lunes, 3 de noviembre de 2008

2 de noviembre de 1755, nace María Antonieta, Reina de Francia

“de la reina surgió una mártir, y de la muñeca una heroína”
María Antonieta, Archiduquesa de Austria, Reina de Francia y viuda Capeto.


Reverendísimo Monseñor Director de la Academia, Señores Académicos
La simple enumeración de los títulos con que fue conocida durante su corta vida María Antonieta de Habsburg, más tarde María Antonieta de Bourbon, trae consigo el recuerdo de la serie de acontecimientos extraordinario e imprevistos que constituyeron la trama de la existencia femenina más interesante del siglo XVIII.
En su primera fase, la vida de esta princesa corrió feliz y brillante como un sueño dorado, en que se reunían, en la misma persona, toda la gloria del poder, todo el brillo de la fortuna, y todo el encanto de una radiosa juventud. Súbitamente, sin embargo, este largo encadenamiento de venturas fue cortado por un tifón horroroso, que provocó el naufragio de la Monarquía, la profanación de los altares y la derrota de una nobleza que, a través de los siglos, venía escribiendo con la propia espada las páginas más brillantes de la historia de Francia. Y en pleno desmoronamiento del edificio político y social de la monarquía de los Bourbon, cuando todo el mundo sentía el suelo deshacerse bajo sus pies, la alegre archiduquesa de Austria, la jovial reina de Francia, cuyo porte elegante recuerda una estatuilla de Sèvres, y cuya sonrisa tenía los encantos de una felicidad sin nubes, bebía, con una dignidad, con una altanería, y con una resignación cristiana admirables los golpes amargos de la inmensa taza de hiel con que resolvió glorificarla la Divina Providencia. Hay ciertas almas que sólo son grandes cuando sobre ellas soplan las ráfagas del infortunio. María Antonieta, que fue fútil como princesa, e imperdonablemente liviana en su vida de reina, delante el baño de sangre y de miseria que inundó a Francia, se transformó de un modo sorprendente; y el historiador verifica, tomado de respeto, que de la reina surgió una mártir, y de la muñeca una heroína.
En el año de 1755, nacía en el magnífico palacio de Schönbrunn, en Viena, la archiduquesa María Antonieta, hija de la impetuosa María Teresa, Reina de Hungría y Bohemia, y de Francisco I, soberano de Sacro Imperio Romano Alemán. La diferencia entre los caracteres de sus progenitores tal vez explique las desconcertantes contradicciones que se encuentran en todos los actos y durante toda la visa de María Antonieta. María Teresa era viril y enérgica al punto de enfrentar, gloriosamente, al gran Federico de Prusia, y tal era la fuerza con que hacía pesar sobre sus súbditos la autoridad real, que estos la llamaban, incluso en los documentos oficiales más importantes de Rey y no de Reina. Francisco I, al contrario, era débil, pusilánime y poco inteligente. Se cuenta que, cuando se repetían en su presencia los injustas reproches de Voltaire contra la forma Monárquica, el pobre soberano, no teniendo cultura y energía suficientes para defender los principios de que era guardián, se limitaba a decir a sus cortesanos: ¡qué queréis, mi oficio exige que yo sea monárquico!
La infancia de María Antonieta tuvo como escenario la pomposa corte de Viena. La joven archiduquesa se mostraba dotada de un natural bondadoso, que se aliaba a un gusto acentuado por los estudios. Todavía es conocido en nuestros días su noviazgo con Mozart, el gran músico, que siendo entonces apenas un niño de cinco años, creía ingenuamente estar de novio de la hermosa hija de los soberanos del Sacro Imperio.
La diplomacia de Choiseul, el influyente ministro del rey de Francia, Luis XV, puso término a esta infancia ausente de nubes promoviendo el casamiento de Luis XVI, entonces príncipe heredero, con María Antonieta. Evidentemente, el amor no unió el corazón de los jóvenes príncipes. Se trataba apenas de un acuerdo diplomático en que Austria, fiel a su política de casamientos, y teniendo en vista exclusivamente sus propias ventajas, cedía una de sus archiduquesas, mediante determinadas compensaciones por parte de Francia.
Concluidas las últimas negociaciones diplomáticas, y hechas las necesarias despedidas, la joven María Antonieta se puso en camino en al país del cual vendría a ser, en el futuro, la poderosa Reina. La acompañaba un séquito brillante, constituido por todo cuanto la nobleza del Sacro Imperio tenía de más elevado. En la frontera francesa se realizó la curiosa ceremonia de la “entrega de la archiduquesa”. Había un edificio que se componía de dos partes absolutamente idénticas, de las cuales una quedaba en territorio francés, y otro en territorio alemán. El séquito de la archiduquesa, penetrando por la puerta alemana, condujo a María Antonieta hasta los aposentos donde ella dejó definitivamente sus trajes de princesa del Sacro Imperio, cambiándolos por los de dama francesa. Así vestida, María Antonieta penetró, acompañada apenas por el embajador austríaco, en la parte francesa del edificio. Ahí, toda la hidalguía la esperaba, ostentando la incomparable elegancia, la inmensa riqueza y el requintado gusto artístico que caracterizaban a la corte de entonces.
Luis XVI, el príncipe heredero, era conocido por la austeridad de su conducta, y por la piedad, bondad y honestidad que ornamentaban su carácter. Sus más encarnizados adversarios consiguieron levantar contra él apenas tres acusaciones: la de apático, glotón y habilísimo cerrajero. En el nuevo hogar principesco, que se formaba sin los vínculos de un afecto profundo, el espíritu cristiano de que estaban imbuidos los novios, suplía con ventaja la ausencia de amor. María Antonieta y Luis XVI siempre fueron esposos ejemplares que construyeron sobre los sólidos cimientos del respeto mutuo y de la moralidad absoluta la indiscutible felicidad de su vida familiar.
Los años transcurridos entre el casamiento y la coronación, fueron, tal vez, los más venturosos de toda la corta existencia de María Antonieta.
Hermosa, poderosa, rica, bien casada y venerada por el pueblo con cariñosa dedicación, la joven princesa tenía por única ocupación pasear por los suntuosos palacios de la corona de Francia, trayendo consigo su corte traviesa y todo el lujo fulgurante de que se cercaba constantemente. Entre sus contrariedades, en este tiempo de venturas, se contaban sus frecuentes e interesantes alteraciones con la condesa de Noailles, su severa maestra de etiquetas, que la joven princesa apellidaba impertinentemente de “Madame Étiquette”. Se cuenta que, cierta vez, habiéndose María Antonieta de un caballo que montaba en presencia de toda la corte, exclamó riendo caída en el suelo: llamen a Madame Étiquette, para que me explique cómo debe levantarse la heredera del trono de Francia cuando cae de un caballo.
Uno de los aspectos curiosos del carácter de la joven esposa de Luis XVI era su deseo ardiente de poseer una amiga íntima, confidente de todos los momentos, y de todas las situaciones. Luego que atravesó los umbrales de la puerta que separaba el pasado de la archiduquesa del futuro de la princesa de Francia, su mirada se posó sobre una dama de belleza ideal, la princesa de Lamballe, emparentada con la Familia Real, e infeliz viuda de uno de los hidalgos más traviesos de Francia. La princesa de Lamballe era joven, hermosa y esencialmente aristocrática en la gracia de su porte y de una elegancia sin par. Sus ojos, de un azul profundo, reflejaban todo el candor de su alma sin maldad, y la inmensa tristeza de su juventud sin risa. Su delicadeza era tal que, cierta vez, se desmayó de susto delante de una pintura representando un cangrejo. Esta fue la primera y la más sincera de las amigas de María Antonieta. Poco después, sin embargo, era substituida por la frívola condesa de Polignac. La princesa de Lamballe sufrió su apartamiento con la dignidad propia de una gran alma, no se quejó y no se rebajó. La princesa de Lamballe sólo reaparece en el escenario amputada y mutilada en las calles de París, cuando venía de Inglaterra, a la búsqueda de la infortunada mártir, a quien la princesa perdonaba, así, en las amarguras del sufrimiento, la infidelidad del tiempo de venturas. Aquella que se desmayaba delante de un cangrejo pintado, tuvo ánimo suficiente para arrostrar el tifón revolucionario, y morir por la causa de la amiga que, en el tiempo de los esplendores, le fuera infiel. La condesa de Polignac, en cambio, en vez de ejercer sobre María Antonieta una influencia saludable, la arrastró a una ludopatía desenfrenada. Estaba, entonces, en boga el juego de azar extremadamente dispendioso, llamado Faraón. Las partidas de Faraón comenzaban en la noche, en la residencia de los Polignac, y terminaban con los primeros albores del día, a los ojos de la población escandalizada por la participación asidua de la heredera del trono. Fue esta una fuente de merecidas censuras dirigidas a María Antonieta. Poco después, fue descubierta en un baile popular carnavalesco aquella que debía ser reina de Francia, que se divertía, por lo demás inocentemente, sin recordarse de la dignidad de su posición. Poco a poco, los rumores se fueron acentuando, y cuando murió el viejo Luis XV, María Antonieta subió al trono contando ya con numerosas antipatías.
Incluso así, fue grande el entusiasmo del pueblo, cuando los aplausos anunciaron a María Antonieta, a altas horas de la noche, que llegaba, con el fallecimiento de Luis XV el momento de ser coronado rey de Francia y de Navarra el débil y bueno Luis XVI.
Las fiestas de la coronación fueron un contraste curioso de miseria y de pompa. Luis XVI, después de consagrado y coronado rey de Francia, en la antiquísima y suntuosa Catedral de Reims, en la presencia de toda la nobleza y de todo el clero de Francia, después de haber sido ungido por el representante del Santo Padre con el poleo que, según la tradición, descendió del cielo en el día de la conversión de Clovis, después de haber recibido los homenajes de los elementos más representativos y nobles de la nación, salió de la Catedral acompañado por el obispo de Autun, a tocar con sus manos las llagas de más de 2000 enfermos de toda especie, que esperaban en fila en la puerta de la Iglesia, la salida del Rey que, según la tradición, debería curar, con el simple toque de sus manos soberanas, determinadas molestias. Se cuenta que, como preanuncio de tristes acontecimientos, la corona, al ser colocada sobre la cabeza del Rey, se cayó de las manos del Nuncio Apostólico, y, golpeando a Luis XVI en la cabeza, lo hirió al punto de hacer correr sangre.
Con la coronación, comienza el largo padecimiento de la reina. El pueblo sufría hambre, y no quería comprender que los gastos de la corte eran, en gran parte, necesarios para el decoro de la Monarquía. El pueblo, siempre víctima de explotadores de torpe inconsciencia, no comprendía que la nobleza gozaba de grandes privilegios, pero que, en compensación, sustentaba a expensas propias el ejército y la marina, proveyendo, por otro lado, los gastos de gran parte de la administración. El pueblo, en fin, no comprendía que el clero, esta clase denodada que siempre luchaba por el bien, contra todos los males, por los débiles, contra todos los poderosos, y por Dios contra sus enemigos, este clero costeaba, solo, los gastos de los actuales ministerios franceses de la Instrucción Pública y de los Cultos. No, los sofismas de un espíritu demoledor como Voltaire, la elocuencia lloricona y perversamente hueca de Rousseau, habían gangrenado toda la sociedad francesa. Esta nobleza frívola, que afectaba olvidarse de su Dios, habría de mostrar dentro de poco, que se olvidaría igualmente de su Rey, de su pasado, y del enorme peso de glorias que representaban las nobles tradiciones de que era depositaria. Estos hidalgos, cuyos antepasados habían sido leones, la vida disipada e irreligiosa de la corte los transformara en bailarines. Y el pueblo, movido por la envidia más de que por el hambre, y olvidado de que representar en la sociedad un papel humilde es, también, desempeñar un mandato divino, se lanzó furioso contra la organización política de Francia. El 14 de julio, la invasión de Versalles por un bando de malvadas arrastrando atrás de sí la chusma de la población parisiense, a imponer al Rey débil el gorro frígio, y a insultar bajamente una monarquía que estaba imposibilitada de defenderse, la masacre de sacerdotes inocentes, que pagaban con la propia vida el enorme crimen de haberse dedicado de cuerpo y alma al servicio de Dios, predicando Su santo Nombre y Su Ley de paz y amor, el asesinato de diversos hidalgos que no querían desertar en la hora del peligro del trono en vuelta del cual habían pasado la vida danzando, este encadenamiento horrible de crímenes que sino a ensuciar las páginas de la Historia de la Humanidad, ¿abatió, por ventura a la reina de Francia, la hija de los altivos Habsburg? ¡Nunca! Nunca, esta muñeca de porcelana de los bailes del Trianon dobló su cabeza delante de la ignominia de sus enemigos. Nunca, ni un solo momento, la soberana destronada dejó de ser Reina, pues que, mayor en el sufrimiento de que en la gloria, demostró, al afrontar desarmada y con el hijo en los brazos a aquellos borrachos furiosos que invadían los palcos reales, que era de una raza que no teme el peligro, máxime cuando encarna una causa justa.
Arrastrada la realeza en el lodo de París, humillada la débil personalidad de Luis XVI bajo el peso del infortunio, el único baluarte de la resistencia era María Antonieta, que, haciendo de su desdicha un trono fulgurante para su personalidad, afronta impávida, enorme, delante del sufrimiento, armada apenas con la coraza sublime de la fe y de la resignación cristiana, la oleada que sumergiría a Francia. Hasta el último momento, esta soberana quiso salvar su trono, no por interés personal, sino que por amor al principio monárquico. Y esto ella lo hizo sin vacilar, alentando a todos, y nunca desesperando, incluso cuando la población la saca de las Tullerías, donde estaba detenida, y la conduce, al sonido de los clamores e insultos de la plebe, a la sombra mortal de la lúgubre prisión del Templo, incluso cuando es obligada a ver, abatida de horror y de remordimiento, la cabeza de la valiente princesa de Lamballe, de ojos vacíos, cabellera empolvada y salpicada de sangre, y labios pálidos, introducida en la punta de una asta, entre las rejas de la ventana de su mazmorra, como testimonio de la muerte atroz e inmerecida de su mejor amiga.
He aquí, señores, su tortura de Reina. Fue completa, nada faltó, y todo ella lo soportó con calma y resignación, arrancando, de vez en cuando, gritos de admiración de sus propios adversarios.
Como esposa, María Antonieta sufrió el mayor de los martirios. Su marido, al cual ella dedicaba todos los sentimientos de una esposa católica ejemplar, después de ser blanco de las más crueles afrontas, fue, en fin, arrastrado a una muerte gloriosa para la posteridad, pero que parecía entonces absolutamente deprimente. De su prisión del Templo, oyó María Antonieta, ciertamente, el retumbar de los tambores anunciando que la Convención Nacional, en nombre de la igualdad, destruía al inocente representante de la realeza, en nombre de la libertad lo impedía despedirse, al borde de la tumba, de su pueblo a quien mucho amara, en nombre de la fraternidad le iría a quitar la vida en la guillotina.
Pero, señores, fue la madre que, en María Antonieta, sufrió las más horrorosas torturas. Cuando la Convención fue a separa a María Antonieta de su hijo, esta, durante dos horas, cubriendo con su cuerpo el del inocente principito, luchó contra el brutal zapatero Simón y su bando siniestro, sólo abandonando al hijo cuando, de todo en todo, le faltaron las fuerzas para resistir. Largos fueron los meses de la separación. Sola, terriblemente sola, presa a la vista de un cuarto horrible de la prisión del Templo, la infeliz mujer tenía como único consuelo, y por lo demás poderoso, su oración. Hasta hoy, conserva Francia su libro de Misa, sobre el cual cayeron, con certeza, las lágrimas amargas de aquella madre que, en el auge de la infelicidad y del abandono, supo siempre agradecer a Dios el desamparo en que se encontraba.
Finalmente, fue ella procesada por el “Comité de Salud Pública”, por traicionar a la patria, por ser una nueva Catalina de Médicis, por ser madre esposa y madre (…).
En el proceso, culminó su padecimiento. Su hijo, embrutecido por el alcohol, se volvió un verdadero animalillo, que tenía como único y constante sentimiento el miedo. Imagínese la escena: sobre un estrado, sentados los alguaciles que, en el proceso, se intitulaban de jueces. En una serie de bancos, media docena de individuos repugnantes, oliendo a alcohol, desempeñaban el papel de jurados. La Reina, delgada, en su larga ropa negra, de cabellos enteramente blancos, envejecida en su juventud abatida y triste, entra con toda la majestad de su decadencia aun altiva, aun bella, y siempre digna e invencible, en esta jaula donde su reputación y su corazón de madre van a ser despedazados por las fieras más desalmadas de la Historia francesa. El interrogatorio comienza brutal, felino, perverso. La Reina, o responde con dignidad, o se calla, desdeñando con su silencio la infamia de ciertas acusaciones. He aquí que es introducido en la sala el príncipe heredero de los tronos de Francia y Navarra. Calzado de toscos suecos, con un gorro frígio en la cabeza, un aire embrutecido y triste de quien, hace mucho, padece todos los horrores de la barbaridad de un verdugo como Simón, y con la fisonomía estúpida de los alcohólicos inveterados, con una voz llorosa, lanza contra la madre las mayores injurias. He aquí señores, el cúmulo del sufrimiento. La escena, horripilante en sí, dispensa comentarios. Os diré solamente que la Reina, en un grito magnifico de corazón de madre ulcerado por el más atroz de los dolores, lanza, en la elocuencia de su alucinación, en el horror de su padecimiento dantesco, un apelo a todas las madres presentes, preguntándoles si creen en las injurias del niño. Y, como si la naturaleza humana, en el fondo de aquellos corazones de mujeres malvadas, comprimido por mucho tiempo, finalmente explota en la sala, una lluvia de aplausos, y un delirio de entusiasmo de aquel pueblo que fuera al tribunal para asistir feroz al desenlace del proceso, es tomado súbitamente de un formidable entusiasmo por su víctima, y María Antonieta, en el banco de los reos, en el auge de la ignominia recibe una formidable y sincera ovación de sus verdugos. ¿Qué decir, señores, de este lance histórico?
Vino, finalmente, la muerte. Dios, en su inmensa bondad, preparó en el Cielo el lugar digno de aquella que tanto había sufrido, amándolo más cuando le enviaba las penas, de que en la plenitud de sus placeres. En el día 16 de octubre de 1793, cesó su largo martirio, en la guillotina cuya lámina, al mismo tiempo criminosa y caritativa, cortó el hilo de su extraordinaria existencia.
Así terminó la soberana mártir, cuya historia recuerda un minueto delicado y palaciego cuyas notas harmoniosas fuesen bruscamente sofocados por el rugido pavoroso de una horrenda farándula revolucionaria.
Discurso pronunciado por el prof. Plinio Corrêa de Oliveira en la Academia de Letras de las Congregaciones Marianas de Sao Paulo en 1928, a sus veinte años de edad.

domingo, 2 de noviembre de 2008

LA IGLESIA CATOLICA Y LA MASONERIA
Con el propósito de satisfacer ciertas inquietudes que nos han hecho llegar nuestros lectores, a propósito de la publicación del libro LA CONJURACION ANTICRISTIANA de Mons. Henri Delassus, relacionadas al tema de la Masonería y la Iglesia Católica, publicamos aquí una breve entrevista hecha al Prof. Plinio Corrêa de Oliveira en la que expone de manera muy lúcida y breve aquella problemática.
Los siguientes comentarios se refieren a una carta que el Card. Franjo Seper, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, envió en 1974, al Card. John Krol de Filadelfia relativa a la aplicación del canon 2335 del Código de Derecho Canónico de 1917. En esa ocasión, Seper afirmó que la excomunión automática establecida por dicho canon para los católicos que entran en la Masonería sería aplicable únicamente a las personas que se incorporen a organizaciones que activamente complotan contra la Iglesia Católica. Esto fue interpretado como de facto una derogación de las previas excomuniones.
En 1981, el Card. Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la misma Congregación, publicó la “Declaración sobre los Miembros Católicos en las Asociaciones Masónicas”. En ella, la carta de 1974, fue la responsable de dar “erróneas y tendenciosas interpretaciones”.
En 1983, el Nuevo Código de Derecho Canónico fue promulgado por Juan Pablo II, ese código modificaba el canon 2335 del Código de 1917 e incorporaba el nuevo canon 1374 que dice: “Quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación, ha de ser castigado con entredicho.” Por lo tanto, ese canon levantó la excomunión automática de los católicos que se convierten masones. Ni siquiera menciona a la Masonería.Así pues, los siguientes comentarios que fueron hechos cuando fue publicada la carta de Seper (en septiembre de 1974) continúan siendo validos y se pueden aplicar no solo a Paulo VI, sino también a Juan Pablo II.
Pregunta: ¿Podría comentar el hecho de que el Vaticano publicó un documento que dice que los católicos pueden entrar en la Masonería?
Prof. PCO: En resumen, el asunto puede ser presentado de la siguiente manera:
En su infinita sabiduría, Nuestro Señor Jesucristo entendió que no era suficiente para Él vivir en la Tierra y enseñar las verdades que encontramos en los Evangelios. Su vida fue santísima, realizó todo tipo de milagros, falleció de la muerte más sublime, resucitó gloriosamente y ascendió a los cielos. Estos hechos constituyen una serie de maravillas, cada una de ellas, constituye la cúspide en su género. Sin embargo, esto no fue suficiente para Él. En Su juicio, consideró que era necesario fundar una organización, la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, para prevenir que esos hechos cayesen en el olvido o fuesen mal interpretados. Ella fue fundada también para articular la acción de todas las buenas personas en una estructura visible de manera que se pudiese efectivamente implantar la religión Católica en todo el mundo. (cada logia masónica es un templo religioso, foto arriba)
Con esto comprendemos que, para la expansión de una doctrina y la conquista del mundo por esa doctrina, es necesaria una organización. Sin una organización, nada importante, serio, grande, estable y duradero se puede realizar.Como esto es verdadero, el mismo principio se puede aplicar a los enemigos de la Iglesia. Esta necesidad que fue prevista por Nuestro Señor Jesucristo, también fue prevista por el demonio, que posee toda la sabiduría natural.
Con el objeto de destruir la obra de Nuestro Señor Jesucristo, fue que el demonio estableció la Masonería. Ella tomó su forma actual probablemente entre los siglos XV y XVI. En los tiempos actuales, la Masonería es primero un gremio de albañiles – ingenieros y trabajadores que construyen casas, castillos y catedrales - que se transformó en una sociedad secreta bajo la influencia de los Judíos que entraron en ella. Esta sociedad secreta se propone como objetivo la destrucción de la Iglesia Católica y el establecimiento del reino de Satanás en la tierra.
La Masonería, sin embargo, no es sólo una organización destinada a establecer el reino de Satanás; ella también se propone adorar a Satanás, al igual como la Iglesia Católica se propone, no solamente conquistar el mundo entero, sino principalmente adorar al Dios verdadero. Por lo tanto, la Masonería es la religión del Demonio y al mismo tiempo, una organización para difundir esta religión en todo el mundo.
Como es una sociedad secreta, no es tan fácil demostrar su historia. La estudiamos a través de las huellas y vestigios que su actuación dejó aquí y allá. El primer documento pontificio contra la Masonería apareció en el siglo XVIII (Clemente XII, In eminenti, del 28 de abril de 1738). Desde entonces hasta el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica tuvo siempre una postura abierta y continua contra la Masonería. Dado que Ella es la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo y la otra la iglesia de Satanás, entre ambas organizaciones existe la más completa e irreconciliable oposición posible. Esta lucha continuará hasta el fin del mundo.
Las condenaciones que la Iglesia lanzó contra la Masonería se debieron a dos hechos: en primer lugar la necesidad de advertir a los fieles acerca de la acción secreta de la Masonería, y, en segundo lugar, debido al inescrupuloso e insistente intento de la Masonería de infiltrar la Iglesia para asegurarse lugares y posiciones en su jerarquía – Obispos, Cardenales y otros altos cargos – para de esta manera, complotar por dentro la destrucción de la Iglesia. El único medio que la Iglesia tuvo para defenderse contra tal adversaria, fue denunciarla y trazar una profunda zanja que las separase a ambas, colocando a los católicos de un lado y a los masones del lado contrario.
Representación de una ceremonia de alta inciación en que se transporta la imagen del demonio

Cuando fue convocado el Concilio Vaticano II, el movimiento ecuménico recibió un enorme estímulo. La palabra griega oecumene, significa universal. El movimiento ecuménico pretende abolir las diferencias entre todas las religiones e ideologías en el mundo y formar una gran unidad. Esta unidad, supuestamente traería la paz universal. En consideración a este nuevo ecumenismo, el Concilio determinó de que lo errores y herejías no deberían ser más condenados. Se estableció así una atmósfera de distención.Una de las más agudas manifestaciones de esta distención, fue la determinación del Concilio de prohibir cualquier manifestación oficial sobre el Comunismo. Esta fue una gran contradicción. El Concilio fue previsto por Pío XII como un montaje para defender a la Iglesia y al mundo contra todos los males modernos. Ahora bien, el peor de los males era precisamente el Comunismo, que ponía en peligro todo el orbe. Sin embargo, el Concilio Vaticano II prohibió que fuese condenado, y ni siquiera mencionado.
La Masonería no fue la que dirigió oficialmente el Concilio, pero con esta idea de reconciliación con todas las religiones, la apertura hacia la religión de Satanás es imposible que no ocurriese.
Actualmente, después del Concilio, tenemos que el Vaticano emite un documento con el consentimiento del Papa afirmando que a los laicos católicos ya no se les prohíbe ingresar en la Masonería. Entonces, desde ahora un laico puede, al mismo tiempo, formar parte de la Iglesia de Nuestro Señor y de la iglesia de Satanás. Esta es la más completa contradicción que se pueda imaginar: adorar, al mismo tiempo, a Nuestro Señor Jesucristo y a Su enemigo, Satanás.
La iconografía católica ha representado la Inmaculada Concepción, en sus estatuas e imágenes, estando la Virgen de pie pisando la cabeza de la serpiente. No hay representación más apropiada. Ella aplasta la cabeza de la serpiente porque representa el mal, el pecado, la traición y la muerte eterna. Ahora, un Papa aprueba que los católicos pueden entrar en la organización de los hijos de la serpiente. Esto no se comprende a menos que él también haga parte del juego de la Masonería. Si uno puede lícitamente ser seguidor del Demonio en esta estructura eclesiástica progresista, la Iglesia Conciliar, entonces se plantea necesariamente la siguiente cuestión: ¿Esta estructura sigue siendo la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo? Esta es la tremenda duda que pesa sobre la estructura eclesiástica que vemos hoy en día.Teniendo en cuenta las numerosas condenaciones a la Masonería por los Papas anteriores, Paulo VI está completamente consciente del mal que representa la Masonería. No obstante, permite a los católicos entrar en la Masonería. El pastor le dice a la oveja: “¿Ves a ese lobo? El es un buen amigo, anda y hazte amigo de él”. ¿Quién es este Papa? ¿Quién es este Pastor que favorece al lobo en vez de proteger a las ovejas? ¿Quién puede explicar el misterio de un Papa que actúa de esta manera?
En última instancia, éstas son las preguntas que resumen la situación.
El Card. John O'Connor posa junto a dos masones usando sus emblemas
Pregunta: Hay una segunda clase de masones – como el dueño del almacén de la esquina, el carnicero, el sargento de policía, etc. – que todo el mundo conoce. Si tuviésemos que explicarle al hombre de la calle lo que usted nos está diciendo, va a negar ese tipo de cosas y decir que los masones que él conoce son inofensivos e incluso que son personas buenas que apoyan a las organizaciones de beneficencia. ¿Cómo podemos mostrar a estas personas que la Masonería es una organización que ha estado tratando de destruir la Iglesia durante tantos siglos?Prof. PCO: Usted describe un problema real, porque la Masonería oculta su objetivo para aquellos que sólo están en los primeros grados de iniciación, y presenta una cara filantrópica al público en general.
Hay dos maneras de demostrar esto a los católicos. La primera es mostrar las condenas de los Papas anteriores que describen a la Masonería como el mayor enemigo de la Iglesia Católica. En contradicción con estas muchas condenas, hoy Paulo VI apoya a la Masonería al igual como apoya al Comunismo. La segunda es sólo aplicable para un determinado tipo de personas con más inclinaciones hacia la historia y la política. Es mostrarles que existe un movimiento universal – la Revolución – que durante muchos siglos ha caminado incesantemente en la misma dirección, de manera metódica y siempre opuesta a la Cristiandad. Ahora bien, este movimiento no es una reacción natural causada solamente por las bajas pasiones, porque las pasiones tienen impulsos contradictorios y a menudo en conflicto entre sí. Que por el contrario, la Revolución se mueve con una gran uniformidad de acción y objetivo. Por lo tanto, existe una organización que la controla y la dirige. Desempeña el papel de un director de orquesta. Esta organización es la Masonería.
Esta entrevista está publicada originalmente en inglés en el sitio amigo TRADITION IN ACTION.

jueves, 30 de octubre de 2008


Por Julio Alvear T

De vez en cuando es útil releer a Friedrich Nietzsche (1844-1900). Su postura intelectual es representativa de aquella corriente subterránea de la filosofía moderna que ha cantando mórbidas loas a la esencia de la Revolución y a sus metas últimas.
Entendemos por "Revolución", en el sentido que le da Plinio Corrêa de Oliveira, como un inmenso proceso de tendencias, doctrinas, de transformaciones políticas, sociales y económicas, derivado en último análisis de una deterioración moral nacida de dos vicios fundamentales: el orgullo y la impureza, que suscitan en el hombre una incompatibilidad profunda con la doctrina católica.
A partir del orgullo y de la impureza se van formando los elementos constitutivos de una concepción diametralmente opuesta a la obra de Dios. Esa concepción, en su aspecto final, ya no difiere de la católica solamente en uno u otro punto. A lo largo de las generaciones, esos vicios se van profundizando y volviendo más acentuados y se va estructurando toda una concepción gnóstica y revolucionaria del Universo. Históricamente la puesta en marcha de esta concepción fue iniciada en el siglo XVI con el Renacimiento y el Protestantismo y está siendo consumada en nuestros días, con la apostasía de las naciones ex-cristianas.
Volvamos a Nietzsche. No es que para nosotros sea un gran pensador metafísico, en el sentido clásico del término. Su interés reside en que muestra uno de los aspectos de la meta de la Revolución, a la que él sin duda sirve, como gran parte de la filosofía germana moderna.

miércoles, 15 de octubre de 2008



Julio Alvear Téllez


Las agencias internacionales informaron en días recién pasados:

“El Gran Rabino de Haifa, She’ar Yishuv Cohen, expresó su oposición a la beatificación del Papa Pío XII, quien fuera Sumo Pontífice durante la era del Holocausto, durante el discurso histórico que dio ante el Sínodo de Obispos celebrado en el Vaticano.
“En lo que fue la primera aparición de un judío ante el máximo órgano representativo de la Iglesia Católica, Cohen, quien había sido invitado a disertar sobre la importancia de la Torá para el pueblo judío, manifestó la decepción de su comunidad frente a la figura de Pío XII.
“Sentimos que el difunto papa (Pío XII) debería haber alzado la voz (en contra del Holocausto) mucho más fuerte de lo que hizo” (...)El Gran Rabino admitió que es posible que el Papa haya ayudado en secreto a muchas víctimas y refugiados, pero luego agregó: “la pregunta es si podría haber levantado la voz y si esto habría ayudado o no”. “Nosotros, como víctimas, creemos (que la respuesta es) sí, y las familias de los millones de fallecidos no me autorizaron a decir que olvidamos y perdonamos”
El Gran Rabino Cohen, invitado por Benedicto XVI al Sínodo de Roma ...
dedicado a difundir infundios contra el Papado
Ante estas imputaciones del Gran Rabino contra el Papa Pío XII, lo primero que se me viene a la cabeza es si realmente el líder religioso judío, invitado por Benedicto XVI, emite un juicio particular, fruto de una animadversión personal contra la Iglesia católica, o si habla oficialmente representando a las “victimas de los millones de fallecidos” en el holocausto.
Esto último hay que descartarlo sumariamente. El Gran Rabino, en realidad, se arroga una representación que no tiene, a fin de que sus infundios se puedan divulgar en el mundo judío y no judío con una mayor capacidad de atracción.
¿Para qué? Creo probable que dentro del mundo judío aún persisten llamas de admiración por la protección que el Papa Pío XII prodigó a los hijos del pueblo hebreo durante la persecución nazi. Mancillar su memoria en los momentos en que se cumplen los cincuenta años de su muerte, es entonces una buena ocasión para apagar las brazas de admiración al Papado que puedan quedar aún encendidas, y que pueden tener como fruto futuras conversiones a la fe católica.

La evanescencia de la Fe

Por Julio Alvear Téllez
No son las finanzas internacionales y sus especuladores inmorales las noticias más graves de la hora presente. Me preocupan más los acontecimientos que llegan desde Roma. Lo espiritual tiene sobre lo económico una supremacía tan grande, que nos equivocaríamos si pusiésemos nuestra atención únicamente en los avatares del capitalismo salvaje que nos consume.
¿Cuáles son esas noticias? Benedicto XVI invitó al Gran Rabino jefe de Haifa, She’ar Yishuv Cohen a intervenir en el Sínodo que reúne en Roma a los más altos representantes de la Iglesia Católica. Cohen, que es miembro de la comisión mixta Israel-Vaticano, dirigió un discurso el segundo día del Sínodo, el 6 de octubre, al Pontífice, a cincuenta y dos cardenales y mas de doscientos obispos con amplio eco en la prensa internacional.

martes, 14 de octubre de 2008

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martes, 23 de septiembre de 2008

El Blog La Reacción Católica publicó hace unas semanas una breve pero clarísima compilación de las condenas al comunismo de los Papas, desde Pío IX hasta Juan Pablo II y que creemos, es bueno recordar, ya que estamos hasta la coronilla de tanta propaganda pro-marxista-socialista y mentirosa, que pretende imponer en la opinión pública, y sobre todo a la juventud, la descarada farsa de que el marxista-masón de Salvador Allende, ha sido el más grande chileno de la historia. No, no nos dejemos engañar, y mostrémosle a nuestros jóvenes la verdad, ya que al parecer, nuestros pastores ya no se interesan en enseñar el verdadero Magisterio de la Iglesia.
Haga click en el título para acceder al artículo

lunes, 22 de septiembre de 2008

domingo, 14 de septiembre de 2008

El dulce nombre de María

Oración Preparatoria

Acuérdate, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno que haya acudido a tu patrocinio, implorado tu auxilio, o pedido tu socorro, haya sido abandonado de Ti. Animado por esta confianza, vengo a Ti, me refugio en Ti, yo pecador gimo delante de Ti. No quieras, ¡oh Madre del Verbo Eterno!, despreciar mis súplicas; antes bien, escúchalas favorablemente, y haz lo que te suplico. Amén.

Invocaciones al dulce nombre de María
Madre mía amantísima, en todos los instantes de mi vida, acuérdate de mí, miserable pecador. Avemaría.
Acueducto de las divinas gracias, concédeme abundancia de lágrimas para llorar mis pecados. Avemaría.
Reina del cielo y de la tierra, sé mi amparo y defensa en las tentaciones de mis enemigos. Avemaría.
Inmaculada hija de Joaquín y Ana, alcánzame de tu santísimo Hijo las gracias que necesito para mi salvación. Avemaría.
Abogada y refugio de los pecadores, asísteme en el trance de mi muerte y ábreme las puertas del cielo. Avemaría

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Ofrecemos a nuestros lectores un nuevo libro: LA RELIGIÓN DEMOSTRADA
Este libro irá siendo publicado por capítulos semanalmente para que puedan acompañar la lectura. Si algún lector desea que se le envíe por email el capítulo íntegro en formato Word, escriba al email de contacto escribiendo simplemente: LA RELIGIÓN DEMOSTRADA y se les irá enviando los capítulos cada vez que sean publicados.
Este libro es tan importante como el libro LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA que hemos ido publicando también por capítulos. Al igual que con el libro anterior, el lector que desee se le envíe por email los capítulos publicados en formato Word, escriba al email de contacto escribiendo simplemente: LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA y se les irá enviando los capítulos cada vez que sean publicados.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Excelentes artículos

El blog amigo chileno-español La Reacción Católica ha publicado esta primera quincena de septiembre excelentes artículos que recomendamos leer. Los títulos y enlaces son los siguientes:


A 35 años del "Once":
ALLENDE, ESA GRAN IMPOSTURA

http://reaccioncatolica.blogspot.com/2008/09/35-aos-del-11-de-septiembre.html

Nuestra historia: lo que todos ocultan (1)
ENTRE ALLENDE Y FIDEL CASTRO,
EL CARDENAL SILVA HENRÍQUEZ

http://reaccioncatolica.blogspot.com/2008/09/nuestra-historia-lo-que-todos-ocultan-1.html

Nuestra historia: lo que todos ocultan (2)
EL CARDENAL FESTIVO
http://reaccioncatolica.blogspot.com/2008/09/nuestra-historia-lo-que-todos-ocultan-2.html

El Magisterio Pontificio y el comunismo
LAS CONDENAS AL COMUNISMO

http://reaccioncatolica.blogspot.com/2008/09/magisterio-pontificio.html

Sacerdote chileno muerto hace 120 años
Hallan cuerpo incorrupto del R.P. José Fortunato Berríos
http://reaccioncatolica.blogspot.com/2008/09/sacerdote-muerto-hace-120-aos.html

Libro recomendado:
Víctor Farías: "La Izquierda Chilena (1969-1973):
Documentos para el Estudio de su Línea Estratégica"

http://reaccioncatolica.blogspot.com/search?updated-max=2008-09-01T05%3A10%3A00-07%3A00&max-results=7

lunes, 25 de agosto de 2008

Profecía del beato Francisco Palau

“Antes que se levante Carlos, u otro rey católico, Dios dirá a un hombre lo que dijo a Moisés: “Ahí tienes una vara: en ella ostentaré a todas las naciones mi existencia y mi omnipotencia”. A este hombre serán entregados a discreción los demonios, para ser arrojados del cuerpo de la sociedad actual, del cuerpo de las naciones… A este hombre obedecerán tierra, infierno y cielos, los elementos y la naturaleza entera: este hombre estará en pie firme insignitis et potentis ante reges horrendos, ante esos reyes con quienes ahora Pío IX tiene que transigir, y en ese hombre terminará el sistema de las transacciones; este hombre, el más extraordinario que hayan visto los siglos, tendrá el poder de “percutere terram omni plaga quoties cumque volverit”, este hombre es escogido por la Reina de este monte Carmelo por el general en jefe de todos los ejércitos de Dios, y este hombre está a las órdenes de su Reina, escondido en el monte santo, y preparado para el día y hora en que Dios ha marcado su misión, y por este hombre la Reina del Carmelo restituirá a su orden la sociedad humana…
“¿Cuándo vendrá? Cuando nadie lo crea; cuando todas las naciones hayan consumado en la persona de sus reyes la apostasía de la Fe; cuando veas al diablo gloriándose en su triunfo, resistiendo al poder de los católicos. Cuando el diablo llegue al extremo de presentarse al frente de todos los reyes de la Tierra dando en guerra contra Dios bajo su lema propio: ¡Revolución! Cuando vosotros los encargados de arrojarle al abismo, seáis impotentes para vencerle por causa de vuestra incredulidad. Entonces aparecerá al mundo este hombre para anunciarle su fin…
“Sí: “venturus est et restituet omnia”, pero será despreciado y horriblemente perseguido de los mismos católicos, porque son estos los que han perdido al mundo por su incredulidad…” (El Ermitaño, Año III, n° 89, 21 de julio de 1870)
“No se conoce otro restaurador que él. Si viene la restauración verdadera que consiste en la conversión a Dios de todas las naciones y de sus reyes, el restaurador no puede ser un rey, sino un apóstol… Y este apóstol será Elías, el Elías prometido, sea cual fuere el nombre que al parecer se le dé. Llámese Juan, Moisés, Pedro, el nombre importa poco; la misión de Elías restaurará la sociedad humana porque así Dios lo tiene en su Providencia ordenado”. (El Ermitaño, Año IV, n° 113, 5 de enero de 1871)

sábado, 23 de agosto de 2008

Verdad Olvidada

CARTA ENCÍNCLICA
8 de septiembre de 1907
"PASCENDI DOMINICI GREGIS"
DEL SUMO PONTÍFICE SAN PÍO X
SOBRE LAS DOCTRINAS DE LOS MODERNISTAS

INTRODUCCIÓN
Al oficio de apacentar la grey del Señor que nos ha sido confiada de lo alto, Jesucristo señaló como primer deber el de guardar con suma vigilancia el depósito tradicional de la santa fe, tanto frente a las novedades profanas del lenguaje como a las contradicciones de una falsa ciencia. No ha existido época alguna en la que no haya sido necesaria a la grey cristiana esa vigilancia de su Pastor supremo; porque jamás han faltado, suscitados por el enemigo del género humano, «hombres de lenguaje perverso»(1), «decidores de novedades y seductores»(2), «sujetos al error y que arrastran al error»(3).
Gravedad de los errores modernistas.
1. Pero es preciso reconocer que en estos últimos tiempos ha crecido, en modo extraño, el número de los enemigos de la cruz de Cristo, los cuales, con artes enteramente nuevas y llenas de perfidia, se esfuerzan por aniquilar las energías vitales de la Iglesia, y hasta por destruir totalmente, si les fuera posible, el reino de Jesucristo. Guardar silencio no es ya decoroso, si no queremos aparecer infieles al más sacrosanto de nuestros deberes, y si la bondad de que hasta aquí hemos hecho uso, con esperanza de enmienda, no ha de ser censurada ya como un olvido de nuestro ministerio. Lo que sobre todo exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados.
Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre.
2. Tales hombres se extrañan de verse colocados por Nos entre los enemigos de la Iglesia. Pero no se extrañará de ello nadie que, prescindiendo de las intenciones, reservadas al juicio de Dios, conozca sus doctrinas y su manera de hablar y obrar. Son seguramente enemigos de la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijere que ésta no los ha tenido peores. Porque, en efecto, como ya hemos dicho, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia. Añádase que han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas. Mas una vez herida esa raíz de vida inmortal, se empeñan en que circule el virus por todo el árbol, y en tales proporciones que no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper. Y mientras persiguen por mil caminos su nefasto designio, su táctica es la más insidiosa y pérfida. Amalgamando en sus personas al racionalista y al católico, lo hacen con habilidad tan refinada, que fácilmente sorprenden a los incautos. Por otra parte, por su gran temeridad, no hay linaje de consecuencias que les haga retroceder o, más bien, que no sostengan con obstinación y audacia. Juntan a esto, y es lo más a propósito para engañar, una vida llena de actividad, constancia y ardor singulares hacia todo género de estudios, aspirando a granjearse la estimación pública por sus costumbres, con frecuencia intachables. Por fin, y esto parece quitar toda esperanza de remedio, sus doctrinas les han pervertido el alma de tal suerte, que desprecian toda autoridad y no soportan corrección alguna; y atrincherándose en una conciencia mentirosa, nada omiten para que se atribuya a celo sincero de la verdad lo que sólo es obra de la tenacidad y del orgullo.
A la verdad, Nos habíamos esperado que algún día volverían sobre sí, y por esa razón habíamos empleado con ellos, primero, la dulzura como con hijos, después la severidad y, por último, aunque muy contra nuestra voluntad, las reprensiones públicas. Pero no ignoráis, venerables hermanos, la esterilidad de nuestros esfuerzos: inclinaron un momento la cabeza para erguirla en seguida con mayor orgullo. Ahora bien: si sólo se tratara de ellos, podríamos Nos tal vez disimular; pero se trata de la religión católica y de su seguridad. Basta, pues, de silencio; prolongarlo sería un crimen. Tiempo es de arrancar la máscara a esos hombres y de mostrarlos a la Iglesia entera tales cuales son en realidad.
3. Y como una táctica de los modernistas (así se les llama vulgarmente, y con mucha razón), táctica, a la verdad, la más insidiosa, consiste en no exponer jamás sus doctrinas de un modo metódico y en su conjunto, sino dándolas en cierto modo por fragmentos y esparcidas acá y allá, lo cual contribuye a que se les juzgue fluctuantes e indecisos en sus ideas, cuando en realidad éstas son perfectamente fijas y consistentes; ante todo, importa presentar en este lugar esas mismas doctrinas en un conjunto y hacer ver el enlace lógico que las une entre sí, reservándonos indicar después las causas de los errores y prescribir los remedios más adecuados para cortar el mal.
(1) Hch 20,30.
(2) Tit 1,10.
(3) 2 Tim 3,13.
Ver el contenido completo de la Encíclica en el siguiente enlace:

lunes, 18 de agosto de 2008

¿Y el Tercer Secreto de Fátima?

El blog chileno-español La Reacción Católica trae un interesante artículo sobre el libro del periodista italiano Antonio Socci "El Cuarto Secreto de Fátima" que levantó un intenso debate sobre la autenticidad del "Tercer Secreto" revelado oficialmente por el Vaticano el año 2000. Ese libro prueba la existencia de dos manuscritos en su génesis y desarrollo histórico y concluye que lo publicado por el Vaticano el año 2000 no está completo.
Recomendamos a nuestros amigos que vean el contenido de dicho artículo en el siguiente enlace:
http://reaccioncatolica.blogspot.com/2008/08/tema-de-debate-el-tercer-secreto-de.html

jueves, 14 de agosto de 2008

15 de Agosto


DEFINICION DEL DOGMA DE LA ASUNCIÓN DE LA SMA. VIRGEN MARÍA

De la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus

1 de Noviembre de 1950

En consecuencia, como quiera que la Iglesia Universal, en la que muestra su fuerza el Espíritu de verdad que la dirige infaliblemente a la consecución del conocimiento de las verdades reveladas, ha puesto de manifiesto de multiples maneras su Fe en el decurso de los siglos, y puesto que todos los obispos de la redondez de la tierra piden con casi unánime consentimiento que sea definida como dogma de Fe divina y católica la verdad de la Asunsión corporal de la Beatísima Virgen María a los cielos -verdad que se funda en las Sagradas Letras, está grabada profundamente en las almas de los fieles, confirmada por el culto eclesiástico desde los tiempos más antiguos, acorde en grado sumo con las demás verdades reveladas y espléndidamente explicada y declarada por el estudio, ciencia y sabiduría de los teólogos-, creemos que ha llegado ya el momento preestablecido por el consejo de Dios providente en que solemnemente proclamemos este singular privilegio de la misma Virgen María...
Por eso, después que una y otra vez hemos elevado a Dios nuestras preces suplicantes e invocado el Espíritu de Verdad, para gloria de Dios omnipotente que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre, y gozo y regocijo de la Iglesia, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fué asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.
Por eso, si alguno, lo que Dios no permita, se atreviese a negar o voluntariamente poner en duda lo que por Nos ha sido definido, sepa que se ha apartado totalmente de la fe divina y católica.

lunes, 11 de agosto de 2008

Una verdad que es necesario recordar siempre en nuestro días

La doctrina de la Fe, que Dios ha revelado, no fue propuesta al género humano como un descubrimiento filosófico que debía perfeccionar, sino que fue entregada a la Esposa de Cristo como un depósito divino para que Ella lo guardase fielmente y lo enseñase infaliblemente. De lo cual se deduce que el verdadero sentido de los dogmas es el que la Santa Madre Iglesia ha declarado de una vez por todas, no pudiendo separarse nunca de ese sentido aunque fuese con pretexto de una inteligencia superior. Crezcan pues la inteligencia, la ciencia y la sabiduría, multiplíquense abundantemente tanto en cada uno como en todos, tanto en el hombre individual como en toda la Iglesia, de acuerdo con el progreso de las edades y de los siglos, pero solamente en su género, esto es, conforme a la misma doctrina, en el mismo sentido y el mismo pensamiento sed in suo duntaxat genere, in eodem scilicet dogmate, eodem sensu eademque sententia-” (Concilio Vaticano I ses. III, c. 4 –Denz-Sch. 3020).
Y, “Si alguien dijera que a veces, conforme al progreso de las ciencias, se puede atribuir a los dogmas propuestos por la Iglesia un sentido diferente del que enseña y enseñó la Iglesia, sea anatema”.

viernes, 8 de agosto de 2008

Urgente difundir:

SOCIALISMO DEL SIGLO XXI ATACA A IGLESIA CATÓLICA DEL ECUADOR Y AMENAZA A EX ASAMBLEISTAS Y LIDERES DE MOVIMIENTOS PROVIDA Y FAMILIA

Con profunda preocupación Acción Provida\Filial de Vida Humana Internacional, ha recibido en las últimas tres semanas, las amenazas del “Comando Salvador Allende”, la primera a través de una carta dejada en casa de nuestra Directora Ejecutiva, en segunda ocasión una caja de zapatos con una rata muerta en el interior, con el mensaje “MUERTE A LOS PROVIDA”, hoy 6 de agosto a las 18H30 tendremos el lanzamiento del libros “TESTIMONIOS DE VIDA”, un libro que narra la vida de mujeres y hombres valientes que nos comparten lo que significó en su vida decirle SI A LA VIDA a pesar de las difíciles circunstancias que atravesaban, es un acto cultural, al que ya llegaron las amenazas de que nos cuidemos, que “no sabemos de lo que son capaces”.
En el ámbito Nacional, la llamada del señor Presidente de la República a insultar a los sacerdotes durante la Eucaristía, si hablan sobre el atentado a la vida y a la Familia que contiene el Proyecto de Constitución de Montecristi, ha ocasionado que seis Iglesias sean profanadas, se ha profanado en dos de ellas a la Santa Eucaristía, en una de ellas se destrozó las Sagradas Formas, se las pisoteó y en otra capilla dejaron un perro degollado con una Eucaristía en la lengua del perro, pintaron las paredes con símbolos satánicos destrozaron las puertas y en algunos templos se ha insultado a varios sacerdotes mientras leían el comunicado de prensa de la CEE, ante el silencio y miedo de todos los presentes.
Desde el día lunes 4 de agosto por todos los canales de televisión y emisoras del país, el Gobierno transmite una propaganda pagada por impuestos de ciudadanos católicos, en la que se utiliza la imagen del presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, Monseñor Antonio Arregui, quién también está amenazado de muerte por estos grupos extremos, en la que ridiculizan su mensaje, lo tachan de mentiroso y dan un mensaje mutilando del proyecto de Montecristi.
En cadena de televisión, el día sábado 2 de agosto, el Ec. Rafael Correa, insultó a dos líderes próvida, ex asambleístas que jamás depusieron su postura de defensa a la vida y a la familia, les ha insultado y denigrado como mujeres, esposas, madres y ciudadanas, por el solo hecho de denunciar al país el contenido anti vida y anti familia de este proyecto de Constitución.
Nos preguntamos, hasta donde vamos llegar?, acaso vamos a retroceder en la historia, al tiempo del Gral. Eloy Alfaro, a quemar Iglesias, asesinar sacerdotes, expulsar órdenes religiosas y asesinar a todos y todas los que pensamos diferente?. La postura de las iglesias cristianas ha sido la de informar a sus fieles sobre cuáles son los puntos que atentan a nuestros principios y valores cristianos, por ello nos van a matar?.
Estamos seguros, que a nivel nacional e internacional, todos se preguntarán, pero que hacer, pues sencillamente no callar, respaldar a nuestros pastores, a nuestros hermanos los sacerdotes y no permitir que se insulte a nuestra Madre la Iglesia, somos la mayoría y no podemos callar. Les invitamos a:
· Enviar cartas a la presidencia de la República, calle García Moreno y Chile, Palacio de Gobierno, al Ec. Rafael Correa, expresando su respaldo a los comunicados de la Conferencia Episcopal y rechazando los insultos y amenazas de las que somos objeto todos los católicos.
· Denunciar a los organismos internacionales, que Ecuador está entrando en una etapa de totalitarismo y que la democracia está agonizando, que como en todo régimen totalitario sea de extrema derecha o extrema izquierda, lo primero que se acaban son los derechos humanos y los pueblos se tiñen de sangre.
· No permitir que nuestros templos, nuestra Iglesias sean agredidas, estar vigilantes y atentos a que no se den nuevamente estos hechos vandálicos y profanos.
· Lo màs importante: REPARAR, con nuestras oraciones a Jesús Eucaristía.
CRISTIANOS DEL ECUADOR DEFENDAMOS NUESTRA FE, NO CALLEMOS, APOYEMOS A NUESTRA SANTA MADRE IGLESIA Y A SUS REPRESENTANTES!!.

NO TENGAIS MIEDO!!! (SS. Juan Pablo II)
Amparo Medina
Acción Provida\Filial de Vida Humana Internacional

miércoles, 6 de agosto de 2008

Recomendamos a nuestros amigos un blog chileno-español nacido recientemente. Su nombre, LA REACCIÓN CATÓLICA, el enlace:

http://www.reaccioncatolica.blogspot.com/

martes, 22 de julio de 2008

Fervorosa oración de Santa Teresa

Padre Santo, que estáis en los cielos. No sois Vos desagradecido para que piense yo dejaréis de hacer lo que os suplicamos a honra de Vuestro Hijo… No por nosotros Señor, que no lo merecemos, sino que por la sangre de Vuestro Hijo, y de sus merecimientos, y de su Madre gloriosa y de tantos mártires y santos como han muerto por Vos. Pues, Creador mío, ¿Cómo pueden sufrir unas entrañas tan amorosas como las vuestras, que lo que se hizo con tan ardiente amor de Vuestro Hijo, sea tenido en tan poco? Estáse ardiendo el mundo, quieren retornar a sentenciar a Cristo, quieren poner su Iglesia por el suelo, desechos los templos, perdidas tantas almas, los sacramentos quitados. Pues, ¿qué es esto mi Señor y mi Dios? O dad fin al mundo, o poned remedio a tan gravísimos males, que no hay corazón que los sufra, aun de los que somos ruines. Os suplico, pues, Padre Eterno, que no lo sufráis ya Vos. Atajad este fuego Señor, que si queréis podéis, algún medio ha de haber, Señor mío. ¡Póngale Vuestra majestad! Habed lástima de tantas almas que se pierden y favoreced vuestra Iglesia. No permitáis ya más daños a la Cristiandad. Señor, dad ya la luz a estas tinieblas. ¡Ya Señor!, ¡ya Señor! haced que sosiegue este mar. No ande en tanta tempestad esta nave de tu Iglesia y salvadnos, Señor mío, que perecemos.
Los males del Naturalismo
P. Denis Fahey

El naturalismo es más que una herejía: es el más puro anticristiano. La herejía es la negación de algún dogma: pero el naturalismo es la negación de todos los dogmas.
La herejía es una alteración de una verdad Revelada por Dios: el naturalismo niega la existencia de la Revelación. De aquí procede la inevitable ley y la obstinada pasión de destronar a Nuestro Señor Jesucristo y acabar con Su influencia en la sociedad.
Esta es la suprema ambición de Satanás y del Anti-Cristo…
El mayor obstáculo para la salvación del hombre contemporáneo, como bien lo declara el Concilio Vaticano I (1879) en su Primera Constitución Doctrinaria, lo que envía a un mayor número de personas al infierno en nuestros días, más que en cualquier época, es el Racionalismo o Naturalismo…
El Naturalismo se empeña con todas sus fuerzas en excluir a Nuestro Señor Jesucristo, nuestro único Maestro y Salvador, de la mente de los hombres, como también de la vida cotidiana y de la costumbre de los pueblos, con el fin de instaurar el reinado de la razón o de la pura naturaleza.
Ahora, donde sea que los aires del Naturalismo han entrado, la propia fuente de la vida cristiana se marchita. El Naturalismo significa la completa esterilidad en cuanto a la salvación y a la vida eterna.

¡Perseverancia!
Hermanos míos, todos ustedes, si estamos condenados a ver el triunfo del mal, nunca lo aplaudamos. Nunca digamos al mal: “tú eres bueno”; a la decadencia: “eres progreso”; a la noche: “eres la luz”; a la muerte: “eres la vida”. Procuren vuestra santificación en estos tiempos en que nos ha colocado Dios; lamenten los males que Dios tiene que tolerar; opónganse a ellos con la energía de vuestras obras y esfuerzos, que vuestra vida no se contamine con el error, libres de ser extraviados, de tal manera que después de haber vivido aquí en este mundo, unidos al Espíritu del Señor, serán uno con Él para siempre jamás: Qui adhaeret Deo uno spiritus est (cf. I Cor 6:17).

Coraje en nuestras convicciones
Las voluntades están sin fuerza, los caracteres sin decisión; porque la inteligencia está sin luz, sin convicciones. Los proyectos son débiles, los propósitos son inciertos, porque la mente que los concibe ya no tiene ni claridad ni visión. Por medio de un justo juicio de Dios, el debilitamiento de la fe ha llevado a un debilitamiento de la razón y del sentido común. Nuestra era tiene la reputación de ser “de mentalidades fuertes”. Pero la historia, algún día la juzgará de haber sido la era de las mentes débiles. Cobardía es la palabra correcta.
Cuando les pregunto a las personas sabias de nuestros días cuál es la mayor plaga de la sociedad presente, la respuesta siempre es el deterioro del carácter, el debilitamiento de las almas… Pero esta respuesta levanta otra cuestión. ¿De dónde provienen estos síntomas de debilitamiento de los caracteres? ¿Podría ser verdadero decir que es la natural e inevitable consecuencia del debilitamiento de las doctrinas, de las creencias, y, para usar la palabra correcta, del debilitamiento de la Fe? La voluntad es una facultad ciega cuando no es iluminada por la inteligencia. Nadie camina firme cuando pisa en la obscuridad o en las penumbras. Entonces, si el hombre de hoy camina a tientas ¿no será acaso, oh Señor, porque tu palabra ya no es la luz que guía nuestros pasos, la luz que alumbra nuestros caminos?
Nuestros ancestros, en todas las cosas, buscaban la orientación en las enseñanzas del Evangelio y de la Iglesia; ellos caminaban a plena luz del día. Sabían lo que querían, lo que rechazaban, lo que amaban, lo que odiaban, y por eso ellos fueron fuertes en la acción. En cuanto a nosotros, caminamos en la obscuridad. Ya no tenemos nada definido, nada firme en la mente y ya no somos conscientes de la meta que queremos alcanzar. Y como consecuencia de ello, somos débiles y vacilantes.
Alimentémonos de las fuentes puras que fluyen de la fe cristiana. No nos contentemos a quedar a medio camino. Este empobrecido y debilitado cristianismo ¿producirá acaso de nuevo esos caracteres vigorosos y ordenados temperamentos de los antiguos tiempos? ¡No!
Padre Denis Fahey, en la introducción a su obra: El Cuerpo Místico de Cristo y la Reorganización de la Sociedad.

domingo, 20 de julio de 2008

ORDEN NATURAL Y ORDEN SOBRENATURAL


Cada uno de los seres de la creación tiene señalada una función en el universo; tiene su destino, y recibe con su naturaleza los medios que le permitan dirigirse fácilmente y con seguridad a su fin.
El orden es la proporción existente entre la naturaleza de un ser, el fin para el cual ha sido criado por Dios y los medios que le da para alcanzarlo.
Lo natural es lo que viene de la naturaleza, lo que un ser trae consigo al nacer y que debe rigurosamente poseer, sea para existir, sea para ejercer su actividad en vista del fin que le es propio.
Lo sobrenatural es algo sobreañadido, sobrepuesto a lo natural para perfeccionarlo, elevarlo y hacerlo pasar a un orden superior. Así, lo sobrenatural es lo que está por encima del poder y de las exigencias de la naturaleza: es como el injerto que hace que el patrón produzca frutos de una especie superior.
El orden natural para el hombre es el estado de ser racional, provisto de los medios necesarios para alcanzar el fin conforme a su naturaleza.
El orden sobrenatural es el estado al cual Dios eleva al hombre, dándole un fin superior a su naturaleza y medios proporcionados para conseguir este nuevo destino.
I. Orden natural – Un orden supone tres cosas: 1°, un ser activo; 2°, un fin; 3°, los medios para alcanzar este fin.
En el orden natural, el hombre obraría con las solas fuerzas de su naturaleza. Tendría por fin, por destino, la Verdad suprema y el Bien absoluto, es decir, Dios; un ser inteligente no puede encontrar en otra parte la felicidad perfecta. Como medios naturales, el hombre posee facultades proporcionadas al fin que exige su naturaleza; una inteligencia capaz de conocer toda verdad; una voluntad libre capaz de tender al bien. Estas dos facultades permiten al hombre conocer y amar a Dios, que es la verdad y el bien por excelencia.
Pero, en la vida futura, Dios puede ser conocido y poseído de dos maneras: directa e indirectamente. Se conoce a Dios directamente cuando se le contempla cara a cara; e indirectamente, cuando se le percibe en sus obras. Viendo las obras de Dios, el hombre ve reflejada en ellas, como en un espejo, la imagen de las perfecciones divinas: de este modo se conoce a una persona viendo su retrato.
Ninguna inteligencia creada puede, con sus fuerzas naturales, ver a Dios de una manera directa. Ver a Dios cara a cara, tal como es en sí mismo, es verle como El se ve, es conocerlo como El mismo se conoce, es hacerse participante de un atributo que no pertenece sino a la naturaleza divina. Por consiguiente, si Dios se hubiera limitado a dejarnos en el estado natural, el hombre fiel, durante el tiempo de la prueba, por la observancia de los preceptos de la ley natural, habría merecido una felicidad conforme a su naturaleza. Hubiera conocido a Dios de una manera más perfecta que en esta vida, pero siempre bajo el velo de las criaturas. Hubiera amado a Dios con un amor proporcionado a este conocimiento indirecto, como un servidor ama a su dueño, un favorecido a su bienhechor. En este conocimiento y en este amor, el hombre habría hallado la satisfacción de sus deseos. No podía exigir más.
Tal es el orden natural. Este orden jamás ha existido, porque el primer hombre fue creado para un fin sobrenatural. Pero era posible. Según la opinión común de los teólogos, los niños muertos sin bautismo obtienen este fin natural... Gozan de una felicidad conforme a la naturaleza humana; conocen a Dios por sus obras, mas no lo pueden ver cara a cara: no contemplan su belleza inmortal sino a través del velo de las criaturas.

Tanto los ángeles como los hombres han sido elevador por Dios al orden sobrenatural

II. Orden sobrenatural – En este orden, el ser activo es siempre el hombre, pero el hombre transformado por la gracia divina, a la manera que el patrón rústico se transforma por el injerto.
El fin sobrenatural del hombre consiste en ver a Dios cara a cara, en contemplar la esencia divina en la plenitud de sus perfecciones. Un niño conoce mucho mejor a su padre cuando le ve en persona, cuando goza de sus caricias, que cuando ve su retrato. Esta visión intuitiva de Dios procura al alma un amor superior y un gozo infinitamente más grande. Así, ver a Dios cara a cara en su esencia y en su vida íntima, amarle con un amor correspondiente a esta visión inefable, gozar de El, poseerle de una manera inmediata, he ahí el fin sobrenatural de los hombres y de los ángeles. Nada más sublime...
El fin exige medios, que deben ser proporcionados al mismo. Un fin sobrenatural pide medios sobrenaturales. El hombre necesita, para alcanzar, este fin superior, de luces que eleven su inteligencia por encima de sus fuerzas naturales; de auxilios que vigoricen su voluntad para hacerle amar al Sumo Bien, como El merece ser amado. Estas luces y estos auxilios se llaman, aquí en la tierra, gracia actual y gracia santificante; en el cielo, luz de la gloria.
La gracia santificante es una participación de la naturaleza de Dios, según las hermosas palabras de San Pedro: Divinae consortes naturae; es una cualidad verdaderamente divina que transforma la naturaleza del alma y sus facultades y se hace en ella el principio de las virtudes y de los hábitos sobrenaturales, moviéndole a ejecutar actos que le merecen un galardón infinito: la participación de la felicidad de Dios. Por la gracia santificante, el hombre deja de ser mera criatura y siervo de Dios para convertirse en su hijo adoptivo y poseedor de una vida divina.
Así como el fuego penetra el hierro y le comunica sus propiedades, y entonces el hierro, sin perder su esencia, alumbra como el fuego, calienta como el fuego, brilla como el fuego; así también el alma, transformada por la gracia santificante, sin perder nada de su propia naturaleza, tiene, no ya solamente una vida humana o una vida angélica, sino una vida divina. Ve como Dios, ama como Dios, obra como Dios, pero no tanto como Dios. Ya no hay entre ella y Dios tan sólo una vinculación de amistad, sino una unión real. La naturaleza divina la penetra y el comunica algo de sus perfecciones. Sin embargo, el hombre no queda absorbido por esta transformación: conserva su naturaleza, su individualidad, su personalidad. La gracia no destruye la naturaleza, sino que la presupone y perfecciona.
Tal es el orden sobrenatural. Después de esto, se comprende bien que todas las obras hechas sin la gracia santificante nada valgan para merecernos el fin sobrenatural.


Fuente: Hillaire, La Religión Demostrada
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