viernes, 8 de junio de 2012

Pobreza y esplendor: extremos armónicos en el firmamento de la Iglesia

Plinio Corrêa de Oliveira
Catolicismo Nº 96 - diciembre de 1958
Un aspecto de la  Santa Iglesia. En una celda llena de penumbra, ante un crucifijo que recuerda la muerte más dolorosa que jamás hubo, un monje cartujo ojea un devocionario. Revestido de un simple y pobre hábito, con una larga barba, ese religioso parece la personificación de todos los elementos que impregnan el ambiente que lo rodea: gravedad extrema, resolución varonil de vivir sólo para lo que es profundo, verdadero, eterno, noble simplicidad, espíritu de renuncia a todo cuanto hay de la tierra, pobreza material iluminada por los reflejos sobrenaturales de la más alta riqueza espiritual.

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Otro aspecto de la Santa Iglesia.
En la inmensa nave central de la Basílica de San Pedro, avanza majestuoso el cortejo papal. En la fotografía, se percibe apenas una parte de él, esto es, algunos cardenales y los dignatarios eclesiásticos y legos que preceden inmediatamente la silla gestatoria. En ella, el sumo pontífice, acompañado de los famosos “flabelli” y seguido de la guardia noble. Al fondo, se levanta el Altar de la Confesión, con sus elegantísimas columnas y su espléndido dosel.  Y bien más atrás la célebre “Gloria” de Bernini. Las altas paredes recubiertas de mármoles admirables y adornados de relieves, los arcos a un tiempo leves e intensos, las luces que resplandecen como si fuesen estrellas o relucientes brillantes, todo se reviste de una grandeza que es bien el supra-sumo de lo que la tierra presentar de más bello. Es la mayor pompa de que el hombre sea capaz, realzada por la magnificencia del arte y por el esplendor de los recursos naturales de la piedra.
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Lo que en un cuadro es gravedad recogida, en el otro es gloria irradiante. Lo que en uno es pobreza, en el otro es fastuosidad. Lo que en uno es simplicidad, en el otro es refinamiento. Lo que en uno es renuncia a las criaturas, en el otro es la superabundancia  de las más espléndidas de entre ellas.
¿Contradicción? Es lo que muchos dirían: ¿se puede amar al mismo tiempo la riqueza y la pobreza, la simplicidad y la pompa, la ostentación y el recogimiento? ¿Se puede al mismo tiempo elogiar el abandono de todas las cosas de la tierra, y la reunión de todas ellas para la constitución de un cuadro en que relucen los más altos valores terrenos?
No, entre uno y otro orden de valores no existe contradicción, sino en la mente de los igualitarios, siervos de la Revolución. Por el contrario, la Iglesia se muestra santa, precisamente porque con igual perfección, con la misma sobrenatural genialidad, sabe organizar y estimular la práctica de las virtudes que brillan en la vida obscura del monje, y de las que refulgen en el ceremonial sublime del papado. Más aún. Una cosa se equilibra con la otra. Casi podríamos decir que un extremo (en el sentido bueno de la palabra) compensa al otro y con él se concilia.
El fondo doctrinario en el cual estos dos santos extremos se encuentran y se armonizan es muy claro. Dios nuestro Señor nos dio las criaturas, a fin de que estas nos sirvan para que lleguemos a Él. Así, cumple que la cultura y el arte, inspirados por la fe, pongan en evidencia todas las bellezas de la creación irracional y los esplendores del talento y virtud del alma humana. Es lo que se llama cultura cristiana. Con esto, los hombres se forman en la verdad y en la belleza, en el amor por la sublimidad, la jerarquía y el orden que en el universo reflejan la perfección de Aquel que lo hizo. Y así las criaturas sirven, de hecho, para nuestra salvación y la gloria divina. Pero de otro lado, ellas son contingentes, pasajeras, sólo Dios es absoluto y eterno. Y por eso es bueno apartarse de los seres creados, para que en el desprecio de todos ellos, se piense sólo en el Señor. Del primer modo, considerando todo lo que las criaturas son, se sube hasta Dios; y del otro modo, se va hasta Él considerando lo que ellas no son. La Iglesia convida a sus hijos a ir por una y otra vía simultáneamente; por el espectáculo sublime de sus pompas, y por la consideración de las admirables renuncias que sólo Ella sabe inspirar y hacer realizar efectivamente.

El Gran Proyecto Secreto partes I y II

miércoles, 6 de junio de 2012

¡Lutero se consideraba divino!


Presentamos aquí un artículo del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira escrito en 1983, que reúne otras horribles blasfemias el monje apóstata que sirven para completar el artículo anterior publicado bajo el título “Las blasfemias de Lutero”. Los subrayados son nuestros.

Plinio Corrêa de Oliveira
Folha de S. Paulo, 10 de enero de 1984.

No comprendo cómo ciertos eclesiásti­cos contemporáneos, incluso de los más cultos, doctos e ilustres, pueden hacer de Lutero, el heresiarca, una figura mítica, con el empeño de favorecer una aproxi­mación ecuménica. Esta aproximación se­ría en primer término con el protestantis­mo e indirectamente con todas las religio­nes, escuelas filosóficas, etc. ¿Discernirán estos hombres el peligro que a todos nos acecha al final de ese camino? Me refiero a la formación a escala mundial de un siniestro supermercado de religiones, filo­sofías y sistemas de todo tipo, en el que la verdad y el error se presentarán frac­cionados, mezclados y puestos en bullicio. Sólo quedaría ausente del mundo —si es que se pudiera llegar hasta allá— la verdad total; o sea, la fe católica, apostó­lica, romana, pura y sin mancha.
A propósito de Lutero —a quien le co­rrespondería bajo cierto aspecto el papel de punto de partida en esta marcha hacia el desorden total— publico hoy algunos tópicos más que muestran bien el olor que su figura rebelde exhalaría en ese supermercado o, mejor, en esa necrópolis de religiones, de filosofías y del mismo pensamiento humano.
Tal como lo prometiera en el artículo anterior, los obtengo de la magnífica obra del reverendo padre Leonel Franca, S. J., La Iglesia, la reforma y la civilización (Editora Civilização Brasileira, Río de Ja­neiro, 3.a ed., 1934, 558 págs.).
La doctrina de la justificación indepen­diente de las obras es un elemento carac­terístico de la enseñanza de Lutero. En términos llanos quiere decir que los méri­tos superabundantes de Nuestro Señor Jesucristo aseguran al hombre por sí so­los la salvación eterna. De manera que se puede llevar en esta tierra una vida de pecado sin remordimiento de conciencia ni temor de la justicia de Dios.
¡Para él la conciencia no era la voz de la gracia, sino la del demonio!
1. Por eso le escribió a un amigo que el hombre vejado por el demonio de cuando en cuando “debe beber con más abundancia, jugar, divertirse y aun come­ter algún pecado por odio y para molestar al demonio, para no darle pie a que per­turbe la conciencia con niñerías. (...) Todo el decálogo (de la ley de Dios) se debe borrar de nuestros ojos y nuestra alma, de nosotros, tan perseguidos y molestados por el diablo” (M. Luther, “Briefe, Sendschreiben und Bedenken”, ed. De Wet­te, Berlín, 1825-1828; cfr. op. cit., págs. 199-200).
2. En este sentido también escribió Lutero: “Dios sólo te obliga a creer y a confesar. En todas las otras cosas te deja libre y dueño de hacer lo que quieres, sin peligro alguno de conciencia; más bien es cierto que a Él no le importa incluso que dejes a tu mujer, huyas de tu señor y no seas fiel a ningún vínculo. ¿Y qué más le da (a Dios) que hagas o dejes de hacer semejantes cosas?” (“Werke”, ed. de Wei­mar, XII, págs. 131 y sigs.; cfr. op. cit., pág. 446).
3. Tal vez más tajante es esta incita­ción al pecado en carta a Melanchton del 1 de agosto de 1521: “Sé pecador y peca de veras (esto peccátor et peca fórtier), pero con aún mayor firmeza cree y alégra­te en Cristo, vencedor del pecado, de la muerte y del mundo. Durante la vida pre­sente debemos pecar. Basta que por la misericordia de Dios conozcamos al Cordero que quita los pecados del mundo. De Él no nos ha de separar el pecado aunque cometamos mil homicidios y mil adulterios por día” (“Briefe, Sendschreiben und Bedenken”, ed. De Wette, II, pág. 27; cfr. op. cit., pág. 439).
4. Esta doctrina es tan descabellada que el propio Lutero a duras penas conse­guía creer en ella: “No hay ninguna reli­gión en toda la tierra que enseñe esta doctrina de la justificación; yo mismo, aunque la enseñe públicamente, creo en ella con gran dificultad” (“Werke”, ed. de Weimar, XXV, pág. 330; cfr. op. cit., pág. 158).
5. Pero el mismo Lutero reconocía los efectos de su predicación confesada­mente insincera: “El Evangelio encuentra hoy en día adherentes que se persuaden de que ésta no es sino una doctrina que sirve para llenar el vientre y dar rienda suelta a todos los caprichos” (“Werke”, ed. de Weimar, XXXIII, pág. 2; cfr. op. cit., pág. 212).
Y acerca de sus secuaces evangélicos Lutero agregaba que “son siete veces peores que antes. Después de la predica­ción de nuestra doctrina los hombres se entregaron al robo, a la mentira, a la impostura, a la crápula, a la embriaguez y a toda especie de vicios. Expulsamos un demonio (el Papado) y vinieron siete peo­res” (“Werke”, ed. de Weimar, XXVIII, pág. 763; cfr. op. cit., pág. 440).
“Después que comprendimos que las buenas obras no son necesarias para la justificación, quedamos mucho más remi­sos y fríos en la práctica del bien. (...) Y si hoy se pudiese volver a la antigua situa­ción, si de nuevo reviviese la doctrina que afirma la necesidad del recto proceder para ser santo, otro sería nuestro entu­siasmo y disposición en el ejercicio del bien” (“Werke”, ed. de Weimar, XXVII, pág. 443; cfr. op. cit., pág. 441).
6. Todos esos desvaríos explican que Lutero haya llegado al frenesí del orgullo satánico, diciendo de sí mismo: “¿No os parece este Lutero un hombre extravagante? Para mí lo tengo como Dios. Si no, ¿cómo podrían tener sus es­critos y su nombre la potencia de trans­formar mendigos en señores, asnos en doctores, falsificadores en santos, lodo en perlas?” (ed. de Wittenberg, 1551, tomo IV, pág. 378; cfr. op. cit., pág. 190).
7. Otras veces la opinión que Lutero tenía de sí mismo era mucho más objeti­va: “Soy un hombre expuesto y compro­metido en la sociedad, en la crápula, en los impulsos carnales, en la negligencia y otras molestias, a las que se vienen a juntar las de mi propio oficio” (“Briefe, Sendschreiben und Bedenken”, ed. De Wette, I, pág. 232; cfr. op. cit., pág. 198). Excomulgado en Worms en 1521, Lutero se entregó al ocio y a la indolencia. Y el 13 de julio escribió a Melanchton, otro prócer protestante: “Yo aquí me hallo, insensato y endurecido, establecido en el ocio; ¡oh, dolor!, rezando poco y dejando de gemir por la Iglesia de Dios, porque mi carne indómita arde en grandes llamas. En suma, yo, que debo tener fervor de espíritu, tengo el fervor de la carne, de la lascivia, de la pereza, del ocio y de la somnolencia” (“Briefe, Sendschreiben und Bedenken”, ed. De Wette, II, pág. 22; cfr. op. cit. pág. 198).
En un sermón predicado en 1532: “En cuanto a mí, confieso, y muchos otros pueden sin duda hacer igual confesión, que soy descuidado tanto en la disciplina cuanto en el celo. Soy mucho más negli­gente ahora que bajo el Papado; ahora nadie tiene por el Evangelio el ardor que se vela otrora” (“Saemtiliche Werke”, ed. de Plochman-Irmischer, XVIII, 2, pág. 353; cfr. op. cit., pág. 441).
Así todo, ¿qué puede encontrarse en común entre esta moral y la de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana?

Evidencias del Nuevo Orden Mundial

Estos son dos videos que contienen datos interesante al respecto del NOM (o NWO en inglés). El segundo video está en portugués, pero no es difícil entenderlo. Es recomendable ver ambos.

lunes, 4 de junio de 2012

Club Bilderberg 2012


La reunión del club Bilderberg, ha terminado, poco se sabe de sus conclusiones, no obstante sospechamos que esta es una de las reuniones más importantes y transcendentales efectuadas durante los últimos años.
En el siguiente vídeo hablamos con Javier Pérez Nieto (JPN) y hacemos unas reflexiones sobre los asistentes, las conclusiones ha las que han podido llegar y sus objetivos.

domingo, 3 de junio de 2012

Los nephilim -Gigantes de la antiguedad


Este es un video que nos parece interesante y controvertido. Dice que la raza de "gigantes" que habría existido en la antigüedad fue una raza "creada" artificialmente por los dioses (en nuestra opinión por demonios, como demonios son los supuestos "extraterrestres" o "reptilianos" que nos visitan o viven entre nosotros).

Confianza filial en nuestra Señora, punto de partida para una viva devoción a Ella


Plinio Corrêa de Oliveira
Santo del Día[1] 18 de mayo de 1964
Estamos en la novena de la bienaventurada Virgen María Auxilio de los Cristianos. Son tantos los puntos de vista bajo los cuales nuestra Señora es el auxilio de los cristianos, que casi se podría hacer una enciclopedia sobre este tema. Pero tengo la impresión de que hay un aspecto que podríamos muy bien considerar y que, a mi ver, es la parte más viva de la devoción a nuestra Señora.
La devoción viva a nuestra Señora comienza, en general, por un auxilio de Ella que hace despertar en las almas una aurora de confianza
La imagen de María Auxiliadora que se mensiona en esta reunión
En general, toda persona que tiene una verdadera devoción viva a nuestra Señora ha notado que esa devoción comenzó por una especie de favores que nuestra Señora le concedió a la persona.
La persona se ve en apuros ―sean espirituales, temporales, o de cualquier otro tipo― y pide a nuestra Señora para librarse de ellos. Y nuestra Señora, al mismo tiempo que salva a la persona de tales dificultades, opera algo en el alma, en el orden imponderable y en el orden de la gracia, que la persona adquiere como que una vivencia de la condescendencia maternal, sonriente, afable, bondadosa de nuestra Señora y con eso queda con la esperanza viva de que en otras circunstancias difíciles será atendido de nuevo.
Ese “pedir-pedir” de todas las gracias ―sobre todo del amor a Dios, que es por la que más se debe suplicar― acaba yendo en un crescendo de tal manera que nuestra Señora se va haciendo más exorable, más materna, de una asistencia más meticulosa, a medida que la persona va creciendo en esa especie de vivencia de la providencia sonriente y afable de Ella para con cada uno.
De tal manera que las personas, a veces, acaban pidiendo a nuestra Señora verdaderas bagatelas, cositas que son insignificantes y que Ella da como una madre desea dar a los hijos cosas grandes y pequeñas, y que tiene una sonrisa particularmente afectuosa para las cosas pequeñas que se le piden.
Hay una especie de aurora de la confianza, de aurora de la verdadera comprensión de cuáles son nuestras relaciones con nuestra Señora, y aunque el alma pase por probaciones muy largas, muy duras, periodos de arideces, periodos de dificultades, algo de eso queda. Es como una luz que acompaña a la persona la vida entera, inclusive en los últimos y más amargos transes de la muerte.
Yo recomendaría mucho que hicieran esto: pidan a nuestra Señora por lo menos la gracia de que Ella, por medio de algunas concesiones, los coloque en esta vía, que es toda amorosa, toda especial de esos pequeños pedidos, de esas pequeñas condescendencias, de esa especie de intimidad con Ella. Y en que, a veces, Ella hasta hace con nosotros lo siguiente: pedimos una cosa que no está en sus designios conceder, porque es una prueba por la cual tenemos que pasar y nuestra Señora quiere que sea de ese modo. Pues bien, Ella no da lo que la persona pide, pero nos concede una fuerza para soportar lo que viene, que es mucho mayor de lo que suponíamos. Y, después de todo, acaba dando alguna otra cosa mejor que aquello que la persona pidió.
Las leyendas medievales presentan el verdadero aspecto de nuestra Señora
Aquellos devocionarios medievales y aquellas leyendas sobre la devoción a nuestra Señora en la Edad Media, algunas verdaderas y otras imaginadas, presentan esta especie de gracia, de gentileza de María Santísima en el trato con las almas y de modo indeciblemente ameno, interesante.
No nos interesa saber si el hecho es verdadero cuanto a los hombres que habrían participado de ellas, porque la leyenda es verdadera cuanto a nuestra Señora, porque muestra un aspecto verdadero de Ella. Por lo tanto, aunque sean leyendas, como son teológicas y mariales, nos hacen sentir bien quien es nuestra Señora.
Me acuerdo de un hecho que, si no me engaño, está en Las Glorias de María de San Alfonso de Ligorio.
Una persona, en la Edad Media tenía unas ganas enormes de ver a nuestra Señora y daba todo para obtener eso, aunque tuviese que quedar ciego. Entonces, tuvo una inspiración, o vino un ángel, que le hizo saber que si él aceptase después quedar ciego durante la vida entera, tendría la gracia de ver a nuestra Señora. Él aceptó. Nuestra Señora se le apareció en una hermosura resplandeciente, inmensamente bondadosa, regia, condescendiente, con que quedó extasiado. Cuando la visión cesó, verificó que estaba ciego de un ojo, no de los dos. Entonces, quedó con aquella nostalgia de nuestra Señora…
Pidió de nuevo y la pregunta: “¿usted acepta quedar ciego del otro ojo?” – Él quedó en la duda…: “Acepto, respondió, tengo tantos deseos de verla una vez más, que consiento en quedar ciego del otro ojo”. Entonces nuestra Señora se le apareció, habló con él, y cuando la visión se disipó, estaba con los dos ojos en perfecto estado…
Yo no me intereso en saber si el hecho es verdadero o no, porque lo que yo sé es que nuestra Señora es así. O sea, Ella puede hacernos pasar por un cierto apuro para probar el amor y por lo tanto quitar una vista, hacer pasar por estas angustias, pero en último análisis Ella acaba sonriendo y, aun cuando se pasa por las necesarias probaciones, todo se termina con su sonrisa.
Otro caso mucho más conocido, que todos ciertamente se recuerdan, pero es apenas por el placer de mencionarlo: es el famoso juglar de Notre-Dame. Un hombre que conocía el arte de los juegos, y no sabía otra cosa sino, digamos, jugar con cinco bolas en las manos, o cualquier cosa por el estilo. Él, no sabiendo hacer otra cosa para nuestra Señora, queriendo agradarla, en una iglesia vacía, en una hora en que no había nadie, se puso a hacerle sus juegos, y nuestra Señora se le apareció sonriendo, demostrándole cómo aquello le había agradado.
El punto de partida para una devoción viva a nuestra Señora: una confianza filial en Ella
Así también nosotros: al presentarle nuestras ofrendas a nuestra Señora, por pequeñas que sean, debemos hacerlo con entera confianza de que Ella será condescendiente con eso.
Si no lo hacemos así, va a ocurrir que nuestra devoción para con Ella nunca será perfectamente verdadera. Debemos tener para con nuestra Señora una especie de aisance, de desembarazo, de intimidad de hijo que a veces hasta cuando la contrista a Ella, se le presenta con toda la confianza, con la seguridad de obtener su auxilio y su sonrisa.
Este es el punto de partida inefablemente suave de una devoción viva a nuestra Señora.
Estoy lejos de decir que esto basta. La persona, en la medida en que sus recursos intelectuales lo permitan, debe estudiar los fundamentos de la devoción a nuestra Señora, debe raciocinarlos, armados de manera que representen una convicción profunda, basada en el dogma. No hay duda. Pero una cosa es la formación intelectual, y otra es la vida de devoción. Ambas se completan. ¡Esta unión es magnífica! Esto explica exactamente por qué un tan gran Doctor de la Iglesia, como San Alfonso de Ligorio, haya escrito su libro Las Glorias de María ilustrando varias tesis doctrinarias con hechos concretos.
De manera que no es malo que en esta noche de preparación de la novena de Nuestra Señora Auxiliadora ―nos que debemos rezarle a Ella todos los días y que tenemos su imagen en nuestra capilla― recordemos esto para pedirle que nos de esa gracia de esta dulzura especial en la devoción, que es una especie de flor del catolicismo, del que, por ejemplo, un alma protestante no es capaz.
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El presente texto es una adaptación resumida de la transcripción de la grabación de una conferencia del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, no ha sido revisada por el autor.
Si el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira estuviese vivo, ciertamente pediría que se colocase explícita mención de su filial disposición a rectificar cualquier discrepancia en relación al magisterio de la Iglesia. Es lo que referimos aquí, con sus propias palabras:
“Católico apostólico romano, el autor de este texto se somete con filial celo a la enseñanza tradicional de la Santa Iglesia. Si, por lapso, ocurra que algo no está conforme a aquella enseñanza, desde ya la rechaza categóricamente”.
Las palabras “Revolución” y “Contra-Revolución”, son aquí empleadas en el sentido que les da el Prof. Plínio Corrêa de Oliveira en su libro “Revolución y Contra-Revolución”, cuya primera edición fue publicada en el Nº 100 de "Catolicismo", en abril de 1959.


[1] Los Santos del Día eran unas breves reuniones en las que el Prof. Plinio ofrecía una reflexión o comentario relacionado con el santo o fiesta religiosa que se celebraba aquel día.

sábado, 2 de junio de 2012

Entrevista Daniel Estulin sobre reunión Club Bilderberg 2012



Confrontan a Henry Kissinger por reuniones de Bildelberg


Club Bilderberg y colapso financiero global

Meditaciones para el rezo del rosario


EL ROSARIO MEDITADO
Con peticiones apropiadas para cada decena del rosario, compuestas o adaptadas por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira.
Nuestra Señora entrega el rosario
a Santo Domingo
Misterios  Gozosos
1º. Misterio: Contemplamos a Anunciación del ángel y la Encarnación del Verbo.
— Pido al Inmaculado y Sapiencial Corazón de María que destruya en mi alma las tristezas, las depresiones nerviosas y las desconfianzas infundadas, por los méritos de las alegrías que nuestra Señora tuvo en la Anunciación.
2º. Misterio: Contemplamos la Visitación de nuestra Señora a su prima Santa Isabel.
— Pido a Nuestra Señora del Buen Consejo que me hable al alma y me haga estremecer de júbilo y de devoción al oír el llamado de Ella, como San Juan Bautista al oír su voz.
3º Misterio: Contemplamos el Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en Belén.
— Pido a María Santísima que me conceda la admiración, la serenidad y la fortaleza que emanan del santo misterio de la Navidad.
4º Misterio: Contemplamos a Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de nuestra Señora.
— Pido a nuestra Señora de los siete dolores que me conceda un alma sin timidez, toda de fuego, para ser, en unión con el Niño Jesús, con el Inmaculado Corazón de María y con la Santa Iglesia, una piedra de escándalo para la ruina y salvación de muchos.
5º Misterio: Contemplamos a pérdida y el encuentro del Niño Jesús.
— Pido a nuestra Señora fidelidad, confianza y fuerzas en las múltiples perplejidades de que mi alma está llena.
Misterios Dolorosos
1º Misterio: Contemplamos a Agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos.
— Pido a Nuestra Señora que me conceda un alma capaz de amar el sufrimiento y de sufrir por Ella y por la Iglesia, en unión con la Agonía infinitamente preciosa de nuestro Señor Jesucristo.
2º Misterio: Contemplamos a Flagelación de nuestro Señor Jesucristo
— Cuando los sufrimientos se abatieren sobre mí como azotes, suplico a nuestra Señora que me comunique la fuerza invencible, la serenidad inquebrantable y una gota, por lo menos, de la infinita dignidad de nuestro Señor Jesucristo.
3º Misterio: Contemplamos a Coronación de espinas de nuestro Señor.
— Cuando se rieren de mí, me desprecien y me aislaren, sobre todo por mi pertenencia a la Iglesia, suplico a nuestra Señora que me conceda la convicción de la entera sin razón de ser de todas esas persecuciones. Y una fe inquebrantable y altanera en la santidad de la causa a la que me entregué.
4º Misterio: Contemplamos a nuestro Señor cargando penosamente la Cruz hasta lo alto del Calvario.
— Ni un solo paso para atrás, ni para el lado; determinación sobrenatural inquebrantable de seguir el camino, aun cuando cae postrado tres veces bajo el peso de la Cruz. Oh Madre Dolorosa, has mi alma semejante a la de vuestro divino Hijo y a la vuestra.
5º Misterio: Contemplamos la Crucifixión y muerte de nuestro Señor Jesucristo.
— La víctima expiatoria llevó a las últimas consecuencias su misión. Habiéndola aceptado, cumplió todo hasta el fin. A los pies de Él estaba María Santísima, que quiso todo eso, más una vez para salvarnos. Concededme, oh Santa María, la gracia de llevar hasta las últimas consecuencias mi vocación, aceptando en la vida de hoy, como en el futuro, todos los sufrimientos que ella imponga. Haced con que sea mi ideal ir al encuentro de esos sufrimientos y amarlos hasta el fin. Débil, incapaz, cargado de malos hábitos, ¿cómo podré hacer esto sin un auxilio sobrenatural? ¡Que este auxilio me venga de la Sangre inocente del Cordero divino y de vuestras lágrimas purísimas e indeciblemente preciosas, oh María!
Misterios Gloriosos
1º Misterio: Contemplamos la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
— Resurge el Redentor, el bien triunfa sobre el mal, todo el universo se alegra. Haced, oh mi Madre, que mi alma se estremezca de júbilo y devoción en la espera de vuestro Reino.
2º Misterio: Contemplamos la Ascensión de Jesús a los cielos.
— Sube al cielo el Justo, cercado de una gloria infinita. Que yo desee así, oh mi Madre, que se eleven sobre todas las cosas, en una victoria radiante, la Santa Iglesia y la Cristiandad.
3º Misterio: Contemplamos el descenso del Espírito Santo sobre nuestra Señora y los apóstoles en el Cenáculo.
— Los apóstoles tibios, de vistas cortas, miedosos, se transforman en un momento. Habiendo rezado por intermedio vuestro, oh María, en el Cenáculo, las lenguas de fuego descendieron sobre ellos y los transformaron en un instante. Madre del Buen Consejo, una palabra vuestra puede hacer lo mismo conmigo, tan débil, tan tibio y tan pecador. Pronunciad una sola palabra y mi alma será transformada.
4º Misterio: Contemplamos la Asunción de nuestra Señora a los cielos.
— Vuestra pureza, vuestra fe, vuestra fortaleza, encontraron, por fin, el premio merecido. Hacedme puro, lleno de fe para luchar contigo en la tierra de modo que pueda contemplaron eternamente en el cielo.
5º Misterio: Contemplamos la gloriosa coronación de María Santísima como Reina del cielo y de la tierra.
— Desde lo alto de la gloria de donde reináis, sed para mi la Madre de Misericordia, apoyándome en todas las defecciones, levantándome de todas las caídas, perdonándome en todas las faltas y amándome en todos los instantes, de manera que en todo os ame, oh Reina santa, tú que debéis ser la admiración de toda mi vida.

 Obtenido de la revista Catolicismo

jueves, 31 de mayo de 2012

La realeza de Nuestra Señora y el Sapiencial e Inmaculado Corazón de María

[Recomendamos que acompañe la lectura escuchando el audio de la conferencia que aparece debajo de este texto]

Plinio Corrêa de Oliveira
Santo del día[1] del 31 de mayo de 1975
[…] Yo gustaría de decir una palabra a  respecto del Sapiencial e Inmaculado Corazón de María.
En primer lugar, yo debo recordar a los Sres. que hoy no es propiamente la fiesta del Inmaculado Corazón de María. Hoy es la fiesta de Nuestra Señora Reina.
Entre tanto, yo creo que con toda legitimidad podemos festejar el Inmaculado Corazón de María en el día de hoy. Y esto por una razón muy simple, es que unos de los modos por los cuales nuestra Señora hace efectivo su dominio sobre la tierra es exactamente por medio de su Corazón Inmaculado y Sapiencial. Y hay incluso una invocación de nuestra Señora, Regina Cordium, nuestra Señora Reina de los Corazones, que puede ser vista en la perspectiva de esos atributos o invocaciones de nuestra Señora. Primero, nuestra Señora Reina y en segundo lugar el Inmaculado y Sapiencial Corazón de María.
¿Cómo es que todo eso se coloca, cómo es que todo eso se ve y se entiende?
Nosotros sabemos que nuestra Señora, de derecho, es reina del cielo y de la tierra. Ella lo es de derecho por dos razones: en primer lugar porque Ella es la Reina-Madre de toda la creación, Ella es Madre de Dios y Ella tiene, por lo tanto, en la creación, una situación parecida con la que tienen las reinas madres en los países de estructura monárquica. Pero, de otro lado también, porque Dios nuestro Señor entregó a nuestra Señora la regencia efectiva del cielo y de la tierra. Nuestra Señora manda ―porque Él le entregó ese poder― nuestra Señora manda sobre los ángeles, nuestra Señora manda sobre los santos, nuestra Señora manda sobre los santos, nuestra Señora manda sobre todas las almas que están en el purgatorio, nuestra Señora manda sobre todos los hombres que están en el mundo. Ella manda incluso sobre el infierno.
Todo está completa y enteramente sujeto a Ella por la voluntad de Dios.
Una reina madre no es propiamente una reina reinante. Ella tiene las honras de la realeza, pero ella no es la reina reinante. La reina Mary, de Inglaterra, por ejemplo, es reina madre. Ella fue reina, esposa ―ella nunca fue reina reinante, ella nunca ejerció la realeza, ella tuvo las honras de la realeza, fue esposa del rey Jorge VI, después falleció el rey, la realeza pasó para la hija de ella, la reina Isabel II y ella pasó a ser la reina madre. Ella pasó la vida entera, por lo tanto, cercada de las honras de la realeza, pero sin el mando de la realeza. La reina Isabel II es la reina reinante, porque en la pequeña medida de poder que tiene una reina de Inglaterra, en esa medida ella reina. De manera que ella es la reina reinante.
Nuestra Señora no es sólo la reina madre porque es la Madre de nuestro Señor Jesucristo, además Ella es reina reinante porque Dios nuestro Señor le confió a Ella ese poder.
Ahora, ese poder que Ella tiene, de derecho, ¿cómo es que Ella lo ejerce? ¿Cómo Ella transforma en hechos ese poder de derecho que Ella tiene?
En el cielo Ella lo ejerce de dos modos: en primer lugar, porque Ella tiene el derecho de mandar y porque todas las almas que están en el cielo están confirmadas en gracia, ellas no hacen sino la voluntad de Dios. De manera que es ciertísimo que nuestra Señora mandando en ellas en nombre de Dios, nuestra Señora tiene el derecho de imponerse a ellas y ellas obedecen.
Pero es también verdad que aunque Dios no lo hubiese mandado, ellas querrían obedecer a nuestra Señora. Y querrían por el extremo amor que ellas tienen a nuestra Señora, por el conocimiento que ellas tienen de todas las virtudes de nuestra Señora, de la superioridad de nuestra Señora. Porque toda superioridad confiere un mando, aunque no hubiese esa orden de Dios, yo estoy cierto que todos los ángeles y los santos del cielo por la expresión de una leve, tenue voluntad de nuestra Señora, ellos se moverían todos en esa dirección.
El Inmaculado Corazón de María
Y ese es un imperio que es el imperio de un corazón sobre los corazones. ¿En qué sentido es eso?
El corazón, los Sres. saben ―yo ya he dicho eso innumerables veces― es el órgano físico que es símbolo de la mentalidad. Es decir, del modo por el cual la persona ve las cosas, y del modo por el cual quiere las cosas.
El Sapiencial e Inmaculado Corazón de María es una expresión de la mentalidad sapiencial e inmaculada de nuestra Señora. Y expresa, entre otras cosas también, su bondad inefable, su dulzura inefable, su misericordia inagotable.
Por todas esas razones, los ángeles y santos del cielo, considerando a nuestra Señora, la aman con toda la intensidad; después de Dios, pero la aman. La aman tanto cuanto les es dado a ellos amar, pero la aman. Y el resultado es que ese amor es tal que Ella reinaría sobre ellos ―el corazón de Ella sobre los corazones de ellos―, es decir, la mentalidad de Ella sobre la mentalidad de ellos. Es decir, el modo de Ella ver las cosas súper sapiencialmente sería una regla de sabiduría para ellos. La voluntad de Ella, santísima, sin mancha, inmaculada, sería una regla para la voluntad de ellos aunque no hubiese sido mandado por Dios.
Es decir, simplemente, de Corazón a corazón, nuestra Señora domina el cielo. Domina el cielo y domina el purgatorio, porque las almas que están en el purgatorio también ellas ya no pecan más. También ellas tienen la garantía de que irán al cielo. No hay peligro de que un alma en el purgatorio, por ejemplo, se rebelase con los padecimientos extremos que en el purgatorio se sufren. ¿Por qué? Porque ellas están confirmadas en gracia y ellas van a ir para el cielo. Y por causa de eso ellas piensan como nuestra Señora piensa, quieren lo que nuestra Señora quiere, viven para nuestra Señora. Y por eso, cuando nuestra Señora de vez en cuando se aparece en el purgatorio, hay para ellas una alegría sin nombre. Ellas todas cantas, satisfechísimas, de dentro de sus tormentos. Y Ella lleva siempre un número enorme de almas para el cielo. Y a las que Ella no lleva para el cielo, Ella esparce en torno de sí como que un rocío que disminuye las penas, aumenta la esperanza de llegar al cielo y alivia los padecimientos de aquellas almas.
Pero es también de Corazón a corazón que nuestra Señora domina aquellas almas y reina. Y no sólo por la voluntad de Dios.
En la tierra, ¿cómo es que son las cosas? Tenemos en la tierra, si los Sres. quisieren, la triste libertad ―que es de hecho una servidumbre―, la triste libertad de no hacer la voluntad de Dios. En otros términos, nuestras pasiones nos arrastran. Ellas son tiranas que nos llevan muchas veces a hacer lo que nosotros no querríamos, por pecado nuestro, mas nos llevan a hacer lo que nosotros no querríamos. Y ellas nos dan, así, la triste libertad de decir “no” a Dios.
Una triste libertad que es una esclavitud porque si nosotros fuésemos libres en nuestras pasiones nosotros nunca diríamos “no” a Dios. Pero esas pasiones existen. Y nosotros tenemos que luchar contra ellas. De manera que, en último análisis, está esa servidumbre nuestra: las pasiones, que sólo con la gracia de nuestra Señora nosotros conseguimos sacudir, conseguimos limitar, e incluso extinguir. Sin eso, nosotros seríamos esclavos de nuestros defectos.
Y hay en la tierra una lucha entre los que obedecen y los que no obedecen a nuestra Señora. Nuestra Señora tiene el derecho de ser obedecida por todo el mundo. Y en ese sentido, “de derecho”, Ella es reina del mundo entero. Pero el mundo tiene la posibilidad ―si bien que no el derecho― de desobedecer a nuestra Señora. De donde, hay un número enorme de personas que desobedecen a nuestra Señora.
Entonces, el Sapiencial e Inmaculado Corazón de María ¿cómo es que hace efectiva su autoridad jurídica e indiscutible sobre todo el mundo? Se hace efectiva de una forma muy simple. Nuestra Señora, por su Corazón, Ella toca los corazones, ella toca las almas, y hace con que las almas recibiendo gracias muy abundantes, la sigan a Ella.
Es claro que esto no es automático. Una persona puede resistir a la gracia. Incluso a una gracia muy abundante, la persona puede resistir. Peca, pero puede resistir. Está bien, pero muchos no pecan por causa de la abundancia de la gracia. Y por esta forma, recibiendo gracias caudalosas, sirven a nuestra Señora. Pero esas gracias, ¿cómo es que son? Es la gracia que Ella da a nuestros corazones para que veamos el Corazón de Ella. De conocer y amar la sabiduría de Ella, de conocer y amar la nota de Inmaculada que existe en toda la persona de Ella. Y es por esta forma que Ella se hace obedecer por nosotros.
De manera que el Corazón de Ella es un cetro con el cual Ella gobierna a todos aquellos que le obedecen en el mundo.
Es claro que también, nuestra Señora manda en los malos. El demonio obedece, absolutamente. Y por eso también muchas veces, en la historia, ocurren cosas desconcertantes para los buenos o para los que defienden el lado del bien, ocurren cosas desconcertantes en último análisis porque nuestra Señora mandó. Y en este sentido, Ella puede también mandar. Pero no es un mandar que fuerce el libre albedrío por el cual la persona dice “sí” a la gracia de Dios. Eso no. Fuerza cualquier otra cosa, ese punto no fuerza.
Es decir, nuestra Señora tiene un imperio de derecho sobre todos. Que a veces Ella hace efectivo y nadie puede resistir. Pero que muchas veces es efectivo no por un imperio de Ella sino por el amor que Ella comunica a muchas almas.
Ahí los Sres. tienen una razón por la cual tantas personas se dedican, tantas personas se inmolan, tantas persona luchan etc., etc. Es por causa del Sapiencial e Inmaculado Corazón de María.
Entonces, en esas condiciones yo tengo la certeza de que la fiesta de Nuestra Señora Reina es la fiesta del Corazón de Ella. Lo que, por lo demás, está escrito en Fátima: Nuestra Señora dice “por fin mi Inmaculado Corazón triunfará”. Triunfará quiere decir reinar. El Corazón de nuestra Señora es un corazón regio. Si yo pudiese representar el Inmaculado Corazón de María, yo gustaría de representarlo rodeado por una corona, para indicar bien el carácter regio del Corazón Sapiencial e Inmaculado de María.
La fiesta, por lo tanto, tiene toda la propiedad ―aunque sea la fiesta de Nuestra Señora Reina― tiene toda la propiedad para que nosotros cultivemos y veneremos el Inmaculado Corazón de María.
¿De qué manera? Haciendo el siguiente pedido: Haced mi corazón semejante al Vuestro. Semejante no quiere decir vagamente parecido, no. Quiere decir parecido en todo cuanto está en los designios de la Providencia que se parezca. “Hacedme sapiencial, de una sabiduría que sea una participación de la vuestra; hacedme puro de una pureza que sea una participación de la vuestra”. Y, para ser sapiencial y puro: es preciso ser contra-revolucionario.
¿Por qué? Porque la Revolución es el auge de la insensatez y de la falta de pureza. Es lo contrario, de modo escandaloso, pero directamente lo contrario de la sabiduría y de la pureza, sobre todo de la pureza inmaculada de nuestra Señora. Entonces, el Sapiencial e Inmaculado Corazón de María es Nuestra Señora de la Contra-Revolución. Es por donde la Revolución más odia a nuestra Señora, y por donde nosotros, hijos de la Contra-Revolución, más nos afirmamos hijos de Ella.
Los Sres. comprenden cuántas razones hay para que aprovechemos los últimos minutos de esta fiesta para pedir gracias para nosotros. Sobre todo esa transformación por donde nuestro corazón sea confiscado por nuestra Señora, sea tomado por nuestra Señora. Podemos decir: “Mi Madre, yo no soy bastante fuerte para entregarme a vos: dominadme. Entrad en mi alma con gracias tales que yo prácticamente no resistiré. Esta puerta, mi Madre, que yo por miseria no abro, atravesadla. Yo os espero detrás de ella con mi sonrisa, mi reconocimiento y mi gratitud”.
Esta es una buena oración para la fiesta de hoy.

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El presente texto es una adaptación resumida de la transcripción de la grabación de una conferencia del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, no ha sido revisada por el autor.
Si el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira estuviese vivo, ciertamente pediría que se colocase explícita mención de su filial disposición a rectificar cualquier discrepancia en relación al magisterio de la Iglesia. Es lo que referimos aquí, con sus propias palabras:
“Católico apostólico romano, el autor de este texto se somete con filial celo a la enseñanza tradicional de la Santa Iglesia. Si, por lapso, ocurra que algo no está conforme a aquella enseñanza, desde ya la rechaza categóricamente”.
Las palabras “Revolución” y “Contra-Revolución”, son aquí empleadas en el sentido que les da el Prof. Plínio Corrêa de Oliveira en su libro “Revolución y Contra-Revolución”, cuya primera edición fue publicada en el Nº 100 de "Catolicismo", en abril de 1959.


[1] Los Santos del Día eran unas breves reuniones en las que el Prof. Plinio ofrecía una reflexión o comentario relacionado con el santo o fiesta religiosa que se celebraba aquel día.
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