sábado, 30 de marzo de 2013

¿Por qué el sábado está dedicado a la Santísima Virgen?


Plinio Corrêa de Oliveira

Sabemos que el viernes es el día que nos recuerda la muerte de Nuestro Señor, y el domingo recuerda su Resurrección. La pregunta que surge es: ¿Por qué el sábado está dedicado a la Virgen? He recibido la siguiente información que transmito a Uds. y luego la comentaré.

Selección biográfica:

Nuestra Señora sola mantuvo la fe
en la Resurrección
La devoción a la Virgen recibió un fuerte impulso a principios del siglo X con la reforma monástica que dio forma a la civilización medieval.

Después de esa época se hizo costumbre general dedicar el sábado a la Virgen. San Hugo, abad de Cluny, ordenó que en las abadías y monasterios de su orden, los sábados se cantara el Oficio y se celebrara una Misa en honor de la Santísima Virgen María. Una misa especial fue compuesta en su honor para esas ocasiones. Para el Oficio Divino regular, el Papa Urbano II añadió el Pequeño Oficio de la Virgen para ser cantado los sábados.

Hay muchas razones de por qué el sábado debe estar dedicado a la Virgen Santísima. Las más conocida surgió a partir de la particular devoción que tenía el hombre medieval a la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Los Evangelios nos dicen que después de la muerte de Nuestro Señor, los Apóstoles, los discípulos y las santas mujeres no creían en la Resurrección, a pesar de que Nuestro Señor la había predicho varias veces.

Sin embargo, desde la hora en que Nuestro Señor murió en la cruz el Viernes Santo hasta el Domingo de Resurrección, sólo la Virgen creía en su divinidad y, por lo tanto, sólo ella tenía una fe perfecta. Porque, como dice San Pablo: “Sin la resurrección nuestra fe sería vana”. En ese sábado, por lo tanto, en toda la tierra fue sólo Ella quien personificó la Iglesia Católica. Por esta razón el hombre medieval la honraba especialmente en este día.

Comentarios del Prof. Plinio:

Esta explicación no podía ser más hermosa. Creo, sin embargo, que es una exageración decir que las Santas Mujeres y el apóstol San Juan perdieron la fe en ese día. Pero, ellos no tenían fe en la Resurrección.

Las santas mujeres no podían concebir la
Resurrección del Señor
A pesar del hecho de que Nuestro Señor les habló de su Resurrección en varias ocasiones, ellos no la comprendieron completamente. En efecto, una resurrección es una cosa tan extraordinaria, tan opuesta al orden natural, que la mente humana no se inclina a creer en ella. A pesar de que el Señor había resucitado a Lázaro —y ellos habían sido testigos de ese milagro— ellos no se dieron cuenta de que Quien había resucitado a Lázaro podía resucitarse a sí mismo.

Es casi inconcebible que un hombre resucite un muerto y, sin embargo, es más difícil imaginar que un muerto se resucite a sí mismo. ¿Cómo puede un hombre —por su propio poder— levantarse desde el abismo de la muerte y decirle a su propia alma: “Ahora, vuelve a entrar en tu cuerpo y se uno con él?”. Esto exige un poder mucho mayor que el que se necesita para resucitar a un muerto. Es una victoria sobre el otro, un esplendor multiplicado por otro, una cosa, normalmente hablando, que la mente humana no puede imaginar.

Podemos entender, por tanto, cómo los estaban junto a la Virgen al pie de la Cruz —San Juan, las Santas Mujeres y algunos otros, como Nicodemo— también la acompañarían a su casa en esa hora de dolor supremo. Pero ellos no creyeron verdaderamente que Cristo iba a resucitar de la muerte. Nuestra Señora conocía y confiaba en que Él se levantaría de la muerte; los otros no.

Aun cuando ellos tenían un instinto sobrenatural que les decía que la historia de Nuestro Señor no había aún terminado, y que todavía quedaba la última palabra por decir, sólo la presencia de la Virgen los confirma en este instinto, no su fe en la Resurrección. Sin este instinto y sin la Virgen, ellos se habrían dispersado completamente. Cuando los Evangelios relatan la reacción de Santa María Magdalena hablando con el Señor después de Él haber resucitado, muestran que ella no esperaba que Él resucitaría.

En su mayor desolación, Ella nunca perdió la
esperanza en la promesa
Durante este período, sólo la Virgen creyó en la Resurrección. Sólo Ella tenía la fe plena. En toda la faz de la tierra Ella era la única criatura con la plena fe, la más perfecta fe sin ninguna sombra de duda. Incluso en el inmenso dolor que Ella sufrió por el pecado de deicidio, Ella tenía absoluta certeza de esta verdad. Serena y tranquilamente mientras Ella esperaba la hora de la victoria que se acercaba. Esto le daba una alegría inmensa en medio de sus penas.

Dado que la fidelidad es necesaria para el mundo no se acabe, se puede decir que, si Ella no hubiera sido fiel en esa ocasión, el mundo habría terminado. Si la verdadera fe hubiese desaparecido de la faz de la tierra, entonces la Divina Providencia habría acabado con el mundo. Por lo tanto, es por causa de su fidelidad que historia continuó y las promesas del Antiguo y Nuevo Testamento que afirmaban que el Mesías reinaría sobre toda la tierra y sería el Rey de la Gloria y el centro de la historia, tuvieron continuidad. Esas promesas no habrían podido cumplirse sin la fidelidad de la Virgen en ese período.

Todas esas promesas vivían en su alma. Ella se convirtió en el portal de todas las esperanzas en el futuro. En su alma, como una semilla, estaba toda la grandeza que la Iglesia Católica desarrollaría a través de los siglos, todas las virtudes que practicarían los santos.

Por lo tanto, podemos decir que esas horas de la vida de la Virgen son particularmente hermosas, tal vez las más hermosas de su vida. Uno podría preguntarse si ese tiempo de fidelidad era aún más hermoso que el período en que Nuestro Señor vivió en su seno como en un tabernáculo. ¿Era más hermosa que ella llevara al Mesías en su cuerpo, o abarcar la Santa Iglesia, el Cuerpo místico de Cristo, en su alma? Esta es una pregunta que puede ser discutida.

Es en la noche que es bello creer en la luz
Su fidelidad nos recuerda las palabras de Edmond Rostand en su Chantecler: “Es por la noche que es hermoso creer en la luz”. Creer en la luz al mediodía no tiene ningún mérito particular. Pero creer en la luz en la hora más oscura de la noche, cuando se tiene la impresión de que todo se sumió en la oscuridad para siempre, es realmente una cosa hermosa.

Nuestra Señora creyó en la luz en esa terrible noche mientras sostenía su cuerpo muerto en su regazo, mientras lo prepara con los aceites perfumados para el sepulcro, mientras tocaba las heridas de su cuerpo que daba testimonio de la derrota tremenda. Incluso entonces Ella creyó en la Resurrección, y Ella hizo un tranquilo acto de fe. Ella consideraba todas esas heridas de poca importancia; Él había prometido que resucitaría de la muerte, y lo haría. Ella creía. Ella no tenía la menor duda.

Este es sin duda uno de los momentos más hermosos de su vida. Desde que esto ocurrió en el Sábado Santo, entendemos por qué la Iglesia eligió el sábado para conmemorar a la Virgen. Hasta el fin del mundo, todos los sábados se consagran a Ella. Es justo. Ello cumple la profecía en el Magnificat: “Todas las generaciones me proclamarán bienaventurada”.

Aplicación para nuestra lucha

Todos los sábados tiene el contra-revolucionario el derecho de pedir a la Virgen que tenga piedad especial sobre él, porque él recibió una misión análoga a la de Ella. De hecho, vivimos en un tiempo que está en la plena oscuridad de la noche. Sabemos que la Iglesia Católica es inmortal, pero, humanamente hablando, la Iglesia tradicional ha desaparecido. Además, en casi todas las esferas de la actividad humana, sólo vemos corrupción y miseria. A nuestro alrededor la inmoralidad, la rebelión, la abyección, el egoísmo, la ambición, el fraude y el reinado de la desesperación. Todo atestigua la muerte casi completa de la civilización cristiana.

Hay, sin embargo, un vaso de elección, un vaso que la Virgen escogió para que sea de gloria y honor, un vaso la castidad y fidelidad. En este vaso Nuestra Señora recogió el sentido católico del pasado, su devoción, el amor por todas las tradiciones católicas abandonadas por otros. Ella también en este vaso la esperanza y la certeza de su Reino. Es el vaso de la Contra-Revolución. En esta terrible noche, por las bendiciones de la Virgen, el alma del contra-revolucionario es un vínculo entre el pasado y el futuro.

Aquel que pertenece a este remanente cree en su promesa. Él tiene la certeza de que el Corazón Inmaculado de María triunfará. Esta certeza le da tranquilidad en medio de los mayores sufrimientos, que es una posición de alma similar al que Nuestra Señora tuvo el Sábado Santo.

Hasta que llegue el reinado de María, vivimos en un largo Sábado Santo en el que todo lo que amamos está en el sepulcro; despreciado, odiado y abandonado por completo. No obstante, tenemos la certeza de que la victoria será nuestra. Ella nos escogió para ser sus contra-revolucionarios, para repetir e imitar su fidelidad en nuestros tristes tiempos.

Esta es la oración que podríamos recitarle los sábados: Oh Corazón Sapiencial el Inmaculado de María, haz mi corazón semejante al tuyo. Cuando todo lo que me rodea afirma lo contrario, cuando el mundo parece derrumbarse, las estrellas caen del cielo y las columnas de la tierra se desploman, incluso en esta calamidad, dadme la serenidad, la paciencia, el celo apostólico y el coraje de decir: Al fin tu Corazón Inmaculado triunfará.

viernes, 29 de marzo de 2013

Nova Schola Gregoriana - In Passione et Morte Domini


Canto Gregoriano
La Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo

Para este viernes santo, escuche estos hermosos cantos sagrados. En especial escuche la tercera pista, que es la Pasión según San Juan.

Estas son las interpretaciones:

01 - Domine, Audivi (Tractus)
02 - Christus Factus Est (Responsorium  Graduale)
03 - Passio Domini (Evangelium Passionis et Mortis Domini)
04 - Ecce Lignum Crucis (Adoratio Sanctæ Crucis)
05 - Popule Meus (Improperia)
06 - Crux Fidelis (Hymnus)


Para escuchar haga clic en play o vaya al siguiente enlace:
http://www.goear.com/playlist/8b3073b/nova-schola-gregoriana-in-passione-et-morte-domini/

Comprar el CD aquí

domingo, 17 de marzo de 2013

El Imperio Romano y la Iglesia – IV


La malvada influencia de Teodora sobre Justiniano

Plinio Corrêa de Oliveira

Después que Belisario tomó Roma en el año 536, como vimos en el artículo anterior, los indignados bárbaros se reagruparon y rodearon Roma. Luego, fue el turno de Belisario de defender la ciudad.

Él pronto se dio cuenta que sus tropas eran insuficientes para continuar con la campaña por recuperar la Península. Sólo podía defender Roma y mantener un camino abierto hacia el mar para permitir que llegaran los refuerzos.

Díptico de marfil de Justiniano dominar a los bárbaros del siglo VI
Entonces envió al emperador Justiniano un mensaje más o menos así: “Me dirijo a vos desde Roma, pero mis tropas expedicionarias son apenas lo suficiente para defender la ciudad. Si queréis que continúe en la conquista de la Península, enviadme más hombres, puesto que el corredor está abierto”.

Justiniano entendió y envió a Belisario más tropas. Con esto, el general reconquistó toda la península italiana hasta Ravena en el norte de Italia, que había sido la capital del Imperio.

En Ravena, Belisario tomó como prisionero a otro rey godo y lo envió a Justiniano, que hizo un nuevo desfile triunfal en Bizancio y sumó a sus títulos el nombre de Justinianus Gothicus.

Las intrigas de Teodora contra Belisario

En este punto de la historia, creo que las intrigas de Teodora comenzaron a tener sus perjudiciales efectos. Estimulado por la emperatriz, Justiniano comenzó a sospechar de Belisario y a preocuparse por el hecho que estaba ganando mucho prestigio y poder entre los soldados.

Teodora utilizó su influencia para introducir la herejía
monofisista en la corte
Puesto que Belisario necesitaba más hombres para mantener las ciudades conquistadas, después de cada nueva conquista tuvo que pedirle al emperador más tropas. En vez de enviárselas, Justiniano comenzó a demorar el envío de refuerzos.

Al ver esta demora, el rey ostrogodo Totila, que era un líder militar brillante, tomó una nueva ofensiva. Después de un éxito en Verona, Totila persiguió y derrotó a las tropas de Belisario en la batalla de Faventia en el año 542, abriendo camino hasta el centro de Italia. Siguió a esta victoria retomando Nápoles y todo el sur de Italia. A continuación, en el 546, rodeó Roma y volvió a capturar la ciudad.

Habiendo perdido el apoyo del emperador y sólo con un resto de sus tropas, Belisario pidió permiso para regresar a Bizancio. Allí, el emperador lo despidió. Por lo tanto, la primera iniciativa de Justiniano de restaurar el dominio católico en Italia falló.

Narsés reconquista Europa

Ocho años más tarde, hubo un nuevo intento por reconquistar Europa. Justiniano tuvo otro gran general, un eunuco llamado Narsés. No era tan brillante como Belisario, pero era un buen estratega.

Justiniano dio a Narsés 30.000 soldados para toda la campaña africana Belisario había recibido sólo 6.000 y lo envió a Italia. Narsés venció a los bárbaros en Umbría y llegó a destruir las hordas góticas en la batalla de Taginae en 552, donde murió el rey Totila. En 553, los últimos bárbaros fueron derrotados por Narsés en Mons Lactarius. Con esto, el dominio romano regresó a toda Italia.

El general Narsés, de un mosaico de Rávena
Una vez más, el emperador de Oriente gobernó los imperios de Oriente y Occidente.

Con este trabajo realizado, Justiniano pronto vio la oportunidad de conquistar España y reunificar otro territorio que había formado parte del antiguo Imperio Romano. El rey visigodo Atanagildo, que luchaba con las guerras internas con otros reyes godos, pidió el apoyo de Justiniano. El emperador envió una flota que tomó todo el sur de España – Cartagena, Málaga, Murcia y Córdoba.

Justiniano firmó un tratado de paz con Atanagildo, reconociendo a este último como gobernador de ese territorio. Atanagildo cultivaba buenas relaciones con los francos y arregló matrimonios para sus dos hijas con dos reyes francos, Chilperico de Neustria y Sigebert de Austrasia.

En este punto de la historia, el Imperio Católico Romano de Oriente tenía el dominio total sobre el Oriente, el norte de África, Italia y parte de España. Galia estaba dominada por los francos católicos, pero el Imperio de Oriente también ejerció una considerable influencia allí desde que Clovis reconoció como emperador a Justiniano. Por lo tanto, el dominio católico sobre una gran parte de Europa fue de nuevo restaurado.

Teodora induce a Justiniano a favorecer las herejías

Pero Teodora no estaba contenta con estos triunfos. Ella insistió en que todas esas conquistas no tenían valor alguno; eran nada más que triunfos sobre bárbaros. Lo importante, sostenía ella, era conquistar Asia. Para hacerlo, se tuvo que adoptar una nueva política.

Ella convenció al emperador que primero debía comenzar a ganar la buena voluntad de los pueblos de Oriente que ya estaban bajo su dominio, pero que abrigaban mala voluntad hacia él. Esos países eran Siria y Egipto. Su antagonismo surgió del hecho de que, en general, ellos adherían fuertemente a la herejía monofisista.

Un busto de la emperatriz Teodora del siglo VIII
Esta herejía admitía sólo la naturaleza divina de nuestro Señor, y no su naturaleza humana. La secta herética había logrado difundirse ampliamente puesto que Justiniano no estaba luchando por la fe católica en esas áreas. Teodora lo había convencido de que no era conveniente para el bienestar del Imperio.

Ella le aconsejó a Justiniano que dejara de lado la causa católica y diera libertad a los monofisistas de Siria y Egipto para fortalecer su alianza con el Imperio. Esto permitiría a Justiniano entrar en Oriente y conquistar Persia y Babilonia, y así construir un imperio mucho mayor.

La ascendencia de Teodora sobre Justiniano fue en aumento, y por lo tanto, él comenzó a favorecer a los monofisistas. La herejía incluso entró en Occidente cuando el hereje Severus, que representaba a una rama del monofisismo llamado miafisitismo, asumió una gran influencia sobre Teodora y maniobró para que su secta fuere reconocida. Esto ocurrió en el año 543 durante la campaña de Justiniano para reconquistar Europa.

Poco después, bajo la influencia de la emperatriz, Justiniano depuso al papa legítimo, el Papa Silverio, a quien considera “demasiado intransigente”, y lo reemplazó con un antipapa. Con esta acción, él rompió con la Iglesia Católica Romana.

Después de esas grandes victorias en Occidente, el Imperio intentó expandirse en Asia, pero se encontró con múltiples dificultades y complicaciones. Justiniano retiró sus tropas de Europa para hacer frente a esos problemas. Pero no tuvo éxito en Asia. Mientras tanto, en los Balcanes, los bárbaros se reagruparon de nuevo y mostraron signos crecientes de descontento.

Cuando Justiniano murió, toda la obra de reconquista de Europa estaba profundamente puesta en peligro, y Asia se mantuvo sin conquistar.

Su sucesor, Justino, era un hombre y soberano débil. Bajo su imperio, los bárbaros comenzaron a recuperar lo que habían perdido. La mayor parte de Italia se perdería con la invasión de los lombardos tres años después de la muerte de Justiniano (568). En 40 años más, las recién fundadas provincias españolas estarían completamente recuperadas por los visigodos españoles. Y dentro de un siglo y medio, el imperio perdería para siempre África por las conquistas musulmanas.

Gracias a Teodora, el Imperio Romano de Oriente volvió al punto donde estaba antes de Justiniano: lleno de herejías y amenazado por los bárbaros.
El imperio Bizantino en tiempos de Justiniano
 Vea los artículos anteriores de esta serie:
     El Imperio Romano y la Iglesia IIII

Tomado de TIA

domingo, 3 de marzo de 2013

El Imperio Romano y la Iglesia – III


Justiniano, un águila que se cierne en las alturas...

Plinio Corrêa de Oliveira

Si Bizancio hubiese cumplido su misión con respecto a Occidente, hubiera hecho lo que hicieron los francos después. Bizancio debería haber luchado por la restauración de la fe y la derrota de la herejía arriana en Europa. No lo hizo, pero hubo un hombre que tomó en serio esta tarea. Este hombre fue Justiniano (482-565), quien es conocido hoy como el más grande emperador del Imperio Romano de Oriente. Justiniano fue uno de esos hombres que parecen haber nacido predestinados para grandes cosas.

Tengo la impresión de que, así como hay hombres que son llamados a una santidad eminente de una edad temprana, también hay otros hombres que están llamados a realizar tareas destacadas en el orden temporal al servicio de la cristiandad, asistidos por los santos que viven en su época. Estos hombres están dotados con cualidades personales y naturales tan extraordinarias que es asombroso.

El emperador Justiniano
Justiniano fue uno de esos hombres. Él era el sobrino del emperador oriental Justino. Él reinó desde 527 hasta 565. En apariencia, era un hombre apuesto, con una gran presencia aristocrática y majestad. Era muy inteligente y un verdadero jurista. Hoy sabemos por la historia que Justiniano presidió todas las reuniones importantes de la codificación del Derecho Romano. Él tuvo un auxiliar, el magistrado Triboniano, pero fue Justiniano quien personalmente dirigió el proceso de codificación, que conservó los elementos principales del Derecho Romano que hoy conocemos.

También fue un gran constructor. Sólo en Constantinopla, construyó 25 iglesias, incluyendo la Basílica de Santa Sofía, que por sí sola podría darle a un hombre una fama inmortal.

El emperador Justino, anticipando el momento en que su sobrino ascendería al trono, se aseguró que su dotado heredero fuera bien educado en la jurisprudencia, la teología y la historia de Roma a fin de que él estuviere preparado para dirigir los asuntos de Estado.

Por otra parte, Justiniano fue un hombre de bien con una voluntad fuerte, un buen católico que tenía costumbres austeras y que siguió una clara ortodoxia en una época de muchas herejías.

La alternativa que enfrentó Justiniano

Como los Sres. pueden ver en este mapa, Constantinopla no era el centro geográfico del Imperio Romano de Oriente, que se había extendido alrededor de las regiones del Mediterráneo. Esta posición geográfica nos ayuda para ver que el emperador del Imperio Romano de Oriente tuvo una alternativa delante de sí:

1) Si él deseaba ser grande delante de Dios, él debía restaurar el Imperio Romano de Occidente, así como la defensa de la fe y de los católicos oprimidos allí. En este caso, él debería reconquistar el norte de África, Italia, España y Galia. Después reinstalar el Antiguo Imperio Romano en sus antiguas fronteras, entonces debería defender esa primera cristiandad.

2) Si él deseaba ser grande delante de los hombres, trabajando para su propia gloria, habría dejado a un lado esta tarea y en su lugar se habría preocupado Oriente. Junto con mantener las tierras del Imperio en Asia Menor, se habría esforzado por conquistar Mesopotamia y Persia, que eran tierras muy ricas y prestigiosas con una gran cultura. Sin embargo, eran paganas, tan radicalmente paganas que los pueblos allí había rechazaron casi completamente la evangelización de los Apóstoles. Lo más probable es que no se convertirían al catolicismo por medio de una acción del Imperio Romano de Oriente. La conquista de esas áreas, por lo tanto, no habría tenido un significado religioso primordial, sino más bien eran importantes como conquista política que traería gran gloria personal al emperador.

Ahora bien, frente a la alternativa de la conquista de Oriente y hacer algún bien posible para esos pueblos paganos, o reconquistar el Oeste y ayudar a los católicos oprimidos allí, la caridad exige la protección de estos últimos, no de los paganos. Justiniano se colocó claramente ante esta alternativa: marchar hacia el Oeste y salvar a los católicos, restaurando el Imperio Antiguo y la gloria de la Iglesia, o marchar hacia el Este, dejando a los católicos oprimidos bajo el yugo de los bárbaros.

Justiniano tomó un camino que era por una parte era brillante y, por la otra, lamentable. Esa águila, destinada a volar tan alto, tenía sus alas con puntas de plomo, lo que le impedía volar alto. Este plomo fue la presencia de una de las figuras más enigmáticas y deplorables de la historia antigua, la emperatriz Teodora.

El rol de Teodora

Teodora
¿Quién fue Teodora? Ella era una mujer muy hermosa, hija de un entrenador de osos de un circo en Constantinopla. Ella se convirtió en una actriz de circo. Con una personalidad fuerte y magnética, pronto se hizo conocida en el grande y numeroso círculo artístico de Constantinopla, convirtiéndose a su vez en una de las mujeres más escandalosas de la ciudad. Luego, se convirtió a la Iglesia católica, abandonó la vida teatral, y se estableció como tejedora en una casa cerca del palacio.

Ella era una hermosa tejedora penitente cuando Justiniano la conoció. Se enamoró y se casó con ella. Con ella, una maldición y perdición entró en la vida de Justiniano. Fue ella quien representó a la disolución en la vida del emperador. Ella se convirtió en enemiga de la fe y partidaria de las herejías, y se esforzó por hacer que Justiniano entrase en conflicto con la Santa Sede, al final de su vida.

Ella también fomentó intrigas entre Justiniano y sus generales de tal manera que, a pesar de que él hizo muchas cosas buenas, el resultado final fue anulado por sus maquinaciones.

Fue ella también quien influyó para que Justiniano abandonara Occidente y lo animó a marchar contra el Oriente.

Por tanto, vemos a Justiniano como un águila que comienza a elevarse y que parece alcanzar los más altos cielos, pero a mitad de camino en su vuelo ascendente comenzó a descender y acabar aterrizando en el suelo.

¿Cómo ocurrió esta tragedia?

La primera fase brillante de Justiniano

Justiniano tenía un gran general llamado Belisario. Con la intención de restaurar el Imperio Romano de Occidente por lo tanto, siguiendo ese primer plan de Dios, antes que Teodora ejerciera su influencia Justiniano envió a Belisario en el norte de África. Toda esa zona había sido tomada por los peores bárbaros, los vándalos.

Belisario, que comandaba una enorme flota y un gran ejército, tuvo una brillante victoria en el año 534 en la batalla de Tricamarum. Los bárbaros que habían destruido el Imperio Romano de Occidente fueron completamente derrotados por Belisario, quien tomó a su rey, Gelimer, como prisionero. Con Gelimer caminando con cadenas a su lado, Belisario desfiló en la gloria por las calles de Constantinopla a su regreso. Al llegar a la plaza principal, le entregó el botín de guerra al emperador, como era la costumbre de los generales romanos victoriosos. Al llevar a Gelimer consigo en cadenas, Belisario demostró que un vándalo era nada cuando se enfrentaba con un gran romano.

Con esta victoria, las tropas católicas de Belisario reconquistaron las provincias romanas del norte de África que se habían perdido por causa de los vándalos que seguían la herejía arriana. Por lo tanto, una parte del Mare Nostrum [nuestro mar, el Mediterráneo] fue restaurado para la primera cristiandad.

Con esta gran victoria Justiniano tomó el nombre de Justinianus Vandalicus Africanus, para significar que había derrotado a los vándalos y era el conquistador de África.

Por todas partes del norte de África, la Iglesia comenzó a florecer de nuevo. Los arrianos fueron encarcelados y los católicos se reorganizaron. El nombre de Cristo fue nuevamente glorificado a través de esa costa africana.

Belisario conquista a los bárbaros en Roma
Después del triunfo, Justiniano se volcó a Italia para reconquistarla a través de dos frentes de ataque. Las tropas imperiales al mando del general Mundo entraron en el norte de Italia por la vía de Iliria, el mismo camino tomado por los ostrogodos anteriores, mientras Belisario atacaba Sicilia. Después de tomarla, entró en la península y capturó Nápoles y finalmente Roma en 536. Fue un gran y simbólico triunfo. Las tropas orientales de Justiniano habían reconquistado el Oeste. Roma fue liberada del dominio bárbaro y de nuevo quedó en poder de los romanos.

Podemos imaginar la alegría y la gloria de un católico viendo las tropas romanas marchando en triunfo por las calles de Roma. Decretos fueron publicados en latín y griego, que era la lengua oficial del Imperio Romano de Oriente, para registrar y celebrar la gloria restaurada de la antigua Roma.

Continuará…

Vea también:


Tomado de TIA

sábado, 23 de febrero de 2013

El Imperio Romano y la Iglesia – II


Las élites del Imperio estaban corrompidas

Plinio Corrêa de Oliveira

En el artículo anterior hemos conjeturado que había un ángel velando sobre el Imperio Romano para protegerlo y, al mismo tiempo, afirmamos que había caído porque estaba corrompido. ¿Cómo se explica esta aparente contradicción? En otras palabras: ¿Era todo el Imperio lo que estaba corrompido y causó su caída, o fue sólo una parte de él?

Aunque no hay evidencia histórica de cada punto en particular que expondré aquí, los presento como un resumen de mis estudios sobre este tema.

Esto se debió principalmente más a las élites del Imperio Romano que estaban corrompidas que de la población real. La masa del pueblo era mejor que las elites. Encontramos la misma situación en la historia de las herejías que invadieron a la Iglesia en esa época, con las elites religiosas más corruptas que el pueblo.

Una élite religiosa cada vez más corrupta

En el Primer Concilio de Éfeso, en el año 431, que condenó el nestorianismo, el pueblo estaba mucho más entusiasmado con la nueva glorificación de la Virgen como Theotokos Madre de Dios que la mayoría de las élites religiosas. Cuando se enteraron de la noticia, la gente salió a las calles cantando para celebrar este nuevo título de Nuestra Señora.

Las élites religiosas, sin embargo, representadas por el Patriarca de Constantinopla, que no era otro que el mismo Nestorio, no quedaron satisfechas con el concilio. De hecho, Nestorio era el que le había pedido al emperador que convocara el concilio para demostrar su ortodoxia. Sabemos que hubo grandes santos en esa época y que el nestorianismo fue condenado; no obstante, una gran parte de la élite religiosa estaba corrompida. En la época del arrianismo y del semi-arrianismo, esa corrupción se había incrementado hasta el punto de que casi todos los obispos adhirieron a la herejía, y fue principalmente el pueblo el que se aferraba a la buena doctrina.

Las conspiraciones falaces de Bizancio

También observamos el mismo fenómeno de una elite corrupta en los altos dignatarios civiles, especialmente con su reacción ante los dos hombres que la Divina Providencia llamó para salvar al Imperio Romano: Stilicon y Justiniano.

Flavio Stilicon (359-408) fue un general romano durante el reinado de Honorio. Él fue un vándalo nacido en lo que hoy es Alemania, pero que se identificaba tan fuertemente con el Imperio Romano, que él mismo se consideraba un romano. Entró en el ejército y se hizo famoso por su amor por Roma. Stilicon apareció en una difícil situación en la historia de Roma: En resumen, los ostrogodos ya habían invadido el Imperio y se instalaron en la península de los Balcanes con el permiso del emperador romano de Oriente. Entre los años 378 y 395, ellos se rebelaron contra el emperador porque querían tener su propia tierra.

El emperador Zenón conspiró contra el Imperio de Occidente
Ellos bajaron desde los Balcanes hacia Bizancio para hacer sus demandas ante el emperador. En ese momento, Bizancio era una ciudad muy distinguida, tal vez sólo superada por Roma. Era una ciudad de una belleza ideal, muy elegante, el arquetipo de una sociedad refinada, de vida intelectual y modelo de los espectáculos y las artes. La entrada de los ostrogodos en Bizancio fue algo mucho peor que, por ejemplo, los soviéticos entrasen en París.

Por esta razón, el emperador del Imperio de Oriente, que era muy astuto en la política de la intriga y que tenía esa manera falaz de hacer las cosas típicas de los bizantinos, decidió no luchar contra los ostrogodos. Al darse cuenta de que carecía de la fuerza necesaria para enfrentarlos en batalla, decidió desviar a los bárbaros lejos de Bizancio y llevarlos a invadir en su lugar el Imperio Romano de Occidente. Con este fin, él tramó un subterfugio.

Illyria [hoy Croacia, Bosnia y Albania] era un territorio de disputa entre el Imperio Romano de Occidente y el de Oriente. En esa época estaba ocupado por Occidente, pero Oriente lo reivindicaba. Por lo tanto, el emperador romano de Oriente, dijo a los ostrogodos: “Yo les daré las tierras de Illyria. En la actualidad está ocupada por intrusos. Si expulsáis a estos intrusos, la tierra será vuestra”.

El general Flavius ​​Stilicon
Es así que los ostrogodos, para quienes la lucha era un tipo de entretenimiento, entraron en Illyria y derrotaron a las tropas del emperador occidental. Poco después, se dieron cuenta de que, al otro lado del Adriático estaba Italia, llena de todo tipo de riquezas, dotada de clima benigno y tierra fértil, y custodiada por tropas que eran aún menos combativas que las tropas del Imperio Romano de Oriente. Por lo tanto, les vino la idea de entrar por el norte de Italia dando la vuelta al Adriático por tierra para después cruzar los Alpes. Así fue como el emperador de Bizancio arregló el asunto.

En ese momento, el general Stilicon guardaba la línea del Rin-Danubio, que marcaba las fronteras del Imperio Romano, separándolo de las tribus germánicas. El emperador de Occidente, viendo que los bárbaros estaban atacando el norte de Italia, ordenó a Stilicon que trasladara sus tropas a Italia para defenderla. Él obedeció, pero esto dejó la línea del Rin-Danubio sin vigilancia.

Stilicon luchó contra los ostrogodos en dos grandes batallas cerca de las ciudades de Pavía y Verona. Sus victorias fueron espectaculares y acabaron con el peligro ostrogodo. Lo que quedó de sus hordas se retiraron, estableciéndose en el territorio que hoy es Suiza.

Mientras tanto, las diversas ramas de tribus visigodas, viendo que Stilicon había dejado sin vigilancia  las fronteras del Rin-Danubio, se aprovecharon de la situación. Entraron en Francia y bajaron hasta el sur de España e incluso hasta el norte de África. Por lo tanto, sin la presencia de Stilicon, el Imperio no pudo defenderse y comenzó a perder terreno.

En el 406, uno de los jefes visigodos, Radagaise, cruzó los Alpes y tomó rumbo hacia Roma. Stilicon intervino y lo derrotó en Florencia. Una vez más, el Imperio de Occidente fue salvado por Stilicon.

Con la eliminación de esta amenaza, Stilicon tuvo libertad para mover sus tropas al norte para enfrentarse con los bárbaros que habían invadido el Imperio.

En este momento, Stilicon aparece en la historia como un ángel velando sobre el Imperio de Occidente para protegerlo de todas las formas posibles de las hordas bárbaras.

Una corte romana corrupta

Ahora bien, este hombre que parece haber tenido la hermosa misión de conquistar a los bárbaros, este hombre que era él mismo un semi-bárbaro pero totalmente asimilado por la cultura y civilización romana, ¡este hombre murió asesinado por orden del emperador occidental! En el apogeo de su carrera militar, fue asesinado vilmente por orden del emperador Honorio que ni siquiera tuvo el cuidado de ocultar su crimen.

Honorio, arriba, jugando con las palomas y gallinas,
ordenó el asesinato del general Stilicon
Él ordenó ese crimen por miedo de que el mismo Stilicon se convirtiera en emperador. ¡Fue un crimen que resultó de las intrigas miserables de una corte decadente, que no entendía la grandeza de ese hombre, y el valor de su heroísmo por Roma!

Stilicon demuestra que al Imperio Romano de Occidente no le faltaron grandes generales. Tenía excelentes soldados y grandes generales. Los principales elementos que constituyen la grandeza de Roma fueron sus grandes soldados y generales. El Imperio todavía los tenía en el siglo cuarto. Lo que le faltaba al imperio, sin embargo, era un emperador que no fuera pequeño e insignificante; carecía de una corte que no fuese infame e intrigante, carecía de una élite que no faltara al cumplimiento su deber de esa manera tan miserable.

Stilicon fue asesinado de la manera más ostensible, clara y evidente en el año 408. Los visigodos, que respetaban y admiraban a Stilicon como un enemigo leal, se indignaron por su asesinato. Ya sea para ajustar las cuentas por ese vil asesinato o tal vez porque Stilicon ya no estaba allí para defender el Imperio, decidieron invadir Italia.

De hecho, en el año 409, invadieron el imperio con hordas tan diferentes, que la caída del Imperio Romano de Occidente se hizo prácticamente inevitable. Sabemos que en el año 476 el último emperador del Imperio Romano Occidental, Rómulo Augusto, fue depuesto por Odoacro, quien se convirtió en rey de Italia (467-493).

Una corte bizantina corrupta

En este escenario se produjo algo que los historiadores de hoy toman debidamente en cuenta, aunque fue ignorado en el pasado. Los bárbaros veneraban el nombre romano y creían en la idea de que el mundo debía ser gobernado por un emperador. Cuando dominaron el Imperio Romano de Occidente, ellos reunieron los símbolos e insignias del Imperio de Occidente y se los enviaron a Zenón (425-491), el emperador de Oriente.

Su delegación le dijo al emperador que en adelante ellos consideraban el Imperio para que de nuevo fuese uno solo bajo un solo emperador, Zenón. Es así que ellos hicieron una declaración oficial diciendo que habían acabado con la división del Imperio Romano en dos, y que lo consideraban como una sola realidad, como lo había sido antes de Diocleciano.

Los bárbaros pudieronn haberse convertido mucho antes
 si los emperadores romanos orientales hubiesen sido fieles
Los bárbaros adhirieron tan completamente al ideal de un Imperio único, que a partir de entonces sus monedas mostraron las efigies de Zenón y de los emperadores orientales que lo siguieron en lugar de las de sus propios reyes. En ocasiones, enviaban embajadas a Bizancio con homenajes, reconociéndose como vasallos del emperador.

¿Cuál era el valor de ese vasallaje? No era mucho, porque en primer lugar, esos bárbaros carecían de las habilidades políticas para organizar sus regiones en todo el Imperio, por ejemplo, como la British Commonwealth se organiza en torno a la Corona de Inglaterra. En segundo lugar, porque Zenón era un emperador indiferente y perezoso que no se molestó en guiar a esos bárbaros para que mejorasen, ya sea espiritual o materialmente.

En lugar de enviar misioneros católicos para convertir a los bárbaros del arrianismo, en lugar de tratar de civilizarlos, como lo hicieron después los francos, el emperador y la corrupta corte bizantina corrupta no hicieron nada.

Absorbidos por las fiestas de Bizancio, emergidos en los esplendores de la corte de Constantinopla, los emperadores no se preocuparon de lo que ellos consideraban ser un brutal desierto occidental con sus violentas, de rubios, sucios y despeinados cabellos largos.

Continuará…

Véase el artículo anterior de esta serie aquí

Tomado de TIA

martes, 19 de febrero de 2013

Marc-Andre Hamelin interpreta Liszt

En esta ocasión les dejo unas bellas piezas de piano de Franz Liszt muy bien interpretadas por el pianista y compositor franco-canadiense Marc-Andre Hamelin. Las piezas son:

01.   Apparition #1 in F sharp, S155_1
02.   Waldesrauschen, S145_1
03.   Un Sospiro, S144_3
04.   Hungarian Rhapsody #10 in E major, S244_10
05.   Hungarian Rhapsody #13 in a, S244_13
06.   Hungarian Rhapsody #2 in c sharp, S244_2
07.   Nuages gris, S199
08.   En reve - Nocturne, S207
09.   Reminiscences de Don Juan, S418
 
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