunque el sacerdote no sea capaz de identificar o recordar los nombres y fechas específicas. Pruébelo, lo sé por experiencia.  Básicamente todos los sacerdotes del Novus Ordo que saben algo sobre el tema utilizaran el Protocolo 122/49 y la “condenación” del P. Feeney para justificar su creencia herética, anticatólica, anticristiana y antimagisterial de que los hombres pueden salvarse en religiones no católicas y sin la fe católica. Estos son los frutos del infame Protocolo 122/49. Y por sus frutos los conoceréis (Mat. 7, 16).

Ahora, examinemos algunos extractos del Protocolo:

Suprema haec sacra, Protocolo 122/49, 8 de agosto de 1949: “Ahora bien, entre todas las cosas que la Iglesia siempre ha predicado y nunca dejará de predicar figura también en la declaración infalible por la cual se nos enseña que no existe salvación fuera de la Iglesia Católica.

Sin embargo, este dogma debe ser entendido en el sentido en que la Iglesia misma lo entiende[4].

Detengámonos aquí. Ya es claro que el autor del Protocolo está preparando la mente del lector a aceptar algo diferente que la simple “declaración infalible por la cual se nos enseña que no existe la salvación fuera de la Iglesia Católica”. El autor está claramente relajando una explicación de la frase “fuera de la Iglesia no hay salvación” que no sea lo que dicen y declaran las propias palabras. Si el autor no preparase al lector en aceptar un entendimiento que no sea lo que las palabras del dogma dicen y declaran, entonces tendría que haber escrito: “Este dogma debe entenderse como la Iglesia lo ha definido, tal y como las palabras afirman y declaran”.

Compárese el intento del Protocolo por explicar el dogma de manera diferente a como lo trata el Papa Gregorio XVI sobre el mismo asunto en su encíclica Summo iugiter studio.

Papa Gregorio XVI, Summo iugiter studio, 27 de mayo de 1832, sobre no hay salvación fuera de la Iglesia: Finalmente, algunas de estas personas descarriadas intentan persuadirse a sí mismos y a otros que los hombres no se salvan sólo en la religión católica, sino que incluso los herejes pueden obtener la vida eterna Vosotros sabéis cuan celosamente nuestros predecesores enseñaron el artículo de fe que éstos se atreven negar, a saber, la necesidad de la fe católica y de la unidad para la salvación… Omitiendo otros pasajes adecuados, que son casi innumerables en los escritos de los Padres, elogiamos a San Gregorio Magno quien expresadamente declara que ÉSTA ES DE HECHO LA ENSEÑANZA DE LA IGLESIA CATÓLICA. Él dice: ‘La santa Iglesia universal enseña que no es posible adorar verdaderamente a Dios excepto en ella, y asevera que todos los que están fuera de ella no serán salvos’. Los actos oficiales de la Iglesia proclaman el mismo dogma. Así, en el decreto sobre la fe que Inocencio III publicó en el IV sínodo de Letrán, está escrito: ‘Y una sola es la Iglesia universal de todos los fieles, fuera de la cual absolutamente nadie se salva’. Finalmente el mismo dogma es también mencionado expresamente en la profesión de fe propuesta por la Sede Apostólica, no sólo al uso de todas las iglesias latinas, sino también… al uso de otros católicos orientales. No mencionamos estos testimonios seleccionados porque creyésemos que vosotros erais ignorantes de ese artículo de la fe y en la necesidad de nuestra instrucción. Lejos Nos sospecha tan absurda e insultante sobre vosotros. Pero estamos tan preocupados sobre este importante y conocido dogma, que ha sido atacado con audacia tan notable, que Nos no podíamos contener nuestra pluma en reforzar esta verdad con muchos testimonios[5].

El Papa Gregorio XVI no dice, “Sin embargo, este dogma debe ser entendido en el sentido que la Iglesia misma lo entiende”, como lo hace el herético Protocolo 122/49. No, él afirma inequívocamente que ÉSTA ES DE HECHO LA ENSEÑANZA DE LA IGLESIA CATÓLICA. En toda la encíclica, Gregorio XVI no deja de afirmar repetidamente el significado verdadero y literal de la frase fuera la Iglesia no hay salvación, sin reservas ni excepciones, tal como había sido definido. El Padre Feeney y sus aliados en defensa del dogma estaban reiterando exactamente lo que Gregorio XVI enseñó oficialmente. No hace falta ser un genio para darse cuenta que si el Protocolo 122/49 fue escrito para “corregir” el entendimiento del Padre Feeney sobre el dogma fuera la Iglesia no hay salvación (como fue), entonces el Protocolo 122/49 también estaba “corrigiendo” la comprensión del Papa Gregorio XVI y todas las declaraciones infalibles sobre el tema durante 20 siglos.

Además, nótese que el Papa Gregorio XVI hace referencia a la definición dogmática del Cuarto Concilio de Letrán para justificar su posición y comprensión literal de la fórmula fuera la Iglesia no hay salvación. Por todo el documento, el Protocolo 122/49 no hace referencia a ninguna de las definiciones dogmáticas sobre este asunto. Esto es porque el Papa Gregorio XVI, siendo un católico, sabía que la única interpretación que existe de un dogma es como una vez lo declaró la Santa Madre Iglesia; mientras que los autores del Protocolo, siendo herejes, no creen que un dogma debe ser entendido exactamente como una vez se declaró. Eso explica el por qué el Papa Gregorio citó exactamente lo que una vez lo declaró la Santa Madre Iglesia y el por qué los autores del Protocolo no lo hicieron.

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, sesión 3, cap. 2 sobre la revelación, 1879, ex cathedra: De ahí que también hay que mantener perpetuamente aquel sentido de los sagrado dogmas que una vez declaró la santa madre Iglesia y jamás hay que apartarse de ese sentido so pretexto y nombre de una comprensión más profunda[6].

Si la comprensión del dogma fuera la Iglesia no hay salvación no se desprende de la enseñanza de la Cátedra de Pedro (las definiciones infalibles sobre el tema), ¡entonces una carta de 1949 del cardenal Marchetti-Selvaggiani ciertamente no nos la va a dar! Y si no hay excepciones o salvedades de este dogma que se hayan entendido en el momento de las definiciones – ni en los tiempos del Papa Gregorio XVI – entonces es imposible que las excepciones vinieren a ser entendidas después de ése punto (por ejemplo, en 1949), porque el dogma ya había sido definido y enseñado mucho antes. El descubrimiento de una nueva comprensión del dogma en 1949 es una negación de la comprensión del dogma como había sido definido. Pero el definir un nuevo dogma es realmente lo que el Protocolo intentó hacer. Sigo con el Protocolo.

Suprema haec sacra, Protocolo 122/49, 8 de agosto de 1949: “Ahora bien, entre los mandamientos de Cristo, no ocupa un lugar menos importante aquel que nos manda que seamos incorporados por el bautismo en el cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia, y permanecer unidos a Cristo y a su Vicario… Por lo tanto, nadie se salvará que, sabiendo que la Iglesia ha sido divinamente establecida por Cristo, sin embargo, se niega a someterse a la Iglesia o retiene la obediencia al Romano Pontífice, el Vicario de Cristo en la tierra[7].

Aquí el Protocolo comienza a entrar en su nueva explicación del dogma fuera la Iglesia Católica no hay salvación, pero en una manera diabólicamente ingeniosa. La ambigüedad radica en el hecho de que esta declaración es verdadera: nadie que, a sabiendas que la Iglesia ha sido divinamente establecida, sin embargo, se niega someterse a Ella y al Romano Pontífice se salvará. Pero a todo el que lea este documento también se le da la clara impresión, por este lenguaje, que algunas personas que, sin saberlo, no se someten a la Iglesia y al Romano Pontífice, pueden salvarse. ¡Esto es una herejía y en realidad hace que sea contraproducente convencer a alguien que la Iglesia Católica fue establecida por Dios!

Compárese la definición dogmática de la Iglesia Católica con la adición al dogma del Protocolo 122/49.

El dogma:

Papa Bonifacio VIII, Unam sanctam, 18 de noviembre de 1302, ex cathedra:
Ahora bien, someterse al Romano Pontífice, lo declaramos, lo decimos, definimos y pronunciamos como de toda necesidad de salvación para toda criatura humana[8].

La adición del Protocolo 122/49.

Suprema haec sacra, Protocolo 122/49, 8 de agosto de 1949: “Por lo tanto, nadie se salvará que, sabiendo que la Iglesia ha sido divinamente establecida por Cristo, sin embargo, se niega a someterse a la Iglesia o retiene la obediencia al Romano Pontífice, el Vicario de Cristo en la tierra”[9].

El lector puede ver fácilmente que el significado propuesto por el Protocolo 122/49 se aparta de la comprensión del dogma que una vez declaró la Santa Madre Iglesia. Nadie puede negar esto. El dogma de la necesidad de la sumisión al Romano Pontífice para la salvación ha pasado de aplicarse a toda criatura humana (Bonifacio VIII) a los que “sabiendo que la Iglesia ha sido divinamente establecida” (Protocolo 122/49), haciendo nuevamente que sea absurdo convencer a las personas que la Iglesia fue establecida por Dios. Sigo con el Protocolo:

Suprema haec sacra, Protocolo 122/49, 8 de agosto de 1949: “En su infinita misericordia Dios ha dispuesto que los efectos, necesarios para la salvación, de aquellas ayudas a la salvación que se dirigen al fin último del hombre, no por necesidad intrínseca, sino sólo por institución divina, también se pueden obtener en determinadas circunstancias cuando esas ayudas sólo se usan en deseo y anhelo…

“Lo mismo en su propio grado debe afirmarse de la Iglesia, en la medida en que ella es la ayuda general para la salvación. Por lo tanto, para que alguien pueda obtener la salvación eterna, no siempre es necesario que sea incorporado a la Iglesia en realidad como miembro, sino que es necesario que por lo menos esté unido a ella por deseo y anhelo[10].

Aquí se detecta otra negación del dogma tal como fue definido, y un desvío de la comprensión del dogma que una vez declaró la Santa Madre Iglesia. Compárese la siguiente definición dogmática del Papa Eugenio IV con estos párrafos del Protocolo 122/49, especialmente las partes subrayadas.

El dogma:

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Cantate Domino, 1441, ex cathedra: “[La Santa Iglesia Romana] Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo los paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que ‘irán al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles’ (Mat. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia (ecclesiastici corporis) que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica”[11].

¡Vemos que el Protocolo 122/49 (citado arriba) está negando la necesidad de la incorporación al ecclesiastici corporis, lo cual es herejía!

Era necesario estar en el “seno y unidad” de la Iglesia (Eugenio IV), pero ahorano siempre es necesario que sea incorporado a la Iglesia en realidad como un miembro” (Protocolo 122/49). Se ha negado el dogma definido de la INCORPORACIÓN y real permanencia en el cuerpo eclesiástico (ecclesiastici corporis). ¡Esto es una herejía!

No hay manera en la tierra que la enseñanza del Protocolo 122/49 sea compatible con la enseñanza del Papa Eugenio IV y del Papa Bonifacio VIII. Aceptar, creer o promover el Protocolo es actuar en contra de estas definiciones.

Sigo con el Protocolo:

Suprema haec sacra, Protocolo 122/49, 8 de agosto de 1949: “Sin embargo, este deseo no siempre tiene que ser explícito, como lo es en los catecúmenos; pero cuando una persona se encuentra en la ignorancia invencible, Dios acepta también un deseo implícito, llamado así porque está incluido en esa buena disposición del alma por la que una persona desee que su voluntad se conforme a la voluntad de Dios”[12].

Aquí la herejía se presenta sin rodeos. Las personas que no tienen la fe católica ―que están “en la ignorancia invencible”― también pueden estar unidas por el deseo “implícito”, con tal que “una persona desee que su voluntad se conforme a la voluntad de Dios”. Y le recuerdo al lector que el Protocolo 122/49 fue escrito en contraposición específica a la declaración del P. Feeney de que se pierden todos los que mueren no católicos. Es decir, el Protocolo fue escrito para distinguir específicamente su propia enseñanza de la afirmación del P. Feeney de que se pierden todos los que mueren no católicos, lo que demuestra que el Protocolo estaba enseñando que se pueden salvar las personas que mueren como no católicos y en las falsas religiones. Por lo tanto, la declaración anterior del Protocolo es bastante obvia, y no es más que la herejía de que puede haber salvación en cualquier religión o en ninguna religión, siempre y cuando se mantenga la moralidad.

P. Miguel Muller, C.SS.R., El Dogma Católico, pp. 217-218, 1888: La ignorancia inculpable o invencible nunca ha sido y nunca será un medio de salvación. Para salvarse, es necesario estar justificado, o estar en estado de gracia. Para obtener la gracia santificante, es necesario contar con las debidas disposiciones para la justificación, es decir, la verdadera fe divina ―al menos en las verdades necesarias para la salvación―, la esperanza confiada en el divino Salvador, el sincero dolor por el pecado, junto con el firme propósito de hacer todo lo que Dios ha mandado, etc. Ahora bien, estos actos sobrenaturales de la fe, esperanza y caridad, contrición, etc., que preparan el alma para recibir la gracia santificante, nunca pueden ser suministrados por la ignorancia invencible, y si la ignorancia invencible no puede suministrar la preparación para recibir la gracia santificante, muchos menos le puede conceder la gracia santificante en sí misma. La ignorancia invencible, dice Santo Tomás, es un castigo por el pecado (De, Infid. C. x, art. 1)”[13].

Compárese el extracto anterior del Protocolo con las siguientes definiciones dogmáticas.

El dogma:

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, sesión 8, 22 de noviembre de 1439, “Credo Atanasiano”, ex cathedra: El que quiera salvarse debe, ante todo, mantener la fe católica; por lo cual es indudable que perecerán eternamente los que no tengan fe católica y no la guardan íntegra y sin mancha[14].

Papa Pío IV, Concilio de Trento, Iniunctum nobis, 13 de noviembre de 1565, ex cathedra: Esta verdadera fe católica, fuera de la cual nadie puede salvarse, y que al presente espontáneamente profeso y verazmente mantengo…”[15].

Papa Benedicto XIV, Nuper ad nos, 16 de marzo de 1743, Profesión de fe: Esta fe de la Iglesia Católica, sin la cual nadie puede ser salvo, y que de motu propio ahora profeso y sinceramente mantengo...”[16].

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, sesión 2, Profesión de fe, 1870, ex cathedra: Esta verdadera fe católica, fuera de la que nadie puede ser salvo, que ahora voluntariamente profeso y verdaderamente mantengo…”[17].

Sigo con el Protocolo:

Suprema haec sacra, “Protocolo 122/49”, 8 de agosto de 1949: “Al final de la misma carta encíclica, invitando muy cariñosamente a la unidad a los que no pertenecen al cuerpo de la Iglesia Católica (qui ad Ecclesiae Catholicae compagnem non pertinent), él menciona a los que están ‘ordenados al Cuerpo Místico del Redentor por una especie de deseo e intención inconsciente’, y a estos de ninguna manera excluye de la salvación eterna, sino, por el contrario, afirma que están en una condición en que ‘no pueden estar seguros sobre su propia salvación eterna’, porque ‘ellos todavía permanecen privados de tantos y tan grandes socorros celestiales, los cuales se pueden gozar solamente en la Iglesia Católica’”[18].

Al dar su falso análisis de la encíclica Mystici Corporis del Papa Pío XII, Suprema haec sacra enseña que las personas que “no pertenecen” al cuerpo de la Iglesia pueden salvarse. Lo interesante de este pasaje herético en el Protocolo 122/49 es que incluso Mons. Fenton (uno de sus mayores defensores) admite que no se puede decir que el alma de la Iglesia es más extensa que el cuerpo.

Mons. Joseph Clifford Fenton, La Iglesia Católica y la Salvación, 1958, p. 127: “Sin duda alguna, la más importante y frecuente de todas las insuficientes explicaciones empleadas sobre la necesidad de la Iglesia para la salvación es la que se enfoca en una distinción entre el ‘cuerpo’ y la ‘alma’ de la Iglesia Católica. El individuo que trató de explicar el dogma en esta manera, por lo general, designa a la misma Iglesia visible como el ‘cuerpo’ de la Iglesia y aplicó el término ‘alma de la Iglesia’ o bien la gracia y las virtudes sobrenaturales o a cualquier descabellada ‘Iglesia invisible’. … fueron algunos libros y artículos que afirmaban que, si bien el ‘alma’ de la Iglesia de alguna manera no se separa del ‘cuerpo’, ella era en realidad más extensa que este ‘cuerpo’. Las explicaciones de la necesidad de la Iglesia redactadas en los términos de esta distinción son, de tal manera inadecuadas y confusas, y muy frecuentemente infectadas con error grave”.

Por lo tanto, decir que no es necesario pertenecer al cuerpo, como lo dice la Suprema haec sacra (el Protocolo), es decir que no es necesario pertenecer a la Iglesia. Por su declaración anterior, el Protocolo 122/49 enseñó la herejía de que no es necesario pertenecer a la Iglesia Católica para ser salvo, lo mismo que fue denunciado por Pío XII.

Papa Pío XII, Humani generis, # 27, 1950: “Algunos no se creen obligados por la doctrina hace pocos años expuesta en nuestra carta encíclica y apoyada en las fuentes de la revelación, según la cual el cuerpo místico de Cristo y la Iglesia Católica romana son una sola y misma cosa. Algunos reducen a una fórmula vana la necesidad de pertenecer a la Iglesia verdadera para alcanzar la salvación eterna[19].

Esto es extremadamente importante, porque demuestra que la enseñanza de Suprema haec sacra y por lo tanto la enseñanza de Mons. Joseph Clifford Fenton que la defendía es herética. Ambos niegan la necesidad de “pertenecer” a la verdadera Iglesia para alcanzar la salvación eterna.

Papa León X, Quinto Concilio de Letrán, sesión 11, 19 de diciembre de 1516, ex cathedra: “Pues, regulares y seglares, prelados y súbditos, exentos y no exentos, son miembros de la única Iglesia universal, fuera de la cual absolutamente nadie se salva, y todos ellos tienen un Señor y una fe.  Por eso es conveniente que, siendo miembros del único cuerpo, también tengan la misma voluntad…”[20].

Menos de tres meses después que fue publicada de la carta Marchetti-Selvaggiani en The Pilot, el Padre Feeney fue expulsado del orden de los jesuitas el 28 de octubre de 1949. El Padre Feeney resistía fuertemente a los intentos de los herejes de persuadirlo y hacerlo someterse a la herejía. Refiriéndose a la carta de Marchetti-Selvaggiani (Protocolo 122/49) del 8 de agosto, el Padre Feeney afirmó acertadamente: “se puede considerar que se ha establecido una política de doble cara con el fin de propagar el error”.

La realidad fue que la expulsión del Padre Feeney de la orden de los jesuitas no tuvo ninguna validez. Los hombres que lo expulsaron y los clérigos que estaban en su contra fueron expulsados automáticamente de la Iglesia Católica por adherirse a la herejía que los que mueren como no católicos pueden ser salvos. Esto es similar a la situación del siglo V, cuando el patriarca de Constantinopla, Nestorio, comenzó a predicar la herejía que María no era la Madre de Dios. Los fieles reaccionaron, acusaron a Nestorio de herejía y lo denunciaron como un hereje que estaba fuera de la Iglesia Católica. Y Nestorio fue más tarde condenado por el Concilio de Éfeso en 431. Esto es lo que el Papa San Celestino I declaró acerca de los que habían sido excomulgados por Nestorio después que él empezó a predicar la herejía.

Papa San Celestino I, siglo V: La autoridad de Nuestra Sede Apostólica ha determinado que el obispo, clérigo, o simple cristiano que haya sido depuesto o excomulgado por Nestorio o sus seguidores, después de que éste comenzó a predicar la herejía no se considerarán depuestos ni excomulgados. Porque él que había desertado de la fe con tal predicación, no puede destituir ni remover a nadie en absoluto[21].

El Papa San Celestino confirma autoritativamente el principio de que un hereje público es una persona que no tiene autoridad para deponer, excomulgar o expulsar. La cita se encuentra en De Romano Pontífice, la obra de San Roberto Belarmino. Esto explica por qué toda la persecución en contra del Padre Feeney (sea expulsión, interdicción, etc.) no tuvo ninguna validez, debido a que él tenía razón y los equivocados eran los que estaban en su contra. Él defendió el dogma no hay salvación fuera la Iglesia, mientras que sus oponentes defendieron la herejía de que hay salvación fuera la Iglesia.

San Roberto Belarmino (1610), Doctor de la Iglesia, De Romano Pontífice: “Un Papa que es hereje manifiesto automáticamente (per se) deja de ser Papa y cabeza, asimismo que automáticamente deja de ser cristiano y miembro de la Iglesia. Por lo tanto, puede ser juzgado y castigado por la Iglesia. Esta es la enseñanza de todos los Padres antiguos que enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción”.

Las cosas entre el Padre Feeney y los herejes de Boston se mantuvieron sin cambios hasta el 14 de septiembre de 1952. En ese momento, Richard Cushing, el “arzobispo” de Boston, exigió que el Padre Feeney se retractase de su “interpretación” del dogma ―lo que significaba retraerse del dogma― e hiciese una profesión explícita de sumisión a la carta Marchetti-Selvaggiani (Protocolo 122/49). Con cuatro testigos, el Padre Feeney se presentó ante Cushing. Él le dijo que su única opción era declarar que la carta de Marchetti-Selvaggiani era “absolutamente escandalosa porque era francamente herética”. Esto es exactamente lo que habría dicho el Papa Gregorio XVI acerca de la horrible carta Protocolo, al igual que cualquier católico.

Durante esa reunión, el P. Feeney le preguntó al “arzobispo” Cushing si él estaba de acuerdo con la carta de Marchetti-Selvaggiani del 8 de agosto de 1949. Cushing Respondió: “Yo no soy teólogo. Todo lo que sé es lo que me dicen”.  Esta respuesta evasiva y sin compromiso muestra los verdaderos colores de Cushing, este hereje, falso pastor y enemigo de Jesucristo. Si Cushing creía que alguien estaba obligado a la carta, entonces él debería haber respondido sin vacilación que estaba de acuerdo con ella. Pero debido a que no quiso defender la carta en ningunos de sus detalles, especialmente en sus negaciones del dogma, respondió eludiendo la pregunta. Esta evasión impidió al P. Feeney de ponerlo en su lugar y condenarlo con el dogma que estaba siendo negado. El Padre Feeney acusó a Cushing de faltar a su deber y se retiró.

Véase el primer artículo de esta serie aquí: Elcaso del P. Feeney

Próxima publicación de esta serie: La herejía antes del Concilio Vaticano II



[1] Véase el primer artículo de esta serie: El caso del Padre Feeney. Esta serie de artículos están extraídos del libro Fuera de la Iglesia Católica no hay absolutamente ninguna salvación, Hno. Peter Dimond OSB, 2ª edición española, Santiago de Chile, 2012. Este segundo artículo está sacado del cap. 27, pp. 275-285, de este libro.
[2] Hno. Robert Mary, Father Feeney and The Truth About Salvation, p. 21.
[3] Mons. Joseph Clifford Fenton, The Catholic Church and Salvation, p. 103.
[4] Traducción official inglesa del Protocol 122/49, citado por el P. JeanMarc Rulleau, Baptism of Desire, p. 69.
[5] The Papal Encyclicals, vol. 1 (17401878), pp. 229230.
[6] Denzinger 1800.
[7] Traducción oficial inglesa del Protocolo 122/49, citado por el P. JeanMarc Rulleau, Baptism of Desire, p. 70.
[8] Denzinger 468469.
[9] Traducción oficial inglesa del Protocolo 122/49, citado por el P. JeanMarc Rulleau, Baptism of Desire, p. 70.
[10] Traducción official inglesa del Protocol 122/49, citado por el P. JeanMarc Rulleau, Baptism of Desire, p. 70.
[11] Denzinger 714; Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 1, p. 578.
[12] Traducción oficial inglesa del Protocol 122/49, citado por el P. JeanMarc Rulleau, Baptism of Desire, p. 71.
[13] P. Michael Muller, C.SS.R., The Catholic Dogma, pp. 217218.
[14] Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 1, p. 551.
[15] Denzinger 1000.
[16] Denzinger 1473.
[17] Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 2, p. 803.
[18] Citado y traducido por el Mons. Fenton, The Catholic Church and Salvation, p. 102.
[19] The Papal Encyclicals, vol. 4 (19391958), p. 179; Denzinger 2319.
[20] Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 1, p. 646.
[21] Citado por San Roberto Belarmino, De Romano Pontifice, II, 30.

lunes, 24 de septiembre de 2012

El Catecismo del Concilio de Trento y el “bautismo de deseo” (inglés)

Este video refuta a los que dicen que debe creerse explícitamente en el “bautismo de deseo” puesto que ése concepto es enseñado por el Catecismo del Concilio de Trento. Se demuestra, además, que el Catecismo de Trento, si bien que es un excelente catecismo y su enseñanza es, en su mayoría, 100% ortodoxa, no es infalible. Se demuestra que el Catecismo tiene pasajes erróneos. Esto se demuestra examinando una serie de pasajes del Catecismo, incluyendo uno sobre el alma que muchos podrán encontrar sorprendente.

Este vídeo también hace un detallado análisis de toda la enseñanza del Catecismo de Trento sobre la necesidad del Sacramento del Bautismo, incluyendo el controvertido pasaje que ha sido objeto de tanta discusión y controversia. Se muestra cuidadosamente cuál debe ser la traducción correcta del latín de ese pasaje. También cubre los conceptos erróneos sobre esta materia. El vídeo demuestra también que, según la enseñanza del propio Catecismo Trento, implica que hay que rechazar cualquier noción de salvación sin el bautismo en agua. Este video incluye además dos interesantes nuevas citas papales que contradicen directamente la idea del “bautismo de deseo”. También contiene un análisis del lenguaje utilizado en la definición dogmática del Concilio de Florencia sobre Juan 3, 5 que dice: “En verdad, en verdad os digo, que quien no renaciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de los cielos”.  Además cubre un importante nuevo material que es útil para refutar de manera efectiva a los enemigos de los dogmas de la Iglesia sobre la salvación y el bautismo de agua.

domingo, 23 de septiembre de 2012

La falsa teoría del "bautismo" de deseo/sangre - I


I [1] – El caso del Padre Feeney

Nota introductoria: Son muchos los tradicionalistas ―ya sea porque están engañados o bien porque son de mala voluntad― que creen en la doctrina herética de los llamados “bautismos de deseo/sangre”. Ellos creen y hacen creer a los incautos que es una doctrina de la Iglesia. Sin embargo, eso es totalmente falso puesto que no ha habido ningún Papa en toda la historia de la Iglesia que haya enseñado magisterialmente dicha doctrina. Muchos de los defensores de esta falsa doctrina usan, entre muchos de sus argumentos, el caso del P. Leonard Feeney SJ; un sacerdote norteamericano que fue “excomulgado” en la década de 1950; caso que por lo demás no tiene nada que ver con la teoría del “bautismo de deseo/sangre (como se verá en esta serie). Cuando usan este argumento, ellos omiten relatar todos los pormenores de este caso (lo que revela su mala voluntad). En esta serie de artículos presentaremos todos los pormenores del caso del P. Feeney; lo que demostrará, por tanto, que el argumento esgrimido no prueba en absoluto lo que los defensores del “bautismo de deseo/sangre” pretenden hacer al citar el caso del P. Feeney. Es recomendable leer esta serie completa a medida que la vayamos publicando para comprender enteramente el contenido y alcance de este caso.

Los herejes y modernistas resisten a la verdad al igual que resisten a Aquél que es la Verdad (Juan 14, 6). Y porque resisten a la verdad, ellos también se resisten a los hechos, porque los hechos relatan la verdad sin mezcla de error. Uno de los hechos que los modernistas y herejes resisten más que a todos, es el que la Iglesia Católica ha enseñado infaliblemente que fuera de la Iglesia Católica no hay salvación y que Juan 3, 5 debe entenderse según está escrito y que el sacramento del bautismo es necesario para la salvación (Trento, sesión 7, can. 5 sobre los sacramentos).

Entonces, ¿qué hacen estas personas frente a estos hechos cuando se los mira fijamente a la cara? Ellos recurren a atacar a quien informa de estos hechos (argumentum ad hominem), lo que les permite ignorar los hechos mismos. El episodio del Padre Leonard Feeney, SJ, es un ejemplo de ello.

El P. Leonard Feeney SJ
En realidad, el dogma fuera de la Iglesia no hay salvación no tiene nada que ver con el Padre Leonard Fenney (De hecho, yo nunca había oído hablar del P. Feeney cuando llegué a la misma conclusión ―basado en el dogma católico― de que el sacramento del bautismo es absolutamente necesario para la salvación y que todos los que mueren no católicos se pierden). Ello tiene que ver con la enseñanza de la Cátedra de Pedro ―como lo he demostrado―, la cual es la auténtica e infalible enseñanza de Cristo. Rechazar este dogma católico es rechazar a Cristo mismo.

Papa León XIII, Satis cognitum, # 5, 29 de junio de 1896: “Al contrario, quien en un solo punto rehúsa su asentimiento a las verdades divinamente reveladas, realmente abdica de toda la fe, pues rehúsa someterse a Dios en cuanto a que es la soberana Verdad y el motivo propio de la fe[2].

El Padre Feeney se hizo famoso por su posición pública a favor del dogma fuera de la Iglesia Católica no hay salvación en las décadas de los años 1940 y 1950. La mayoría de las personas no se dan cuenta que, ya en esa época, la mayoría de los obispos del mundo no eran tradicionalistas acérrimos. La mayoría de los obispos del mundo ya habían abrazado la herejía del indiferentismo, lo que explica la razón de por qué la mayoría de ellos firmaron los documentos heréticos del Vaticano II poco tiempo después. Ellos habían abrazado la idea herética de que la “ignorancia invencible” salva a los que mueren como no católicos, como lo he discutido en algunas secciones anteriores. Por ello, es fácil detectar la herejía contra el dogma en la mayoría de los manuales y textos de teología desde comienzos del siglo XIX. De hecho, en su época, el P. Feeney escribió a todos los obispos del mundo acerca del dogma fuera de la Iglesia no hay salvación y sólo recibió tres respuestas positivas. En otras palabras, sólo tres de los obispos del mundo en ese tiempo manifestaron una creencia positiva en el dogma fuera de la Iglesia Católica no hay salvación tal como había sido definido. No es de extrañar, por tanto, que el Vaticano II haya sido aprobado prácticamente sin resistencia por el episcopado.

El P. Feeney creía y predicaba el dogma ―tal como había sido definido― públicamente en Boston. Él creía y predicaba que si un hombre no abrazaba la fe católica ―sea judío, musulmán, protestante o agnóstico― él perecerá eternamente en el infierno. Muchos se convirtieron, y muchos se enojaron. Él tenía no pocos enemigos, en especial entre los cada vez más numerosos modernistas, políticamente correctos y entre el clero comprometido.

El hereje modernista Richard Cushing
Uno de sus principales enemigos fue el arzobispo de Boston, Richard Cushing, un hombre del año B’nai Brith (masón judío), que decía que el dogma fuera de la Iglesia Católica no hay salvación era una “tontería”. En abril de 1949, Cushing silenció al P. Feeney y puso en interdicto al Centro San Benito (el apostolado afiliado al P. Feeney). La razón dada por Cushing fue de “desobediencia”; sin embargo, la verdadera razón era la posición pública del P. Feeney a favor del dogma fuera de la Iglesia Católica no hay salvación. Ello no se debió a la posición del P. Feeney en contra de la teoría del bautismo de deseo, ya que ésta no fue publicada por primera vez hasta 1952. El descontento de Cushing con el P. Feeney se basó estrictamente en la posición del P. Feeney a favor del dogma definido de que sólo los católicos ―y aquellos que se convierten en católicos― se pueden salvar.

Cushing estaba aliado con otros clérigos herejes de Boston ―el área donde estalló la controversia. El P. John Ryan SJ, director del Instituto de Educación de Adultos de la Universidad de Boston, declaró, en otoño de 1947: “No estoy de acuerdo con la doctrina del P. Feeney sobre la salvación fuera de la Iglesia”[3]. El P. Stephen A. Mulcahy SJ, decano de la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Boston, la designó como: “La doctrina del P. Feeney de que no hay salvación fuera de la Iglesia”[4]. Y el P. J.J. McEleney SJ, provincial de la provincia de New England de la Compañía de Jesús, le dijo al P. Feeney, en una reunión personal, que se le había ordenado transferirlo a la Universidad de Holy Cross debido a “su doctrina”[5]. El P. Feeney respondió rápidamente: “¿Mi doctrina sobre qué? A lo que el P. McEleney respondió: “Lo lamento, no podemos hablar de eso”.

Desde el principio, estos clérigos caídos se unían más bien en torno al tema del P. Feeney que por la verdadera razón que estaba por detrás. Esto les permitió centrarse en el P. Feeney e ignorar a Jesucristo, de cuya doctrina se trataba.

Papa Pío IX, Nostis et nobiscum, # 10, 8 de diciembre de 1849: “En particular hay que procurar que los mismos fieles tengan fijo en sus almas y profundamente grabado el dogma de nuestra santa religión de que es necesaria la fe católica para obtener la eterna salvación. (Esta doctrina recibida de Cristo y enfatizada por los Padres y Concilios, también está contenida en las fórmulas de profesión de fe usadas por los católicos latinos, griegos y orientales)”[6].

Estos herejes no se daban cuenta que al despreciar un dogma definido como siendo algo de invención del P. Feeney, era blasfemo y severamente deshonesto. Pero Dios no puede ser burlado. Vemos que hoy en día sucede lo mismo, de manera especialmente rampante entre los llamados tradicionalistas. Pero volveré a este punto.

El 2 de diciembre de 1948, el presidente del Colegio de Boston, el P. William L. Keleher SJ, tuvo una entrevista con el Dr. Maluf, quien era un aliado del P. Feeney en su posición a favor del dogma. El P. Keleher declaró:

El P. Feeney recurrió a mí al principio de esta situación y me habría gustado haber hecho algo dejando claro que yo no estaba de acuerdo con su doctrina sobre la salvación… Él (el P. Feeney) seguía repitiendo frases como fuera de la Iglesia no hay salvación’”[7].

Cuando Maluf (un miembro de la facultad del Colegio de Boston) respondió que esta “frase” era un dogma definido, el P. Keleher dijo:

Los teólogos del Seminario de San Juan y el Colegio Weston disienten de la doctrina del Padre Feeney sobre la salvación de los no católicos[8].

Pues este es, en breves palabras, el caso del Padre Feeney. El Padre Feeney sostenía ―como había sido definido― que no hay salvación para los que mueren como no católicos. Sus adversarios, incluyendo el P. Keleher (presidente del Colegio de Boston), el arzobispo de Boston, los sacerdotes del Colegio de Boston, y los “teólogos” del Seminario de San Juan, sostenían una doctrina diferente “sobre la salvación de los no católicos”. Esta fue la batalla. Esa fue la línea divisoria. Se estaba de un lado o del otro. Se creía que no había salvación para los que mueren como no católicos o se creía que había salvación para los que mueren como no católicos. Permítaseme recordar brevemente al lector, de qué lado se encuentra la Iglesia Católica.

Papa Gregorio XVI, Summo iugiter studio, # 2, 27 de mayo de 1832:
Finalmente, algunas de estas personas descarriadas intentan persuadirse a sí mismos y a otros que los hombres no se salvan sólo en la religión católica, sino que incluso los herejes pueden obtener la vida eterna[9].

Un sacerdote jesuita de la nueva religión del Vaticano II describe magistralmente cómo fue la escena cuando “el Caso de la Herejía de Boston” (es decir, si sólo los que mueren como católicos pueden salvarse) estalló a la vista del público durante la Semana Santa de 1949.

Mark S. Massa, “SJ”, Los Católicos y la Cultura Americana, p. 31: El Caso de Herejía de Boston estalló a la luz pública durante la Semana Santa de 1949. Los despidos de los discípulos de Feeney del Colegio de Boston fue la noticia de primera plana en todo el noreste: el New York Times inició una serie sobre Feeney y su grupo, y las revistas Newsweek, Life, y Time publicaron artículos sobre los ‘disturbios’ de Boston. En el que es quizás el día santo más solemne del calendario católico, el Viernes Santo, los Feeneyistas (sic) se colocaron afuera de las parroquias de Boston portando carteles, advirtiendo la inminente subversión de la verdadera doctrina por los mismos líderes de la Iglesia y vendiendo la última edición de Desde los Tejados. Como un estudiante del evento observó, la cuestión de la salvación remplazó a los Red Sox como tema de conversación en los bares de Boston, y todo el que fuese visto usando un cuello romano se convertía en un ‘protagonista’ potencial en la historia. El único suceso que los historiadores de la Iglesia podrían imaginar como hecho análogo, fue el de Constantinopla en el siglo cuarto, donde las muchedumbres tumultuosas batallaron en las calles sobre la definición de la divinidad de Jesús, y las frases teológicas griegas se convirtieron en lemas entre los contrincantes”[10].

El 13 de abril de 1949, el P. Keleher (presidente del Colegio de Boston) despidió al Dr. Maluf, a James R. Walsh y a Charles Ewaskio de la facultad del Colegio de Boston por acusar al colegio de herejía contra el dogma fuera la Iglesia no hay salvación. En su declaración a la prensa del 14 de abril, donde explicó la razón de sus despedidos, el P. Keleher dijo:

“Ellos continuaron hablando en las clases y fuera de las clases sobre cuestiones contrarias a la enseñanza tradicional de la Iglesia Católica, ideas conducentes al fanatismo y la intolerancia. Su doctrina es errónea y como tal, no puede ser tolerada en el Colegio de Boston. Se les informó que debían dejar de enseñar aquello o salir de la facultad”[11].

No se puede dejar de notar el doble lenguaje del P. Keleher: estos hombres fueron despedidos por ideas conducentes a la intolerancia, que no podían ser toleradas. Si aquí la falsa doctrina es la intolerancia, como indica el P. Keleher, entonces él se estaría condenando por su propia boca. Por otra parte, no se puede pasar por alto la aseveración desvergonzada del P. Keleher de que “su doctrina (es decir, el dogma solemnemente definido de que los que mueren no católicos no se pueden salvar) es errónea”. Por esta declaración, Keleher está afirmando que la doctrina de la Iglesia (que no hay salvación fuera la Iglesia) es errónea y de ninguna manera es suya. Este fue el tipo de carácter herético, anticatólico que estaba confabulado con el arzobispo Richard Cushing en el esfuerzo de aplastar la predicación del dogma por el P. Feeney.

Este fue el principio del fin, por así decirlo, como se verá cuando analicemos las consecuencias en Boston por causa de su traición al dogma fuera la Iglesia no hay salvación.

Próxima publicación de esta serie: El Protocolo 122: 49 (Suprema haec sacra)



[1] Esta serie de artículos están extraídos del libro Fuera de la Iglesia Católica no hay absolutamente ninguna salvación, Hno. Peter Dimond OSB, 2ª edición española, Santiago de Chile, 2012. Este primer artículo está sacado del cap. 26, pp. 270-274, de este libro.
[2] The Papal Encyclicals, vol. 2 (18781903), p. 394.
[3] Hno. Robert Mary, Father Feeney and The Truth About Salvation, p. 13.
[4] Hno. Robert Mary, Father Feeney and The Truth About Salvation, p. 13.
[5] Hno. Robert Mary, Father Feeney and The Truth About Salvation, p. 14.
[6] The Papal Encyclicals, vol. 1 (17401878), p. 297 y nota 4.
[7] Hno. Robert Mary, Father Feeney and The Truth About Salvation, p. 16.
[8] Hno. Robert Mary, Father Feeney and The Truth About Salvation, p. 16.
[9] The Papal Encyclicals, vol. 1 (17401878), p. 229.
[10] P. Mark Massa, Catholics and American Culture, New York: The Crossroad Publishing, Co., 1999, p. 31.
[11] Hno. Robert Mary, Father Feeney and The Truth About Salvation, p. 18.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Película "Cristiada" (completa)

¡Viva Cristo Rey!
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Ser de estirpe noble es un precioso don de Dios


II parte[1]

4. Jesucristo quiso nacer de estirpe real

De la alocución de León XIII al patriciado y a la nobleza romana del 24 de enero de 1903:

San José, príncipe de la casa de David
Y aunque quiso Jesucristo pasar su vida privada en la obscuridad de una modestísima morada, pasando por ser hijo de un artesano; si en su vida pública se complacía tanto en estar en medio del pueblo, haciéndole el bien de todos los modos, quiso, sin embargo, nacer de regia prosapia, escogiendo por madre a María y por padre putativo a José, electos vástagos de la estirpe de David. Y ayer, en la fiesta de sus esponsales, nos fue posible repetir con la Iglesia las bellas palabras: ‘Regali ex progenie Maria exorta refulget’[2]”.

5. Nuestro Señor Jesucristo quiso nacer pobre, pero quiso también tener una insigne vinculación con la aristocracia

De la alocución de Benedicto XV al patriciado y a la nobleza romana del 5 de enero de 1917.

Ante Dios no hay acepción de personas; pero es indudable, escribe San Bernardo, que la virtud se hace más agradable en los nombres, porque resplandece más.

También Jesucristo fue noble, y nobles fueron María y José, descendientes de real prosapia, aunque la virtud eclipsó el esplendor de esto en la pobre Natividad que la Iglesia ha conmemorado hace algunos días. Que Cristo, por lo tanto, que tan insigne vinculación quiso tener con la aristocracia terrenal, acoja en la omnipotente humildad de su cuna los cálidos votos que os presentamos; que, así como en el Pesebre la más alta nobleza estuvo asociada a la más gloriosa virtud, lo mismo ocurra con Nuestros amados hijos, los patricios y los nobles de Roma. Que su virtud produzca la regeneración cristiana de la sociedad y, junto con ella, aquellas gracias que le son inseparables; el bienestar de las familias de todos y cada uno, y la tan anhelada paz del mundo[3].

6. María, José, y por tanto Jesús, nacieron de estirpe real

De un sermón de San Bernardino de Siena (1380-1444) sobre San José:

San Bernardino de Siena
En primer lugar, consideremos la nobleza de la esposa, esto es, de la Santísima Virgen. Fue Ella la más noble de todas las criaturas que hayan existido en la naturaleza humana, de todas las que puedan o hayan podido ser engendradas, pues Mateo (cap. 1), que cuenta tres veces catorce generaciones desde Abraham hasta Jesucristo inclusive, explica que desciende de catorce Patriarcas, de catorce Reyes y de catorce Príncipes. … San Lucas también describe en su tercer capítulo la nobleza de la Bienaventurada Virgen, comenzando su genealogía en Adán y Eva y prolongándola hasta Cristo Dios. …

Examinemos, en segundo lugar la nobleza del esposo, esto es, de San José. Fue éste, en efecto, engendrado directamente de estirpe patriarcal, real y principesca, como estaba profetizado. Efectivamente, Mateo (cap. 1) traza una línea recta con todos los padres ya mencionados desde Abraham hasta el esposo de la Virgen, quedando patente que en él vino a desembocar la dignidad Patriarcal, Real y Principesca. …

Consideremos, en tercer lugar, la nobleza de Cristo. Como se deduce de lo anteriormente dicho, fue Él, en efecto, Patriarca, Rey y Príncipe por ambos progenitores. … Los referidos Evangelistas describieron la nobleza de la Virgen y de José para manifestar la nobleza de Cristo.

Fue, por tanto, José de tan gran nobleza que, si nos es permitido decirlo así, dio en cierto sentido la nobleza temporal a Dios Nuestro Señor Jesucristo[4].

Vea el artículo anterior de esta serie aquí

Continuará. Siguiente publicación: 7. Dios Hijo quiso nace de estirpe real para reunir en su persona todos los géneros de grandeza



[1] Plinio Correa De Oliveira, Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al patriciado y a la nobleza romana, Ed. Santiago Apóstol S.A. 1993, Santiago de Chile, Tomo I, Parte III, Documentos IV, pp. 287-288.
[2] María se nos manifiesta refulgente, nacida de estirpe real. Ídem, 1903, vol. XVII, p. 368.
[3] L’Osservatore Romano, 6/1/1917.
[4] Sancti Bernardini Senensis Sermones Eximii, Aedibus Andreae Poletti, Venettis, 1745, vol. IV, p. 232.

viernes, 21 de septiembre de 2012

La Planificación Familiar Natural es un contraconceptivo pecaminoso



Además de lo expuesto en el video, la gente sabe que la PFN es pecado

A continuación presentamos unos testimonios muy interesantes de personas que, o utilizaron la PFN o se les enseñó la PFN. Sus comentarios fueron tomados de la sección “Cartas al editor” de una publicación que llevaba un artículo acerca de la PFN[i]. (Sus nombres aparecen en las cartas originales). Estas cartas demuestran que la mujer que usa la PFN (como también los hombres que la toleran o cooperan en ella) está convencida que es pecaminoso por la ley natural que está escrita en su corazón. Quienes usan la PFN saben que están frustrando la voluntad de Dios y practicando la anticoncepción.

“Estimado editor… Yo era una divorciada pagana sin religión antes de conocer a mi esposo quien, en aquel entonces, era un católico muy poco practicante. Yo me hice católica en 1993 y nos casamos en 1994. Yo no tenía idea que en aquel tiempo se les permitía a los católicos hacer alguna cosa para evitar la prole. Yo nunca había oído hablar de la PFN hasta que el sacerdote con quien nos reunimos por seis meses antes de nuestro matrimonio, me dio un paquete de papeles y básicamente me dijo ‘tenga, usted querrá aprender esto’. Cuando llegué a casa, brevemente ojeé los papeles. Vi los calendarios, calcomanías, y gráficos. Para ser honesta, me pareció totalmente alucinante que las personas hicieran todo esfuerzo para tener relaciones íntimas sin consecuencias. ¡También fue impactante para mí que esto lo promovieran incluso antes que tomara mis votos en el día de mi boda! El paquete lo tiré a la basura y nunca volví a verlo. Estoy agradecida de que nunca aprendí la PFN… Me pregunto ¿cuál de mis hijos no estaría aquí si hubiese decidido quedarme con esos papeles y hubiera aprendido la PFN?”.

“Estimado editor… Soy madre de siete hijos y puedo compartir mis propias experiencias. La PFN no ayudó en mi matrimonio. Luché con reconciliarme a mí misma con el hecho de que las Escrituras declaran que el marido y la mujer deben ser sumisos y no separarse salvo en la oración. Estábamos evitando el embarazosimple y llanamente. No puede haber nada espiritual en decirle al esposo que no puedes participar en el abrazo conyugal, por temor a que un niño sea concebido. El diccionario de Webster define la anticoncepción como: ‘impedimento deliberado de la concepción o fecundación’. Registrar y revisar sistemáticamente cuáles son los días fértiles es evitar deliberadamente la concepción. Yo conozco amigas que la usan. He hablado con ellas de manera muy personal. Ellas no quieren más hijos. Ellas están usando la PFN como un control de la natalidad, puesto que eso es lo que es. Y una amiga lo ha estado usando por 11 años y ‘no ha tenido ningún accidente’. … Puedo expresar que San Agustín tenía toda la razón cuando escribió en Las costumbres de los maniqueos: ‘El matrimonio, como proclaman las mismas tablas del matrimonio, une al varón y la mujer para la procreación de la prole. El que dice que procrear hijos es un pecado peor que la copulación, con ello prohíbe el propósito del matrimonio; y hace que la mujer no sea más una esposa, sino una ramera que se une con el marido para satisfacer su lujuria cuando recibe ciertos obsequios de él. Si hay esposa, hay matrimonio. Pero no hay matrimonio donde se evita la maternidad, puesto que entonces no habría esposa’. … Mi comentario favorito fue hecho recientemente por otro autor donde comparó la PFN a un cultivador que planta su maíz en pleno invierno como para evitar una cosecha fructífera”.

“Estimado editor… Permítame simplificar el debate de la PFN: si vuestra intención es evitar la prole en realidad no importa que método utilicéis. Ya cometisteis el pecado. Sin embargo, si utilizáis el anticonceptivo como vuestro método preferible, añadís un segundo pecado al primero. En cuanto a la tan repetida mantra de ‘graves motivos’, permítaseme decir lo siguiente: nombradme uno. Miraos bien dentro de vuestro corazón y nombradme uno que sea pero verdaderamente grave… Nosotros hicimos la PFN por algún tiempo… y he sentido una repugnancia desde entonces. Durante ese tiempo podríamos haber tenido al menos dos hijos más”.

“Al editor: La PFN es una de las infiltraciones principales de la secta del sexo new-age dentro de la Iglesia, junto con la educación sexual y la inmodestia en el vestir… A medida que los católicos modernos han sido condicionados a abrazar al mismo tiempo ideas contradictorias a la vez que las defienden como consonantes, se han dejado engañar fácilmente por la noción de que la PFN, como se practica comúnmente, es, de alguna manera, diferente del control de la natalidad. No tengo formación en teología moral, no obstante, yo sé incluso que el objetivo de una acción es lo que determina su substancia. Cuando una pareja se une en relaciones deliberadamente estériles, se conoce como un anticonceptivo, así de claro y simple”.

La Planificación Familiar y la PFN son de la misma tela

¿Habéis notado las similitudes entre el Planificación Familiar ―el mayor proveedor de abortos del mundo― y la Plantificación Familiar Natural? Los anticonceptivos artificiales y abortivos se encuentran en las tiendas marcados como “Planificación Familiar”. Al igual que los abortistas, los planeadores de familia consideran a la prole como algo indeseable, al menos temporalmente; mientras que los verdaderos fieles siempre los han considerado como una bendición innegable de Dios mismo, planeado por su providencia desde toda la eternidad. “Don del Señor son los hijos; es merced (suya) el fruto del vientre. … ¡Dichoso el que llenó de ellos su aljaba! No serán confundidos…” (Salmo 126, 3,5).

En las publicaciones que promueven la PFN, el periodo fértil de la esposa a veces es clasificado como “no seguro” y “peligroso”, ¡como si el engendrar nueva vida fuere considerado una seria violación a la seguridad nacional y el pequeño infante fuese un traicionero criminal! Esto es realmente abominable.

¿Podría ser más claro que aquellos que se suscriben a este tipo de comportamiento y a este método excluyen de sí a Dios y a la prole, remplazándolos con su propia agenda egoísta?

Tobías 6, 17: “Los que abrazan con tal disposición el matrimonio, que apartan de sí y de su mente a Dios, entregándose a su pasión, como el caballo y el mulo que no tienen entendimiento; ésos son sobre quienes tiene poder el demonio. Mas tú, cuando la hubieres tomado por esposa, entrando en el aposento, no llegarás a ella en tres días, y no te ocuparás en otra cosa sino en hacer oración en compañía de ella. … Pasada la tercera noche, te juntarás con la doncella, en el temor del Señor, llevado más bien del deseo de tener hijos, que de la concupiscencia…”.

La palabra matrimonio significa “el oficio de la maternidad”. Aquellos que participan en la PFN evitan el matrimonio (el oficio de la maternidad) y excluyen a Dios de sí mismos.

San Cesáreo de Arlés: “Cada vez que él se une a su esposa sin un deseo de tener hijos… sin lugar a dudas que comete pecado”[ii].

De los errores condenados por el Papa Inocencio XI: “9. El acto del matrimonio, practicado por el solo placer, carece absolutamente de toda culpa y de defecto venial” – Condenado[iii].



[i] http://www.seattlecatholic.com
[ii] Jurgens, The Faith of the Early Fathers, Collegeville, MN, The Liturgical Press, 1970, vol. 3:2233.
[iii] Denzinger, The Sources of Catholic Dogma, B. Herder Book. Co., Thirtieth Edition, 1957, no. 1159.

martes, 18 de septiembre de 2012

La ceremonia de clausura de los para-olímpicos: una dedicatoria al dios sol (ritual illuminati), 3ra. Guerra Mundial (inglés)

Una mirada detrás del profundo simbolismo oculto en la ceremonia de clausura de los para-olímpicos y cómo todo ello está vinculado con lo que está sucediendo actualmente en el mundo. ¿Este oscuro ritual es una señal de lo que está por venir?... La simbología satánica y ocultista parece ser bastante explícita.

Fuente: scrawny2brawny
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