miércoles, 20 de junio de 2012

Ex presidente del Banco Mundial: "No quiero hablar sobre Bilderberg"

La sola Scriptura vs el alfabetismo de la Antigüedad

Este es un interesante video (en inglés) que refuta la tesis protestante de que la sola Escritura es la única fuente de la revelación, y por lo tanto, la única regla de la fe para los cristianos. En la antigüedad, el % de alfabetización no superaba el 20% de la población. Luego, si la sola Escritura debía ser la regla de fe, como dicen los protestantes, entonces no más que el 20% de la población tendría acceso a conocer la fe y convertirse al cristianismo. La Iglesia, contrariamente a lo que dicen los protestantes, enseña que la fe se recibe por oído, esto es, por la predicación. Y es así como la fe católica se propagó entre los pueblos, por la predicación y no por la sola lectura de la Biblia. Además, la Iglesia enseña que las fuentes de la revelación son la Sagrada Escritura y la Tradición, sin excluirse la una de la otra y ambas son infalibles. Los protestantes, en cambio, no aceptan la tradición como fuente de la revelación.

martes, 19 de junio de 2012

MONARQUÍA, ARISTOCRACIA Y DEMOCRACIA – IV


MONARQUÍA, ARISTOCRACIA Y DEMOCRACIA – IV
La réplica católica a la teoría de la soberanía popular de Rousseau
Los hombres son iguales en teoría, pero muy diferentes en la práctica
Plinio Corrêa de Oliveira
¿Cómo es que responde la Iglesia a la teoría de la soberanía del pueblo de Rousseau explicada en el último artículo?
Primero, ella afirma que ésta es una doctrina atea, en la que Dios ya no tiene ningún rol como el fundamento de la autoridad, sea esta del Estado o de la ley.
Segundo, la Iglesia hace una distinción importante respecto a la verdad de que todos los hombres son iguales. Ciertamente, todos los hombres tienen un cuerpo y un alma inmortal, somos hijos de Adán y Eva, y tienen la misma naturaleza humana. Esto nos hace fundamentalmente iguales entre sí. Por esta razón, cada persona tiene ciertos derechos por el simple hecho de ser humano. Estos derechos incluyen el derecho a la vida, al honor, a constituir una familia, a trabajar para mantener a su familia con dignidad. Estos derechos nos corresponden por el hecho de que somos hombres.
A pesar de que somos sustancialmente iguales como hombres, sin embargo, somos diferentes accidentalmente. Un hombre es más inteligente que otro. Uno tiene más capacidad, produce cosas más útiles. Otro tiene una voluntad más fuerte que otros. Otro tiene más encanto; hay personas que son naturalmente aburridas, mientras que otras son bastante interesantes.
Dios creó a algunos con mejor voz que otros
Estas desigualdades dan lugar a situaciones diferentes. Un ejemplo sencillo: imaginemos a dos hermanas, hijas de los mismos padres. Para que nuestro ejemplo sea más llamativo, imaginemos dos hermanas gemelas que son casi idénticas físicamente. Una tiene una magnífica voz y se convierte en una cantante famosa, ella ofrece conciertos y es aplaudida en todas partes. La otra tiene una voz disonante y es carece totalmente de encanto. Pero es una persona honesta y capaz de registrar en la guardarropía los sombreros y abrigos de las personas que asisten a los conciertos de su hermana.
¿Son ellas iguales? Es evidente que no lo son. Mientras que una tiene un gran talento artístico que desarrolló, y la otra sólo puede mantener los abrigos y sombreros en orden y tratar a los asistentes al concierto con amabilidad para recibir buenos consejos. Por lo tanto, a pesar de que ambas son iguales en todo lo que es esencial, la cantante consumada tiene derecho a un sueldo mejor que la que custodia los abrigos.
Alguien podría decir: “Siento pena por la hermana más sencilla”. Esta reacción es algo infantil y poco católica, debido a que la hermana es simple porque Dios la hizo así. Si ella es fiel a su misión, ella puede ganar un lugar mucho más alto en el cielo que su famosa hermana. Naturalmente hablando, Dios ha querido dar más a una hermana que a la otra, aunque no dio suficiente para cada una para su santificación. Dios tiene el derecho de hacer esto, y cada uno de nosotros debe aceptar el lugar que se le ha dado.
Yo sé que este principio choca con el igualitarismo moderno, pero ésta es la doctrina católica.
Por lo tanto, las desigualdades accidentales también hacen a algunos hombres más adecuados para ejercer cargos públicos que otros.
El canciller prusiano Otto von Bismarck
era de una familia de junkers
En Pomerania, una parte de Prusia, en el noreste de Alemania, hay familias terratenientes de la nobleza llamada Junkers que han ocupado esas tierras desde la Edad Media. Sucedió que esas familias siempre generaron extraordinarios oficiales militares. Una gran parte de la fama del ejército prusiano se debe a la presencia de estos Junkers. El ejército alemán durante la época de Hitler también se benefició enormemente de la presencia de dichos funcionarios. Es un hecho histórico: esas familias dieron excelentes oficiales militares.
Ahora, supongamos que un hombre pudiera decir: “Yo soy alemán y protesto contra este orden de cosas. Debemos acabar con la influencia de estas familias en nuestro ejército y que nuestros comandantes militares sean elegidos por el pueblo”. Es probable que se dudaría de la eficacia de este tipo de ejército…
También podría dar el ejemplo de las familias de artesanos suizos que durante siglos perfeccionaron sus habilidades para la fabricación de excelentes relojes. Ellos usaron sus dones para su propio beneficio, por supuesto, pero también para toda la sociedad.
Si Dios creó este misterioso fenómeno de los dones hereditarios, por el cual se transmite una capacidad específica a través de las generaciones, el aprovecharse de él sirve a bien común. Por lo tanto, es normal que los hombres naturalmente capaces de cosas superiores darían para hacer cosas superiores.
Estas diferencias son riquezas de la naturaleza dadas por Dios a los hombres que debemos conservar y utilizar, no eliminar. Cuando Rousseau afirma que todos los hombres son iguales sin distinguir lo que es esencial y lo que es accidental, erró.
La desigualdad es la ley de la perfección. El igualitarismo es la ley de orgullo satánico, que no acepta la voluntad de Dios y quiere arrasar con todo lo que sea superior.
Tercero, a estos dos puntos doctrinales debemos añadir algunos argumentos históricos. No existe absolutamente ninguna prueba de que los hombres hayan vivido alguna vez de manera aislada, al margen de la sociedad, como Rousseau imaginó. Tenemos registros históricos por un largo tiempo antes del tiempo de nuestro Señor y no hay evidencia de que los hombres hayan vivido aislados y separados unos de otros. Esto simplemente nunca ocurrió.
De generación en generación, la familia Voightde Manchester mejoró la calidad de sus violines
Incluso si tuviéramos que admitir la Teoría de la Evolución ―cosa que no hacemos― en los llamados tiempos prehistóricos cuando supuestamente los hombres vivían en cuevas, ellos ya se presentaban viviendo en grupos. De manera que el presupuesto de Rousseau de que hubo un tiempo en que los hombres no eran criaturas sociales es ficticio; ello no tiene fundamento en la realidad.
Cuarto, incluso si nuestros ancestros ​​hubieran hecho un contrato social para obedecer a una determinada forma de gobierno en su época, supongamos 2.000 años antes de Cristo en algún lugar de la Mesopotamia, yo no puedo entender por qué, 4.000 años después, nos vemos obligados a seguir esa forma de gobierno en Brasilun país que ni siquiera existía entonces. Las mentalidades, las condiciones, necesidades, y todas las circunstancias históricas son completamente diferentes.
Una vez más, la ficción de Rousseau de que deberíamos obedecer a su hipotético contrato social está completamente fuera de la realidad. Tal gobierno sería un régimen artificial impuesto por personas de un pasado muy lejano, que no tendrían relación con los tiempos actuales. Lejos de expresar la libertad de las actuales personas que componen una sociedad, establece el despotismo de los muertos ―una necrocracia, se podría decir― que no tiene ningún vínculo con nuestra vida. Este es el débil fundamento del contrato social y la esencia de la teoría de la soberanía del pueblo.
En conclusión, la noción católica de la autoridad y del gobierno afirma que quienes ejercen el poder en una de las tres formas legítimas de gobierno, representan a Dios. Por lo tanto, debemos obedecer a menos que ellos nos mandaran algo que está en contra de la Ley de Dios.
Quienes deseen recibir en versión para imprimir la serie sobre Sociedad Orgánica que hemos publicado y seguiremos publicando, puede pedirlo enviando un email al correo de contacto. Basta hacerlo simplemente indicando en asunto: Sociedad Orgánica
Fuente: TIA

domingo, 17 de junio de 2012

MONARQUÍA, ARISTOCRACIA Y DEMOCRACIA – III


MONARQUÍA, ARISTOCRACIA Y DEMOCRACIA – III
¿La autoridad representa a Dios o al pueblo soberano?
Las autoridades pueden ser malas, pero ellas representan a Dios
Plinio Corrêa de Oliveira
Consideremos una autoridad, sea un rey, un noble o un presidente de una república. Él emite una ley y ordena a sus súbditos a obedecer. ¿Por qué deben obedecer? ¿Es por temor de recibir una multa o ir a la cárcel? No hay duda, éstas son razones de prudencia para obedecerle, pero no lo explican todo.
En el fondo, el hombre que está revestido de autoridad está hecho de carne y hueso como nosotros, por lo tanto, puesto que en este sentido él es igual a nosotros, ¿por qué le debemos obedecer?
Por lo general, dos razones principales se nos suelen presentar para nuestra obediencia: una es católica y la otra es revolucionaria y neopagana.
El argumento católico
Un rey en la corte – La ley natural exige la obediencia de sus súbditos
La razón católica se basa en el hecho de que Dios creó al hombre con el instinto de sociabilidad. Hay algunos animales que se aíslan y no tienden a vivir en grupos, y hay otros que son gregarios, forman grupos. Los hombres no son gregarios sino sociales; ellos tienden a vivir en sociedad.
Hay algunas excepciones, como son los ermitaños que viven vidas aisladas, pero lo normal para el hombre es vivir juntos. Dios pudo haber creado al hombre sin este instinto, pero no lo hizo. Por lo tanto, los hombres están llamados a vivir en sociedad.
Dios también creó a los hombres para que cada uno tuviera una comprensión limitada de las cosas (ningún hombre es capaz de comprender toda la realidad que lo rodea) y ellos por lo general no están de acuerdo en todo. El desacuerdo es un factor que conduce a la división y al desorden. Por lo tanto, si la sociedad ha de estar ordenada para el bien común, tiene que haber alguien que ejerza el mando. Si no hay una persona al mando, no hay orden ni concierto, y, en último análisis, no hay sociedad. Y una vez que el hombre fue hecho para vivir en sociedad, es absolutamente necesario que exista algún tipo de gobierno. Al crearlos como seres sociales, Dios quiso que los hombres tuviesen un gobierno y una persona para que ejerciera la autoridad.
Por esta razón, cuando un hombre se somete a las leyes de un gobierno, él cumple el plan de Dios. El gobierno es ejercido en nombre de Dios, y obedecerle, es obedecer a Dios.
Alguien podría objetar: ¿pero si un gobierno manda hacer algo que está en contra de la Ley de Dios, estamos obligados a obedecer?
No, no debemos obedecer. El gobierno fue instituido por Dios primero y por sobre todo, para cumplir su santa ley. Si la autoridad designada no obedece a Dios, ella se rebela contra Dios, entonces, no se debe obedecer en ese punto.
Otra objeción: ¿Nos está diciendo que debemos obedecer a un protestante como la reina Isabel o a un comunista como Fidel Castro si estuviéramos bajo su autoridad?
Lo que estoy diciendo es que Dios no escoge a las personas que ejercen la autoridad. Él quiere que exista un gobierno, y corresponde a los hombres que en el curso de la historia elijan sus formas de gobierno como también a las personas que detentan el poder. Si la autoridad que ha sido elegida respeta y sigue la Ley Natural, entonces ella representa a Dios.
Cristo confirmó la autoridad de Pilato
No sólo la autoridad del líder representa a Dios, sino también toda otra autoridad. Todas las autoridades que siguen la Ley Natural representan a Dios: el padre para sus hijos, el marido para su esposa, el empleador para el empleado, el maestro para el alumno. Toda autoridad legítima viene de Dios, representa a Dios y gobierna en nombre de Dios.
Estas autoridades pueden abusar de su autoridad o haber sido mal elegidas, pero ellas representan a Dios.
Los emperadores del Imperio Romano eran paganos e idólatras, no obstante, cuando Poncio Pilato reprendió a nuestro Señor por no responder a la autoridad romana, Cristo le dijo: No tendrías ningún poder sobre mí, si no se te lo hubiera dado de lo alto” (Jn 19, 11). Esta frase tiene muchos otros significados, pero también significa que nuestro Señor reconoció la autoridad de los cónsules romanos y de su emperador como de acuerdo con la Ley Natural y, como tal, como la representación de Dios.
Esta es la doctrina católica respecto a la Ley Natural.
El argumento revolucionario
Contraria a esta doctrina es la teoría inventada en el siglo XVIII por los enciclopedistas, cuyo más conocido exponente es Jean-Jacques Rousseau. Esta es la doctrina de la soberanía del pueblo. Al explicar por qué los hombres deben obedecer al gobierno, Rousseau afirma que todos los hombres son iguales por naturaleza y, en consecuencia, la existencia de reyes, príncipes y nobles es un fraude. Los hombres deben gobernarse a sí mismos puesto que ningún hombre es superior a otro.
Para justificar su teoría, él afirma que en tiempos muy remotos los hombres no vivían en grupos y no tenían el instinto social. Por el contrario, cada hombre vivía aislado. En un momento dado ellos se reunieron y decidieron formar una sociedad; para hacerlo, ellos entendieron que tenían que tener un gobierno. Entonces, ellos establecieron el primer gobierno, el cual expresaba debidamente la voluntad de todos aquellos que constituían el grupo social. Por lo tanto, el gobierno mandaba en el nombre de las personas que formaron esa sociedad.
Después, los hijos, nietos y bisnietos de esas personas están obligadas a obedecer por el contrato social hecho por sus antepasados. Hoy obedecemos al gobierno por ese acuerdo que nos obliga a todos nosotros.
Es el pueblo, según  este argumento, quien gobierna por medio de los gobiernos elegidos en su nombre. En último análisis, cada uno de nosotros que obedece al gobierno está obedeciendo a su propia voluntad.
En palabras simples, esta es la esencia de la teoría revolucionaria de la soberanía del pueblo concebida por Rousseau.
Continuará… El siguiente artículo de esta serie se titula: La réplica católica a la soberanía del pueblo de Rousseau – Los hombres son iguales en teoría, pero muy diferentes en la práctica. Lo publicaremos dentro de la próxima semana.

sábado, 16 de junio de 2012

Piano Concerto No.21 in C major, K467: 2. Andante - Wolfgang Amadeus Mozart

Dejamos aquí para el deleite de los lectores esta elegantísima pieza de piano de Mozart del 2do movimiento, Andante, del Concierto para piano en C mayor N° 21. Haga clic en play
Para comprar el CD aquí: CDUniverse

viernes, 15 de junio de 2012

Mitos al descubierto. Requetés: soldados de otro siglo

Presentamos este fabuloso video documental sobre la resistencia anticomunista y católica durante la Guerra Civil Española

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús y la Contra-Revolución


Plinio Corrêa de Oliveira
Santo del Día, 4 de marzo de 1965
[En este mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, creemos oportuno publicar algunos artículos al respecto, aquí presentamos algunas palabras del Prof. Plinio]
Imagen del Sagrado Corazón venerada
por el Prof. Plinio desde su infancia
Los Sres. saben que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se encuentra en la raíz de todos los movimientos contra-revolucionarios mayores o menores, más conocidos o menos, que surgieron a partir del momento en que Santa Margarita María recibió esa revelación en el siglo XVII. Ella recibió la incumbencia de, en nombre del Sagrado Corazón de Jesús, pedir al rey Luis XIV, que consagrase Francia al Sagrado Corazón y que pusiese en las armas de Francia el Corazón de Jesús.
Con esa incumbencia se prometía al rey que desde que él se resolviese a atacar a los enemigos de la Iglesia, el Corazón de Jesús lo ampararía, conduciría su reinado a una gran gloria, etc., etc. [cfr. Marguerite-Marie Alacoque, Vie et oeuvres, Saint Paul, Paris-Fribourg, 1990, t. II, pp. 335-337, 343-344, 435-436] Lo que el Sagrado Corazón de Jesús estaba esperando de Luis XIV es que él mudase la orientación que tenía y se pusiese a la cabeza de la Contra-Revolución. Una vez que hiciese eso, habría para él un reinado de gloria y habría para Francia un verdadero apogeo, pero un apogeo católico. Es evidente que en ese caso, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se habría extendido por el mundo entero; habría habido, en Francia, clima para la predicación de San Luis Grignion de Montfort y para que también se generalizasen por el mundo entero ―San Luis Grignion de Montfort también vivió en el tiempo de Luis XIV― y se habría conseguido evitar la Revolución Francesa. Mediante ese pedido hecho al rey, la Revolución, en la forma que tenía al tiempo de Santa Margarita María, se habría estancado; la forma pésima que tomó después y que fue la Revolución Francesa, se habría evitado.
Por lo tanto, esa devoción, luego en su primer movimiento, en su primera indicación de parte del Sagrado Corazón, tiene un sentido nítidamente contra-revolucionario.

Luis XIV, a quien Jesús pidió que 
consagrara Francia a su Sagrado Corazón
El profesor Furquim, habiendo estudiado detenidamente esto, llama la atención para el hecho de que los varios movimientos contra-revolucionarios que se desarrollaron en los siglos XVIII y XIX tenían ligación con el Sagrado Corazón. Los Sres. saben que los “chouans” también llevaban el Sagrado Corazón de Jesús en el distintivo, y que esa devoción ha sido, invariablemente, preconizada por los buenos, ha inspirado a los buenos y ha sido para ellos una causa de aliento, en cuanto ha sido detestada por los malos.
¿Qué dicen los malos contra la devoción al Sagrado Corazón de Jesús? Primero una cosa que piensan ser un argumento decisivo: “¿Por qué adorar al Corazón de Jesús? ¿No podríamos hacer una linda devoción a las sagradas manos de Jesús? ¿A los sagrados ojos de Jesús? Entonces descomponemos blasfemamente a Jesús y vamos a hacer una adoración a cada parte del cuerpo. Entonces, hacemos una adoración a las orejas, que oyen todas las súplicas del hombre, a la boca, que habló, a las manos que bendijeron. Entonces, no vale la pena hacer esa devoción”.
“Después, dicen ellos, es una devoción sentimental. El corazón es el emblema del sentimiento para el sentimentalismo. Por lo tanto es una devoción sentimental sin contenido teológico y no debe ser admitida”.
En realidad, la Santa Sede, varias veces, por medio de documentos pontificios solemnes, sustanciosos, magníficos, recomendó esa devoción (por ejemplo la encíclica Inscrutabile divinae sapientiae del Papa Pío VI, en 1775); cubrió de indulgencias la devoción de los primeros viernes, vinculadas a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Ella aprobó y estimuló la construcción de iglesias, altares e imágenes en alabanza del Sagrado Corazón.
La Iglesia ha aprobado esa devoción de modo superabundante y tiene todo para merecer nuestra confianza. Por otra parte, ese argumento de que no se puede tener una devoción a cada parte del sacratísimo cuerpo de nuestro Señor, no tiene sentido ninguno. De hecho, privadamente hablando, podemos adorar a nuestro Señor en sus manos santísimas, podemos y debemos adorarlo en sus ojos infinitamente expresivos, significativos, regios, doctorales y salvadores. Pensar que con una sola mirada regeneró a San Pedro, y adorar a nuestro Señor inclusive en sus ojos divinos, evidentemente es una cosa que se puede hacer.
Apenas que la Iglesia, que tiene mucho el sentido del ridículo, y que comprende que el ridículo queda a un paso de los sublime, comprende que los espíritus vulgares tendrían facilidad en poner sarcasmo contra una cosa que así desmembrada realmente choca un poco a la sensibilidad humana, pero que nada tiene de contrario al raciocinio y que puede hacerse hasta muy adecuadamente. Por ejemplo, se cuenta de las piedras de la vía sacra ―sobre todo de una― en el camino de nuestro Señor, que tendría la marca de sus pies divinos. Al adorar sus pies divinos en cuanto pisaron la tierra para enseñar, en cuanto se cubrieron del polvo de los caminos para enseñar y salvar, para combatir el mal, adorar esos pies en cuanto sirvieron para cargar la cruz, en cuanto se llenaron de sangre para nuestra redención, en cuanto soportaron los clavos de la Pasión, es perfectamente verdadero, legítimo, necesario.
Y hasta es un lindo modo para que adoremos a nuestro Señor Jesucristo que nos unamos a las disposiciones y meditaciones de nuestra Señora, en la ocasión en que nuestro Señor fue descendido de la cruz, cuando Ella tuvo su cuerpo sacratísimo en sus brazos, exangüe. Ella contempló cada parte de ese cuerpo golpeado con un dolor, con una profundidad de conceptos, de amor, de veneración, de respeto, de cariño. Ella consideró cada una de esas partes; adoró, ciertamente, cada una de esas partes en su significación y su función especifica; midió la ofensa hecha a la divinidad en haber flagelado aquella parte y con eso ―al final de cuentas― Ella practicó esa devoción.
Por lo tanto, es apenas una cuestión de conveniencia, una cuestión de sentido de las apariencias, sentido de las proporciones, si osase expresarse así, que hace que la Iglesia no promueva la adoración de cada una de las partes del cuerpo de nuestro Señor.
¿Qué es, propiamente, la devoción al Sagrado Corazón? Es la devoción al órgano de nuestro Señor, que es el Corazón. Pero en la Escritura, el corazón no tiene el significado sentimental que tomó más o menos a finales del siglo XVIII, y con certeza en el siglo XIX; no expresa el sentimiento. Cuando la Escritura dice: “A ti te di mi corazón: yo te buscaré”, el corazón ahí es la voluntad humana, es el propósito humano, es propiamente, la santidad humana. Ahí cuando nuestro Señor dice eso, dice: “en mi voluntad santísima, Yo quiero”. El Evangelio dice: “Nuestra Señora guardaba todas esas cosas en su corazón y las meditaba”. Los Sres. perciben que no es el corazón sentimental, sino la voluntad de Ella, el alma de Ella que guardaba aquellas cosas y pensaba sobre ellas. El corazón es la voluntad de la persona, su elemento dinámico que considera y pondera las cosas. El Sagrado Corazón de Jesús es la consideración de eso en nuestro Señor, simbolizado por el corazón, porque todos los movimientos de la voluntad del hombre pueden tener en el corazón una repercusión. En ese sentido, entonces, es el órgano adecuado para expresar eso. Y es en ese sentido, entonces, que se adora al Santísimo Corazón de Jesús.
Por correlación, por conexión, existe la devoción inmensamente significativa del Inmaculado Corazón de María. El Inmaculado Corazón de María es un sagrario dentro del cual encontramos al Sagrado Corazón de Jesús.
A esa devoción nuestro Señor prometió un caudal de gracias. Comenté el año pasado las promesas del Corazón de Jesús a quien hiciere los nueve primeros viernes. Lo más notable de esas promesas es que las almas que hicieren los nueve primeros viernes no morirán sin tener la gracia especial de arrepentirse antes. No quiere decir que ellas ciertamente irán para el cielo. Quiere decir que tendrán una gran gracia antes de morir; no quiere decir que van percibir que van a morir, sino que en el momento relacionado con la muerte, ellas tendrán una gran gracia, tan grande que se pueden tener de su salvación todas las esperanzas.
Inmaculado Corazón de María
Los Sres. comprenden cuánto empeño hay en la Iglesia en que esa devoción sea conocida, sea apreciada, sea medida con la razón, porque devoción sentimental no tiene sentido. Devoción varonil es la que procura conocer la razón de ser de la cosa y ama aquello por su razón de ser; así es que un hombre y una mujer fuerte piensas a respecto de las cosas de piedad. Entonces pensar en eso significa que dirijamos nuestra alma al Corazón de Jesús como fuente de gracias, calculadas para la época de Revolución, calculada para las épocas difíciles que deberían venir y pedir que el Corazón de Jesús, regenerador por la sangre y por el agua que de Él salió, nos lave. Esto es propiamente la oración magnifica que se debe considerar en los viernes y, sobre todo, en el primer viernes del mes, y en el Viernes de la Pasión.
Así, termino insistiendo en este punto. Ya hablé que aquel centurión que perforó un una lanza el Corazón de Jesús, al practicar ese acto de violencia contra ese verdadero sagrario que era el Corazón Sagrado de Jesús, salieron del costado de nuestro Señor sangre y agua, una parte cayó en sus ojos, y él inmediatamente se curó y recuperó la vista. Para nosotros eso es altamente elocuente.
Quiere decir que quien tiene devoción al Sagrado Corazón de Jesús puede pedir una gracia igual, no para la vista física, de la cual, gracias a Dios, ninguno de nosotros carece, sino para la vista mental, si queremos tener el sentido católico y de la Contra-Revolución, si queremos tener la percepción de cómo la Revolución y la Contra-Revolución trabajan en torno de nosotros, si queremos tener el sentido para distinguir en nosotros lo que es revolucionario y contrarrevolucionario, si queremos tener conocimiento de nuestros defectos, si queremos tener conocimiento de las almas de los otros para hacer bien a los otros, si queremos tener un buen discernimiento para los estudios, si queremos tener la distancia psíquica para tener equilibrio mental y nervioso y para curarnos ―cuanto sea posible― de las perezas de todo orden, podemos y debemos recurrir al Sagrado Corazón de Jesús que, con una gracia brotada de Él ―como el agua que curó al centurión― pueda eliminar la ceguera de nuestras almas, porque estamos llenos de cegueras de todos los grados y tipos.
Pidamos al Sagrado Corazón de Jesús, por intermedio del Corazón Inmaculado de María ―porque sólo así, por intermedio de nuestra Señora es que se obtiene de Él las gracias que nos curen de esa múltiple ceguera―, y habremos hecho un esplendido pedido y estaremos camino de conseguir una gracia magnífica.
El presente texto es una adaptación resumida de la transcripción de la grabación de una conferencia del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, no ha sido revisada por el autor.
Si el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira estuviese vivo, ciertamente pediría que se colocase explícita mención de su filial disposición a rectificar cualquier discrepancia en relación al magisterio de la Iglesia. Es lo que referimos aquí, con sus propias palabras:
“Católico apostólico romano, el autor de este texto se somete con filial celo a la enseñanza tradicional de la Santa Iglesia. Si, por lapso, ocurra que algo no está conforme a aquella enseñanza, desde ya la rechaza categóricamente”.
Las palabras “Revolución” y “Contra-Revolución”, son aquí empleadas en el sentido que les da el Prof. Plínio Corrêa de Oliveira en su libro “Revolución y Contra-Revolución”, cuya primera edición fue publicada en el Nº 100 de "Catolicismo", en abril de 1959.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...