Sin comunicar en sus obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas y reprobadlas (Efesios 5, 11)
lunes, 22 de septiembre de 2014
El anticristo revelado: La bestia que era y no es, ha retornado (video en inglés)
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Apocalipsis,
Monasterio de la Sagrada Familia USA
domingo, 21 de septiembre de 2014
Los católicos franceses en el siglo XIX - 17
Una profecía que se cumple
En 1835, se encontraron en un hotel de
Londres dos jóvenes franceses, que desde entonces se ligaron por una estrecha
amistad. Uno era legitimista y volvía de una visita al viejo rey Carlos X; el
otro, bonapartista, estaba al servicio del ex rey José, hermano de Napoleón I.
Eran el conde de Falloux y Fialin de Persigny. En
sus discusiones, del conde de Falloux no tomaba en serio la esperanza que su
amigo alimentaba, de una restauración de los Bonapartes en el trono de Francia,
lo que llevó a Persigny a decirle proféticamente: “Sus ojos se abrirán. El príncipe
Luis reinará y Ud. formará parte de su primer ministerio”.
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| Persigny, su profecía se cumplió |
Algunos años más tarde, Persigny fue
detenido en uno de los intentos de la revolución promovida por Luis Napoleón. El
conde de Falloux fue a visitarlo a la prisión. Al salir, el prisionero le deslizó
en la mano un papel: era la dirección de la casa donde se encontraban los
uniformes preparados para la entrada triunfal del príncipe en París. El conde
de Falloux consiguió hacer que desaparecieran esos uniformes, destruyendo así lo
que, en las manos del gobierno de entonces, sería una prueba aplastadora de
culpabilidad contra Luis Napoleón y sus amigos.
En 1849, Luis Napoleón ocupaba la
presidencia de la república con el eficaz apoyo del partido del orden. Thiers pretendía
dominar al príncipe-presidente, y fue bajo su dirección que se desarrollaron
las negociaciones para la formación del primer ministerio del nuevo gobierno. El
príncipe Luis, entre tanto, hacía una imposición: quería como ministro suyo al
conde de Falloux. Además de ser el pago de una deuda de gratitud y un deseo de
Persigny, aún se debía tener en cuenta que el conde de Falloux era uno de los “notables
de la calle Poitiers”, legitimista, un nombre político ya respetado, y traía para
su gobierno el apoyo del partido católico.
Las primeras gestiones se enfrentaron con
la negativa formal del conde de Falloux. Sin embargo, una vez más entró en
escena el padreDupanloup. Fue él quien consiguió convencer al joven líder legitimista a
aceptar el convite para el ministerio. El propio Falloux cuenta en sus memorias
cómo fue vencida su resistencia:
“Tenía
a mi servicio un vandeano, Marc Séjon, que todos mis amigos conocían y
estimaban con el nombre familiar de Marquet. Hijo de un guardabosques de mi
padre, había nacido y educado en mi casa.
No se podía llevar más lejos de que él la pasión política y la dedicación
personal. Contra mi voluntad, él me siguió en los días de la insurrección de
julio. Estaba seguro de su inviolable respeto por las órdenes que le daba. Le confié,
por lo tanto, mi plan de campaña, recomendando que me mandase un coche a las
nueve horas a la calle Saint Dominique (a la casa de Madame Swetchine), prohibiéndole revelar a quien quiera que
fuese el secreto de mi refugio.
“Todo
corrió bien hasta las ocho y media, y ya conversaba alegremente, como un hombre
que acababa de escapar de un gran peligro, cuando la puerta del salón, que yo
sabía rigurosamente cerrada, se abrió bruscamente y apareció el padre
Dupanloup. Se disculpó en pocas palabras con Madame Swetchine, y me dijo:
—
Estoy en su casa desde las seis horas, suplicando en
vano a Marquet, en nombre de los más graves intereses, decirme dónde podría encontrarlo.
Impiadosamente me dejó sin cenar. Pero, viendo que se aproximaba la hora de su
regreso, me puso en el coche que venía a buscarlo, y aquí estoy.
—
Muy bien, ¿y qué quiere Ud. de mí?
—
Hacerle sentir el peso de su responsabilidad. Comunicaron
su rechazo al príncipe Luis, y éste respondió fríamente: “Comprendo lo que eso
significa. A la edad del Sr. de Falloux, no se rechaza voluntariamente una
cartera ministerial. Es su partido el que no le permite aceptar. Es por lo
tanto, una declaración de guerra. Quería tener mi punto de apoyo en los
conservadores. Como él me hace falta, debo buscarlo en otros lugares. Hoy el
partido legitimista levanta una bandera, mañana será el turno del partido orleanista. No puedo
quedar en el aire, y voy a pedirle a la izquierda el concurso que la derecha no
me quiere prestar. Veré esta tarde al Sr. Jules Favre”.
—
Esta es, mi amigo – acrecentó el padre Dupanloup – la situación
que creó su terquedad. Usted va a abandonar a Italia a sus convulsiones, dejar
al Papa sin socorro y entregarlo a sus peores enemigos, volviendo a lanzar en
la anarquía a Francia que no aspira sino a liberarse de ella, y cubrir de confusión
a los más eminentes representantes del partido conservador.
“Quedé
aterrado con el cuadro de la situación expuesta por el padre Dupanloup. Madame
Swetchine no dijo nada.
—
¿Pero quién dijo todo eso? – Pregunté.
—
Primero el Sr. Molé, y después el Sr. Montalembert,
que esta cenando a dos pasos de aquí. En casa de Mme. Thayer, y suplica verlo.
—
Muy bien, lléveme con él.
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| Mme. Swetchine |
“Dejé
a Mme. Swetchine en la mayor ansiedad, porque ella conocía bastante bien el
fondo de mi alma, para comprender la extensión de mi sacrificio. Madame Thayer,
hija del general Bertrand, juntaba a una gran distinción una gran piedad. Estaba
muy unida con la acción y los deseos de los católicos. Cuando me vio entrar, el
Sr. Montalembert exclamó:
—
Hicimos mal en ceder. Debimos prever eso. Reflexione,
yo le suplico que reflexione, si aún queda tiempo:
“Todo
el salón hizo eco de esas palabras.
—
Muy bien – respondí – yo no lucho más por mi propia
cuenta, pero tengo condiciones que quiero imponer, tanto por vos como por mí.
Vamos inmediatamente a la casa del Sr. Thiers, en cuanto el
padre Dupanloup regresa a la casa del Sr. Molé.
“El
salón de la Plaza Saint Georges comenzaba a repletarse. El Sr. Montalembert
entró solo, y le susurró al Sr. Thiers que yo lo esperaba en la sala vecina. Él
acudió luego, con las dos manos extendidas.
—
No me agradezca todavía – le dije –. Vine a buscarlo
porque los pares me enviaron (usé a propósito esta expresión, para colocarlo
delante de la dificultad). Acepto el ministerio si el Sr. me promete preparar,
sustentar y votar conmigo una ley de libertad de enseñanza. Si no, no.
—
Prometo, prometo – respondió el Sr. Thiers con efusión
– Y crea que no es una promesa que me cueste. Cuente conmigo, porque mi convicción
es la misma que la suya. Mis amigos liberales y yo estábamos en el mal camino
en el terreno religioso. Debemos reconocerlo francamente. Pero ahora déjeme procurar
inmediatamente al príncipe Luis, que recibe en este momento consejos
detestables, y talvez dentro de pocas horas ya no será posible liberarlo de
esas influencias.
“El
Sr. Thiers pidió permiso apresuradamente a sus visitantes. El Sr. Montalembert
quiso encargarse, de mi parte, y poner el Sr. Molé al par de lo que pasaba en
casa del Sr. Thiers. Yo tomé mi coche y llegué a casa diciendo:
—
Bien, pobre Marquet, vas a entrar en el ministerio.
¡Quién lo diría!
—
Ciertamente yo no – replicó él tristemente –. Entre
tanto, como el Sr. lo hizo, estoy cierto de que es para bien, y tenemos que
resignarnos”.
Es curioso que Falloux, amigo fiel del bonapartista
Persigny, a una edad naturalmente inclinada al deseo de una gran carrera – tenía
entonces 37 años – habiendo tanto rechazado obstinadamente un ministerio y no desease
colaborar con el príncipe Luis Napoleón en la represión del desorden que
llevaba el partido conservador, apoyara la candidatura de este último a la
presidencia, habiendo impuesto la ley de libertad de enseñanza como única condición
para dejarse vencer, a pesar de los trágicos colores con que el padre Dupanloup
pintó la situación del Papa. Tanto más que él rechazó en la Cámara hacer parte
de la comisión parlamentaria de que dependía la aprobación de esa misma ley.
Finalmente, el conde de Falloux es
ministro de Instrucción Pública del primer ministerio de Luis Napoleón. Él preparará
la ley sobre la libertad de enseñanza redactada de tal modo que incluso hoy la Francia
católica sufre sus consecuencias. Y esa ley es la que liquidaría completamente
el partido católico.
Al tomar posesión, el conde de Falloux encontró
en su escritorio una bella carpeta de rojo marroquí, con una nota: “De parte
del Sr. de Persigny. Recuerdo de Londres, 1835”.
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Católicos franceses del siglo XIX
sábado, 20 de septiembre de 2014
EL SENTIDO CONTRARREVOLUCIONARIO DE LA OBRA DE LOS SANTOS
Plinio Corrêa de
Oliveira
Para quien ve la historia con los
ojos de la fe, sabe discernir a lo largo de ella las intervenciones de la
Providencia en favor de la Santa Iglesia, y puede discernir la impresionante coincidencia
y armonía entre las misiones de dos grandes santos: San Luis María Grignion de
Montfort y Santa Margarita María Alacoque.
Cuando se formaba el cáncer revolucionario
Ambos vivieron en Francia, en un
momento de capital importancia para la historia del mundo. En lo más profundo
de la sociedad francesa, los gérmenes oriundos de los grandes movimientos ideológicos
del siglo XVI continuaban desenvolviéndose vigorosamente. Discretas aún, las
tendencias para el racionalismo, el laicismo y el liberalismo se difundían como
una corriente de agua impetuosa y subterránea, en los sectores claves de la sociedad.
Y el lento pero inexorable ocaso de la aristocracia y de las corporaciones de
artesanos y mercaderes, coincidiendo con la ascensión siempre más marcada de la
burguesía, preparaba de lejos la organización social que había de nacer en
1789.
En breves palabras, con larga
antecedencia, pero desde luego con mucha fuerza, con una fuerza que en breve se
tornaría humanamente casi irresistible, la Revolución se venía formando como un
cáncer en las entrañas en un organismo que todavía permanecía sano.
Procesos históricos como este
deben ser contenidos preferiblemente en sus inicios, pues si se permite su
desenvolvimiento, se tornan cada vez más difíciles de reprimir.
Intervención de la Providencia para evitar la
Revolución
Por tanto, importa resaltar que,
precisamente en el momento en que una acción preventiva parecía más oportuna y
más eficaz, la Providencia suscitó en Francia dos santos con una evidente y
especial misión en ese sentido. Misión que, primordial y directamente, se
dirigía a la primogénita de la Iglesia, pero que indirectamente beneficiaría al
mundo entero. Pues, si de un lado la extinción in ovo de los gérmenes revolucionarios en Francia pudiera evitarse
para todo el orbe las calamidades de la Revolución, de otro lado un triunfo
insigne de la religión, ocurrida en el país líder de Europa en el siglo XVIII,
podría haber tenido en la historia religiosa y cultural de la humanidad
repercusiones incalculables.
El sentido anti-revolucionario del mensaje de
Paray-le-Monial
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| El Sagrado Corazón se revela a Santa Margarita María |
Los lectores ciertamente ya
conocen los pedidos hechos por nuestro Señor a Luis XIV por medio de Santa
Margarita María. Saben que el Sagrado Corazón predijo para Francia grandes
males, pero prometió evitarlos si sus pedidos eran oídos. Finalmente saben que,
no habiendo Luis XIV atendido el mensaje —ilusionado quizás por informaciones y
manejos aun hoy mal conocidos— Luis XVI, en la prisión del Templo, prometió
atenderlos. Pero era tarde, y la Revolución siguió su curso, para la desgracia
de todos nosotros.
De estos hechos, lo que nos
importa retener, en el momento, es que a partir del centro de Francia, de
Paray-le-Monial, la Providencia quiso encender en el reino cristianísimo un
brasero de piedad y un foco ardiente de regeneración moral, para evitar las
calamidades que después sobrevinieron.
En el mismo sentido, la
Providencia suscitaba en el oeste de Francia otro movimiento.
Precursor y patriarca de la Contrarrevolución
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| Santa Margarita María |
Como Santa Margarita María, San
Luis María parece no haber tenido ningún pensamiento político particular. Él previó
para su patria y para toda la Iglesia grandes catástrofes. Pero su mirada no se
detuvo sino en los ámbitos más profundos en que esas catástrofes se venían preparando.
Sus escritos aluden a una crisis religiosa y moral de gran envergadura, de la
cual como de una caja de pandora, toda especie de males iría a salir. Para evitar
esos males, él predicó en sus inflamados sermones, oídos con profunda avidez
por los campesinos del piadoso oeste, la doctrina espiritual que condensó en
varias obras, de las cuales las principales fueron el “Tratado de la Verdadera
Devoción a la Santísima Virgen”, la “Carta Circular a los Amigos de la Cruz” y
el “Amor a la Sabiduría Eterna”.
Bien analizados, estos tres libros
monumentales —e infelizmente poco conocidos— son la refutación de todas las
doctrinas falsas de que nacería el monstruo de la Revolución. Refutación por
cierto sui generis. Las obras de San Luis
María no tenían en vista primordialmente persuadir a los espíritus escépticos,
sensuales, naturalistas, los que estaban en el error. Su principal preocupación
estaba en premunir contra esos errores a los católicos fervorosos o tibios. Y así,
toda su dialéctica consistía en inculcar el amor a la Sabiduría, para premunir
a sus lectores contra el laicismo o la tibieza; en inculcar el amor a la Cruz,
para premunir contra la sensualidad y el amor delirante por los placeres a los católicos
de una era esencialmente gozadora y mundana; y en inculcar la devoción a
Nuestra Señora por medio de la “santa esclavitud”, para premunir a los lectores
expuestos en todo momento a las insidias de ese verdadero calvinismo larvado,
que fue el jansenismo.
En todos sus libros la dialéctica es
la misma. Él muestra con argumentos sacados de la Escritura, de la tradición,
de la historia de la Iglesia y de la hagiografía, que un católico no puede
pactar con el espíritu del siglo, y que toda posición de medio término entre
ese espíritu y la vida de piedad no es sino una peligrosa ilusión de los
sentidos o del demonio.
Nuestra Señora en la predicación montfortiana
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| San Luis María y la Sma. Virgen |
En el conjunto de este sistema, es
preciso referir que la devoción a nuestra Señora considerada especialmente como
Reina del Universo, Madre de Dios y de los hombres y Medianera de todas las
gracias, tiene un papel absolutamente central. Es por esta devoción que el fiel
puede alcanzar de Dios la sabiduría y el amor a la Cruz. Pues María Santísima
es el medio por el cual Jesucristo vino a nosotros, y por el cual podemos ir a
Él. Cuanto más unidos a María, tanto más estaremos unidos a Jesús. Es en las
almas marianas —intensamente, ardientemente, filialmente marianas— que el
Espíritu Santo forma a Jesús. Sin Ella, los mayores esfuerzos para la santificación
redundan en desastres. Con Ella, lo que parece inaccesible a nuestra flaqueza
se torna accesible, las vías como que se franquean, las puertas se abren, y
nuestras fuerzas, extraídas en el canal de las gracias, se centuplican. Lo importante,
pues, es ser verdadero devoto de María.
Pero esta devoción tiene
falsificaciones. El santo muestra cuales son y nos premune contra los
minimalistas, sobre todo los que se contentan con una devoción, vana, hecha de
meras fórmulas y actos de piedad externos. La devoción perfecta, él la enseña:
consiste en que seamos esclavos de María dándole todos nuestros bienes
espirituales y temporales, y haciendo todo por Ella, con Ella y en Ella.
Frutos contrarrevolucionarios de la predicación
montfortiana
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| San Luis María, apóstol de la Contrarrevolución |
San Luis María fue un gran
perseguido. Prelados, príncipes de la Iglesia, el propio gobierno lo
combatieron. Apenas el papa y algunos pocos obispos franceses le dieron apoyo. En
la Bretaña, en Poitou, en Aunis, su predicación se ejerció libremente y perduró
a través de las generaciones, conservadas profundamente fieles. Cuando, durante
la Revolución, precisó de héroes para defenderla en tierras de Francia, éstos
surgieron más o menos en toda la extensión del reino cristianísimo. Pero en
cierta región el pueblo entero tomó en armas, en una reacción en masa,
compacta, impetuosa e indomable. Los chouans, cuya memoria ningún católico puede
evocar sin la más profunda y religiosa emoción, eran los nietos de aquellos
mismos campesinos que San Luis María formó en la devoción a nuestra Señora. Donde
San Luis María predicó y fue oído, no hubo la Revolución impía y sacrílega;
hubo, por el contrario, cruzada y Contrarrevolución.
Actualidad de Santa Margarita María y San Luis
de Montfort
Poco importa saber hasta qué punto
los movimientos de Paray-le-Monial y de la Vendée en el siglo XVII se
conocieron. La importancia de uno y de otro no quedó circunscrita a aquella época.
Hijos de la Iglesia, en este trágico siglo XX, podemos y debemos ver ambos
movimientos en una sola perspectiva, y así unidos, hacer de ellos nuestro
tesoro espiritual.
El nexo esencial que los une está
hoy en día puesto en tal luz, en la conciencia de cualquier fiel, que ni
siquiera es necesario insistir sobre él. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús
es la manifestación más rica, más extrema, más delicada, del amor que nos tiene
nuestro Redentor. La vía para llegar al Corazón de Jesús es la Medianera de
todas las gracias. Y así se va al Corazón de Jesús por el Corazón de María. Esta
última devoción, que San Antonio Claret puso en tanta luz, San Luis Grignion de
Montfort, que al parecer, no la conoció. Pero es el punto de junción entre el
mensaje de Paray y la predicación del apóstol mariano de la Vendée. Punto de junción
que, dígase de pasada, tuvo tanto realce en las apariciones de Fátima.
Pero al lado de esos grandes lazos
fundamentales hay otros. Los comprenderemos bien, en una sola mirada, si
consideramos lo que podrían ser hoy Francia, la civilización cristiana, el
mundo, si los movimientos de Paray y de la Vendée hubiesen sido victoriosos en
los siglos XVII y XVIII. En lugar de la Revolución, con sus execrables secuelas
que nos arrastran hasta la vorágine actual, tendríamos el reino de la justicia
y de la paz. Opus Justitiae pax, se
lee en el escudo de Pío XII. Sí, la paz de Cristo en el Reino de Cristo, de los
cuales nos distanciamos cada vez más.
Y así queda puesta en evidencia la
altísima oportunidad del mensaje de Paray y de la obra de San Luis María. Ellos
nos enseñan que el fondo de los problemas que generaron la crisis actual es
religioso y moral. Y nos indican los medios sobrenaturales por los cuales
la Revolución universal de nuestros días, hija insolente de la depravada
Revolución francesa, puede ser juzgada. Es sólo del buen uso de esos medio que pueden
nacer, en el campo cultural, social o político, las reacciones que preparan, en
la tierra, la Realeza de Cristo por la Realeza de María.
viernes, 19 de septiembre de 2014
Profecía sobre el restaurador de la sociedad entregada a la completa anarquía
“Antes que se levante Carlos, u otro rey católico, Dios dirá a un hombre lo que dijo a Moisés: “Ahí tienes una vara: en ella ostentaré a todas las naciones mi existencia y mi omnipotencia”. A este hombre serán entregados a discreción los demonios, para ser arrojados del cuerpo de la sociedad actual, del cuerpo de las naciones… A este hombre obedecerán tierra, infierno y cielos, los elementos y la naturaleza entera: este hombre estará en pie firme insignitis et potentis ante reges horrendos, ante esos reyes con quienes ahora Pío IX tiene que transigir, y en ese hombre terminará el sistema de las transacciones; este hombre, el más extraordinario que hayan visto los siglos, tendrá el poder de “percutere terram omni plaga quoties cumque volverit”, este hombre es escogido por la Reina de este monte Carmelo por el general en jefe de todos los ejércitos de Dios, y este hombre está a las órdenes de su Reina, escondido en el monte santo, y preparado para el día y hora en que Dios ha marcado su misión, y por este hombre la Reina del Carmelo restituirá a su orden la sociedad humana…“¿Cuándo vendrá? Cuando nadie lo crea; cuando todas las naciones hayan consumado en la persona de sus reyes la apostasía de la Fe; cuando veas al diablo gloriándose en su triunfo, resistiendo al poder de los católicos. Cuando el diablo llegue al extremo de presentarse al frente de todos los reyes de la Tierra dando en guerra contra Dios bajo su lema propio: ¡Revolución! Cuando vosotros los encargados de arrojarle al abismo, seáis impotentes para vencerle por causa de vuestra incredulidad. Entonces aparecerá al mundo este hombre para anunciarle su fin…
“Sí: “venturus est et restituet omnia”, pero será despreciado y horriblemente perseguido de los mismos católicos, porque son estos los que han perdido al mundo por su incredulidad…” (El Ermitaño, Año III, n° 89, 21 de julio de 1870)
“No se conoce otro restaurador que él. Si viene la restauración verdadera que consiste en la conversión a Dios de todas las naciones y de sus reyes, el restaurador no puede ser un rey, sino un apóstol… Y este apóstol será Elías, el Elías prometido, sea cual fuere el nombre que al parecer se le dé. Llámese Juan, Moisés, Pedro, el nombre importa poco; la misión de Elías restaurará la sociedad humana porque así Dios lo tiene en su Providencia ordenado”. (El Ermitaño, Año IV, n° 113, 5 de enero de 1871)
Nuestra Señora de la Salette - 19 de septiembre
Plinio Corrêa de
Oliveira
El 19 de septiembre de 1846,
Nuestra Señora se apareció a dos pequeños pastores, Maximin Giraud y Melanie
Calvat. La bella señora, como los niños la llamaron, se apareció en una actitud
de profunda tristeza pidiendo oraciones y penitencia para ayudarla a impedir
que el brazo [castigador] de su Hijo caiga sobre la humanidad. Nuestra Señora
también reveló a los pastorcillos un secreto. Puesto que esta aparición ocurrió
en una montaña llamada La Salette en
la diócesis de Grenoble, Francia, pronto se difundió en todo el mundo una nueva
invocación a la Virgen: Nuestra Señora de
la Salette.
Han ocurrido tres apariciones
importantes de Nuestra Señora en los últimos 150 años: La Salette, Lourdes y Fátima. En todas ellas la Iglesia
reconoció la autenticidad de las apariciones y las aprobó instituyendo una
fiesta en conmemoración de ellas. En cada una de las tres apariciones Nuestra
Señora dejó un secreto.
En todas ellas, la Virgen se
manifestó profundamente triste por el estado de la humanidad, y predijo un
enorme castigo que vendría en un momento elegido. Por lo tanto, en los
últimos 150 años la Virgen ha adoptado una posición muy similar a la de los
contrarrevolucionarios.
Todos ustedes saben que los
miembros del alto y bajo “clero”, así como los laicos “católicos” están muy
felices y piensan que todo va muy bien. Si les decimos a esas personas que se
está preparando un castigo para la humanidad, ellos responden que eso es un
absurdo. Ellos afirman que la religión está experimentando un progreso
extraordinario.
Al lado de esas personas, vemos
que todo es sombrío y triste. Para ellos nosotros desempeñamos el papel de hipocondríacos
pesimistas que no encajan en la atmósfera alegre, despreocupada de nuestros
días y que siempre difunde una opinión optimista y positiva acerca de todo.
Nuestro papel es difícil, porque
siempre es difícil prever y anunciar castigos para una humanidad que se ha
volcado hacia el disfrute de la vida. No es de extrañar que muy poca gente esté
dispuesta a creer y seguir nuestras perspectivas políticas y religiosas con
respecto a los eventos; lo que demuestra cada vez un mayor triunfo de la
Revolución. Ellos no quieren oír hablar del gran castigo que Dios está
preparando. Dado que Nuestra Señora misma trajo tres mensajes importantes que
no fueron aceptados, no es de extrañar que nuestro apostolado también no sea
bien recibido.
Esto es característico de todas
las épocas que toman el camino errado. Cuando la gente oye a alguien decirles
que van por el mal camino, no escuchan. Por esta razón, los grandes castigos vendrán.
Si las personas escucharan, ellos se convertirían y el castigo sería evitado.
Es precisamente porque no abren sus almas para el mensaje que la catástrofe se
hace inevitable. El hecho de que ellos no crean en los mensajes de la Virgen
es la prueba de que dichos mensajes se cumplirán.
Alguien podría objetar: han pasado
más de 150 años y nada ha pasado. ¿Cómo es que se han cumplido esos mensajes?
Yo sostengo que en ovo (en semilla)
esos grandes castigos ya han comenzado. Nuestra Señora se apareció en La Salette en 1846; en 1870 comenzó la
guerra franco-prusiana como resultado de la rivalidad entre Francia y Alemania.
Esta rivalidad alcanzó su apogeo en 1914 y fue la más profunda causa para la I
Guerra Mundial como también para la II Guerra Mundial. Las luchas de la II
Guerra Mundial todavía no se han resuelto completamente y la perspectiva de una
III Guerra Mundial se encuentra en el horizonte. Una posible III Guerra Mundial con su apocalipsis nuclear
podría muy bien ser el comienzo del gran
castigo predicho en La Salette y Fátima.
Los grandes castigos de Dios
desafían la paciencia de los pocos que permanecen fieles. El ejemplo más
característico fue el diluvio donde todo el mundo se reía de Noé que construía
su arca a la espera de un gran castigo. Le tomó 100 años completar su trabajo,
y luego vino el diluvio. En ese tiempo Noé podría haber caído en la tentación de
pensar que se había equivocado y que la gente que se reía de él estaba en lo
cierto. Pero Noé no dudó. Se mantuvo fiel al mensaje que recibió de Dios y
siguió preparándose para el castigo. El hecho de que haya tomado un largo tiempo no significaba que el castigo no
iba a venir; más bien, significaba que
sería un enorme castigo.
Nuestro Señor predijo que el templo
de Jerusalén sería destruido. Cuando Él murió, un terremoto sacudió sus pisos y
el velo del Templo se rasgó por el medio. Algunas paredes quedaron dañadas,
pero el templo se mantuvo de pie. Pasaron décadas y la profecía no se cumplía.
Varias veces los fieles de Jerusalén pensaron que las señales estaban maduras
para el castigo y huyeron a las montañas, como Nuestro Señor les había
aconsejado que hicieran. Sin embargo, no pasó nada y volvieron a su vida
normal, tal vez un poco desanimados.
40 años después de la muerte de
Nuestro Señor, y aparentemente por casualidad, un soldado del ejército de Tito
lanzó una antorcha en una de las ventanas laterales del templo. Un fuego
comenzó y se extendió rápidamente, envolviendo todo el edificio. Entonces, en
verdad, ni una piedra se mantuvo por encima de la otra —“no quedará piedra
sobre piedra”—, justo como Nuestro Señor lo había predicho. Después, el Templo
nunca fue reconstruido.
Debemos estar convencidos de que
hemos sido elegidos para estar entre los pocos que escuchan la voz de Nuestra
Señora y que esperan por el castigo que ella predijo. Estos queridos electos
deben dar prueba de su amor. Ellos deben dar prueba de su fidelidad antes de
que se cumpla la palabra de Dios. Esta es la situación en que estamos. No sé
cuántos años hay que esperar para las promesas de La Salette y Fátima, que se
deberán cumplir. A veces pensamos: “Ahora sí que viene, porque es imposible
que la situación sea peor”. Pero, no viene. Los cielos tempestuosos sólo dejan
caer unas gotas de lluvia y las nubes se disipan. Una vez más el cielo se
vuelve tormentoso... y la gente se ríe
de nosotros. Debemos recordar a Noé. Cuando la lluvia finalmente cayó,
fue el diluvio.
Confiar contra todas las
apariencias y creer después de todos los retrasos es lo que Dios pide de
aquellos que Él eligió para hacer su alianza. Esta es la gran enseñanza de La Salette. Este es el espíritu que
debemos pedir a recibir en el día de Nuestra
Señora de La Salette: tener una
confianza ciega en su promesa y estar seguros de que su cumplimiento vendrá.
Aquí dejamos un video con parte del contenido del mensaje de
La Salette. El video lamentablemente
omite las graves palabras de la Santísima Virgen que dicen: “Roma perderá la fe y se convertirá en la
sede del Anticristo… La Iglesia será
eclipsada”
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Mariología,
Plinio Correa de Oliveira,
Santo del día
miércoles, 17 de septiembre de 2014
Para que Él reine - II Parte, Cap. 2 continuación
continuación del capítulo anterior
ODIO DE LA REVOLUCIÓN CONTRA LOS SACERDOTES Y LOS
RELIGIOSOS
Después del odio
contra Dios, contra Jesucristo, contra su Iglesia, contra el orden cristiano,
odio contra los sacerdotes, hemos dicho, odio contra los religiosos.
Odio específicamente
satánico…
… Pero, de igual
forma, odio específicamente revolucionario.
Y eso desde las
primeras manifestaciones de ese espíritu de donde había de brotar la
Revolución.
Sabemos cuál fue el
destino, en el siglo XVI, de las comunidades religiosas en los países donde
triunfó la Reforma[1].
Los enciclopedistas,
a su vez, tuvieron los mismos sentimientos que los reformadores respecto a los
religiosos.
El 24 de marzo de
1767 Federico II, rey de Prusia, escribía a Voltaire: “He observado, y otros
conmigo, que los lugares en que hay más conventos de monjas son aquellos en que
el pueblo está más a menudo ciegamente apegado a la superstición[2].
No hay ninguna duda de que si consigue destruir esos asilos del fanatismo, el
pueblo se volverá un poco indiferente y tibio respecto a ellos, que son objeto
de su veneración. Se impone destruir los conventos, o al menos, comenzar a
disminuir su número”.
La Revolución de 1789
se encargó de realizar metódicamente ese hermoso programa del rey de Prusia.
La muerte o el
destierro para muchos sacerdotes y religiosos[3].
La persecución para todos, salvo, claro está, para aquellos que traicionaron.
Su número, es verdad, fue pequeño si se le compara al de los que supieron
permanecer fieles; pero, por desgracia, no dejó de ser bastante elevado.
Tal es la táctica de
la Revolución: persiguiendo a los sacerdotes que no puede corromper, exalta a
los apóstatas y se encarga de hacer su fortuna. Hasta Renán, Loisy y ciertos
miembros del Instituto o del Colegio de Francia, se puede decir que se
establecerá una verdadera tradición.
Nada le gusta tanto
como descarriar a los hombres del santuario.
“Haced al sacerdote
patriota…”[4],
recomendaba Vindice[5].
Pues, precisaba Piccolo Tigre[6],
“la Revolución en la Iglesia es la Revolución permanente, es el derrocamiento
obligado de los tronos y de las dinastías”.
Por cierto, esta
táctica ya había sido aplicada antes del 89. Es el caso de esos monasterios que
sirvieron de planteles a las sociedades secretas y algunos de los cuales se
constituyeron en logias masónicas[7].
Miserable caso el de
este clero, corroído de jansenismo y de galicanismo, cuyo corazón, desde hacía
tiempo, se había apartado de Roma.
Miserable caso de
estos sacerdotes, religiosos o prelados que, desde monseñor de Brienne[8] a
Talleyrand, y desde el abate Gregoire a los Gavazzi, a los Gioberti, etc.,
deben su celebridad a su traición más o menos consciente o a la más escandalosa
de las apostasías. Tal es el caso de esos sacerdotes felones que encontramos
junto al diabólico Weishaupt, jefe de los “Iluminados de Baviera”[9];
tal es el caso de esos sacerdotes francmasones, entre los que se contaba el
capellán del mismo Luis XVI[10].
Tal es el caso de esos sacerdotes o religiosos, momentáneamente ganados al
liberalismo, como el P. Ventura, que, bajo el efecto de un carácter impetuoso,
se dejaron llevar a excesos, que contrastaban con una vida, por lo demás
edificante[11].
A su vez, Bonaparte,
como buen “ejecutor testamentario” de la Revolución, se esforzó por tener en
sus manos la formación, por no decir la ordenación de los sacerdotes. Los
obispos estaban obligados a enviar a París la lista de aquellos a quienes
querían conferir las órdenes sagradas. “Napoleón la recortaba a capricho —escribe monseñor
Delassus—[12].
Y así monseñor de Montault, obispo de Angers, y monseñor Simon, obispo de
Grenoble, no pudieron, el primero en siete años y el segundo en ocho, ordenar
cada uno más de dieciocho sacerdotes”.
La misma intervención
abusiva en la enseñanza de los seminaristas[13].
Con el triunfo de las
ideas revolucionarias y el advenimiento del liberalismo, la lucha se volvió más
brutal[14],
hasta el día en que, un Castagnari, por ejemplo, del cual Paul Bert hizo un
director de cultos, podrá exclamar: “¡No! ¡No! El sacerdote no es ni puede ser
un ciudadano. Darle esta cualidad sería restringir la libertad de todos, poner
en peligro la sociedad”[15].
Viviani, como
siempre, tendrá la franqueza del cinismo. “Las congregaciones no nos amenazan
solamente por sus actividades —exclama[16]—, sino por la
propagación de la fe”. El mismo Satanás no sería de otro parecer.
Respecto al
comunismo, son sobradamente conocidas las matanzas de sacerdotes y religiosos
que organiza desde que llega al poder[17].
ODIO DE LA REVOLUCIÓN
CONTRA LA HUMANIDAD
Odio contra Dios, su
Cristo, su Iglesia; odio contra los sacerdotes; los caracteres satánicos de la
Revolución, sin embargo, no se limitan solamente a eso.
Ya lo hemos dicho:
envilecer, corromper, aniquilar a esta humanidad a la que el Hijo de Dios quiso
descender, tal es el frenesí demoniaco. De ahí una incoercible necesidad de
destruir y de corromper. Destrucción moral, destrucción intelectual,
destrucción política y social, destrucción física pura y simple de la misma
vida corporal.
Una vez más, carácter
satánico, pero ¿no es ése el carácter mismo de la Revolución?
Vea los capítulos publicados haciendo clic aquí: Para que Él reine
[1] Los “humanistas” no fueron
menos hostiles a los religiosos. “En el siglo XV como en la actualidad —ha podido observar Jean Guiraud—, los monjes fueron atacados
por los humanistas del Renacimiento, porque representaban el ideal del
renunciamiento. Los humanistas llevaban el individualismo hasta el egoísmo; por
los votos de obediencia y de estabilidad, los monjes lo combatían y lo
suprimían. Los humanistas exaltaban el orgullo del espíritu; los monjes hacían
votos de pobreza. Los humanistas, en fin, legitimaban el placer sensual; los
monjes mortificaban su carne con la penitencia y la castidad. El Renacimiento
pagano sintió tan fuertemente esta oposición, que se encarnizó contra las
órdenes religiosas con tanto odio como nuestros sectarios modernos. Cuanto más
rigurosa era la observancia religiosa, tanto más excitaba la cólera del
humanismo”. “L’Eglise et les origines de
la Renaisance”, p. 305.
[2] Claramente: el cristianismo.
Cf. esta otra carta de Federico II, sobre el mismo asunto a Voltaire
(13-8-1775): “Si se quiere disminuir el fanatismo, no hay que tocar a los
obispos, pero si se consigue disminuir los monjes, sobre todo las órdenes
mendicantes, el pueblo se enfriará, y menos supersticioso, permitirá a las
potencias disponer (¡sic!) de los obispos en lo que convenga para el bien de
los Estados. Es el solo camino a seguir”.
[3] Si se piensa ordinariamente en
las víctimas de la guillotina, causa asombro cómo han sido olvidadas hoy los
deportados a Cayena y a los pontones de Rochefort: prisiones flotantes sobre dos
buques retirados de la navegación, el “Bon-homme Richard” y el “Boré”, a los
que se sumaron otros dos barcos que habían servido a la trata de negros: el
“Washington” y “Les Deux Associés”. Amontonaron 400 hombres en los
entrepuentes, cuando no había siquiera sitio para 40. En el espacio de tres
meses, 112 sacerdotes sucumbieron a bordo del sólo navío “Les Deux Associés”…
En cuanto a los sacerdotes deportados a la Guayana, si creemos a Víctor Pierre,
de los 155 que llevó “La Décade”, 99 murieron; de 109 transportados por “La
Bayonnaise”, 63 fallecieron en Cayena… Cf. el impresionante relato de su
martirio por monseñor Vion, obispo de Poitiers (“Bulletin religieux de la Rochelle et Saintes”, 17-7-58).
[4] Concretamente: ganad al
sacerdote para la causa revolucionaria.
[5] Nombre de guerra de uno de los
agentes de la Alta Venta. Ver, a este respecto, los textos citados por
Crétineau-Joly en la obra que Pío IX le encargó: “L’Eglise Romaine face à la Révolution”.
[6] Nombre de guerra de otro
agente de la Alta Venta (carta del 18 de enero de 1822, citada por
Crétineau-Joly, opus cit., t. II, p.
24). Debemos precisar que con el nombre de “Alta Venta” se designaba la logia
mayor en el carbonarismo italiano del siglo XIX. Era una especie de consejo
supremo con sede en Nápoles. Las logias ordinarias se llamaban “Ventas” y los
adeptos tenían seudónimos. El carbonarismo era una sociedad secreta política
revolucionaria.
[7] Cf. Deschamps, “Les sociétés secrètes et la Société”, t.
III, p. 43. Así, pues, la logia “La Triple Unidad” fue fundada en Fécanp, en
1778, por veinte personas, entre las cuales había nueve religiosos, tres
chantres y siete religiosos de la Abadía, más un sacerdote. En guisa, en 1774,
en el convento mismo de los Mínimos, quedó establecida la logia “La Franchise”,
etc.
[8] Monseñor de Brienne, arzobispo
de Tolouse, nombró a monseñor de Conzie arzobispo de Tours. Había trabajado en
1778 en “la comisión de los regulares” encargada de secularizar a los
monasterios, bajo pretexto de reformarlos. “En varias cartas dirigidas a
monseñor de Brienne se ve que, entre los franciscanos había cierto número de
francmasones. Monseñor de Conzie los buscaba con preferencia para ponerlos a la
cabeza de los conventos que fusionaba”. Estas cartas han sido publicadas por
Gérin en la “Revue des Questions
Historiques”, tomo XVIII, pp. 112-113, 1875. Vuelto a la Iglesia, como
tantos otros, monseñor de Conzie murió cristianamente, emigrado de La Haya, en
1795.
[9] Weishaupt tenía a su lado a un
sacerdote apóstata llamado Lanz, que murió alcanzado por un rayo en el momento
en que acababa de recibir instrucciones de Weishaupt para introducir sus
complots en Silesia; fue precisamente este accidente lo que permitió a la
policía apropiarse de los papeles de Lanz, y descubrir la secta entera,
comprendidos los archivos. En la lista por Barruel publicada, se encuentran: un
obispo, un cura párroco, cuatro eclesiásticos, un profesor de teología…
[10] El abate de Vermondans fue
nombrado, en 1787, Oficial del G. O. F.
[11] El padre Gavazzi, el abate
Gioberti, el padre Ventura, el abate Spola, llegaron a convertirse en acólitos
del sanguinario Mazzini cuando la Revolución expulsó a Pío IX de Roma. Respecto
al padre Ventura, promotor del voto familiar y célebre en algunos aspectos,
parece que fue demasiado “Siciliano” lo que le condujo a posiciones
inaceptables.
[12] Opus cit., p. 204.
[13] Napoleón quería vigilar y
dirigir la enseñanza de los seminarios: “No se debe abandonar a la ignorancia y
al fanatismo —decía— el cuidado de formar a los
jóvenes sacerdotes… Existen tres o cuatro mil curas o coadjutores, hijos de la
ignorancia y peligrosos por su fanatismo y sus pasiones. Hace falta prepararles
sucesores más esclarecidos, instituyendo, bajo el nombre de seminarios, escuelas
especiales que estén al arbitrio de la autoridad. Al frente de ellos pondremos
profesores instruidos, adeptos al gobierno y amigos de la tolerancia (sic). No
se limitarán a enseñar teología. Unirán a ello una especie de filosofía y una
mundanería honrada” (in Thibaudeau, t. II, p. 485). Por ello un decreto
imperial condenó la teología de Bailly como demasiado ultramontana.
[14] Cf. monseñor Delassus, opus
cit., p. 342, observa: “La Semana Religiosa de Madrid descubrió un manual
distribuido a los francmasones de España y dio cuenta de ello en noviembre de
1885. Se decía, entre otras cosas: “La acción de la masonería debe dedicarse
principalmente al descrédito de los sacerdotes y a disminuir la influencia que
tienen sobre el pueblo y en las familias. Para ello, emplear libros y
periódicos, establecer centros de acción para alimentar la hostilidad contra
los sacerdotes”.
[15] Cf. igualmente
Waldeck-Rousseau: “La ley (sobre las congregaciones) es, a nuestros ojos, el
punto de partida de la mayor y más libre evolución social, y también la
garantía indispensable de las prerrogativas más necesarias de la “sociedad
moderna”.
[16] En el Parlamento, el 15 de
enero de 1901.
[17] Cf. la hermosa obra del
Coronel Pems “Pourpe des Martyres”
(Fayard, editor) sobre la actual persecución de los católicos en China.
Inolvidables son también algunas cifras, siempre sugestivas, sobre las matanzas
de la Revolución en España: “Quinientos mil españoles asesinados únicamente por
odio a la fe y en torturas que, ni fieras ni caníbales podrían imaginar”. En
algunos meses, del 19 de julio de 1936 hasta febrero de 1937, “fueron
asesinados en España dieciséis mil setecientos cincuenta sacerdotes y once
obispos”. Cf. igualmente, la declaración de F. Dupont en la Cámara, en
diciembre de 1936: “Señores, traigo a esta tribuna documentos… Veréis en estos
documentos (cito al azar) que todos los franciscanos de Valencia y de Alcalá
han sido asesinados; que treinta y dos hermanos de las Escuelas Cristianas de
Barcelona han sido fusilados; que todos los del noviciado de Griñón, cerca de
Madrid, han sido fusilados; que todos los de la provincia de Alicante han sido
fusilados; que todos los maristas de Toledo han sido fusilados; que todos los
carmelitas de Barcelona han sido asesinados a hachazos; que en Sigüenza, el
obispo, veinte sacerdotes, diecinueve seminaristas, han sido asesinados el
mismo día; que en el monasterio de Montserrat veintiocho monjes han sido
asesinados; que las religiosas de las Escuelas Pías, en la calle de Aragón, en
Barcelona, han sido colgadas en la Concepción, la iglesia que se encontraba en
frente de su convento; que el cementerio de las Salesas ha sido profanado… Una
enfermera francesa en Madrid oyó a un miliciano contarle cómo el mismo había
asesinado a cincuenta y ocho sacerdotes…” (citado por Jacques d’Arnoux, “L’Heure de Héros”, páginas 155-156).
martes, 16 de septiembre de 2014
Creación de las universidades en la época medieval
Muchos aún repiten el viejo “cliché”
de que la Edad Media fue una época de tinieblas, ignorancia, superstición y represión
intelectual.
Pero no es preciso ir muy lejos
para verificar lo contrario.
Basta considerar una de las
máximas realizaciones medievales: las universidades.
Además, fue un aporte exclusivo a
la historia. Ni Grecia o Roma conocieron algo parecido.
La Cátedra de Pedro fue la mayor y
más decidida protectora de las universidades. El diploma de maestro, otorgado
por universidades como las de Bolonia, Oxford y París, daba derecho a enseñar
en todo el mundo.
Gregorio IX
La primera que obtuvo este poder
fue la universidad de Toulouse, en Francia, de las manos del papa Gregorio IX,
en 1233.
La Iglesia protegió a los
universitarios con los beneficios del clero. Los estudiantes de la Sorbona disponían
de un tribunal especial para oír sus causas.
En la bula Parens Scientiarum, Gregorio IX confirmó a la Universidad de París
el derecho a un gobierno autónomo y a fijar sus propias reglas, cursos y
estudios.
También la emancipó de la tutela
de los obispos y ratificó el derecho a la cessatio
—huelga de las aulas— si sus miembros fuesen objeto de abusos, como alquileres exorbitantes,
injurias, mutilación y prisión ilegal.
Los papas intervinieron con
fuerza, a fin de que los profesores fuesen pagados dignamente.
Completados los estudios, el nuevo
maestro era oficialmente investido. En París, eso ocurría en la iglesia de
Santa Genoveva, patrona de la ciudad. El nuevo maestro se arrodillaba delante
del vice-canciller de la Universidad, que pronunciaba esta bella fórmula:
“Yo, por la autoridad con que fui
revestido por los apóstoles Pedro y Pablo, os concedo la licencia de enseñar,
comentar, disputar, determinar y ejercer otros actos magisteriales sea en la
Facultad de Artes de París, sea en cualquier otra parte, en nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”.
|
Fuente: Gloriade la Edad Media
lunes, 15 de septiembre de 2014
15 de septiembre: Los siete dolores de Nuestra Señora
Plinio Corrêa de
Oliveira
Selección biográfica:
Como la octava de la Natividad de
Nuestra Señora termina, la consideración de su sufrimiento no vendría
normalmente a la mente de los fieles. Pero si alguien le preguntase por el
futuro de este niño, recordaríamos que antes de ser proclamada bienaventurada
por todas las naciones, María sufriría con su Hijo para la salvación del mundo.
![]() |
| ¡Oh todos vosotros que pasáis por el camino, atended, y ved si hay dolor como mi dolor¡ |
La voz de la liturgia nos invita a
considerar su dolor: “¡Oh todos vosotros que pasáis por el camino, atended, y
ved si hay dolor como mi dolor¡”. Esto se aplica a ella.
El dolor de la Virgen es una obra
de Dios. Él fue el que la destinó para ser la Madre de su Hijo. Por lo tanto,
Él indisolublemente la unió a la persona, a la vida, a los misterios y a los
sufrimientos de Jesús con el fin de convertirla en su fiel compañera en la obra
de la Redención. El sufrimiento tiene que ser un gran don, porque Dios se lo
dio a su Hijo y a la criatura que más ama que cualquier otra después de Él,
Nuestra Señora. Él se lo dio como un don más preciado.
Para María el sufrimiento no
empezó en el Calvario, sino con Jesús, “ese niño incommodious”, como Bossuet lo
llamó, porque dondequiera que Él iba, Él entraba con su Cruz y con sus espinas
que Él distribuye a los que ama.
La profecía del anciano Simeón, la
huida a Egipto, la pérdida del Divino Niño en Jerusalén, ver a su Hijo cargando
la cruz, su crucifixión, el descenso de la cruz, y la sepultura de Jesús: estos
son los siete misterios en el que se agrupan los sufrimientos casi infinitos
que hizo a Nuestra Señora la Reina de los Mártires, la primera y más hermosa
rosa en el jardín de la Esposo.
Por encima de todo, este día
solemne nos muestra a María en el Calvario, y nos recuerda ese supremo dolor entre
todos los dolores que se sucedieron a través de la vida de la Virgen. La
Iglesia dio a esta fiesta el título de Siete Dolores, porque este número
expresa la idea de totalidad y universalidad.
Para comprender la extensión e
intensidad de los dolores de la Virgen, tenemos que entender la extensión e
intensidad de su amor a Jesús, porque su amor incrementaba su sufrimiento. La naturaleza
y la gracia concurrieron para producir en el corazón de María profundas
impresiones. Nada es más fuerte por naturaleza que el amor de una madre por su
hijo, y por la gracia del amor que se tiene por Dios.
Comentarios del Prof. Plinio:
Hay tantos excelentes pensamientos
en esta selección por Dom Guéranger que yo podría tener la tentación de
prolongar estos comentarios. No voy a hacerlo, pero sólo seleccionaré algunas
ideas que él nos ofrece.
La primera es que dado que Dios
amó a su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, con un amor infinito y amaba la Virgen
con un amor menor, pero aún mayor que su amor por cualquier otra criatura, Él
les reservó sus más altos dones. Por esta razón les dio esa vastedad de cruces
representadas por el número siete. Los siete dolores se entienden como todos
los dolores. Nuestra Señora se podría llamar la Señora de todos los dolores
porque ella los sufrió todos.
Todas las generaciones la llaman
bienaventurada, pero todas las generaciones también pueden llamarla la
dolorosa.
Si esto es así, debemos entender
mejor que cuando el dolor entra en nuestra vida es una prueba del amor que Dios
tiene para nosotros. También hay que darse cuenta de que si el dolor no entra
en nuestras vidas, no tenemos esta prueba de su amor por nosotros. Por lo
tanto, no deberíamos quejarnos cuando sufrimientos vienen a nosotros - los
problemas nerviosos, dificultades en nuestro apostolado, malentendidos con
nuestros amigos, problemas en casa, problemas de salud, problemas de negocio.
Debemos aceptar estas cosas como algo normal, como una prueba del amor de la
Divina Providencia para nosotros.
![]() |
| Nuestra Señora de los siete dolores |
Si esto es así, debemos entender
mejor que cuando el dolor entra en nuestra vida es una prueba del amor que Dios
tiene para nosotros. También hay que darse cuenta de que si el dolor no entra
en nuestras vidas, no tenemos esta prueba de su amor por nosotros. Por lo
tanto, no deberíamos quejarnos cuando los sufrimientos vienen a nosotros – los
problemas nerviosos, las dificultades en nuestro apostolado, los malentendidos
con nuestros amigos, los problemas en casa, los problemas de salud, los problemas
en los negocios. Debemos aceptar estas cosas como algo normal, como una prueba
del amor de la Divina Providencia para nosotros.
Cuando veo a una persona sin la
madurez, la estabilidad, la racionalidad, la elevación del espíritu, pienso: él
carece de sufrimiento. Estas cualidades sólo vienen con el sufrimiento – mucho
sufrimiento.
Si recibimos estas aflicciones,
ciertamente debemos orar para que terminen. Pero en la medida en que se
mantengan, debemos dar gracias a Dios y a la Virgen.
También me gustaría hacer hincapié
en aquellas extraordinarias palabras de Bossuet que llamaba a Nuestro Señor: “ese
niño incommodious [incómodo]”. Todos
aquellos que siguen a Nuestro Señor son incommodious.
Cuando damos un buen consejo, ofrecemos un buen ejemplo, pedimos un sacrificio,
el rostro de la persona a la que nos dirigimos nos hará saber que él nos considera
una causa de molestia. Sería más fácil y más agradable contarle un chiste,
burlarse un poco, y cerrar el asunto con una palmadita en la espalda, dispensando
a la persona de sus deberes.
A veces tenemos que dar órdenes. Cuán
fácil sería ordenar si no tuviéramos que pedir a un subordinado tomar las cosas
en serio, para ver la realidad en sus profundidades más recónditas y en su
aspecto más elevado. Qué sencillo sería si no tuviéramos que pedirle que
enfrentase su propia vida espiritual sin cobardía y mantenga una cuidadosa
vigilancia sobre sus defectos. Todo esto causa molestia. La carga de ser incommodious es uno de los pesos pesados
que tenemos que
llevar.
Mantener la alegre resignación
frente a la molestia que causamos porque representamos el deber católico, y
tener el coraje de ser incommodious
en cada circunstancia es el camino que estamos llamados a tomar con el fin de
seguir al Señor.
Estas son las virtudes que en el
día de los Siete Dolores de Nuestra Señora debemos pedirle que ella nos dé.
Tomado de TIA
Tomado de TIA
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