Sin comunicar en sus obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas y reprobadlas (Efesios 5, 11)
sábado, 9 de junio de 2012
Adrian Salbuchi, Bilderberg 2012: "El poder está privatizado"
Fuente: VerdadAhora
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viernes, 8 de junio de 2012
Pobreza y esplendor: extremos armónicos en el firmamento de la Iglesia
Plinio Corrêa de Oliveira
Catolicismo Nº 96 - diciembre de 1958
Un aspecto de la Santa Iglesia. En una celda llena de penumbra,
ante un crucifijo que recuerda la muerte más dolorosa que jamás hubo, un monje
cartujo ojea un devocionario. Revestido de un simple y pobre hábito, con una
larga barba, ese religioso parece la personificación de todos los elementos que
impregnan el ambiente que lo rodea: gravedad extrema, resolución varonil de
vivir sólo para lo que es profundo, verdadero, eterno, noble simplicidad,
espíritu de renuncia a todo cuanto hay de la tierra, pobreza material iluminada
por los reflejos sobrenaturales de la más alta riqueza espiritual.
Otro aspecto de la Santa Iglesia.
En la inmensa nave central de la Basílica de San Pedro, avanza majestuoso el cortejo papal. En la fotografía, se percibe apenas una parte de él, esto es, algunos cardenales y los dignatarios eclesiásticos y legos que preceden inmediatamente la silla gestatoria. En ella, el sumo pontífice, acompañado de los famosos “flabelli” y seguido de la guardia noble. Al fondo, se levanta el Altar de la Confesión, con sus elegantísimas columnas y su espléndido dosel. Y bien más atrás la célebre “Gloria” de Bernini. Las altas paredes recubiertas de mármoles admirables y adornados de relieves, los arcos a un tiempo leves e intensos, las luces que resplandecen como si fuesen estrellas o relucientes brillantes, todo se reviste de una grandeza que es bien el supra-sumo de lo que la tierra presentar de más bello. Es la mayor pompa de que el hombre sea capaz, realzada por la magnificencia del arte y por el esplendor de los recursos naturales de la piedra.
¿Contradicción? Es lo que muchos dirían: ¿se puede amar al mismo tiempo la riqueza y la pobreza, la simplicidad y la pompa, la ostentación y el recogimiento? ¿Se puede al mismo tiempo elogiar el abandono de todas las cosas de la tierra, y la reunión de todas ellas para la constitución de un cuadro en que relucen los más altos valores terrenos?
No, entre uno y otro orden de valores no existe contradicción, sino en la mente de los igualitarios, siervos de la Revolución. Por el contrario, la Iglesia se muestra santa, precisamente porque con igual perfección, con la misma sobrenatural genialidad, sabe organizar y estimular la práctica de las virtudes que brillan en la vida obscura del monje, y de las que refulgen en el ceremonial sublime del papado. Más aún. Una cosa se equilibra con la otra. Casi podríamos decir que un extremo (en el sentido bueno de la palabra) compensa al otro y con él se concilia.
El fondo doctrinario en el cual estos dos santos extremos se encuentran y se armonizan es muy claro. Dios nuestro Señor nos dio las criaturas, a fin de que estas nos sirvan para que lleguemos a Él. Así, cumple que la cultura y el arte, inspirados por la fe, pongan en evidencia todas las bellezas de la creación irracional y los esplendores del talento y virtud del alma humana. Es lo que se llama cultura cristiana. Con esto, los hombres se forman en la verdad y en la belleza, en el amor por la sublimidad, la jerarquía y el orden que en el universo reflejan la perfección de Aquel que lo hizo. Y así las criaturas sirven, de hecho, para nuestra salvación y la gloria divina. Pero de otro lado, ellas son contingentes, pasajeras, sólo Dios es absoluto y eterno. Y por eso es bueno apartarse de los seres creados, para que en el desprecio de todos ellos, se piense sólo en el Señor. Del primer modo, considerando todo lo que las criaturas son, se sube hasta Dios; y del otro modo, se va hasta Él considerando lo que ellas no son. La Iglesia convida a sus hijos a ir por una y otra vía simultáneamente; por el espectáculo sublime de sus pompas, y por la consideración de las admirables renuncias que sólo Ella sabe inspirar y hacer realizar efectivamente.
* * *
En la inmensa nave central de la Basílica de San Pedro, avanza majestuoso el cortejo papal. En la fotografía, se percibe apenas una parte de él, esto es, algunos cardenales y los dignatarios eclesiásticos y legos que preceden inmediatamente la silla gestatoria. En ella, el sumo pontífice, acompañado de los famosos “flabelli” y seguido de la guardia noble. Al fondo, se levanta el Altar de la Confesión, con sus elegantísimas columnas y su espléndido dosel. Y bien más atrás la célebre “Gloria” de Bernini. Las altas paredes recubiertas de mármoles admirables y adornados de relieves, los arcos a un tiempo leves e intensos, las luces que resplandecen como si fuesen estrellas o relucientes brillantes, todo se reviste de una grandeza que es bien el supra-sumo de lo que la tierra presentar de más bello. Es la mayor pompa de que el hombre sea capaz, realzada por la magnificencia del arte y por el esplendor de los recursos naturales de la piedra.
* * *
Lo que en un cuadro es gravedad recogida, en el otro es gloria irradiante. Lo
que en uno es pobreza, en el otro es fastuosidad. Lo que en uno es simplicidad,
en el otro es refinamiento. Lo que en uno es renuncia a las criaturas, en el
otro es la superabundancia de las más
espléndidas de entre ellas.¿Contradicción? Es lo que muchos dirían: ¿se puede amar al mismo tiempo la riqueza y la pobreza, la simplicidad y la pompa, la ostentación y el recogimiento? ¿Se puede al mismo tiempo elogiar el abandono de todas las cosas de la tierra, y la reunión de todas ellas para la constitución de un cuadro en que relucen los más altos valores terrenos?
No, entre uno y otro orden de valores no existe contradicción, sino en la mente de los igualitarios, siervos de la Revolución. Por el contrario, la Iglesia se muestra santa, precisamente porque con igual perfección, con la misma sobrenatural genialidad, sabe organizar y estimular la práctica de las virtudes que brillan en la vida obscura del monje, y de las que refulgen en el ceremonial sublime del papado. Más aún. Una cosa se equilibra con la otra. Casi podríamos decir que un extremo (en el sentido bueno de la palabra) compensa al otro y con él se concilia.
El fondo doctrinario en el cual estos dos santos extremos se encuentran y se armonizan es muy claro. Dios nuestro Señor nos dio las criaturas, a fin de que estas nos sirvan para que lleguemos a Él. Así, cumple que la cultura y el arte, inspirados por la fe, pongan en evidencia todas las bellezas de la creación irracional y los esplendores del talento y virtud del alma humana. Es lo que se llama cultura cristiana. Con esto, los hombres se forman en la verdad y en la belleza, en el amor por la sublimidad, la jerarquía y el orden que en el universo reflejan la perfección de Aquel que lo hizo. Y así las criaturas sirven, de hecho, para nuestra salvación y la gloria divina. Pero de otro lado, ellas son contingentes, pasajeras, sólo Dios es absoluto y eterno. Y por eso es bueno apartarse de los seres creados, para que en el desprecio de todos ellos, se piense sólo en el Señor. Del primer modo, considerando todo lo que las criaturas son, se sube hasta Dios; y del otro modo, se va hasta Él considerando lo que ellas no son. La Iglesia convida a sus hijos a ir por una y otra vía simultáneamente; por el espectáculo sublime de sus pompas, y por la consideración de las admirables renuncias que sólo Ella sabe inspirar y hacer realizar efectivamente.
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Ambientes y Costumbres,
Plinio Correa de Oliveira
miércoles, 6 de junio de 2012
¡Lutero se consideraba divino!
Presentamos
aquí un artículo del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira escrito en 1983, que reúne
otras horribles blasfemias el monje apóstata que sirven para completar el
artículo anterior publicado bajo el título “Las blasfemias de Lutero”. Los subrayados son nuestros.
Plinio Corrêa de Oliveira
Folha de S. Paulo,
10 de enero de 1984.
No comprendo cómo ciertos eclesiásticos contemporáneos, incluso de los
más cultos, doctos e ilustres, pueden hacer de Lutero, el heresiarca, una
figura mítica, con el empeño de favorecer una aproximación ecuménica. Esta
aproximación sería en primer término con el protestantismo e indirectamente
con todas las religiones, escuelas filosóficas, etc. ¿Discernirán estos
hombres el peligro que a todos nos acecha al final de ese camino? Me refiero a
la formación a escala mundial de un siniestro supermercado de religiones, filosofías
y sistemas de todo tipo, en el que la verdad y el error se presentarán fraccionados,
mezclados y puestos en bullicio. Sólo quedaría ausente del mundo —si es que se
pudiera llegar hasta allá— la verdad total; o sea, la fe católica, apostólica,
romana, pura y sin mancha.
A propósito de Lutero —a quien le correspondería bajo cierto aspecto el
papel de punto de partida en esta marcha hacia el desorden total— publico hoy
algunos tópicos más que muestran bien el olor que su figura rebelde exhalaría
en ese supermercado o, mejor, en esa necrópolis de religiones, de filosofías y
del mismo pensamiento humano.
Tal como lo prometiera en el artículo anterior, los obtengo de la
magnífica obra del reverendo padre Leonel Franca, S. J., La Iglesia, la reforma y la civilización (Editora Civilização
Brasileira, Río de Janeiro, 3.a ed., 1934, 558 págs.).
La doctrina de la justificación independiente de las obras es un
elemento característico de la enseñanza de Lutero. En términos llanos quiere
decir que los méritos superabundantes de Nuestro Señor Jesucristo aseguran al
hombre por sí solos la salvación eterna. De manera que se puede llevar en esta
tierra una vida de pecado sin remordimiento de conciencia ni temor de la
justicia de Dios.
¡Para él la conciencia no era la voz de la gracia, sino la del demonio!
1. Por eso le escribió a un amigo que el hombre vejado por el demonio de
cuando en cuando “debe beber con más abundancia, jugar, divertirse y aun
cometer algún pecado por odio y para molestar al demonio, para no darle
pie a que perturbe la conciencia con niñerías. (...) Todo el decálogo
(de la ley de Dios) se debe borrar de nuestros ojos y nuestra alma, de
nosotros, tan perseguidos y molestados por el diablo” (M. Luther, “Briefe,
Sendschreiben und Bedenken”, ed. De Wette, Berlín, 1825-1828; cfr. op. cit.,
págs. 199-200).
2. En este sentido también escribió Lutero: “Dios sólo te obliga a creer
y a confesar. En todas las otras cosas te deja libre y dueño de hacer lo
que quieres, sin peligro alguno de conciencia; más bien es cierto que a Él
no le importa incluso que dejes a tu mujer, huyas de tu señor y no seas fiel a
ningún vínculo. ¿Y qué más le da (a Dios) que hagas o dejes de hacer semejantes
cosas?” (“Werke”, ed. de Weimar, XII, págs. 131 y sigs.; cfr. op. cit., pág.
446).
3. Tal vez más tajante es esta incitación al pecado en carta a Melanchton
del 1 de agosto de 1521: “Sé pecador y peca de veras (esto peccátor et peca fórtier), pero con
aún mayor firmeza cree y alégrate en Cristo, vencedor del pecado, de la muerte
y del mundo. Durante la vida presente debemos pecar. Basta que por la
misericordia de Dios conozcamos al Cordero que quita los pecados del mundo. De
Él no nos ha de separar el pecado aunque cometamos mil homicidios y mil
adulterios por día” (“Briefe, Sendschreiben und Bedenken”, ed. De Wette,
II, pág. 27; cfr. op. cit., pág. 439).
4. Esta doctrina es tan descabellada que el propio Lutero a duras penas
conseguía creer en ella: “No hay ninguna religión en toda la tierra que
enseñe esta doctrina de la justificación; yo mismo, aunque la enseñe
públicamente, creo en ella con gran dificultad” (“Werke”, ed. de Weimar,
XXV, pág. 330; cfr. op. cit., pág. 158).
5. Pero el mismo Lutero reconocía los efectos de su predicación confesadamente
insincera: “El Evangelio encuentra hoy en día adherentes que se persuaden de
que ésta no es sino una doctrina que sirve para llenar el vientre y dar
rienda suelta a todos los caprichos” (“Werke”, ed. de Weimar, XXXIII, pág.
2; cfr. op. cit., pág. 212).
Y acerca de sus secuaces evangélicos Lutero agregaba que “son siete
veces peores que antes. Después de la predicación de nuestra doctrina los
hombres se entregaron al robo, a la mentira, a la impostura, a la crápula, a la
embriaguez y a toda especie de vicios. Expulsamos un demonio (el Papado) y
vinieron siete peores” (“Werke”, ed. de Weimar, XXVIII, pág. 763; cfr. op.
cit., pág. 440).
“Después que comprendimos que las buenas obras no son necesarias para la
justificación, quedamos mucho más remisos y fríos en la práctica del bien.
(...) Y si hoy se pudiese volver a la antigua situación, si de nuevo reviviese
la doctrina que afirma la necesidad del recto proceder para ser santo, otro
sería nuestro entusiasmo y disposición en el ejercicio del bien” (“Werke”, ed.
de Weimar, XXVII, pág. 443; cfr. op. cit., pág. 441).
6. Todos esos desvaríos explican que Lutero haya llegado al frenesí del
orgullo satánico, diciendo de sí mismo: “¿No os parece este Lutero un hombre
extravagante? Para mí lo tengo como Dios. Si no, ¿cómo podrían tener sus
escritos y su nombre la potencia de transformar mendigos en señores, asnos en
doctores, falsificadores en santos, lodo en perlas?” (ed. de Wittenberg, 1551, tomo IV, pág. 378; cfr.
op. cit., pág. 190).
7. Otras veces la opinión que Lutero tenía de sí mismo era mucho más
objetiva: “Soy un hombre expuesto y comprometido en la sociedad, en la
crápula, en los impulsos carnales, en la negligencia y otras molestias, a
las que se vienen a juntar las de mi propio oficio” (“Briefe, Sendschreiben und
Bedenken”, ed. De Wette, I, pág. 232; cfr. op. cit., pág. 198). Excomulgado en
Worms en 1521, Lutero se entregó al ocio y a la indolencia. Y el 13 de julio
escribió a Melanchton, otro prócer protestante: “Yo aquí me hallo, insensato
y endurecido, establecido en el ocio; ¡oh, dolor!, rezando poco y dejando
de gemir por la Iglesia de Dios, porque mi carne indómita arde en grandes
llamas. En suma, yo, que debo tener fervor de espíritu, tengo el fervor
de la carne, de la lascivia, de la pereza, del ocio y de la somnolencia”
(“Briefe, Sendschreiben und Bedenken”, ed. De Wette, II, pág. 22; cfr. op. cit.
pág. 198).
En un sermón predicado en 1532: “En cuanto a mí, confieso, y muchos
otros pueden sin duda hacer igual confesión, que soy descuidado tanto en la
disciplina cuanto en el celo. Soy mucho más negligente ahora que bajo el
Papado; ahora nadie tiene por el Evangelio el ardor que se vela otrora”
(“Saemtiliche Werke”, ed. de Plochman-Irmischer, XVIII, 2, pág. 353; cfr. op.
cit., pág. 441).
Así todo, ¿qué puede encontrarse en común entre esta moral y la de la
Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana?
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Evidencias del Nuevo Orden Mundial
Estos son dos videos que contienen datos interesante al respecto del NOM (o NWO en inglés). El segundo video está en portugués, pero no es difícil entenderlo. Es recomendable ver ambos.
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lunes, 4 de junio de 2012
Club Bilderberg 2012
La reunión del club Bilderberg, ha terminado, poco se sabe de sus conclusiones, no obstante sospechamos que esta es una de las reuniones más importantes y transcendentales efectuadas durante los últimos años.
En el siguiente vídeo hablamos con Javier Pérez Nieto (JPN) y hacemos unas reflexiones sobre los asistentes, las conclusiones ha las que han podido llegar y sus objetivos.
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domingo, 3 de junio de 2012
Los nephilim -Gigantes de la antiguedad
Este es un video que nos parece interesante y controvertido. Dice que la raza de "gigantes" que habría existido en la antigüedad fue una raza "creada" artificialmente por los dioses (en nuestra opinión por demonios, como demonios son los supuestos "extraterrestres" o "reptilianos" que nos visitan o viven entre nosotros).
Confianza filial en nuestra Señora, punto de partida para una viva devoción a Ella
Plinio Corrêa de Oliveira
Santo del Día[1] 18
de mayo de 1964
Estamos
en la novena de la bienaventurada Virgen María Auxilio de los Cristianos. Son tantos
los puntos de vista bajo los cuales nuestra Señora es el auxilio de los
cristianos, que casi se podría hacer una enciclopedia sobre este tema. Pero tengo
la impresión de que hay un aspecto que
podríamos muy bien considerar y que, a
mi ver, es la parte más viva de la devoción a nuestra Señora.
La devoción viva a
nuestra Señora comienza, en general, por un auxilio de Ella que hace despertar
en las almas una aurora de confianza
![]() |
| La imagen de María Auxiliadora que se mensiona en esta reunión |
En
general, toda persona que tiene una verdadera devoción viva a nuestra Señora ha
notado que esa devoción comenzó por una especie de favores que nuestra Señora le
concedió a la persona.
La
persona se ve en apuros ―sean espirituales, temporales, o de cualquier otro
tipo― y pide a nuestra Señora para librarse de ellos. Y nuestra Señora, al
mismo tiempo que salva a la persona de tales dificultades, opera algo en el
alma, en el orden imponderable y en el orden de la gracia, que la persona
adquiere como que una vivencia de la condescendencia maternal, sonriente, afable,
bondadosa de nuestra Señora y con eso queda con la esperanza viva de que en
otras circunstancias difíciles será atendido de nuevo.
Ese
“pedir-pedir” de todas las gracias ―sobre todo del amor a Dios, que es por la
que más se debe suplicar― acaba yendo en un crescendo de tal manera que nuestra
Señora se va haciendo más exorable, más materna, de una asistencia más
meticulosa, a medida que la persona va creciendo en esa especie de vivencia de la
providencia sonriente y afable de Ella para con cada uno.
De
tal manera que las personas, a veces, acaban pidiendo a nuestra Señora
verdaderas bagatelas, cositas que son insignificantes y que Ella da como una
madre desea dar a los hijos cosas grandes y pequeñas, y que tiene una sonrisa particularmente
afectuosa para las cosas pequeñas que se le piden.
Hay
una especie de aurora de la confianza,
de aurora de la verdadera comprensión de cuáles son nuestras relaciones con
nuestra Señora, y aunque el alma pase por probaciones muy largas, muy duras,
periodos de arideces, periodos de dificultades, algo de eso queda. Es como una luz que acompaña a la persona
la vida entera, inclusive en los últimos y más amargos transes de la muerte.
Yo
recomendaría mucho que hicieran esto: pidan a nuestra Señora por lo menos la gracia
de que Ella, por medio de algunas concesiones, los coloque en esta vía, que es
toda amorosa, toda especial de esos pequeños pedidos, de esas pequeñas
condescendencias, de esa especie de intimidad con Ella. Y en que, a veces, Ella
hasta hace con nosotros lo siguiente: pedimos una cosa que no está en sus
designios conceder, porque es una prueba por la cual tenemos que pasar y
nuestra Señora quiere que sea de ese modo. Pues bien, Ella no da lo que la
persona pide, pero nos concede una fuerza para soportar lo que viene, que es
mucho mayor de lo que suponíamos. Y, después de todo, acaba dando alguna otra
cosa mejor que aquello que la persona pidió.
Las leyendas
medievales presentan el verdadero aspecto de nuestra Señora
Aquellos
devocionarios medievales y aquellas leyendas sobre la devoción a nuestra Señora
en la Edad Media, algunas verdaderas y otras imaginadas, presentan esta especie
de gracia, de gentileza de María Santísima en el trato con las almas y de modo
indeciblemente ameno, interesante.
No
nos interesa saber si el hecho es verdadero cuanto a los hombres que habrían participado
de ellas, porque la leyenda es verdadera cuanto a nuestra Señora, porque muestra
un aspecto verdadero de Ella. Por lo tanto, aunque sean leyendas, como son teológicas
y mariales, nos hacen sentir bien quien es nuestra Señora.
Me
acuerdo de un hecho que, si no me engaño, está en Las Glorias de María de
San Alfonso de Ligorio.
Una
persona, en la Edad Media tenía unas ganas enormes de ver a nuestra Señora y
daba todo para obtener eso, aunque tuviese que quedar ciego. Entonces, tuvo una
inspiración, o vino un ángel, que le hizo saber que si él aceptase después quedar
ciego durante la vida entera, tendría la gracia de ver a nuestra Señora. Él aceptó.
Nuestra Señora se le apareció en una hermosura resplandeciente, inmensamente
bondadosa, regia, condescendiente, con que quedó extasiado. Cuando la visión cesó,
verificó que estaba ciego de un ojo, no de los dos. Entonces, quedó con aquella
nostalgia de nuestra Señora…
Pidió
de nuevo y la pregunta: “¿usted acepta quedar ciego del otro ojo?” – Él quedó
en la duda…: “Acepto, respondió, tengo tantos deseos de verla una vez más, que
consiento en quedar ciego del otro ojo”. Entonces nuestra Señora se le
apareció, habló con él, y cuando la visión se disipó, estaba con los dos ojos
en perfecto estado…
Yo
no me intereso en saber si el hecho es verdadero o no, porque lo que yo sé
es que nuestra Señora es así. O sea, Ella puede hacernos pasar por un
cierto apuro para probar el amor y por lo tanto quitar una vista, hacer pasar
por estas angustias, pero en último análisis Ella acaba sonriendo y, aun cuando
se pasa por las necesarias probaciones, todo se termina con su sonrisa.
Otro
caso mucho más conocido, que todos ciertamente se recuerdan, pero es apenas por
el placer de mencionarlo: es el famoso juglar de Notre-Dame. Un hombre que
conocía el arte de los juegos, y no sabía otra cosa sino, digamos, jugar con
cinco bolas en las manos, o cualquier cosa por el estilo. Él, no sabiendo hacer
otra cosa para nuestra Señora, queriendo agradarla, en una iglesia vacía, en
una hora en que no había nadie, se puso a hacerle sus juegos, y nuestra Señora
se le apareció sonriendo, demostrándole cómo aquello le había agradado.
El punto de partida
para una devoción viva a nuestra Señora: una confianza filial en Ella
Así
también nosotros: al presentarle nuestras ofrendas a nuestra Señora, por pequeñas
que sean, debemos hacerlo con entera confianza de que Ella será
condescendiente con eso.
Si
no lo hacemos así,
va a ocurrir que nuestra devoción para con Ella nunca será perfectamente
verdadera. Debemos tener para con nuestra Señora una especie de aisance, de desembarazo, de intimidad de
hijo que a veces hasta cuando la contrista a Ella, se le presenta con toda la
confianza, con la seguridad de obtener su auxilio y su sonrisa.
Este es el punto
de partida inefablemente suave de una devoción viva a nuestra Señora.
Estoy
lejos de decir que esto basta. La persona, en la medida en que sus recursos
intelectuales lo permitan, debe estudiar los fundamentos de la devoción a
nuestra Señora, debe raciocinarlos, armados de manera que representen una convicción
profunda, basada en el dogma. No hay duda. Pero una cosa es la formación intelectual, y otra es la vida de devoción. Ambas
se completan. ¡Esta unión es magnífica! Esto explica exactamente por qué un
tan gran Doctor de la Iglesia, como San Alfonso de Ligorio, haya escrito su
libro Las Glorias de María ilustrando
varias tesis doctrinarias con hechos concretos.
De
manera que no es malo que en esta noche de preparación de la novena de Nuestra
Señora Auxiliadora ―nos que debemos rezarle a Ella todos los días y que tenemos su imagen en nuestra capilla―
recordemos esto para pedirle que nos de esa gracia de esta dulzura especial en
la devoción, que es una especie de flor del catolicismo, del que, por ejemplo,
un alma protestante no es capaz.
________________________________________________________________________________
El presente texto es una adaptación resumida de la
transcripción de la grabación de una conferencia del Prof. Plinio Corrêa de
Oliveira, no ha sido revisada por el autor.
Si el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira estuviese
vivo, ciertamente pediría que se colocase explícita mención de su filial
disposición a rectificar cualquier discrepancia en relación al magisterio de la
Iglesia. Es lo que referimos aquí, con sus propias palabras:
“Católico apostólico romano, el autor de este texto
se somete con filial celo a la enseñanza tradicional de la Santa Iglesia. Si,
por lapso, ocurra que algo no está conforme a aquella enseñanza, desde ya la
rechaza categóricamente”.
Las palabras “Revolución” y “Contra-Revolución”, son aquí empleadas en
el sentido que les da el Prof. Plínio Corrêa de Oliveira en su libro “Revolución y
Contra-Revolución”, cuya primera edición fue publicada en
el Nº 100 de "Catolicismo",
en abril de 1959.
[1] Los Santos del Día eran unas
breves reuniones en las que el Prof. Plinio ofrecía una reflexión o comentario
relacionado con el santo o fiesta religiosa que se celebraba aquel día.
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sábado, 2 de junio de 2012
Entrevista Daniel Estulin sobre reunión Club Bilderberg 2012
Confrontan a Henry Kissinger por reuniones de Bildelberg
Club Bilderberg y colapso financiero global
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viernes, 1 de junio de 2012
El Misterioso Aeropuerto de Denver
jueves, 31 de mayo de 2012
La realeza de Nuestra Señora y el Sapiencial e Inmaculado Corazón de María
[Recomendamos que acompañe la lectura escuchando el audio de la conferencia que aparece debajo de este texto]
Plinio
Corrêa de Oliveira
[…] Yo gustaría de decir una
palabra a respecto del Sapiencial e
Inmaculado Corazón de María.
En primer lugar, yo debo
recordar a los Sres. que hoy no es propiamente la fiesta del Inmaculado Corazón
de María. Hoy es la fiesta de Nuestra Señora Reina.
Entre tanto, yo creo que con
toda legitimidad podemos festejar el Inmaculado Corazón de María en el día de
hoy. Y esto por una razón muy simple, es que unos de los modos por los cuales nuestra
Señora hace efectivo su dominio sobre la tierra es exactamente por medio de su
Corazón Inmaculado y Sapiencial. Y hay incluso una invocación de nuestra
Señora, Regina Cordium, nuestra
Señora Reina de los Corazones, que puede ser vista en la perspectiva de esos
atributos o invocaciones de nuestra Señora. Primero, nuestra Señora Reina y en
segundo lugar el Inmaculado y Sapiencial Corazón de María.
¿Cómo es que todo eso se
coloca, cómo es que todo eso se ve y se entiende?
Nosotros sabemos que nuestra
Señora, de derecho, es reina del cielo y de la tierra. Ella lo es de derecho
por dos razones: en primer lugar porque Ella es la Reina-Madre de toda la creación,
Ella es Madre de Dios y Ella tiene, por lo tanto, en la creación, una situación
parecida con la que tienen las reinas madres en los países de estructura monárquica.
Pero, de otro lado también, porque Dios nuestro Señor entregó a nuestra Señora
la regencia efectiva del cielo y de la tierra. Nuestra Señora manda ―porque Él
le entregó ese poder― nuestra Señora manda sobre los ángeles, nuestra Señora
manda sobre los santos, nuestra Señora manda sobre los santos, nuestra Señora
manda sobre todas las almas que están en el purgatorio, nuestra Señora manda
sobre todos los hombres que están en el mundo. Ella manda incluso sobre el
infierno.
Todo está completa y
enteramente sujeto a Ella por la voluntad de Dios.
Una reina madre no es
propiamente una reina reinante. Ella tiene las honras de la realeza, pero ella
no es la reina reinante. La reina Mary, de Inglaterra, por ejemplo, es reina
madre. Ella fue reina, esposa ―ella nunca fue reina reinante, ella nunca
ejerció la realeza, ella tuvo las honras de la realeza, fue esposa del rey
Jorge VI, después falleció el rey, la realeza pasó para la hija de ella, la
reina Isabel II y ella pasó a ser la reina madre. Ella pasó la vida entera, por
lo tanto, cercada de las honras de la realeza, pero sin el mando de la realeza.
La reina Isabel II es la reina reinante, porque en la pequeña medida de poder
que tiene una reina de Inglaterra, en esa medida ella reina. De manera que ella
es la reina reinante.
Nuestra Señora no es sólo la
reina madre porque es la Madre de nuestro Señor Jesucristo, además Ella es
reina reinante porque Dios nuestro Señor le confió a Ella ese poder.
Ahora, ese poder que Ella
tiene, de derecho, ¿cómo es que Ella lo ejerce? ¿Cómo Ella transforma en hechos
ese poder de derecho que Ella tiene?
En el cielo Ella lo ejerce de
dos modos: en primer lugar, porque Ella tiene el derecho de mandar y porque
todas las almas que están en el cielo están confirmadas en gracia, ellas no hacen
sino la voluntad de Dios. De manera que es ciertísimo que nuestra Señora
mandando en ellas en nombre de Dios, nuestra Señora tiene el derecho de
imponerse a ellas y ellas obedecen.
Pero es también verdad que aunque
Dios no lo hubiese mandado, ellas querrían obedecer a nuestra Señora. Y querrían
por el extremo amor que ellas tienen a nuestra Señora, por el conocimiento que
ellas tienen de todas las virtudes de nuestra Señora, de la superioridad de
nuestra Señora. Porque toda superioridad confiere un mando, aunque no hubiese
esa orden de Dios, yo estoy cierto que todos los ángeles y los santos del cielo
por la expresión de una leve, tenue voluntad de nuestra Señora, ellos se
moverían todos en esa dirección.
![]() |
| El Inmaculado Corazón de María |
Y ese es un imperio que es el
imperio de un corazón sobre los corazones. ¿En qué sentido es eso?
El corazón, los Sres. saben ―yo
ya he dicho eso innumerables veces― es el órgano físico que es símbolo de la
mentalidad. Es decir, del modo por el cual la persona ve las cosas, y del modo
por el cual quiere las cosas.
El Sapiencial e Inmaculado
Corazón de María es una expresión de la mentalidad sapiencial e inmaculada de
nuestra Señora. Y expresa, entre otras cosas también, su bondad inefable, su
dulzura inefable, su misericordia inagotable.
Por todas esas razones, los
ángeles y santos del cielo, considerando a nuestra Señora, la aman con toda la
intensidad; después de Dios, pero la aman. La aman tanto cuanto les es dado a
ellos amar, pero la aman. Y el resultado es que ese amor es tal que Ella
reinaría sobre ellos ―el corazón de Ella sobre los corazones de ellos―, es
decir, la mentalidad de Ella sobre la mentalidad de ellos. Es decir, el modo de
Ella ver las cosas súper sapiencialmente sería una regla de sabiduría para
ellos. La voluntad de Ella, santísima, sin mancha, inmaculada, sería una regla
para la voluntad de ellos aunque no hubiese sido mandado por Dios.
Es decir, simplemente, de
Corazón a corazón, nuestra Señora domina el cielo. Domina el cielo y domina el
purgatorio, porque las almas que están en el purgatorio también ellas ya no
pecan más. También ellas tienen la garantía de que irán al cielo. No hay
peligro de que un alma en el purgatorio, por ejemplo, se rebelase con los
padecimientos extremos que en el purgatorio se sufren. ¿Por qué? Porque ellas están
confirmadas en gracia y ellas van a ir para el cielo. Y por causa de eso ellas
piensan como nuestra Señora piensa, quieren lo que nuestra Señora quiere, viven
para nuestra Señora. Y por eso, cuando nuestra Señora de vez en cuando se aparece
en el purgatorio, hay para ellas una alegría sin nombre. Ellas todas cantas,
satisfechísimas, de dentro de sus tormentos. Y Ella lleva siempre un número
enorme de almas para el cielo. Y a las que Ella no lleva para el cielo, Ella
esparce en torno de sí como que un rocío que disminuye las penas, aumenta la
esperanza de llegar al cielo y alivia los padecimientos de aquellas almas.
Pero es también de Corazón a
corazón que nuestra Señora domina aquellas almas y reina. Y no sólo por la
voluntad de Dios.
En la tierra, ¿cómo es que son
las cosas? Tenemos en la tierra, si los Sres. quisieren, la triste libertad ―que
es de hecho una servidumbre―, la triste libertad de no hacer la voluntad de
Dios. En otros términos, nuestras pasiones nos arrastran. Ellas son tiranas que
nos llevan muchas veces a hacer lo que nosotros no querríamos, por pecado
nuestro, mas nos llevan a hacer lo que nosotros no querríamos. Y ellas nos dan,
así, la triste libertad de decir “no” a Dios.
Una triste libertad que es una
esclavitud porque si nosotros fuésemos libres en nuestras pasiones nosotros
nunca diríamos “no” a Dios. Pero esas pasiones existen. Y nosotros tenemos que
luchar contra ellas. De manera que, en último análisis, está esa servidumbre nuestra:
las pasiones, que sólo con la gracia de nuestra Señora nosotros conseguimos
sacudir, conseguimos limitar, e incluso extinguir. Sin eso, nosotros seríamos
esclavos de nuestros defectos.
Y hay en la tierra una lucha
entre los que obedecen y los que no obedecen a nuestra Señora. Nuestra Señora
tiene el derecho de ser obedecida por todo el mundo. Y en ese sentido, “de
derecho”, Ella es reina del mundo entero. Pero el mundo tiene la posibilidad ―si
bien que no el derecho― de desobedecer a nuestra Señora. De donde, hay un
número enorme de personas que desobedecen a nuestra Señora.
Entonces, el Sapiencial e
Inmaculado Corazón de María ¿cómo es que hace efectiva su autoridad jurídica e
indiscutible sobre todo el mundo? Se hace efectiva de una forma muy simple. Nuestra
Señora, por su Corazón, Ella toca los corazones, ella toca las almas, y hace
con que las almas recibiendo gracias muy abundantes, la sigan a Ella.
Es claro que esto no es automático.
Una persona puede resistir a la gracia. Incluso a una gracia muy abundante, la
persona puede resistir. Peca, pero puede resistir. Está bien, pero muchos no
pecan por causa de la abundancia de la gracia. Y por esta forma, recibiendo
gracias caudalosas, sirven a nuestra Señora. Pero esas gracias, ¿cómo es que
son? Es la gracia que Ella da a nuestros corazones para que veamos el Corazón
de Ella. De conocer y amar la sabiduría de Ella, de conocer y amar la nota de
Inmaculada que existe en toda la persona de Ella. Y es por esta forma que Ella
se hace obedecer por nosotros.
De manera que el Corazón de
Ella es un cetro con el cual Ella gobierna a todos aquellos que le obedecen en
el mundo.
Es claro que también, nuestra
Señora manda en los malos. El demonio obedece, absolutamente. Y por eso también
muchas veces, en la historia, ocurren cosas desconcertantes para los buenos o
para los que defienden el lado del bien, ocurren cosas desconcertantes en
último análisis porque nuestra Señora mandó. Y en este sentido, Ella puede también
mandar. Pero no es un mandar que fuerce el libre albedrío por el cual la
persona dice “sí” a la gracia de Dios. Eso no. Fuerza cualquier otra cosa, ese
punto no fuerza.
Es decir, nuestra Señora tiene
un imperio de derecho sobre todos. Que a veces Ella hace efectivo y nadie puede
resistir. Pero que muchas veces es efectivo no por un imperio de Ella sino por
el amor que Ella comunica a muchas almas.
Ahí los Sres. tienen una razón
por la cual tantas personas se dedican, tantas personas se inmolan, tantas
persona luchan etc., etc. Es por causa del Sapiencial e Inmaculado Corazón de
María.
Entonces, en esas condiciones
yo tengo la certeza de que la fiesta de Nuestra Señora Reina es la fiesta del
Corazón de Ella. Lo que, por lo demás, está escrito en Fátima: Nuestra Señora
dice “por fin mi Inmaculado Corazón triunfará”. Triunfará quiere decir reinar. El
Corazón de nuestra Señora es un corazón regio. Si yo pudiese representar el
Inmaculado Corazón de María, yo gustaría de representarlo rodeado por una
corona, para indicar bien el carácter regio del Corazón Sapiencial e Inmaculado
de María.
La fiesta, por lo tanto, tiene
toda la propiedad ―aunque sea la fiesta de Nuestra Señora Reina― tiene toda la
propiedad para que nosotros cultivemos y veneremos el Inmaculado Corazón de
María.
¿De qué manera? Haciendo el
siguiente pedido: Haced mi corazón semejante al Vuestro. Semejante no quiere
decir vagamente parecido, no. Quiere decir parecido en todo cuanto está en los
designios de la Providencia que se parezca. “Hacedme sapiencial, de una sabiduría
que sea una participación de la vuestra; hacedme puro de una pureza que sea una
participación de la vuestra”. Y, para ser sapiencial y puro: es preciso ser
contra-revolucionario.
¿Por qué? Porque la Revolución es
el auge de la insensatez y de la falta de pureza. Es lo contrario, de modo
escandaloso, pero directamente lo contrario de la sabiduría y de la pureza,
sobre todo de la pureza inmaculada de nuestra Señora. Entonces, el Sapiencial e
Inmaculado Corazón de María es Nuestra Señora de la Contra-Revolución. Es por
donde la Revolución más odia a nuestra Señora, y por donde nosotros, hijos de
la Contra-Revolución, más nos afirmamos hijos de Ella.
Los Sres. comprenden cuántas
razones hay para que aprovechemos los últimos minutos de esta fiesta para pedir
gracias para nosotros. Sobre todo esa transformación por donde nuestro corazón sea
confiscado por nuestra Señora, sea tomado por nuestra Señora. Podemos decir: “Mi
Madre, yo no soy bastante fuerte para entregarme a vos: dominadme. Entrad en mi
alma con gracias tales que yo prácticamente no resistiré. Esta puerta, mi
Madre, que yo por miseria no abro, atravesadla. Yo os espero detrás de ella con
mi sonrisa, mi reconocimiento y mi gratitud”.
Esta es una buena oración para
la fiesta de hoy.
Recomendamos seguir el audio de esta conferencia haciendo clic en play
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El presente
texto es una adaptación resumida de la transcripción de la grabación de una
conferencia del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, no ha sido revisada por el
autor.
Si el Prof.
Plinio Corrêa de Oliveira estuviese vivo, ciertamente pediría que se colocase
explícita mención de su filial disposición a rectificar cualquier discrepancia
en relación al magisterio de la Iglesia. Es lo que referimos aquí, con sus
propias palabras:
“Católico
apostólico romano, el autor de este texto se somete con filial celo a la
enseñanza tradicional de la Santa Iglesia. Si, por lapso, ocurra que algo no
está conforme a aquella enseñanza, desde ya la rechaza categóricamente”.
Las
palabras “Revolución” y “Contra-Revolución”, son aquí empleadas en el sentido
que les da el Prof. Plínio Corrêa de Oliveira en su libro “Revolución y Contra-Revolución”,
cuya primera edición fue publicada en el Nº 100 de "Catolicismo", en
abril de 1959.
[1] Los Santos del
Día eran unas breves reuniones en las que el Prof. Plinio ofrecía una reflexión
o comentario relacionado con el santo o fiesta religiosa que se celebraba aquel
día.
Etiquetas:
Doctrina Católica,
Mariología,
Plinio Correa de Oliveira,
Santo del día
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