domingo, 31 de mayo de 2009

Santo del día 30 de mayo

Santa Juana de Arco
Por Plinio Corrêa de Oliveira

Nota biográfica:El 30 de mayo de 1431, la víspera de la fiesta de Corpus Christi, Juana fue llevada a la antigua plaza del mercado de Rouen. Fue atada a un poste rodeado de un montón de leña lista para ser encendida. De su cuello colgaba una placa con las palabras: “hereje, apóstata e idólatra.” Una gran multitud se presentó en la plaza. Seiscientos soldados ingleses la custodiaban.
Cuando llegó al lugar, ella pidió una cruz. Un soldado inglés rompió una lanza, ató los dos pedazos en forma de cruz y se la dio. Después de recibir el precioso símbolo fue atada al poste sobre la leña. Entonces ella invocó en voz alta al arcángel San Miguel. El verdugo encendió la leña empapada en aceite y el fuego creció furiosamente de abajo hacia arriba. Envuelta en llamas, Juana gritó fuertemente, reafirmando su fidelidad a su misión: “¡Yo no estaba equivocada, las voces venían de Cielo!”
En pocos minutos, todo estaba terminado. Las cenizas fueron barridas hasta las aguas del río Sena. Incluso el corazón de la doncella, que permaneció intacto ya que no había sido quemado por las llamas, fue lanzado al río.
Comentario del Prof. Plinio:Podemos comentar varios puntos de este tan hermoso martirio.
Primero, la injusticia de la sentencia en la placa que colgaba de su cuello causa indignación. Ella era una santa – una virgen que cumplió la misión que Dios le dio de salvar al pueblo de Francia. Y ahora iba a ser quemada en la hoguera por orden del arzobispo francés Cauchon, el presidente del tribunal, por una razón infame. Para entender la importancia de esto, pregunto a ustedes, que han ofrecido sus vidas para luchar contra el Progresismo, imaginar que sean condenados con un letrero alrededor del cuello con la palabra “progresista” escrita en él. Sería una injuria injusta análoga, del mismo tipo, una mentira similar.
Entrada triunfal de Santa Juana y el ejército francés en Orleans
Segundo, están sus palabras acerca de las voces que provenían del cielo. Ella solía decir que aquellas voces venían a ella desde el cielo; y que siguiendo las órdenes de esas voces a través de la fuerza que le comunicaban, ella había realizado la maravillosa obra que hizo – la liberación de Francia y la restauración del Rey legítimo.
En cambio, el tribunal que la juzgó – un tribunal mixto, eclesiástico y civil – afirmó que todas las maravillosas victorias que había logrado contra las tropas inglesas fueron realizadas a través de la brujería. Dijeron que el ejército inglés había sido derrotado porque ella había hecho un pacto con el diablo. Por lo tanto, según ellos, las voces provenían del infierno.
El problema entonces, no era determinar si las voces eran verdaderas o no. Nadie cuestionó este hecho, porque ellos todavía no estaban aún bajo la nociva influencia de la duda sistemática del protestantismo. La gente tenía fe y sabían que este tipo de comunicaciones no eran raras. El problema era que el tribunal tenía que decir que las voces venían del infierno porque no favorecen al reino de Inglaterra. Fue por esta razón que Juana fue condenada como una hereje, una bruja, etc.
Justo antes de ella expirar, cuando ella se preparaba para presentarse ante el tribunal de Dios, ella dio otra manifestación de su santidad. ¿Qué hizo ella? Ella pidió una cruz – una cruz, porque hacer un juramento en presencia de la cruz es mucho más grave. Una guerrera hasta el final – ella murió luchando. Ella no murió dócilmente, permitiendo que sus enemigos la matasen, ella murió pronunciando un desafío, una protesta, y un estímulo para la resistencia francesa contra la dominación inglesa. Ella gritó diciendo:
“Franceses, seguid luchando, porque las voces en cuyo nombre yo os llevé a la victoria, en verdad os digo que eran voces que venían del Cielo. El Cielo os dará, por lo tanto, la victoria completa.”Para esta proclama, ella escogió el momento más perfecto, trágico y supremo, el momento en que ella ya estaba siendo consumida por el fuego. Los miembros del tribunal estuvieron presentes en la escena, los soldados ingleses hacían guardia, el pueblo católico observaba. Fue atada al poste, las llamas fueron creciendo rápidamente ya que la leña estaba empapada en aceite. El fuego crecía de abajo hacia arriba, por lo que aún no habían llegado a las partes vitales de su cuerpo.
En ese momento crucial, ningún lamento de dolor, ningún pedido de piedad brotó de sus labios. Ella llamó en voz alta a San Miguel, probablemente para pedirle fuerzas al arcángel – su gran protector – para hacer lo que haría. Después de aquello, al igual que Nuestro Señor que gritó en voz alta antes de Él expirar, ella también gritó en voz alta, una voz que pudo ser oída en toda la plaza. Era su grito de protesta:
“Sabed esto, todos ustedes – amigos y enemigos, hombres de mi tiempo y hombres del futuro hasta el fin del mundo – sabed que las voces que yo he escuchado venían del Cielo. Con esta última proclama, mi misión está cumplida.”Este testimonio dado en la hora de su muerte es un supremo acto de heroísmo – más digno que su entrada triunfal en Reims junto al Rey que sería coronado ahí, más glorioso que su primera entrada triunfal en Orleans y más espléndido que todas sus hazañas épicas. ¡Gritar en el momento en que su alma abandona la tierra para ser juzgada por Dios es maravilloso!
La ejecución de Santa Juana
Tercero, que las llamas consumieran su cuerpo salvo su corazón, es también algo muy hermoso. Para tener corazón no hay que ser sentimental. Para tener corazón hay que tener fuerza de alma, gran valor, amor a las cosas elevadas, amor a la misión sobrenatural que Dios nos dio. Y si hubo alguien que tuvo corazón, ese fue Santa Juana de Arco. Por eso el hecho hermoso: el cuerpo fue consumido por el fuego, pero no su corazón. Fue un milagro del cielo para confirmar lo que ella había afirmado sólo minutos antes, que las voces venían del Cielo. Ella ya estaba en el Cielo, pero su corazón todavía estaba en la tierra para confirmar la verdad de que ella había hablado.
El comandante inglés comprendió muy bien el peligro que significaba conservar ese corazón. Ellos sintieron de manera muy profunda la devoción que ese corazón inspiraría, y tenían un gran temor de que ese corazón, al igual que los judíos tenían del cadáver de Nuestro Señor por lo que enviaron guardias a vigilar el sepulcro. Por esta razón, el inglés lanzó su corazón al río. Esta es la característica dureza de los perversos que no debería sorprendernos.

El Santo del Día son comentarios sobre las características más destacadas de la vida de los santos que San Juan Bosco acostumbraba a hacer a sus alumnos de su colegio. Siguiendo su ejemplo, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira tenía la costumbre de de hacer un comentario sobre la vida de los santos en una reunión a jóvenes todas las tardes con el fin de fomentar en ellos la práctica de la virtud y el amor a la Iglesia Católica. Los textos de los datos biográficos y los comentarios provienen de notas personales tomadas por el Sr. Atila S. Guimaraes (editor de Tradition in Action) de 1964 a 1995.

viernes, 10 de abril de 2009

Meditación de Semana Santa

Los reproches de la Pasión - III
Por Plinio Corrêa de Oliveira
El octavo reproche es el siguiente:
“Pueblo mío, ¿qué te hice yo? o ¿en qué te he contristado?, respóndeme. Yo te alimenté con el maná en el desierto; y tú me heriste con bofetadas y azotes.”
El maná del cielo era una exquisita comida que tenía muchos sabores delicados. La persona podía comer tanto como él quisiera sin sentir hostigamiento. Caía del cielo en abundancia y fortificó al pueblo Hebreo durante su marcha a través del desierto. La gente sólo tenía que recogerlo del suelo donde había caído; no había que hacer ningún otro esfuerzo.
El maná era un símbolo de la Santa Eucaristía, que tiene todos los exquisitos sabores deseados por cada alma. Ella abre nuestro apetito espiritual para recibir más gracias y está ahí sin cesar para que la podamos disfrutar. Nos aporta abundantes gracias para fortificarnos en nuestro peregrinaje terreno. No hay que trabajar para tenerla, viene para nosotros por los méritos de Nuestro Redentor.
¿Cómo pagamos a Nuestro Benefactor por este don tan precioso? Le retribuimos con bofetadas y azotes.
¿A qué bofetadas y azotes se refiere aquí? Son los rechazos que hacemos cuando la Santa Madre Iglesia nos llama a cumplir nuestro deber como católicos. Ella nos llama a defender la fe negada por tantas personas; Ella nos pide sostener la moral que está siendo pisoteada por todo tipo de acciones criminales; Ella nos pide preservar su Liturgia que está siendo profanada, Ella nos pide defender su Exégesis que está siendo corrompida. En resumen, nos pide defender todas sus Tradiciones que están siendo destruidas por el progresismo.
Cuando Ella nos recuerda nuestro deber como católicos de defenderla, a menudo le damos la espalda como si le dijéramos: “Ese no es mi problema. Tengo otras cosas que hacer.” Este tipo de respuesta no es sólo un acto de egoísmo y cobardía, sino un golpe en el rostro de Nuestro Señor. Es un golpe con un látigo sobre su espalda en el Camino de la Cruz.
Pidamos a Nuestra Señora, que fue siempre fiel a todo lo que Dios le pidió, que nos dé coraje para enfrentar nuestro deber, para aceptar y cumplir lo que podría ser un consuelo a Nuestro Señor en su Pasión, y que no le causemos más golpes en su rostro y azotes en su espalda.
El noveno reproche es el siguiente:
“Pueblo mío, ¿qué te hice yo? o ¿en qué te he contristado?, respóndeme. Yo te di de beber del agua saludable que saqué de la piedra; y tú me diste a beber hiel y vinagre.”
Cuando el pueblo Hebreo pasó sed en el desierto, Moisés tocó una piedra y salió milagrosamente agua de ella. En vez de ser agradecidos con este milagro, el pueblo judío dio a Nuestro Señor hiel y vinagre cuando Él sufrió sed en lo alto de la Cruz.
La aplicación que podemos hacer a nuestra vida espiritual es el mismo comentario hecho en relación al tercer reproche. Debemos dar a Nuestro Señor el agua de la reparación por las ofensas que recibe, pero en cambio, mostramos ingratitud. Le damos de beber hiel y vinagre.
El décimo reproche es el siguiente:
“Pueblo mío, ¿qué te hice yo? o ¿en qué te he contristado?, respóndeme. Por ti herí a los reyes de los cananeos; y tú con una caña heriste mi cabeza.”
Dios favoreció los ejércitos del pueblo Hebreo, y derrotó a todos los reyes paganos que ocupaban la Tierra Prometida. La final y completa victoria sobre los reyes enemigos fue alcanzada por el rey David, que estableció el reino de Israel en su período más glorioso. Para lograr esto, Dios obró muchos milagros y castigó a aquellos reyes enemigos de muchas maneras. Es decir, Él golpeó en la cabeza a sus enemigos.
¿Cuál fue la retribución? En lugar de exaltar a su Dios, Nuestro Señor Jesucristo, el pueblo judío lo trató como un bandido. Aún más, golpeó su cabeza con una vara.
Este tipo de pecados contra la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor, se refiere a los pecados de las élites, de los jefes de las esferas espiritual y temporal.
¿Somos parte de la esfera espiritual o temporal? ¿Cuántas veces aprobamos leyes que estaban en contra de los principios católicos? ¿Cuántas veces hemos causado escándalo a nuestros subordinados?
Incluso, si no nos encontramos dentro de las elites, ¿cuántas veces aprobamos leyes y escándalos que venían de arriba? En lugar de protestar contra ese tipo de ultrajes, ¿cuántas veces guardamos silencio de manera que podamos disfrutar indolentemente de la vida?
Si hemos hecho estas cosas o tolerado con indiferencia las ofensas de los demás, hemos golpeado la cabeza de Nuestro Señor con una vara.
Los principios católicos no sólo deben aplicarse a algunos aspectos de la religión, sino en todas las áreas de nuestra vida temporal y espiritual. La sociedad temporal debe construirse sobre esos principios.
Pidamos a Nuestro Señor que nos ayude a comprender cómo aplicar los principios católicos a la sociedad temporal y a luchas por implantarlos en todas partes.
Esta es la mejor reparación que podemos ofrecer por nuestros pecados y omisiones a este respecto.
El undécimo reproche es el siguiente:
“Pueblo mío, ¿qué te hice yo? o ¿en qué te he contristado?, respóndeme. Yo te di un cetro real; y tú pusiste en mi cabeza una corona de espinas.”
El pueblo judío era una simple tribu, ni siquiera una nación reconocida. Porque fueron fieles a su vocación, Dios los hizo una gran nación y un gran pueblo en tiempos de David y Salomón. Se hicieron respetables en todas partes.
¿Qué hicieron en retribución? Cuando Él vino a ellos, en lugar de hacerlo su Rey, lo despreciaron. Le dieron una corona de espinas en vez de una corona real.
Una vez más, este reproche se hace con una lógica implacable que no deja ninguna salida. Pero también es un llamamiento a reconocer la profunda ingratitud ofrecida frente a esa bondad y a arrepentirnos de ello.
El sufrimiento de la coronación de espinas es un símbolo de los pecados y de la ingratitud de los que tienen posiciones de autoridad o de influencia sobre los otros – los padres, los empresarios, y los religiosos, como también todos los superiores temporales. Los jefes de las instituciones deben siempre tomar posición de glorificar a Nuestro Señor Jesucristo. Si hacen lo contrario, están coronando con espinas su cabeza.
Esas espinas son las malas órdenes que cada uno de nosotros hemos dado o la mala influencia que hemos ejercido sobre nuestros subordinados. Ellos deben recibir la verdad y el bien de nosotros, pero en cambio, los hemos inducido al error e influenciado a cometer pecados.
¿He sido siempre un buen padre? ¿O les recomendé a mis hijos seguir el camino más fácil y popular que era un camino equivocado? ¿Cuántas veces he influenciado a las personas a seguir los caminos del mundo en lugar de cumplir sus deberes ante Dios? ¿Les enseñé siempre a mis estudiantes la purísima doctrina católica, o les enseñé lo que era más conveniente y popular para mi carrera?
Cada vez que hemos influenciado a alguien a hacer cosas malas, hemos coronado con espinas la cabeza de Nuestro Señor.
Debemos ver esto, arrepentirnos de ello y reparar el mal hecho.
El duodécimo y último reproche es el siguiente:
“Pueblo mío, ¿qué te hice yo? o ¿en qué te he contristado?, respóndeme. Yo te ensalcé con gran poder; y tú me levantaste al patíbulo de la Cruz.”
El pueblo judío llegó a tener un considerable grado de influencia en varios Imperios del Mundo Antiguo. José y luego Moisés fueron escogidos para ser lo que equivale a un primer ministro de los Faraones del Imperio Egipcio. Daniel fue asesor personal de Nabucodonosor, monarca del Imperio Babilónico y posteriormente se convirtió en el asesor de Cyrus, el jefe del Imperio Persa. Ester se casó con el rey Asureus y se convirtió en reina de los Persas y Medos. Estos son sólo algunos ejemplos de la influencia y el poder que los judíos adquirieron a través de quienes fueron fieles a Dios.
Pero en vez de reconocer cómo Dios los exaltó, el pueblo judío levantó a Nuestro Señor sobre la Cruz, exponiéndolo a la execración y desprecio general.
El continente elegido de la Nueva Alianza fue Europa. Mientras fue fiel a Nuestro Señor, Europa creció en poder e influencia hasta convertirse en la luz que iluminó el mundo entero. Todas sus maravillas fueron porque Dios estaba con él.
Pero, ¿cómo recompensó Europa todos aquellos privilegios recibidos? Fue desagradecida. Creó la Revolución para destruir la Cristiandad. A partir de entonces, marchó inexorablemente para evitar a Nuestro Señor. No contentos con la destrucción de la Cristiandad, los dirigentes de la Revolución introdujeron los mismos errores revolucionarios dentro de la Iglesia Católica, a fin de destruirla como si ello fuese posible. Es decir, Europa crucificó a Nuestro Señor nuevamente, como los judíos lo habían hecho antes.
¿Cuántas veces hemos colaborado con esta destrucción de la Cristiandad en nuestros países? Como descendientes de los europeos, ¿cuántas veces negamos la herencia de la cristiandad que llevamos en nuestra sangre y en nuestra alma? ¿Cuántas veces por acciones u omisiones fuimos cómplices en la destrucción de la Iglesia Católica por nuestra adhesión a los principios modernistas y progresistas que dirigen esta demolición?
Debemos pedir a la Virgen que nos ayude a entender la magnitud de las consecuencias de nuestros pecados e implorarle que nos ayude a cambiar nuestras vidas para agradar a Nuestro Señor y a Ella en esta tierra para que podamos estar con ellos eternamente en el cielo.
Estos Reproches de la Pasión hacen despertar en nosotros una muy seria y gran compasión. Pero no deben crear una sensación de frustración y desaliento.
Incluso si estamos en una posición de miseria y culpabilidad, desde lo alto de la Cruz Nuestro Señor nos muestra su rostro de misericordia. Por esta razón la Iglesia canta estos improperios durante la ceremonia de adoración de la Santa Cruz. Nos invita a arrepentirnos y a retornar por el buen camino.
Él es Dios de misericordia. Él tiene piedad de nosotros y quiere que nos salvemos. Nuestro Señor quiere que yo esté junto a Él por toda la eternidad. Es por esta razón que derramó su sangre por mí.
Por los méritos de su Santa Sangre y las lágrimas de Nuestra Señora de los Dolores, debemos pedir la gracia de cambiar nuestras vidas y ser fieles a lo que Ellos pidan de nosotros.
Terminemos pues esta meditación llenos de compasión y esperanza.

jueves, 9 de abril de 2009

Meditación de Semana Santa

Las tres caídas de Nuestro Señor y los tres grados de agotamiento

Por Plinio Corrêa de Oliveira

Uno podría preguntarse ¿por qué Nuestro Señor cayó tres veces a lo largo del Camino de la Cruz y no dos o cuatro? Creo que hay una razón para las tres caídas, ya que todo en la vida de Nuestro Señor y su Pasión tienen un profundo significado.
Sin pretender ser un exégeta, creo que esas tres caídas revelan los tres crecientes grados de agotamiento que Nuestro Señor experimentó, que deberían ser meditados y servir de modelo para nosotros.
Cuando uno analiza el legítimo cansancio de un hombre – no estoy considerando el vicio de cansancio del perezoso porque Nuestro Señor no tenía sombra de vicio alguno – se puede decir que hay tres grados diferentes.
En el primer grado, una persona que lleva el peso de la misión cargada sobre sus hombros siente que toda su fuerza física se ha agotado, y cae bajo su carga. Tendido en el suelo bajo ese peso él experimenta un natural alivio y recupera un poco de aliento. Después piensa: “¡Qué carga pesada! ¡No puedo levantar esta carga de nuevo! Sin embargo, es necesario para mí seguir adelante y yo deseo con todo mi corazón seguir llevándola. Quiero aprovechar este esfuerzo, este acto de dedicación, hasta su fin.”
Entonces, si él no se da por vencido y quiere continuar llevando su peso, empieza a buscar cualquier reserva de energía que él no haya considerado y tiene en su vida normal. Encuentra algunas, saca esas energías desconocidas juntas para hacer un nuevo esfuerzo, y se levanta de nuevo.
El continua llevando el peso hasta que alcanza el segundo grado de agotamiento, cuando cae de nuevo. Agobiado por el peso de esta segunda fase de cansancio, él piensa: “He utilizado todos los restos de fuerza que tenía y ahora caigo postrado como resultado de esta enorme fatiga. Mis últimas energías se han agotado. A pesar de ello, quiero continuar.”
Medita sobre la nobleza y santidad de la meta que él persigue, y al mismo tiempo ve que se enfrenta a la imposibilidad de continuar. Siente desánimo y perplejidad. ¿Dónde va a encontrar la fuerza para seguir llevando el peso que el deber le impone?
En esta etapa reza y dice: “Mi Madre, ayúdame ahora sino no voy a poder hacer lo que se ha pedido de mi.” Busca en la profundidad de su alma algunos restos de fuerza y encuentra que todavía que dar. Así, con la ayuda de una fuerza sobrenatural más que con sus propias fuerzas, él se levanta de nuevo.
Por segunda vez se levanta de su caída y sigue. El continúa un poco sorprendido, porque no se había dado cuenta que sería capaz de seguir llevando su carga. El se arrastra a sí mismo más de que camina, pero sigue adelante, porque está decidido llegar hasta el final. Con esta convicción él avanza aún más.
Luego cae por tercera vez, lo que representa el tercer grado de agotamiento. El está inmerso en la miseria, él se siente agotado, como un saco vacío, con ni siquiera una gota de energía que le quede. Pero él persevera. El mira dentro de sí mismo y piensa: “Yo todavía puedo esperar contra toda esperanza.” Motivado más por la perseverancia moral que por la fuerza física, él se levanta, pero no está en condiciones de dar otro paso. Es el momento de la confianza ciega, la noche obscura, la total inmolación. Da el último aliento de su alma. Al mismo tiempo, él tiene una visión más lúcida de su ideal y hace el máximo acto de su amor. El se da completamente. Está listo para ser crucificado.
Cuando Nuestro Señor llegó hasta esta tercera etapa, Dios le envió a Simón de Cirene para llevar su Cruz, porque Él ya no podía soportar su peso.
Estas son las tres etapas de agotamiento y las tres etapas de la dedicación humana.
En la medida que un hombre se conquista a sí mismo, levantándose de sus sucesivas caídas, él brilla con nuevos grados de belleza moral. Es la belleza de la abnegación que atrae a los otros. Cuando el alma llega a este último límite de dedicación, cuando él ha dado todo lo que puede dar, entonces él está preparado para atraer a muchas otras almas para sí mismo. Por esta razón, después de que Nuestro Señor recorrió el Camino de la Cruz, Él estaba preparado para ser visto en la Cruz por todos los pueblos de la Historia y atraerlos. Él había pasado a través de su completa inmolación.
Cuando Nuestro Señor fue crucificado, la parte del sacrificio que dependía de su voluntad terminó. Entonces, la parte del sacrificio más sublime y atroz comenzaría, durante la cual Él sufriría inmensamente más. Pero la acción de llevar su Cruz había terminado. Desde entonces, Él se acostó sobre la Cruz y la Cruz lo llevó a Él. Él no la cargó más. Él había atravesado por completo su inmolación interior.
En nuestra vida espiritual, debemos llevar nuestras cruces. Nuestro Señor quiere que llevemos nuestros sufrimientos sobre nuestros hombros, tomemos la iniciativa y que caminemos hacia la completa, triste, trágica y terrible renuncia a la que estamos llamados a pasar a fin de cumplir nuestra misión.
Después de que demos la prueba de consumir todas nuestras energías a fin de alcanzar la meta, después de que estamos en una etapa de completo agotamiento, entonces Él envía a alguien para que nos ayude a caminar el resto de nuestro camino y Él permite que seamos crucificados en el cumplimiento de nuestro deber. Nos identificamos con esa carga para siempre. Nuestro combate termina y ganamos nuestra gloria – como Él lo hizo.

jueves, 2 de abril de 2009

Meditación para la Cuaresma

Los reproches de la Pasión - II

Por Plinio Côrrea de Oliveira

El tercer reproche es el siguiente:
“¿Qué más debí hacer por ti que no lo haya hecho? Yo te planté como viña mía hermosísima; y tú has sido para mí muy amarga, pues apagaste mi sed con vinagre, y abriste con una lanza el costado a tu Salvador.”
Este reproche está dirigido al pueblo Judío. Dios plantó al pueblo electo en la Tierra Prometida como un viñedo de gran excelencia. Dios no plantó una viña común, Él escogió cultivar una de gran calidad. Esta viña estaba destinada a convertirse en dulces uvas y en un vino superior, pero en cambio produjo un fruto amargo, amargo más allá de toda imaginación.
Él da dos ejemplos. Cuando tuvo sed, no le dieron buen vino o incluso simple agua para beber, sino que le dieron vinagre. Cuando Él estaba muerto y colgando de la Cruz, en lugar de recibir algún consuelo de sus hijos, ellos enviaron a un hombre para perforar el costado de su Salvador. Aquella lanza atravesó el Corazón del Nuestro Señor, el símbolo del amor para con ellos, y la última gota de sangre fluyó de su Sagrado Cuerpo. Es decir, la crueldad alcanzó su ápice. Esta fue la ingratitud del pueblo Judío.
Este reproche no es hecho sólo para los Judíos, sino también para nosotros. ¿Cómo debemos entenderlo? Cada uno de nosotros es una viña especial que Nuestro Señor plantó en el más precioso terreno de la Iglesia Católica. Después de la Sede de San Pedro, el lugar que más quiero es la pila bautismal por medio del cual he entrado en la Iglesia Católica. Allí recibí la más preciosa gracia de mi vida, que es ser plantado por Nuestro Señor en la viña de la Iglesia Católica. Esto es mucho más que entrar en la Tierra Prometida. La Iglesia es la patria de mi alma.
Habida cuenta de este gran beneficio, yo debería haber producido la más dulce fruta, yo debería haber seguido sus mandamientos, yo tenía que haberlo amado y obedecido completamente a Él. Yo nunca debía haberme desviado de Él siquiera un minuto. Pero mi vida no fue así. Hice cosas que lo ofendieron, he pecado. Me convertí en una uva amarga que mal paga el cuidado de Quien solícitamente la plantó. Peor que eso, Nuestro Señor necesitaba mi ayuda, cuando Él necesitaba la pura y limpia agua de una honesta reparación, yo estaba tibio e indiferente. Le di a beber vinagre.
Después que Él murió por mí, yo pequé. Mi pecado le atravesó el corazón con la frialdad de mi egoísmo y la dureza de mi impenitencia. Me convertí en la lanza del soldado que atravesó el Corazón del Redentor. Yo extraje la última gota de sangre de su Sagrado Cuerpo.
La tradición nos cuenta que Longinus, el soldado romano que introdujo la lanza en el corazón de Nuestro Señor, estaba casi ciego. Después que él empujó su lanza en el Corazón de Cristo, brotó un poco de sangre y agua que le cayó en el rostro y tocó sus ojos. El fue curado inmediatamente de su ceguera y se convirtió como consecuencia. Se convirtió en un santo, durante toda su vida San Longinus se arrepintió por este hecho.
Así como Él perdonó la crueldad y curó la ceguera de Longinus, debemos pedir a Nuestro Señor que perdone nuestra dureza, frialdad, ceguera e ingratitud y nos de la gracia del arrepentimiento y ser santos para amarlo y servirlo correctamente.
El cuarto reproche es el siguiente:
“Pueblo mío, ¿qué te hice Yo? O ¿en qué te he contristado?, respóndeme. Yo por ti descargué mi azote sobre el Egipto y sus primogénitos; y tú, habiéndome azotado, me entregaste.”
Cuando los Judíos estaba en Egipto, Dios envió una plaga para convencer al Faraón que liberase al pueblo Judío. Dios mató a todos los primogénitos de Egipto. Fue un flagelo que castigó a la nación más importante y rica de ese tiempo. Fue el mayor milagro que Dios ordenó realizar a los ángeles a través de Moisés, y también fue decisivo, porque después de aquello el Faraón dejó al pueblo Judío en libertad.
Es interesante ver cómo Dios considera este castigo que Él hace sobre un pueblo como una misericordia para su pueblo. De acuerdo con la actual errónea noción sentimental de Dios, Él nunca enviaría un castigo a nadie porque eso sería contra la “bondad divina”. Esto no es lo que enseña la Iglesia Católica en estos reproches de la Pasión. Dios fue infinitamente bueno cuando castigó a los Egipcios, tanto es así, que este hecho se presenta como uno de los hitos de su conmovedor amor por su pueblo. Es útil ver, de paso, cómo el liberalismo está corrompiendo nuestras mentes.
Dios fue extremadamente misericordioso en la liberación de su Pueblo elegido y les permitió ir libres para cumplir con su misión, que era prepararse para la venida del Mesías. Sin embargo, cuando Nuestro Señor vino, en lugar de recibirlo como debería haber sido, lo entregaron para ser azotado por los romanos.
Es una contradicción conmovedora: Dios azotó al pueblo más poderoso de ese tiempo, los egipcios, para liberar a los Judíos; y los Judíos encarcelan a Nuestro Señor y lo entregan a los romanos, el pueblo más poderoso de ese tiempo, para ser azotado.
¿Cuántas veces nuestro respeto humano y miedo servil a la opinión pública nos lleva a comprometer los principios católicos? ¿Cuántas veces hemos dejado de lado y reído de las costumbres católicas a fin de acomodarnos en el mundo revolucionario? ¿Cuántas veces hemos atacado las costumbres tradicionales de la Cristiandad, a fin de seguir la moda del momento?
Cada vez que hicimos una de esas cosas fueron azotes contra Nuestro Señor; laceramos su purísima carne; hacíamos que su sangre divina se derramara sobre el suelo; ridiculizamos su realeza como Señor del universo. Debemos estar convencidos de nuestra cobardía, arrepentirnos y pedir a la Virgen que nos de fuerza y valentía para afirmar los principios católicos ante el mundo.
El quinto reproche es el siguiente:
“Pueblo mío, ¿qué te hice Yo? o ¿en qué te he contristado?, respóndeme. Yo te saqué de Egipto sumergiendo a Faraón en el Mar Rojo; y tú me entregaste a los príncipes de los sacerdotes.”
El Faraón era considerado el símbolo del Diablo, porque él fue el mayor poder terrenal de aquel tiempo y quiso destruir al pueblo elegido, que tenía la semilla de la promesa, el Masías. Los Judíos fueron liberados por Dios del Faraón, que los persiguió. Dios ahogó a los egipcios en el Mar Rojo. En vez de ser agradecidos por ello y por la Redención que Nuestro Señor traería en breve a toda la humanidad, los Judíos entregaron a Nuestro Señor a los sumos sacerdotes para ser asesinado. Es decir, tanto los sumos sacerdotes como el pueblo elegido actuaron como partidarios del Diablo. El pueblo había sido simbólicamente liberado del Diablo por el ahogamiento del Faraón en el Mar Rojo, al igual como ellos serían liberados de hecho cuando Nuestro Señor ahogase el poder del Diablo por su Redención.
Es otro conmovedor y contradictorio ejemplo de ingratitud. Que también tiene una aplicación para nosotros hoy.
¿Cuántas veces, en nuestro deseo de complacer a los sacerdotes del mal, nos olvidamos de seguir a Dios? ¿Cuántas veces seguimos sus teorías progresistas y su moral relajada sin el menor análisis, sólo porque eran los sacerdotes? ¿Cuántas veces hemos hablado en contra e incluso difamado a los buenos católicos que representan la causa de Nuestro Señor Jesucristo para complacer a este o aquel eclesiástico que odia a los buenos católicos? ¿Cuántas veces hemos obedecido ciegamente a los malos sacerdotes en lugar de Nuestro Señor?
Por una parte, debemos recordar siempre que los sacerdotes son otros Cristos y los Obispos son príncipes de la Iglesia, sucesores de los Apóstoles. Como tales, merecen el máximo respeto y obediencia. Por otro lado, no podemos olvidar que muchas veces en la historia fueron los líderes de las herejías y los que hicieron compromisos morales que dejaron a los fieles a las peores consecuencias. El ejemplo de los sumos sacerdotes de la Sinagoga tramando la muerte de Nuestro Señor está ahí para enseñarnos esta lección.
Por lo tanto, no es suficiente para nosotros seguir a los eclesiásticos sin importar lo que son o enseñan, sino que es necesario discernir lo que no merece ser seguido. De lo contrario vamos a entregar nuestra alma a la muerte, y vamos a entregar a Nuestro Señor a otra crucifixión.
Inspirados en este reproche, debemos pedir a la Virgen que nos dé todo el respeto posible al Clero y a la Jerarquía, pero que también nos dé una vigilancia coherente y una fuerte determinación de no seguir sus errores, en el caso de que existan.
El sexto es el siguiente:
“Pueblo mío, ¿qué te hice Yo? o ¿en qué te he contristado?, respóndeme. Yo te abrí el paso por el mar; y tú abriste con una lanza mi costado.”
Las observaciones formuladas en el tercer reproche se pueden aplicar también a esta.
El séptimo es el siguiente:
“Pueblo mío, ¿qué te hice Yo? o ¿en qué te he contristado?, respóndeme. Yo en forma de una columna de nube te guié por el desierto; y tú me llevaste al pretorio de Pilatos.”

Dios guió al pueblo Judío en el desierto con un pilar de nubes durante el día y un pilar de luz en la noche. Es decir, nunca lo dejó sin orientación; ellos siempre sabían dónde ir para llevar a cabo la voluntad de Dios.
La ingratitud de los Judíos fue flagrante cuando ellos condujeron al Mesías al pretorio para ser juzgado por Pilatos, un hombre que no tenía conocimiento de la verdad. El era absolutamente incapaz de juzgar a nadie, mucho menos a la misma Verdad, el Verbo Encarnado.
Esto tiene una aplicación a nuestras vidas. Dios nos dio la Revelación y su segura interpretación por el Magisterio tradicional de la Iglesia católica. Es una columna de nubes durante el día, el tiempo normal en la vida de los católicos, y una columna de luz durante la noche, en los tiempos difíciles, cuando es difícil distinguir entre la verdad y el error. Está siempre ahí para mostrarnos lo que es la verdad impecable y el correcto camino para seguir la voluntad de Dios.
¿Cuántas veces he negado esta clara y constante enseñanza de la Santa Madre Iglesia? ¿Cuántas veces he adherido a las novedades modernista y progresista movido por la pereza de reaccionar contra la corriente? ¿No conduje a Nuestro Señor – la fe católica – a ser juzgado por Pilatos, ante personas que no tienen noción de la verdad?
Debemos pedir a Nuestra Señora de los Dolores, que siguió los pasos de la Pasión de manera ejemplar, que aumente nuestro amor a la verdad y nos dé fidelidad al Magisterio tradicional de la Iglesia, sin importar quien está en contra de ella. Incluso si los jueces más altos de la tierra condenasen ese Magisterio, debemos seguir, como Nuestra Señora siguió a Nuestro Señor hasta el final.

jueves, 26 de marzo de 2009

Meditación para la Cuaresma

Los reproches de la Pasión – I
Por Plinio Corrêa de Oliveira

Una de las más bellas maneras de acompañar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es la meditación de los Improperia, o Reproches de la Pasión. Los Improperia son una serie de lamentaciones del Antiguo Testamento sobre la ingratitud del pueblo Judío que son una prefigura de la Pasión de Nuestro Señor. Son doce los reproches que se inician con las lamentaciones del profeta Micheas (Mic. 6: 3-4).
La Iglesia los canta en la ceremonia de adoración de la Santa Cruz el Viernes Santo después de la muerte y el entierro de Nuestro Señor. Tras la consumación de la Pasión, la gratitud de la Iglesia se vuelve hacia la Cruz, aquel vil instrumento de tortura que se convirtió en el sublime instrumento de la Redención.
En mi opinión, los Improperia personifican el conmovedor contraste entre la inocencia de Nuestro Señor y la ingratitud y culpabilidad del pueblo judío.
Ellos presentan a Nuestro Señor preguntando a su pueblo, recordándoles los beneficios que Dios les otorgó y les pregunta por qué ellos infligen tales tormentos contra Él. Son doce los Reproches que se cantan en una misma melodía de canto llano.
Cuando escuchamos los Reproches, no sólo debemos considerarlos como hechos de un pasado histórico del Antiguo Testamento evocados por la liturgia de la Iglesia después de la Pasión, sino que debemos aplicar sus lamentaciones a nuestros días y a nosotros mismos. Nuestra piedad debe imaginar a Nuestro Señor en cada paso de su Pasión – la Agonía en el Huerto de los Olivos, la Flagelación, la Coronación de Espinas, el Camino de la Cruz, la Crucifixión y la Muerte – como si Él estuviese presente frente a nosotros sufriendo sólo por los pecados de cada uno de nosotros. Debemos imaginarlo a Él haciendo a cada uno de nosotros aquellas conmovedoras preguntas que Él dirigió contra su pueblo.
Es de conocimiento común que la Divina Providencia da gracias especiales para cada conmemoración de la Iglesia. Durante Semana Santa, hay, por lo tanto, torrentes de gracias – gracias necesarias, abundantes gracias, y superabundantes gracias – que el cielo nos envía para que podamos unirnos a Nuestro Señor y a Nuestra Señora. Debemos abrir nuestra alma para aquellas gracias especialmente en los pasos de la Pasión en que sentimos más afinidad.
El resultado normal de esas meditaciones debería ser un sentimiento de remordimiento por el mal que hemos hecho. No un arrepentimiento perturbado, agitado que lleva a la desesperación, como fue el de Judas, sino que debe ser un arrepentimiento tranquilo, pacífico y amargo, lleno de confianza, que nos invita a pedir ayuda a Nuestra Señora y a cambiar nuestras vidas, como fue el arrepentimiento de Pedro.
Es un tiempo para recordar nuestra vida pasada, de las gracias que hemos recibido y que tanto sufrimiento costaron a Nuestro Señor, y las malas o insuficientes correspondencias que hicimos a esas gracias. ¿No debiéramos arrepentirnos y reparar por nuestros pecados? ¿No deberíamos hacer reparación por el mal que hemos hecho? ¿Cómo no vamos a cambiar nuestras vidas en otra dirección con el fin de unirnos más a Nuestro Señor? Debemos pedir esas gracias por los méritos y heridas que Él recibió y las lágrimas que Nuestra Señora derramó. Debemos estar seguros que podemos recibir esas gracias porque incluso un gran pecador, como el buen ladrón San Dimas, fue perdonado y ganó el paraíso.
El primer Reproche es el siguiente:
Pueblo mío, ¿qué te he hecho yo? ¿En qué te he contristado? ¡Respóndeme! Porque Yo fui quien te sacó de la tierra de Egipto: y tú llevaste a tu Salvador a la Cruz.
Nuestro Señor es perfecto y nunca hizo mal a nadie. Él hace esas preguntas para subrayar la ingratitud de aquellos responsables del crimen de la Crucifixión. Él los invita ¡Respóndeme! Él sabe que los culpables no tienen una respuesta, pero Él los invita al arrepentimiento.
De hecho, el pueblo Judío fue liberado por Nuestro Señor de la tierra de Egipto. Ellos fueron allí esclavos por siglos y Dios los condujo y les entregó a la Tierra Prometida. Por lo tanto, Nuestro Señor pregunta: “¿Estáis ofendidos porque Yo os liberé de vuestro cautiverio? Oh hijos míos, ¿es esa una razón de odio contra Mí?”
El paso del Pueblo Hebreo de su cautiverio en Egipto hasta la Tierra Prometida es un símbolo del paso de todos nosotros nacidos en el pecado original al estado de gracia por medio de la Redención de Nuestro Señor Jesucristo. Es también un símbolo del paso de nuestras almas desde el estado de pecado mortal al estado de gracia. ¿Cuántas veces nuestra alma ha sido muerta por causa de nuestros pecados, y cuántas veces Nuestro Señor nos ha restaurado a la vida de la gracia?
Así pues, la pregunta que Él hace a los Judíos es válida también para nosotros. Él nos pregunta: “Pueblo mío, ¿qué te he hecho Yo? ¿Cómo te he ofendido? Porque Yo os saqué de la muerte del pecado, y tú llevaste a tu Salvador a la Cruz. Hijo mío, mira el estado de tu alma.”
El segundo Reproche es el siguiente:
“Porque te conduje cuarenta años por el desierto, te alimenté con el maná, y te introduje en una tierra deliciosa, y tú llevaste a tu Salvador a la Cruz.”
Esta es otra figura de la liberación de Egipto presentada de una manera diferente. El maná es un símbolo de la Sagrada Eucaristía. El reproche para nosotros sería el siguiente: “A causa de mi amor a la humanidad, Yo asumo la forma de las Sagradas Especies que vive entre vosotros y entra en vuestros corazones, pero vos crucificasteis a vuestro Salvador.”
La tierra deliciosa es la Iglesia Católica. Ella es la tierra perfecta, la patria de nuestras almas. Ser católico es el más alto honor y la mayor felicidad que Dios nos puede dar. ¿Es esta la razón por la que Lo hacemos sufrir?
Es a la vez una tierna recriminación y una pregunta de una implacable lógica para la cual no tenemos respuesta. Cualquier posibilidad de justificación se desvanece en el aire. Nuestra única respuesta es caer de rodillas, arrepentirse, llorar y cambiar nuestras vidas. Sólo podemos recurrir a la Santísima Virgen y pedir su ayuda y hacer nuestro acto de contrición.
Es hermoso escuchar estas estrofas de los Reproches siendo cantadas por un buen coro porque las preguntas de Nuestro Señor con un especial tono de dulzura y súplica que tocan el alma. Ellas demuestran de una manera magnífica la mezcla de fortaleza y ternura presentes en el alma de infinita santidad de Nuestro Señor Jesucristo.

lunes, 23 de marzo de 2009

La abominación en el Santuario

El amor homosexual simbolizado en santuario Mariano
Beauraing es uno de los principales santuarios marianos de Bélgica, famoso por las apariciones de la Santísima Virgen entre los años 1932-33. La foto muestra una Misa carismática en ese santuario y centro de peregrinación.
Un enorme corazón con los colores del arco iris es puesto delante del altar. El corazón es un muy conocido símbolo del amor y el arco iris es un reconocido símbolo de los homosexuales. Eso lo lleva a uno a pensar que lo que se está representando es el amor homosexual. ¿Los dos corazones simbolizan dos tipos de relaciones homosexuales? ¿Cuál es el significado de los círculos dentro de los corazones? Las respuestas están abiertas a la especulación.Esta misa se celebró en septiembre de 2007. La mujer que hacer el sermón de la Misa es una monja de la Comunidad de la Fuente. Su sermón promueve una relación más estrecha entre la Iglesia Católica y el judaísmo. A su vez, la monja habló en contra de la vocación de los hermanos Ratisbonne, que fueron los fundadores de la Congregación de Sión para la conversión de los judíos.Misas como esta son permitidas por el Obispo de Namur, André Mutien Leonard, en cuya jurisdicción se encuentra el santuario de Beauraing. ¿El Vaticano desconoce la realización de aberraciones como ésta? Difícil pensar que no.

martes, 17 de marzo de 2009

Un triunfo estratégico para las tinieblas

Publicado en El Cruzado
La semana del 22 de Diciembre del 2008, SS. Benedicto XVI habría hecho una declaración pública contra la teoría de género. Esta teoría, es un sofisma que busca lograr la aceptación de la conducta homosexual y otros vicios en la sociedad contemporánea.

La teoría de género desvincula el concepto de sexo masculino/femenino de la naturaleza de hombre/mujer. Esta teoría (que siendo tal, se define como “no demostrada”) sostiene que el rol sexual –“género”- es cultural y no biológico; es social y no determinado en la propia naturaleza humana por un designio de Dios; es una construcción social o un paradigma y no una condición natural del hombre. Así, el rol masculino puede ser tomado por una mujer o viceversa.

Un lector optimista, se manifestaba extasiado por la noticia en un correo que nos envió, ya que su esperanza – nos comentaba – era que Benedicto XVI fuera un restaurador de la Iglesia Católica en estos momento de profunda crisis en el mundo católico y en quienes dirigen el rebaño.
La agencia ANSA (el 22 de Diciembre recién del 2008) informó que Benedicto XVI “recordó hoy la naturaleza humana de ‘hombre’ y ‘mujer’, contra la categoría ‘gender’ (género)”. Dijo aún el Pontífice, en el discurso a la Curia romana, en la audiencia de intercambio de felicitaciones con motivo de la Navidad: “No es una metafísica superada si la Iglesia habla de la naturaleza del ser humano como hombre y mujer y pide que este orden de la creación sea respetado”(1) .

Concordamos plenamente con lo que indica Su Santidad. En un mundo en el que el relativismo moral rige a la opinión pública – incluso en los medios católicos más “conservadores” – una declaración del Papa orientando a los católicos frente a la teoría de “género” y sus desviaciones, es más que acertada. ¡Cómo no alegrarse al oír un Papa conservador haciendo eco, cual catedral medieval, del infalible Magisterio Tradicional de la Iglesia! Sin embargo, esta conclusión podría ser prematura…

¿Cómo comprender entonces, la postura del Vaticano apoyando la despenalización de la sodomía frente a la ONU?
El Padre Lombardi junto a Benedicto XVI
Hace un algunas semanas, publicamos una noticia impactante. Citamos la agencia Reuters: el portavoz del Vaticano – el P. Federico Lombardi- explicó la posición de la delegación de la Santa Sede en la ONU, sobre despenalizar la sodomía . Dijo que “el Vaticano pidió el viernes a todos los gobiernos del mundo que despenalicen la homosexualidad” y que "la Santa Sede sigue defendiendo que cualquier signo de injusta discriminación hacia las personas homosexuales debe ser evitado y urge a los Estados a suprimir los castigos penales contra ellos" (2) Obviamente, cualquier tipo de trato injusto, falta a la caridad para con el prójimo, por lo que una “injusta discriminación” no puede ser compartida por un alma recta. Lo que nos llama la atención, al contrario, es que el Vaticano urja a los estados a suprimir la penalización de la sodomía. ¿Por qué lo hace?

martes, 10 de marzo de 2009

Llamar a las cosas por su Nombre

La Herejía consiste en negar uno o más principios de un sistema de creencias, dejando intocados los demás que la componen. Es entonces una negación parcial, nunca total de la verdad, cuya gran peligrosidad radica justamente en este hecho, en la parte de verdad que se lleva cautiva.
por Benjamín Benavídez
Polemizando con un amigo acerca del dogma “Fuera de la Iglesia no hay Salvación ni perdón de los pecados”, según se define en la Bula Unam Sanctam de Bonifacio VIII (18/11/1302), llegamos a considerar cuál sería la situación de los protestantes actuales frente a este dogma y otras definiciones del Magisterio, como por ejemplo la del Concilio de Florencia o la Encíclica Mirari Vos de Gregorio XVI (15/08/1832).
Mi interlocutor insistía en poner a los protestantes (hermanos separados) en el camino de la salvación exceptuándolos de aquellas definiciones magisteriales. Me di cuenta entonces de la importancia que tiene llamar a las cosas por su nombre. Puesto que, de seguir llamando herejía al protestantismo y hereje a quien adhiera a su doctrina, como siempre designó la Iglesia, ninguna discusión habría tenido lugar y mi amigo no se hubiera confundido, pues las formulas dogmáticas los incluyen claramente.
Dice la definición dogmática del Concilio de Florencia - Decreto Cantate Domino del 4 de Febrero de 1442 (D-714):
"La Santa Iglesia romana firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y, sus ángeles [Mt. 25, 41], a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica".
Concilio de Florencia
Por eso decía San Ignacio de Loyola en carta a San Pedro Canicio (13/08/1554):
"Quien llamara evangélicos a los herejes, convendría que pagase alguna multa, porque no se goce el Demonio de que los enemigos del Evangelio y cruz de Cristo tomen un nombre contrario a sus obras; y a los herejes se los a de llamar por su nombre, para que dé horror hasta nombrar a los que son tales, y cubren el veneno mortal con el velo de un nombre de salud".
Y esto decimos, no con la intención de lastimar a nadie sino porque sólo la Verdad nos hará libres, y más vale un remedio aplicado a tiempo que cien lamentaciones cuando ya no hay cura. El respeto humano mal entendido, no es caridad.
San Ignacio de Loyola
Y de las siete obras de misericordia, dice Santo Tomás que la más difícil es la corrección fraterna. Nadie se sienta ofendido pues con la Verdad Católica, antes bien, reflexione y vuelva a la recta doctrina, porque el tiempo es breve.
La Herejía consiste en negar uno o más principios de un sistema de creencias, dejando intocados los demás que la componen. Es entonces una negación parcial, nunca total de la verdad, cuya gran peligrosidad radica justamente en este hecho, en la parte de verdad que se lleva cautiva.
Por ejemplo si a un gran profesor de física se le ocurriera enseñar desde su cátedra de la universidad que un cuerpo que se encuentra en reposo puede cambiar su condición espontáneamente y sin que una fuerza exterior actúe sobre él, se convertiría en un heresiarca newtoniano, porque ha impugnado la segunda Ley de la Mecánica Clásica o Mecánica Newtoniana. Y los alumnos que lo siguieran se convertirían en herejes. Claro es que, al mismo tiempo, serían el hazmerreír de la comunidad científica, porque cualquiera sabe empíricamente, es decir por la experiencia, que ningún cuerpo se moverá si algo no lo impulsa. Y es que, tanto las leyes deducidas empíricamente como las conclusiones lógicas (v.g., un teorema), obligan a la razón que no tiene más remedio que aceptarlas. Si alguien demuestra el Binomio de Newton, no hay posibilidad de opugnarlo.
Santo Tomás de Aquino
Pero cosa diferente es el trato de lo que trasciende el mundo material y de las ideas, como son las Verdades reveladas por Dios. Y no es que contraríen o fuercen a la razón, sino que la trascienden de tal modo que obligan a un acto de Fe que le sirve de base. Podrá demostrarse mil veces el misterio de la Santísima Trinidad, pero nadie se verá “obligado” a aceptarlo. Se requiere de un asentimiento, dado en el sacrosanto templo de nuestro libre albedrío, allí donde ni el demonio puede entrar. Es un acto de Fe que Dios permite con su Gracia.
Por la Fe, se cree lo que Él revela, y luego la inteligencia se remonta hacia lo alto para buscar justificaciones racionales a eso que creemos por la autoridad de Quien lo ha revelado. Así los Santos Padres expurgaron la filosofía griega creando ese monumento inigualado que es la filosofía y teología católicas, para explicar por la razón lo que creían por la Fe.
Impulsada por el viento de la Fe, la Razón se remonta hacia las cúspides más altas, alcanza lo que parecía inaccesible y domeña a la soberbia que es el peligro máximo de la inteligencia humana, ensoberbecerse. Así también cuando pierde el motor y guía de la Fe, enloquece y cae hasta los abismos más profundos, en los que no pocas veces aguarda, la apostasía, la desesperación y la muerte.
Por eso, ya desde los inicios de la Iglesia, comenzaron algunos a negar esta o estotra verdad de fe; fueron los primeros herejes. Y, como el misterio de iniquidad sigue actuando en el mundo, tal como nos anticiparon San Pablo y San Juan, estas herejías recorren a lo largo la historia de la Iglesia.
El monge hereje y apóstata Martín Lutero
La herejía de Lutero y sus seguidores consistió en negar la Unidad de la Iglesia. Es dogma de Fe que ella es Una Santa Católica y Apostólica. Y que Pedro y su sucesor, el Papa, como Vicario de Jesucristo, es su Pastor Universal.
Al negar Lutero la Unidad, separando a los fieles del Pastor, la doctrina protestante terminó invadida por una cantidad interminable de errores, haciéndose incontables las Comuniones y Sectas Protestantes. Es consecuencia lógica; negado el Pastor, las ovejas sueltas a la libre interpretación bíblica son pasto de los lobos rapaces. Y es que no en vano dijera Jesucristo Nuestro Señor a San Pedro: “Apacienta mis Ovejas” y “Confirmas a tus hermanos (en la Fe)”. Es Pedro quien garantiza la infalibilidad de la doctrina y sin él, el enemigo tiene su fiesta.
Papa Pío XII
Como dice el Papa Pío XII en Mystici Corporis (29/06/1943):
"Hállanse, pues, en un peligroso error quienes piensan que pueden abrazar a Cristo, Cabeza de la Iglesia, sin adherirse fielmente a su Vicario en la tierra. Porque, al quitar esta Cabeza visible, y romper los vínculos sensibles de la unidad, oscurecen y deforman el Cuerpo místico del Redentor, de tal manera, que los que andan en busca del puerto de salvación no pueden verlo ni encontrarlo."
- La descomposición de la teología protestante es tal que ha llegado a aprobar... ¡La ordenación de homosexuales para el Episcopado! Otra comprobación de que el espíritu del mundo campea a sus anchas cuando Pedro está ausente.
La terminología "hermanos separados" es una nadería desde el punto de vista semántico porque al no indicar el motivo de la separación, todos los hombres pueden, como partícipes de la dignidad humana, estar incluidos en dicha definición; es indefendible teológicamente y a la luz de las definiciones dogmáticas; y es pastoralmente contraproducente, porque incentiva al “hermano” a quedarse como está al mismo tiempo que minimiza la peligrosidad de la herejía ante los ojos de los católicos.
Por eso, libres ya de todo errado ecumenismo, sin falsos respetos humanos pero con humildad y verdad, sabiendo que una cosa es la herejía a la que hay que odiar y otra el hermano confundido a quien debemos amar y, justamente en prenda de nuestro amor, llamemos a las cosas por su nombre y reiteremos a todos los cristianos que aún se mantienen, por libre decisión, fuera de la Iglesia Católica la siguiente invitación que el Papa Pió XI les dirigiera en Mortalius Animos (06/01/1928):
Papa Pío XI
"Vuelvan, pues, a la Sede Apostó1ica, asentada en esta ciudad de Roma, que consagraron con su sangre los Príncipes de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, a la Sede raíz y matriz de la Iglesia Católica (1); vuelvan los hijos disidentes, no ya con el deseo y la esperanza de que la Iglesia de Dios vivo, la columna y el sostén de la verdad (2) abdique de la integridad de su fe, y consienta los errores de ellos, sino para someterse al magisterio y al gobierno de ella. Pluguiese al Cielo alcanzásemos felizmente Nos, lo que no alcanzaron tantos predecesores Nuestros; el poder abrazar con paternales entrañas a los hijos que tanto nos duele ver separados de Nos por una funesta división."
(1) S. Cipr. Carta 38 a Cornelio 3. (Entre las cartas de S. Cornelio Papa III; Migne P.L. 3, col. 733-B).
(2) I Tim. 3, 15.

lunes, 23 de febrero de 2009

Santo del día

San Pedro Damián
Reseña bibliográfica: Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia (1007-1072). Combatió la herejía de la simonía y difundió el uso de la disciplina y la penitencia. Cardenal, Obispo de Ostia, Italia.
Comentario del Prof. Plinio.
San Pedro Damián difundió la costumbre de recibir la disciplina. La propagación de esta práctica fue, en mi opinión, uno de los mayores servicios que se pudo hacer a la Iglesia.
Debido a ello, él difundió el espíritu de penitencia, que es, en muchos sentidos, más importante que la humillación moral y el dolor físico que proviene de la disciplina. El espíritu de penitencia es la comprensión y la adhesión a los principios en que se basa la penitencia.
Estos son los principios: Desde que el hombre es concebido con el pecado original, él necesita luchar contra las pasiones e instintos desordenados. El es un pecador, y el pecado es una ofensa a la justicia de la Divina Majestad, y demanda que sea hecha una reparación. Esta reparación debe ser un sufrimiento proporcional a la ofensa cometida. A menudo, esa ofensa es un placer ilícito que la persona se proporcionó. Así como el ladrón que roba dinero está obligado a la restitución, la persona que se toma algún placer ilícito, no tiene derecho de tomarlo ante la Divina Providencia, y, por lo tanto, también debe hacer la restitución para restablecer el equilibrio. Una persona que tiene el espíritu de penitencia entiende la gravedad de sus pecados.
Además, incluso cuando no se ha cometido el pecado, la penitencia es útil para romper las malas inclinaciones de la carne y la tendencia a la rebelión del orgullo humano.
El hombre moderno aborrece la penitencia y, más aún, el espíritu de penitencia. Si van a ver una película, leer una novela, o simplemente entran en un ambiente moderno, verán que esta noción de penitencia está a millas de distancia. Por el contrario, las invitaciones a exacerbar el orgullo humano y la sensualidad están presentes en todas partes.
Una de las características del hombre o la mujer contra-revolucionarios, es tener el espíritu de penitencia. La propagación del uso de la disciplina, de las camisas de pelo [cilicios] y cosas similares son valiosas, porque nos ayudan a formar un estado de espíritu vigilante sobre uno mismo y para luchar contra nuestras malas inclinaciones.

El Santo del Día son comentarios sobre las características más destacadas de la vida de los santos que San Juan Bosco acostumbraba a hacer a sus alumnos de su colegio. Siguiendo su ejemplo, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira tenía la costumbre de de hacer un comentario sobre la vida de los santos en una reunión a jóvenes todas las tardes con el fin de fomentar en ellos la práctica de la virtud y el amor a la Iglesia Católica. Los textos de los datos biográficos y los comentarios provienen de notas personales tomadas por el Sr. Atila S. Guimaraes (editor de Tradition in Action) de 1964 a 1995.

Progresismo en la Iglesia

Cardenal Congar: En el Concilio Vaticano II la Iglesia rompió sus vínculos con el pasado
Los teólogos J. Ratzinger e Y. Congar durante el Concilio Vaticano II
El conocido teólogo Card. Yves Congar, co-autor de 10 de los 16 documentos finales del Vaticano II, considera que con Dignitatis humanae y Gaudium et spes, el Concilio abandonó las doctrinas que vinculan a la Iglesia católica con el pasado, que él genéricamente llama Edad Media. Ambos documentos del Vaticano II se refieren respectivamente a la libertad religiosa y a la Iglesia en el mundo moderno.
La foto de arriba muestra la edición italiana de su libro La Crisis en la Iglesia y Mons. Lefebvre. A continuación la traducción del italiano del texto resaltado en amarillo de la foto de abajo:
En un mundo que es finalmente pluralista – que se volvió irreversiblemente pluralista debido a la convergencia de los hombres, información e ideas en un mundo donde el valor de la persona se ha impuesto asimismo como inviolable – la Iglesia desea ejercer una influencia sobre las personas a través de las personas por medio de la persuasión y la fuerza de la verdad misma. La ‘influencia’ es una acción real sin ‘poder’. Es la hora de los testimonios y signos evangélicos como la expresión de un amor total.
Desde hace algún tiempo, la Iglesia ha cambiado su modo operativo, pero no de la misma manera en todas partes. Algunas mentalidades siguen siendo dominadas por la nostalgia de un poder a través de la cristianización, la nostalgia de un nuevo bautismo de Clovis, como lo llamó Etienne Gilson. La Iglesia del Vaticano II, con su declaración sobre la libertad religiosa [Dignitatis humanae] y la Constitución Pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo moderno – ¡un título significativo! – se coloca claramente a sí misma en el mundo moderno pluralista y, sin negar lo que ella tiene de grande, rompe los lazos que la anclaban a la orilla de la Edad Media. No se puede permanecer vinculado a un momento de la historia.

(Yves Congar, La crisis nella Chiesa e Mons. Levèbvre (Brescia: Queriniana, 1976) pp. 51-52)

domingo, 15 de febrero de 2009

GABRIEL GARCIA MORENO
(21.XII.1821 - 6.VIII.1875)

Mártir del Estado Católico
Soldado de la Doctrina Pontificia
Gobernante eminente de la República de Ecuador
Paladín de la Civilización Cristiana
Asesinado por la Masonería

"En medio de esos gobiernos entregados al delirio de la impiedad, la República del Ecuador se distinguía milagrosamente de todas las demás, por su espíritu de justicia y por la inquebrantable fe en su presidente […] Y ved ahí que los impíos, en su ciego furor, miran como un insulto a su pretendida civilización moderna, la existencia de un gobierno que sin dejar de consagrarse al bien material del pueblo, se esfuerza al propio tiempo en asegurar su progreso moral y espiritual […] Ha caído bajo el hierro de un asesino victima de su fé y de su caridad cristiana hacia su patria." Pío IX.
"Campeón de la fe católica, a quien se aplican justamente las palabras con que la Iglesia celebra la memoria de los santos mártires Tomas de Cantorbery y Estanislao de Polonia: ha sucumbido por la Iglesia bajo el puñal de los impíos." Leon XIII.
Asesinato del presidente Gabriel García Moreno

Verdad Olvidada

¿Cómo debe actuar un católico frente a un mal Papa?

Por Plinio Corrêa de Oliveira
Publicado originalmente en Tradition in Action

He recibido esta pregunta: ¿Cómo debe comportarse una persona que busca actuar con rectitud en un período en que reinan malos Papas, como, por ejemplo, durante ese período del Renacimiento?
Infalibilidad en la enseñanza papal extraordinaria
Esta pregunta no es muy difícil de responder en términos de la doctrina católica. La fuente de la verdad es la Revelación, que proviene de la Escritura y la Tradición. El Magisterio católico nos da la correcta interpretación de la Revelación. Los Papas son infalibles sólo cuando ellos enseñan una doctrina ex cathedra, cuando ellos oficialmente invocan su prerrogativa de infalibilidad sobre la doctrina. En tal caso, no se puede discrepar con él.
Lo mismo sucede con respecto a los Concilios. El Concilio Vaticano II, por ejemplo, declaró explícitamente que no era infalible. Juan XXIII declaró también lo mismo sobre ese Concilio. Concretamente, dijo que el Vaticano II sería un Concilio pastoral, y no un Concilio doctrinario. Por lo tanto, no tenía la intención de enseñar alguna doctrina como infalible; su propósito era sólo dar orientación.
Hay Concilios que enseñan dogmas, el Concilio Vaticano I, por ejemplo, que promulgó el dogma de la Infalibilidad Papal. En ese caso, tenemos la obligación de aceptar esta verdad sin discusión porque el poder infalible lo dio Jesucristo lo dio al Soberano Pontífice para enseñar y orientar a la Iglesia.
En el pontificado de Pío IX, dos dogmas fueron proclamados de diferente manera. El primero fue el dogma de la Inmaculada Concepción que el Papa proclamó ex authoritate propia – por su propia autoridad – sin el apoyo de un Concilio. El segundo fue el dogma de la Infalibilidad Papal que él definió con el apoyo del Concilio Vaticano en 1870. Estas proclamaciones solemnes de dogmas son parte del magisterio papal extraordinario.
Infalibilidad en la enseñanza papal ordinaria
Otra forma de ejercer el privilegio de la infalibilidad es cuando muchos Papas enseñan la misma doctrina en los documentos de su magisterio ordinario. Cada documento no es infalible per se, pero cuando una larga serie de documentos enseñan lo mismo, esa doctrina se convierte en infalible, ya que no es posible que la Divina Providencia permita que la Iglesia acepte un error durante un largo período de tiempo. Sería absurdo. Por lo tanto, cuando una larga serie de encíclicas enseñan una misma doctrina, también son infalibles. Esto es lo que se llama la infalibilidad del magisterio papal ordinario.
El Papa Paulo V careció de la más elemental modestia que la moral católica enseña se debe tener
Los fieles solían ser bastante seguros sobre qué doctrina seguir. Hasta el Concilio Vaticano II, los Papas constantemente y continuamente enseñaron la misma doctrina. A través de los siglos muchos documentos pontificios se confirmaban uno a otro y repetían los mismos puntos de doctrina. Por esta razón, los fieles tenían una completa tranquilidad mental de sobre lo que es correcto y lo que es errado y qué debería ser aceptado o rechazado.
Los Papas pueden cometer malas acciones y no se les debe seguir
Ahora, analicemos la situación de un católico en el Renacimiento. En el Renacimiento el católico a menudo vio a malos Papas hacer cosas que la doctrina de la Iglesia censuró. No sólo en su vida privada, sino también ellos actuaron como Papas.
Por ejemplo, cuando la construcción de la Basílica de San Pedro estaba siendo terminada, el Papa Paulo V que era de la familia Borgia, ordenó a los arquitectos a inscribir en letras de oro en una franja de mosaicos azul obscuro sobre la fachada de las columnas estas palabras: Paulus Quintus Borghesi fecit –Paulo V de la familia Borgia lo hizo. Esto es, él faltó incluso a la más elemental modestia. Nadie con un poco de sentido de vergüenza colocaría tales palabras exaltándose a sí mismo y a su familia en la más grande iglesia de la Cristiandad: “Yo fui quien lo hizo”. Nadie construiría una casa y luego colocaría un gran cartel sobre la puerta diciendo: “John Smith lo hizo”. Daría la desagradable impresión de que usted es un megalómano.
Además, en las bellas puertas de bronce de la Basílica de San Pedro, junto con otras cosas, fueron esculpidas la leyenda de Leda y el cisne. Una historia que involucra actos de bestialidad. Entonces, el Papa permitió una leyenda pagana en el portal de la Basílica Vaticana. ¿Quién puede defender una exhibición de paganismo en la Basílica de San Pedro? Nadie. Fue una cosa que no se debiera hacer.
¿Cuál debiera ser la actitud de un fiel con respecto a aquella acción de amor propio de Paulo V? Desde que el Papa hizo tal cosa, pareciera que no sería pecado, sin embargo, la doctrina católica dice que sí lo es. Alguien podría experimentar un problema de conciencia frente a la contradicción.
No hay razón para un problema de conciencia. Cuando un Papa peca, cuando hace algo malo o incorrecto, su posición como Papa no cambia la naturaleza de la acción. Es mala. No está involucrada la infalibilidad Papal.
¿Cómo puede uno saber cuando algo está errado? Para eso sólo necesita verificar con la enseñanza previa de la Iglesia. Si la enseñanza constante de los anteriores Papas, los Tratados de Moral y el sentire cum Ecclesia [pensar con la Iglesia] enseña de otra manera, el nuevo Papa ha actuado en contra de la doctrina católica e hizo algo malo. Y los fieles católicos en tiempos del Renacimiento tuvieron suficientes motivos para rechazar las malas acciones de los Papas.
Cuando estuve en el Vaticano, visité el departamento de Lucrecia Borgia, la hija del Papa Alejandro VI. Fue una cosa escandalosa, de la que ella se aprovechó para promover todo tipo de comportamiento libertino. Las paredes tienen pinturas de aquello. Cualquier turista que quiera visitar el departamento las puede ver, y su historia es contada por los guías del Vaticano.
Lucrecia Borgia en su apartamento, por Rossetti
¿Qué debe hacer un católico del Renacimiento frente a un ejemplo como ese? ¿Acaso debe pensar que él también puede ser inmoral porque el Papa tuvo una hija y le permitió a ella actuar de manera disoluta? ¿Debe pensar que la moral católica ha cambiado? No. Simplemente debe tener la honestidad de darse cuenta de que el Papa pecó haciendo lo que hizo, y que su hija pecó también. Un católico no debe seguir los malos hábitos de un Papa, sino que debe seguir los dictados de la moral católica.
Los Papas pueden cometer errores doctrinarios
Pero, ¿qué hay de la doctrina? ¿Puede un Papa cometer errores en materia de doctrina? Esto está implícito en la noción de infalibilidad. Cuando los Papas no invocan el privilegio de la infalibilidad, pueden errar. La infalibilidad significa la imposibilidad de fallar, errar o caer. Si el mismo Papa afirma que un documento no es infalible, es porque es falible. Entonces, el puede cometer errores.
¿Cómo un católico puede saber cuándo hay un error? El puede revisar el Magisterio anterior y verificar si hay una larga sucesión de enseñanzas papales que afirman lo mismo. Si no la hay, o hay alguna diferencia en la enseñanza, entonces la nueva enseñanza del Papa esta errada. Es muy sencillo. Esto no quiere decir que cada católico debe por sí mismo juzgar al Papa. Nada de eso. Lo que estoy diciendo es que si hay una clara y continua enseñanza de Papas anteriores que dicen lo contrario de lo que enseña el nuevo Papa, este último, ipso facto (automáticamente) ha sido juzgado por las enseñanzas anteriores. El fiel católico sólo debe reconocer el error.
Alguien podría objetar: ¿Por qué los documentos de los Papas anteriores son más creíbles que los documentos del nuevo Papa?
Porque una larga serie de documentos papales consistentemente enseñan la misma doctrina ellos gozan del privilegio de la infalibilidad del Magisterio ordinario. Un documento aislado de un nuevo Papa que no invoca la infalibilidad en cuanto a su doctrina puede ser falible.
Alguien podría preguntar: ¿Cuánto tiempo podemos tener una enseñanza errónea en la Iglesia que se opone a la correcta?
No sé la respuesta a esa pregunta. Creo que es algo que los futuros teólogos deberán estudiar.
Un Papa, un Cardenal y un monje junto a un emperador son castigados en el infierno
Miniatura del siglo XIV - Biblioteca Vaticana
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