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viernes, 3 de junio de 2016

El rol contra-revolucionario de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Plinio Corrêa de Oliveira

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús está en la raíz de todos los movimientos contrarrevolucionarios, grandes o pequeños, conocidos o desconocidos, que han surgido desde la época en que Santa Margarita María recibió esta revelación en el siglo XVII. Ella recibió la misión, en nombre del Sagrado Corazón de Jesús, de pedirle al rey Luis XIV de Francia que consagrase la nación al Sagrado Corazón y pusiese el Corazón de Jesús en el escudo de armas de Francia.

Santa Margarita, a pedido de nuestro Señor, le prometió al rey de Francia de que si combatía a los enemigos de la Iglesia, el Corazón de Jesús lo apoyaría y llevaría su reinado a una gran gloria[1]. El Sagrado Corazón de Jesús esperaba que Luis XIV cambiase el curso de su política y se colocase a la cabeza de la Contra-Revolución. De haberlo hecho, él tendría un reino de gloria y Francia alcanzaría su verdadero apogeo católico.

Está claro que en caso de que él hubiese tomado este curso, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se habría extendido por todo el mundo. Habría habido una buena acogida en Francia a la predicación de San Luis María Grignon de Montfort que también vivió en esa época. Por lo tanto, su predicación se habría extendido por todo el mundo y, con ello, la Revolución Francesa se ​​podría haber evitado.

Por medio de este pedido al rey, la Revolución —en la forma que tenía en la época de Santa Margarita María— habría sido detenida, y esa forma de maldad que ésta tomó más tarde —la Revolución Francesa— se habrían evitado.

Por lo tanto, esta devoción, desde su primer movimiento, desde su primera indicación por parte del Sagrado Corazón, tiene un significado claramente contrarrevolucionario.

Objeciones a esta devoción

En un cuidadoso estudio de esta devoción, el profesor Fernando Furquim llama la atención sobre el hecho de que los distintos movimientos contrarrevolucionarios que se alzaron en los siglos XVIII y XIX estaban vinculados al Sagrado Corazón de Jesús. Por ejemplo, los contrarrevolucionarios franceses de la Vendée, los Chouans, llevaban una insignia del Sagrado Corazón. Esta devoción siempre ha sido adoptada por los contrarrevolucionarios, inspirándolos y alentándolos, a la vez que ha sido odiada por los malos.

Es perfectamente correcta la devoción a un órgano
específico de Cristo
¿Qué han dicho estos enemigos contra la devoción al Sagrado Corazón de Jesús? Primero, ellos presentan este argumento supuestamente decisivo: “¿Por qué adorar al Corazón de Jesús ¿Por qué no hacer una hermosa devoción a las manos o a los ojos de Jesús? Al adorar su corazón, podríamos blasfemar por descomponer a Jesús y hacer una devoción a cada parte de su cuerpo Por tanto, podríamos tener una devoción a sus oídos que oyeron todas las súplicas del hombre, a su boca que habló, a sus manos que bendijeron (sin mencionar que también azotaron a los mercaderes del Templo). Por lo tanto, no vale la pena esta devoción al Corazón de Jesús”.

También, ellos van a decir: “Esta es una devoción sentimental. El corazón es el símbolo de la emoción por lo sentimental. De manera que esta es una devoción sentimental carente de contenido teológico y no se debe permitir”.

Una devoción promovida por la Iglesia

En efecto, en muchos de los documentos papales solemnes, sustanciales y magníficos, la Santa Sede recomendó esta devoción, por ejemplo, la encíclica Inscrutabile Divinae Sapientiae del Papa Pío VI en 1775. La Santa Sede concedió muchas indulgencias a los que recibieran la comunión los primeros viernes en reparación por las ofensas hechas contra el Sagrado Corazón. También se otorgaron indulgencias en las cofradías y archicofradías que se establecieron en apoyo a la devoción del Sagrado Corazón.

Además, se aprobó y alentó la construcción de iglesias, altares e imágenes en honor del Sagrado Corazón. La Iglesia, por tanto, ha aprobado esta devoción abundantemente y, por lo tanto, tiene todas las razones para merecer nuestra confianza.

En cuanto al argumento de que no se puede tener una devoción a cada parte del cuerpo sagrado de Nuestro Señor, éste no tiene ningún mérito. De hecho, en nuestras devociones privadas, podemos adorar a Nuestro Señor en sus manos sagradas; podemos y debemos adorarlo a Él en sus infinitamente expresivos, elocuentes, regios, instructivos y salvíficos ojos. No hay más que recordar que fue con una mirada de Nuestro Señor, que movió a San Pedro a arrepentirse de su triple negación para darnos cuenta que adorar a Nuestro Señor en sus divinos ojos es sin duda algo que uno puede hacer.

Pero la Iglesia, que tiene un gran sentido del ridículo y entiende que el ridículo puede estar a un paso de lo sublime, entiende que las mentes vulgares están siempre dispuestas a emplear el sarcasmo para degradar devociones como estas a una parte del cuerpo, las que realmente pueden impresionar a las sensibilidades humanas. Pero estas devociones no están en contra de la razón, y pueden ser hechas apropiadamente.

Nuestra Señora adoró el cuerpo de su amado
Hijo
Por ejemplo, entre las piedras de la Vía Sacra tenemos la que lleva la marca de sus pies divinos. Es honesto y legítimo a adorar los divinos pies que pisaron la tierra para enseñar y que fueron cubiertos con el polvo de la carretera con el fin de instruir, salvar y combatir el mal. Es correcto adorar estos pies que condujeron al Salvador mientras llevaba la cruz, esos pies manchados de sangre para nuestra redención, esos pies que llevan las marcas de los clavos de la Pasión.

Una hermosa manera de adorar a Nuestro Señor Jesucristo es unirnos a los pensamientos y meditaciones de Nuestra Señora, cuando Nuestro Señor fue bajado de la cruz, cuando ella sostuvo en su regazo su Sagrado Cuerpo y sangre derramada. Ella contempló cada parte de ese cuerpo macerado con infinito amor, veneración, respeto y afecto. Ella consideró los miembros y los adoró en su significado y función. Ella midió la ofensa contra su divinidad en esas partes flageladas. Con esto, en definitiva, ella practicó esta devoción, adorando las diferentes partes del cuerpo de su Divino Hijo.

Por lo tanto, es sólo una cuestión de conveniencia, un sentido de la apariencia y proporción, por así decirlo, que la Iglesia promueve la adoración de las muchas de las partes del cuerpo de Nuestro Señor.

¿Qué es la devoción al Sagrado Corazón de Jesús?

¿Qué es exactamente la devoción al Sagrado Corazón? Es la devoción al órgano de Nuestro Señor, que es el corazón. Pero en las Escrituras, el corazón no tiene el significado sentimental que tomó hacia finales del siglo 18, y desde luego en el siglo 19. El corazón no expresa sentimiento.

Cuando la Escritura dice: “Con todo mi corazón te he buscado”, (Salmo 119, 10) el corazón aquí es la voluntad humana, el propósito humano, propiamente dicho, la santidad humana. Por lo tanto, cuando el profeta dice esto, él que quiere decir, “Con toda mi voluntad te he buscado”. El Evangelio dice también: “La Virgen guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2, 19). Podemos ver aquí que no se habla de un corazón sentimental, sino de su voluntad, su alma, que guardaba estas cosas y pensaba en ellas.

El marqués Gral. de la Rochejaquelein usaba en su pecho la insignia del
Sagrado Corazón, símbolo de la resistencia católica de la Vendée
El corazón es la voluntad y la razón de la persona, ese elemento dinámico que estudia y reflexiona sobre las cosas. En Nuestro Señor, su Sagrado Corazón es su voluntad. La voluntad está simbolizada por el corazón, porque todos los movimientos de la voluntad pueden tener repercusiones en el corazón. Es en este sentido, pues, que el Sagrado Corazón de Jesús es adorado.

Por correlación, está la devoción inmensamente significativa del Inmaculado Corazón de María. El Inmaculado Corazón de María es un santuario en cuyo interior se encuentra el Sagrado Corazón de Jesús.

Nuestro Señor prometió una efusión de gracia para esta devoción. El Sagrado Corazón hizo promesas especiales a quienes hacen los nueve primeros viernes. La más notable de ellas, tal vez, es de que los que hacen los Nueve Primeros Viernes no morirán sin la gracia de la penitencia final. Esto no quiere decir que sin duda irá al cielo. Es decir que tendréis una gran gracia antes de morir, tan grande que se puede tener toda esperanza para vuestra salvación.

Ustedes entienden cuán diligentemente la Iglesia se ha esforzado en el pasado para que esta devoción fuese conocida, apreciada y comprendida por nuestra razón sin sentimentalismo. Una devoción varonil busca la razón de una cosa y luego ama esa cosa por su razón de ser. Es, de esta manera, que el hombre fuerte y la mujer fuerte del Evangelio juzga las cosas piadosas.

Por lo tanto, debemos reflexionar sobre esta devoción y volcar nuestras almas, nuestras voluntades, al Corazón de Jesús como la fuente de esas gracias que la Divina Providencia planeaba dar a los hombres en la época de la Revolución. Es un medio de la gracia destinado a los tiempos difíciles por venir, esos mismos tiempos en los que vivimos hoy en día.

Debemos pedir al Corazón de Jesús, a través de la sangre y el agua que fluyeron de él, que limpie y restaure el de nosotros. Esta es mi sugerencia cuando mediten y recen los viernes, y sobre todo en el primer viernes de cada mes, y el viernes de la Semana de la Pasión.

Termino recordándoles del soldado que atravesó el Corazón de Jesús con una lanza. Al hacer este acto de violencia contra el Sagrado Corazón de Jesús, agua y sangre brotó desde el costado de Nuestro Señor y le cayó en sus ojos. Entonces, los ojos del soldado, que se estaba volviendo ciego, se curaron inmediatamente y recobró la vista. Para nosotros, esto es lo más elocuente y significativo.

Esto significa que aquellos que tienen la devoción al Sagrado Corazón de Jesús pueden pedir gracias similares, no necesariamente el milagro físico, sino más bien una gracia para nuestras almas. Si queremos tener el sentido católico, un conocimiento contrarrevolucionario de las cosas, si queremos percibir cómo la Revolución y la Contra-Revolución están trabajando alrededor de nosotros y dentro de nosotros, si queremos conocer nuestros defectos, para comprender el alma de los otros para hacerles el bien, para tener perspicacia en nuestros estudios, para tener un buen equilibrio psicológico y curarse de problemas nerviosos de todo tipo, entonces podemos y debemos recurrir al Sagrado Corazón de Jesús.

Deberíamos pedir una gracia que brota de su Sagrado Corazón —como la sangre y el agua que curó al soldado— que erradicará la ceguera total o parcial de nuestras almas. Oremos, pues, al Sagrado Corazón de Jesús a través del Corazón Inmaculado de María, porque ésta es la única manera de obtener las gracias para curarnos de nuestras múltiples cegueras. Al hacer esto, vamos a hacer una espléndida solicitud y estar en el camino hacia la obtención de una magnífica gracia.

Publicado originalmente por TIA




[1] Cf. Marguerite-Marie Alacoque, Vie et oeuvres, Paris-Fribourg: Saint Paul, 1990, vol. II, pp. 335-337, 343-344, 435-436 Saint of the Day, March 4, 1965

jueves, 2 de junio de 2016

En este mes de junio, que está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús


Desagravios al Divino Corazón de Jesús Sacramentado

Señor Jesús, divino Salvador de las almas, nos prosternamos ante vuestra presencia soberana, cubiertos de confusión y, dirigiendo nuestra vista al solitario Tabernáculo, donde gemís cautivo por nuestro amor, pártense de dolor nuestros corazones al ver el olvido en que os tienen los redimidos, al ver que vuestra Sangre preciosísima ha sido estéril, infructuosos los sacrificios y escarnecido vuestro amor.

Pero, ya que, con infinita condescendencia, permitís que unamos en este día nuestros gemidos a los vuestros, nuestras lágrimas a las que brotaron de vuestros santísimos ojos por causa nuestra, a las lágrimas que derramó vuestro divino corazón. Os rogamos, dulce Jesús, por los que no os ruegan, os bendecimos por los que os maldicen, os adoramos por los que os ultrajan, y con toda la energía de nuestra alma, deseamos bendeciros y alabaros en todos los instantes de este día y en todos los sagrarios de la tierra y con los encendidos afectos de vuestro amantísimo Corazón.

Suban Señor, hasta Vos, los dolorosos gritos de expiación y arrepentimiento que el pesar arranca de nuestros corazones. No nos castiguéis por nuestros innumerables pecados, sino que, por vuestra infinita misericordia, otórganos vuestro perdón.

Por nuestros pecados, por los de nuestros padres y hermanos, por los del mundo entero. ¡Perdón Señor, perdón!

Por nuestra soberbia, por nuestros odios y rencores, por nuestros desprecios de los pobres, por nuestros abusos de los débiles. ¡Perdón Señor, perdón!

Por nuestras avaricias, por las usuras e injusticias, por los fraudes y robos, por el lujo y profusión en los gastos. ¡Perdón Señor, perdón!

Por las deshonestidades, por las conversaciones impuras, por las infidelidades de los esposos, por el libertinaje de los jóvenes. ¡Perdón Señor, perdón!

Por los escándalos de los teatros y del cine, por la licencia de los salones, por la obscenidad de los cantares, por el desenfreno de las diversiones. ¡Perdón Señor, perdón!

Por la provocación de las pinturas y fotografías, por las desvergüenzas de las revistas obscenas, por la indecencia en los vestidos, por el descaro en las acciones. ¡Perdón Señor, perdón!

Por la mala educación dada por los padres, por la indocilidad de los hijos, por la insubordinación de los súbditos, por los abusos de los gobernantes. ¡Perdón Señor, perdón!

Por la cobardía y debilidad de los tibios, por las hipocresías y respetos humanos, por el atrevimiento y procacidad de los impíos, por la apostasía de los gobiernos y naciones. ¡Perdón Señor, perdón!

Por la libertad de cultos, por la insolencia de la prensa, por la libertad de conciencia y por todas las libertades contrarias a vuestras leyes. ¡Perdón Señor, perdón!

Por las blasfemias en las calles, por las blasfemias en los periódicos, por las blasfemias en las cátedras, por las blasfemias en los libros. ¡Perdón Señor, perdón!

Por la profanación de los días festivos, por la irreverencia en los templos, por los robos en las iglesias y ultrajes al augusto Tabernáculo, por los insultos a las sagradas imágenes. ¡Perdón Señor, perdón!

Por las maquinaciones de los masones, por los crímenes del anarquismo, por el desenfreno del socialismo, por las maldades de las sociedades anticristianas, por los estragos de la Revolución. ¡Perdón Señor, perdón!

Por el despojo del Papa, por la persecución a los obispos, por la opresión a las órdenes religiosas, por los insultos al sacerdocio. ¡Perdón Señor, perdón!

Por el desprecio de Jesucristo, por la negación de su divinidad, por el menosprecio de los sacramentos, por la persecución a la Iglesia. ¡Perdón Señor, perdón!

Por los malos sacerdotes, por los malos jueces, por los malos soldados, por los malos gobernantes. ¡Perdón Señor, perdón!

Por los justos que vacilan, por los pecadores que resisten a la gracia, por los infelices que agonizan, por las benditas almas del purgatorio y por todos los que padecen. ¡Perdón Señor, perdón!

Perdón, Señor, y piedad por el más necesitado de vuestra gracia, que la luz de vuestros divinos ojos no se aparte jamás de nosotros. Encadenad a la puerta del Tabernáculo nuestros inconstantes corazones; hacedles sentir allí los incendios del amor divino, y que a la vista de las propias ingratitudes y rebeldías, queden quebrantados de dolor, lloren lágrimas de sangre, y vivan muriendo de amor. Amén.

lunes, 16 de mayo de 2016

San Juan de la Cruz, “La noche oscura”

Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual

En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.


A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
(¡oh dichosa ventura!)
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.


En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz ni guía
sino la que en el corazón ardía.


Aquésta me guiaba
más cierta que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.


¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!


En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.


El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.


Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

lunes, 21 de octubre de 2013

La bondad y el celo de un alma apostólica

San Pío X cuando era obispo de Mantua
“Un sacerdote, a quien conocí mucho, llegaba a su primera parroquia. Creyó suyo visitar a cada familia. Judíos, protestantes y aun los mismos francmasones no fueron excluidos, y anunció desde el púlpito que cada año renovaría la visita. Esto produjo gran emoción entre sus colegas, que se quejaron al obispo. Este llama inmediatamente al acusado y le amonesta seriamente. “Monseñor, respondió con humildad el cura: Jesús en su Evangelio ordena al pastor conducir al rebaño todas las ovejas, oportet illas adducere. ¿Cómo conseguir esto si no se va en busca suya? Por otra parte, yo no transijo jamás sobre los principios doctrinales y me limito a manifestar mi solicitud y mi caridad a todas las almas, aun a las descarriadas, que el Señor me ha confiado. He anunciado públicamente esas visitas desde el púlpito; si vuestro deseo formal es de que no las haga, dignaos darme la prohibición por escrito, a fin de que se sepa que no hago con ello más que someterme a vuestras órdenes”. Conmovido por la precisión y entereza de este lenguaje, el obispo no insistió más. El tiempo, por lo demás, dio la razón a este sacerdote, quien tuvo el consuelo de convertir a algunos de aquellos descarriados e indujo a los demás a que profesaran gran respeto a nuestra religión. El humilde párroco ha llegado a ser, por voluntad del Señor, el Papa que os da, amado hijo, esta lección de caridad. Manteneos, pues, firmes sobre los principios, pero que vuestra caridad se extienda a todos los hombres, aunque entre ellas halla enemigos encarnizados de la Iglesia”*

Al centro, San Pío X cuando era cardenal patriarca de Venecia

Estas palabras son del mismo Papa San Pío X contando un hecho de su propia vida, citadas por Dom Chautard en su magnífica obra El Alma de Todo Apostolado, parte IV, cap. IV.

viernes, 7 de junio de 2013

Junio, mes de del Sagrado Corazón de Jesús

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Rendido a vuestros pies, ¡Oh Jesús mío!, considerando las inefables muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro, para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que, generoso, concedéis a los que de veras os conocen, aman y sirven. ¡Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! ¡Mirad que soy muy rudo, soberano Maestro, y necesito de vuestras divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los frágiles, y caigo a cada paso y necesito apoyarme en Vos, para no desfallecer! Sedlo todo para mí, Sagrado Corazón; socorro de mis males, auxilio de toda necesidad. De vos lo espera todo mi pobre corazón. Vos lo alentasteis y convidasteis, cuando con tan tiernos acentos dijisteis repetidas veces en vuestro Evangelio: “Venid a Mi… Aprended de Mi… Pedid, llamad…”. A las puertas de vuestro Corazón vengo, pues, hoy; y llamo, y pido, y espero. Del mío os hago, ¡oh Señor!, firme, formal y decidida entrega. Tomadlo Vos, y dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.

(Aquí si es posible se lee algo en honor del Sagrado Corazón. Pedir las gracias que se desean)
Imagen procesional del Sagrado Corazón del barrio sevillano de Nervión (España) Fotog.: Daniel Villalva Rodríguez

ORACIÓN FINAL

¡Oh Jesús!, yo os consagro mi corazón, colocadle en el vuestro, pues sólo en él quiero vivir y sólo a él quiero amar; en vuestro Corazón quiero vivir desconocido del mundo y conocido de Vos solo; en este Corazón beberé los ardores del amor que consumirán el mío; en él encontraré la fuerza, la luz, el calor y el verdadero consuelo. Cuando el mío esté desfallecido, él me reanimará; cuando inquieto y turbado, él me tranquilizará.
¡Oh Corazón de Jesús!, haced que mi corazón sea el altar de vuestro amor; que mi lengua publique vuestra bondad, que mis ojos estén siempre clavados en vuestra llaga; que mi espíritu medite vuestras adorables perfecciones; que mi memoria conserve siempre el precioso recuerdo de vuestras misericordias; que todo en mí exprese mi amor a vuestro Corazón, ¡oh Jesús!, y que mi corazón esté siempre pronto a sacrificarlo todo por voz.
¡Oh Corazón de María!, el más amable después del de Jesús, el más compasivo, el más misericordioso de todos los corazones, presentad a vuestro Hijo nuestra consagración, nuestro amor, nuestras resoluciones. Él se enternecerá a la vista de tantas miserias y nos librará de ellas; y después de haber sido nuestro refugio y nuestra protectora sobre la tierra, ¡oh Madre de Jesús!, seréis nuestra Reina en el cielo. Amén.

¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!
¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
¡Glorioso Patriarca San José, rogad por nosotros!

Tesoros de Cornelio a Lápide - Abuso de gracias - II

Castigo del abuso de las gracias. – Y ahora os diré lo que pienso hacer de mi viña ingrata, dice el Señor: quitaré la valla de que está rodeada y la entregaré al pillaje; destruiré sus muros, y será pisoteada (Isaías 5, 5). Haré que esté desierta; ya no será podada ni cultivada por nadie; malezas y espinas la cubrirán, y mandaré a las nubes que no lluevan gota sobre ella (Isaías 5, 6).
Los que abusan de las gracias, dice San Pablo a los Romanos, reúnen un tesoro de cólera para el día de la ira y de la manifestación del justo juicio de Dios: Thesaurizas tibi iran in die irae et revelationis justi judicii Dei (Rom. 2, 5).
Los que hemos recibido más gracias que muchos otros, dice San Gregorio Naz., seremos también juzgados con mayor severidad: porque a medida que aumentan las gracias, aumentan la responsabilidad en que incurrimos. Debemos, pues, ser humildes y estar dispuestos a servir a Dios por medio de las gracias recibidas tanto más, cuanto, según su número y valor, estaremos obligados a dar más estrecha cuenta de ellas (Homil. IX in Evang.).
El alma que abusa de las gracias es semejante a la tierra infértil que produce malezas y espinas que vienen a ser pasto de llamas
Dios bendice la tierra, dice San Pablo a los Hebreos, que recibiendo el apetecido riego, produce las plantas necesarias, a los que la cultivan; pero cuando no produce más que malezas y espinas, es abandonada, maldecida; y por fin sus miserables productos vienen a ser pasto de llamas (Heb. 6, 7-8).
El Señor, dice el Espíritu Santo en el Libro de la Sabiduría, aguzará su cólera como una lanza dispuesta a herir a aquellos que abusan de sus dones: Acuet duram iram in lanceam (Sab. 5, 21). Y según San Greogrio, nosotros que todo lo abusamos, en todo hemos de ser heridos. Cuanto recibimos para uno de la vida, lo consagramos al pecado; pero también cuanto hayamos apartado de su verdadero fin para emplearlo en el mal, se convertirá en un instrumento de venganza (Lib. Moral).
El universo entero combatirá al lado de Dios contra los insensatos que abusan de sus gracias, dícese en el Libro de la Sabiduría: Pugnabit cum illo orbis terrarum contra insensatos (Sab. 5, 21).
El sol, los astros, la tierra, las plantas, los árboles, los animales, los elementos, pedirán venganza contra los que hayan abusado de sus dones, dones que son otros tantos beneficios de Dios.
Prostituimos nuestra salud en los vicios, añade San Gregorio; violentamos la abundancia que se nos concede, no para atender a las necesidades del cuerpo, sino para pervertirnos por la voluptuosidad. Es, pues, muy justo que todo lo que hemos puesto lastimosamente al servicio de nuestras pasiones, nos hiera de consuno, a fin de que aquello mismo que hicimos servir de instrumento para debidas alegrías en el mundo, sea luego causa de nuestras penas más terribles (Lib. Moral).

jueves, 6 de junio de 2013

Tesoros de Cornelio a Lápide - Abuso de gracias - I

El abuso de las gracias es un gran mal. – ¡Oh ciudad ingrata, exclamaba Jesucristo derramando lágrimas sobre Jerusalén, que abusaba de tantas gracias! ¡Ah; si a lo menos supieses en este día lo que puede proporcionarte la paz! Pero ahora todo está oculto a tu vista (Luc. 19, 41-42); no quieres ver los favores que te he prodigado, para no tener que agradecérmelos.
¡Oh hija de Sión, a quien tanto he amado, honrado, enriquecido e instruido! ¡No sólo no quieres conocerme, sino que me rechazas, me condenas, me persigues y me crucificas!... ¡Por ti bajé del cielo a la tierra; por ti nací, viví en continuos trabajos, en los dolores y en la pobreza; te visité, te enseñé, te insté; curé a tus leprosos, a tus enfermos y a tus energúmenos; di vida a tus muertos, y tú huyes de mí, me desprecias y me persigues por odio! Mírense los cristianos infieles e ingratos en este cuadro. ¿No imitan a los judíos?...
La Coronación de Espinas – Ciudad Real, Hermandad del Santísimo Cristo Ultrajado y Coronado de Espinas y Santa María del Perdón
Escuchad a San Agustín cuando pone en boca de Jesucristo estas palabras: ¡Hombre ingrato!, dice, mis propias manos te hicieron con un poco de arcilla; infundí en tu ser el aliento vital; tuve a bien crearte a mi imagen y semejanza, y tú despreciando mis mandamientos dictados para darte la vida, preferiste el demonio a tu Dios. Después que fuiste arrojado del Paraíso y quedaste encadenado con los lazos de la muerte a causa de tu pecado, me encarné, estuve expuesto en un establo, echado y envuelto en pañales; sufrí afrentas y privaciones sin número; recibí bofetadas, y los que se burlaban de mí escupieron mi rostro; fui azotado, coronado de espinas, y expiré clavado en la cruz. ¿Por qué has perdido el fruto de mis sufrimientos? ¿Por qué, ingrato, has desconocido y rechazado los dones de la redención? ¿Por qué has manchado con la impureza o la intemperancia, la mansión que yo me había reservado en ti? ¿Por qué me has clavado en la cruz de tus crímenes, cruz infinitamente más dolorosa que la del Gólgota? La cruz de tus pecados es mucho más penosa para mí que la del Calvario; porque me hallo clavado en ella a pesar mío, en tanto que cargué con la primera por la compasión que me inspirabas, y morí en ella para darte la vida (Enchiridion).
Esto es lo que hace el hombre que abusa de las gracias; estas son las desgracias a que este abuso le conduce.
Mi muy Amado, dice Isaías, ha plantado una vid en una fértil colina; la ha cercado de una valla; ha quitado cuidadosamente las piedras que la cubrían; ha plantado en ella las cepas más lozanas, y en medio ha edificado una torre, en donde ha puesto un lagar. Esperaba excelentes racimos, y la vid no ha producido más que uvas silvestres: Et expectavit ut faceret uvas, et fecit labruscas. Habitantes de Jerusalén, y vosotros hombres de Judá, juzgadme a mí y a mi viña. ¿Qué más podía hacer por ella? ¿Por qué en vez de un fruto sabroso lo ha producido tan amargo? (Isaías, 5, 1-4).
¿No vemos en estas palabras la condenación del que abusa de las gracias? ¿No somos todos la vid del Señor? ¿No ha cuidado esmeradamente de arrancar de nuestro corazón las malezas y las malas hierbas? ¿No hemos sido escogidos, como el viñador escoge los renuevos de su vid, para producir frutos? ¿No hemos sido atendidos y colmado de gracias? ¿Qué más pudo hacer por nosotros el Señor? Nos creó a imagen suya, y esta imagen la hemos profanado, desgarrado y arrastrado en el fango por el pecado; nos rescató a precio de su sangre; fundó los sacramentos como una torre invencible destinada a protegernos, y hemos abusado de todos estos beneficios. ¡Qué responsabilidad y qué desgracia!...

Abusamos de la creación, de la redención, de los sacramentos, de las santas inspiraciones, de la palabra y de la ley de Dios. Abusamos de nuestra vida, de nuestro oído, de nuestra lengua, de nuestros pies, de nuestras manos y de todo nuestro cuerpo. Abusamos de nuestra salud, de nuestras fuerzas, de nuestros años. Abusamos de todos los elementos del día y de la noche. Abusamos de nuestra alma y de sus facultades, de la memoria, de la inteligencia y de la voluntad. Abusamos de nuestro corazón. Abusamos de las riquezas, de los honores y de los placeres. Abusamos del alimento y de la bebida. Abusamos de los vestidos. Abusamos de la vida, del tiempo y de la eternidad. Abusamos de los ángeles, de los hombres y de todas las criaturas. ¡Abusamos del mismo Dios!... ¡Qué crimen y qué desgracia!

sábado, 13 de octubre de 2012

Louis Veuillot y la “confesión” en el muro de Roma


Vencer los defectos propios con la ayuda de la gracia tiene el perfume de las catacumbas romanas: el heroísmo

Plinio Corrêa de Oliveira
Santo do Día[i], 26 de enero de 1970

Louis Veuillot (1813-1883), escritor francés, eminente figura de la
corriente ultramontana  (defensora del Papa y sus derechos) 
Tenemos aquí un extracto de Louis Veuillot para comentar hoy, extraído de su libro Parfum de Rome (Perfume de Roma – Livre IX, XLI, Confession murale, Ed. Lethielleux, Paris, 1926, pág. 369-370). O sea, se trata de notas de un viaje que él realizó a la “Ciudad Eterna”. Él encontró en una iglesia pequeña de Roma, escrito en un muro exterior, como que un diario espiritual de una persona y lo describe como sigue:

“En un barrio desierto, en los muros de una iglesia, Enrico (es como Veuillot se refiere a sí mismo en esta obra suya), copió y tradujo para mí las inscripciones siguientes, escritas a lápiz sobre la pared de una mano firme y ejercitada:

“Día 14 de septiembre: yo me encuentro con mala saludo por mi culpa, por la inquietud y desobediencia. A partir de este momento, once horas de la mañana, decidí, con la ayuda de Dios y de María Santísima, no atormentarme más y recuperar la verdadera paz. San José, ruega por nosotros.

“14 de octubre: hasta este momento yo aún no consigo, o mejor, no obtuve lo que escribí el día 14 de septiembre, pero ahora yo me decidí a hacer todo”.

Comentario del Prof. Plinio: Nosotros conocemos eso, en los primeros días ―por lo menos― de nuestra vida espiritual: la persona toma una decisión y se convierte de sus defectos. Después de un mes, la persona hace un examen de conciencia y casi nada de lo que se deseó fue realizado… Entonces, se toma nuevamente la misma decisión.

Sigue el relato de Veuillot:

“15 de noviembre: yo renuevo todo aquello que prometí, a fin de llegar a ejecutarlo.

“23 de noviembre: fallé, pero me prometí a mí mismo, con toda el alma, de realizarlo.

“28 de diciembre: decidí ser bueno.

“31 de diciembre: quiero obedecer siempre, para agradar a María Santísima hasta la muerte.

“28 de enero: no hay más inquietud, por amor a María Santísima; y renuevo hoy aquello que me había propuesto el día 1 de febrero.

“1 de marzo: no, las inquietudes cesaron.
“29 de marzo: no me atormenta más, no pecar más verdaderamente.

“En las últimas fechas, la inscripción está rodeada de un diseño que representa dos palmas formando una cruz. Debo confesar que esas declaraciones hechas ingenuamente por un alma probada y al final victoriosa no me tocaron menos que si las hubiese leído en las catacumbas, de las cuales ellas parecen tener el perfume”.

¡Es muy bonito el comentario! Los Sres. están viendo ahí la victoria de la gracia. Es decir, se trata de un alma que varias veces hizo buenos propósitos, pero caía. Sin embargo, después de renovaba los buenos propósitos y caía de nuevo. Por fin, a fuerza de rezar ―porque se nota que era un alma piadosa, que entendía que sin el auxilio de la gracia no se consigue nada; pero con el auxilio de la gracia de Dios perseverantemente pedido la persona consigue todo― después de mucho tiempo, de muchos fracasos, obtuvo finalmente la victoria en su vida espiritual.

Era un alma atormentada por la ansiedad ―no se sabe si eran escrúpulos, pero se trataba de algo en que ella consentía―, agitada, rebelada y que no obedecía a una cierta autoridad a quien debía obedecer. Pero a costo de caídas y de oraciones, acabó llegando en determinado momento, en poder decir que había logrado llegar a ser obediente, y su alma quedó pacificada y tranquila.

Y entonces esta persona ―que tenía facilidad de diseñar, sentido de lo artístico y de la representación que caracteriza al italiano― adornó con dos palmas esas dos fechas que representaban su victoria. Y después de esa confesión escrita en los muros de una iglesia, desapareció.

Ahora bien, ese proceso es una cosa tan común en la vida espiritual… ¿Por qué esa alma había escrito eso en los muros de una iglesia? Posiblemente porque fue la iglesia donde obtuvo una determinada gracia, que frecuentaba en horas furtivas, y como que haciendo su confesión a Dios, escribía en la propia piedra de la iglesia. Naturalmente, esa alma fue haciendo ahí su diario según el designio de la Providencia. Y este consistía en que eso fuese copiado para tener ese comentario de Louis Veuillot. Él dice: eso era digno de estar escrito en una pared de catacumba, porque tiene el perfume de las catacumbas romanas.

Catacumba de Santa Priscila, Roma
¿Por qué? Porque eso nos muestra la eternidad de la Iglesia, que en las condiciones de la vida de hoy es posible perfectamente repetir toda la gloria de la Iglesia antigua. Un alma que es fiel, que lucha contra sus propios defectos, que reza muchas veces, que tiene también infidelidades, pero que acaba, a fuerza de pedir socorro a Nuestra Señora, por liberarse y escapar el imperio de sus defectos, un alma en esas condiciones, ¡hace una cosa tan bonita cuanto un romano que enfrenta en el Coliseo, o en cualquier otro lugar, los leones y los tormentos!

Realmente, ser serio, querer cumplir el deber, saber humillarse cuando se cae, tener el deseo de levantarse de nuevo, confiar en la misericordia de Nuestra Señora con toda confianza, eso tiene, en el fondo ―para quien sabe valorar las cosas espirituales― un perfume admirable. ¿Cuál es ese perfume? Es el perfume del esfuerzo humano aguantado con fe. Es un alma que sufrió, se mortificó para conseguir eso, tuvo una de esas fe que mueven montañas para conseguir eso, pero que de hecho, al final, la obtiene.

Y ese sangrar del alma para realizar el cumplimiento de su deber, es un martirio que tiene el perfume de todos los martirios. Puede que no de testimonio del heroísmo en el mismo grado, pero no deja de tener un cierto sentido de heroísmo. Y basta que ella tenga eso para tener algo del perfume de las catacumbas, que es todo hecho de heroísmo de los primitivos católicos que las frecuentaban.

¿Cuál es la aplicación que podemos hacer de eso para la vida espiritual? Es que comprendamos que cuando somos débiles y hacemos una serie de buenos propósitos y después no conseguimos realizarlos, no por eso debemos desanimarnos.

Debemos rezar de nuevo, y rezar una vez más incluso si fracasamos; confiar más, porque ―a fuerza de pedir― el cielo se abrirá para nosotros. Los que rezan pidiendo la virtud, por más débiles que sean, pertenecen esencialmente y por excelencia a la categoría de aquellos a quienes Nuestro Señor dijo: “Golpead y se os abrirá, pedid y se os dará”. Es decir, es una glorificación de la oración como medio para que el hombre obtenga la fuerza que por su propio recurso no tiene.

Alguien dirá: “Pero mis oraciones valen muy poco”. Yo respondo: entonces, rece mucho. Por ejemplo, si queremos comprar una joya y yo no tengo siquiera un centavo, es necesario juntar muchos pesos para comprar la joya. Si mi oración vale poco, a fuerza de acumular cosas que valen poco eso ha de hacer mucho. Y si yo creo que mi rezo del rosario vale poco, rezo dos rosarios. Y si no tengo tiempo para rezar dos rosarios, rezo un rosario y un Avemaría más. ¡Pero yo rezo lo más posible! A fuerza de pedir, acabaré obteniendo aquello que quiero.

Yo no puedo, a ese respecto, dejar de mencionar a los Sres. aquella parábola de Nuestro Señor, que he citado tantas veces; pero las palabras y los ejemplos de Nuestro Señor nunca envejecen y nunca pierden su sabor, cuando la narración es auxiliada por la gracia.

“Si alguien de vosotros tuviese un amigo, y os fuese a buscar a media noche diciendo: ‘Amigo, préstame dos panes, porque un amigo mío llegó de viaje, y no tengo nada para ofrecerle a él’. Y él responde: ‘¡No me molestes! La puerta ya está cerrada y mis hijos ya están conmigo en la cama, no puedo levantarme para dártelos panes’. Yo os digo que: si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, a lo menos por su desvergüenza se levantará y le dará cuanto necesite. Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, y quien busca halla, y al que llama se le abre” (Luc. 11, 5-11).

Tengamos la excelsa virtud de ser insistentes. Sepamos ser insistentes y pedir, y pedir una vez más… Y en el pedido mil y uno, obtendremos mucho más de lo que pedimos. Tendremos una paga inmensamente grande.

Eso que ocurre de un modo o de otro en la vida de todos los hombres, ocurre también con los Sres. que es provecto, sino en años, al menos en virtudes… Entonces pida y recuérdese del diario que Louis Veuillot vio. La oración acaba venciendo todo.

Si hay, por lo tanto, algún alma desanimada, descorazonada, tentada a decir “yo no consigo nada y no adelanta nada”, a ella le digo: tome el rosario. No lo abandone nunca y rece. Cuando no pueda rezar, tengo el rosario en la mano únicamente. Vale por una oración. Cuando no pueda tener el rosario en la mano, tenga en casa una lamparita encendida el día entero delante de una imagen de Nuestra Señora; y dígale: “Mi Madre, yo soy tan disipado que no sé rezar. Pero cuando vos veáis esa lamparita, recordaos que yo querría estar rezando. Al menos ese deseo subconsciente me acompaña la vida entera”.

De cualquier forma, acudan a Nuestra Señora siempre, en todas las ocasiones. Yo les garantizo que si Ella se demora es porque está preparando un don enormemente grande, mucho mayor del que los Sres. podrían imaginar.



[i] Los santos del día eran unas breves reuniones en las que el Prof. Plinio ofrecía una reflexión o comentario relacionado con el santo o fiesta religiosa que se celebraba aquel día.
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