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En esto, como en todo, un sano equilibrio se impone. Y de este equilibrio la Iglesia Católica es maestra, fuente de toda virtud.
Entre la fuerza y la delicadeza de alma no hay incompatibilidad, desde que una como la otra sean entendidas rectamente. Y un alma puede al mismo tiempo ser delicadísima sin ninguna flaqueza y fuertísima sin ninguna brutalidad.
A bien decir, no hay en Brasil persona piadosa que no haya leído "El Alma de todo Apostolado", de Dom Chautard, el famoso abad trapista que vivió algún tiempo en nuestro país, donde intentó -en vano, infelizmente- fundar un monasterio de su orden en Tremembé, Estado de São
Paulo. Es imposible leer las páginas admirables de ese libro que tiene una unción que recuerda a veces la "Imitación de Cristo", sin sentir los tesoros de delicadeza que su gran alma encerraba. Dom Chautard fue, entre tanto, también un gran luchador. Contemplativo por vocación, las circunstancias permitidas por la Providencia exigieron que entrase en muchas luchas. Enfrentó con éxito a Clemanceau, el célebre ministro anticlerical de Francia que pasó para la historia con el apodo de "el tigre", y que durante la primera guerra mundial como que personificó todo el coraje y la capacidad de resistencia del pueblo francés. Y de tal manera su gran alma se impuso a la de Clemanceau, que éste prestaba a Dom Chautard un respeto que conservó hasta sus últimos días. La fuerza del hombre se ve en su poderosa personalidad, impregnada de toda la calma de un contemplativo, de toda la decisión de una voluntad de hierro, y de toda la majestad de un espíritu robusto, profundo, enteramente penetrado de las cosas de Dios. La mirada como que sintetiza todas estas cualidades. Mirada noble y dominante, con que Dom Chautard hacía proezas. Durante un viaje por el Oriente, encontró un león enjaulado, lo miró atentamente, e hipnotizó a la fiera...
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Dom Chautard, trapista emérito, modelo de vida contemplativa,
Dom Vital, capuchino experto, modelo de vida activa, ambos obras primas de
equilíbrio entre la fuerza y la delicadeza del alma, bien muestran cuánto la fe puede vivificar con energías invencibles a los hombres, en este siglo de luchas de todos los momentos y todos los aspectos.
Plinio Corrêa de Oliveira
Catolicismo Nº 52 - Abril de 1955
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